Autor: fgamoneda

Poemas de Gamoneda en la revista valenciana «21veintiúnversos»

La portada, ilustrada por G. Peyró Roggen.

El viernes 24 de noviembre tendrá lugar la presentación del número 5 de la revista de poesía contemporánea 21veintiúnversos. Será en el espacio «Dos Lunas beach» de Valencia, a partir de las 19:30 horas. Junto con la revista, se presentará también la tercera entrega de su colección de plaquettes, «Carta al hijo», veintitrés hermosos poemas inéditos de los que es autor el valenciano José Saborit.

Este 21veintiúnversos / 5 contará con veinte textos inéditos de 20 poetas, entre los que figura Antonio Gamoneda, además de Ana Merino, Ángeles Mora, Anna Belozorovitch, Antonio Jiménez Millán, Arturo Tendero, Berta García Faet, Emilio Martín Vargas, Enric Sòria, Javier Lostalé, Joaquín Juan Penalva, Jordi Doce, José Albi, José María Álvarez, Julio Espinosa Guerra, Maria Josep Escrivà, Mila Villanueva, Rafael Correcher Haro, Ricardo Bellveser y Sandro Luna. La obra que ilustra la portada es de G. Peyró Roggen.

21veintiúnversos es una revista que nace en Valencia con la voluntad de aportar su grano de arena y antologizar, de manera periódica, las voces más interesantes del panorama de la poesía contemporánea. Dirigida por Juan Pablo Zapater y coordinada por Francisco Benedito y Víctor Segrelles, que componen el Consejo editorial junto a Xelo Candel Vila y Vicente Gallego, en cada volumen de la misma se incluyen veinte textos inéditos de otros tantos autores, y la aportación de un prestigioso pintor, encargado de realizar una obra expresamente para la cubierta.

La periodicidad de su edición es semestral y aparece impresa en offset sobre papel de alta calidad y encuadernación tradicional con hilo, cubiertas a todo color –con la reproducción de la obra realizada por el artista invitado– y un diseño del interior muy cuidado. 21veintiúnversos es un proyecto editorial de Banda Legendaria.

«La memoria es mortal…», un breve poema de ‘Arden las pérdidas’

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La memoria es mortal. Algunas tardes, Billie Holiday pone
su rosa enferma en mis oídos.

Algunas tardes me sorprendo

lejos de mí, llorando.

ANTONIO GAMONEDA
(Del libro «Arden las pérdidas», Tusquets, 2003)

“Claridad sin descanso» / «Chiarore senza riposo”, un poema de Gamoneda en español e italiano

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[Esta versión en español e italiano está tomada de potlatch.it]

CLARIDAD SIN DESCANSO

Vi lavandas sumergidas en un cuenco de sangre y esta visión ardió en mí.

Más allá de la lluvia vi serpientes enfermas, bellas en sus úlceras transparentes; frutos amenazados por espinas y sombra y flores excitadas por el rocío. Vi un ruiseñor agonizante y su garganta llena de luz.

La realidad es mi pensamiento. Estoy soñando la existencia y es un jardín torturado. Pero voy a morir. Entretanto, pasan ante mí madres encanecidas en el vértigo.

Mi pensamiento es anterior a la eternidad pero no hay eternidad. He gastado mi juventud ante una tumba vacía; me he extenuado en preguntas que aún percuten en mí como un caballo que galopase tristemente en la memoria.

Todavía giro dentro de mí mismo aunque sé que ya voy a caer en la frialdad de mi propio corazón.

Así es la vejez: horas incomprensibles, claridad sin descanso.

ANTONIO GAMONEDA 

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CHIARORE SENZA RIPOSO

Vidi lavande sommerse in un lago di sangue e questa visione arse in me.

Oltre la pioggia vidi serpenti infermi, belli nelle loro ulcere trasparenti; frutti minacciati da spine e ombre e fiori eccitati dalla rugiada. Vidi un usignolo agonizzante e la sua gola piena di luce.

La realtà è il mio pensiero. Sto sognando l’esistenza ed è un giardino torturato. Ma morirò. Frattanto, passano davanti a me madri incanutite nella vertigine.

Il mio pensiero è anteriore all’eternità ma non c’è eternità. Ho consumato la mia gioventù davanti ad una tomba vuota; mi sono estenuato in domande che ancora battono in me come un cavallo che galoppi tristemente nella memoria.

Ancora mi aggiro in me stesso sebbene sappia che ormai cadrò nella freddezza del mio stesso cuore.

Così è la vecchiaia: ore incomprensibili, chiarore senza riposo.

ANTONIO GAMONEDA [Traduzione di Raffaella Marzano]

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[Versión del poema (reescrito por Gamoneda) en el libro «Arden las pérdidas» (Tusquets, Barcelona, 2003):]

CLARIDAD SIN DESCANSO

Vi lavandas sumergidas en un cuenco de llanto y la visión ardió en mí.

Más allá de la lluvia vi serpientes enfermas —bellas en sus úlceras transparentes—, frutos amenazados por espinas y sombras, hierbas excitadas por el rocío. Vi un ruiseñor agonizante y su garganta llena de luz.

Estoy soñando la existencia y es un jardín torturado. Ante mí pasan madres encanecidas en el vértigo.

Mi pensamiento es anterior a la eternidad pero no hay eternidad. He gastado mi juventud ante una tumba vacía, me he extenuado en preguntas que aún percuten en mí como un caballo que galopase tristemente en la memoria.

Aún giro dentro de mí mismo aunque sé que voy a caer en el frío de mi propio corazón.

Así es la vejez: claridad sin descanso.

ANTONIO GAMONEDA 

Gamoneda en Nápoles (recortes de prensa)

Antonio Gamoneda. Fotografía: Fernando Sanz-Santacruz.

El pasado 8 de noviembre de 2017, Antonio Gamoneda protagonizó en el auditorio del Instituto Cervantes de Nápoles (Italia) una clase magistral, en forma de conferencia, sobre la naturaleza de la poesía. Le acompañaron los hispanistas Augusto Guarino y Marco Ottalano.

Estas son algunas reseñas en diarios y otros medios italianos sobre la visita de Gamoneda a Nápoles:

Un poema de Gamoneda para el poeta Gaspar Moisés Gómez

…

Me recojo

a mi soledad irreparable y me confirmo:

Ciertamente,

no hay nada en mí que creer, nada que cantar.

Canta tú, Moisés; canta, Obstinado.

Entra incesante a tu llaga profunda; crea incesante

la verdad en ti.

Y recuérdame.

ANTONIO GAMONEDA

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Gaspar Moisés Gómez Pérez, abogado y poeta, falleció el pasado 2 de noviembre de 2017, a los 90 años de edad, en León, donde vivía desde su juventud, después de una larga enfermedad.

En este enlace se pueden escuchar algunos poemas del libro “Cerrado exilio”, de Gaspar Moisés Gómez, recitados por su gran amigo Antonio Gamoneda, gracias al cual este pequeño poemario pudo ser editado en Luxemburgo en octubre de 2016, hace ahora un año.

Para escuchar, hacer click en:

Gaspar Moisés Gómez y Antonio Gamoneda en una imagen tomada en mayo de 2015 en el Musac. Foto: E. Otero.

Investidura de Gamoneda como doctor ‘honoris causa’ por la UASD, la universidad ‘primada’ de América (2011)

El rector de la UASD, Franklin García (derecha) entrega el título de doctor ‘honoris causa’ al poeta Antonio Gamoneda. | Foto: Diego Sinova.

Haz un click para leer la noticia en:

«Projecte DM», una exposición de pintura de Hans Móller a partir de la lectura de «Descripción de la mentira» de Gamoneda

El cartel.

Este viernes 27 de octubre de 2017, a las 20 horas, se inaugura en el Espai 1 de la localidad catalana de Santa Perpètua de Mogoda (Barcelona) la exposición «PROJECTE DM», del artista barcelonés Hans Móller, en la que muestra una selección de pinturas a partir de la lectura del libro «Descripción de la mentira» de Antonio Gamoneda. Se podrá visitar hasta el próximo 10 de diciembre.

Hans Móller (Barcelona 1950)  ha seleccionado 54 obras pictóricas para esta exposición elaborada «a partir de la vivència extraordinària en la lectura del poemari ‘Descripción de la mentira’, del poeta Antonio Gamoneda«. Pero tiene mucho más material guardado. En una de las cartas que ha recibido de Gamoneda, mientras se encontraba inmerso en este proyecto, se puede leer: «…usted, a mi juicio, no ha buscado una ‘ilustración’ a mi texto, sino una respuesta impulsiva que no refiere nada, pero que dialoga emitiendo usted sus propios pronunciamientos gestuales…».

Visto así, como escribe Verònica Ribera-Sterner en un breve texto que acompaña a esta exposición, «ja no se’ns escapa: són pintures, són objectes, són feines personals, són frases no verbals d’un diàleg al que hi som convidats».

«DM 01». Obra del pintor Hans Móller.

El propio artista cuenta aquí el proceso de elaboración de «PROJECTE DM»:

Descripción de la mentira
Memoria

Por HANS MÓLLER

Nota previa de marzo de 2010:

Con la misma libertad que una hoja seca en mitad del otoño, cuando cae y se engancha en la manga de lana que nos abriga; tan impensadamente, tan decididamente me ha llegado el espíritu del poeta Antonio Gamoneda.

(Una prueba de su talante poético: hace unos días le concedían el Premio Ciudad de Barcelona de Poesía en castellano, y en una entrevista declaraba que quería su obra herméticamente abierta. Toda una declaración de principios.) Su libro Descripción de la mentira me tiene atareado desde hace varias semanas. Me llegó llovido del cielo, seguramente, pero ahora es una roca que engendra chispas.

Ya he hecho lecturas, transcripciones y esbozos; me encuentro en la fase de reprimir la fiesta inevitable que produce el entusiasmo. Miro de suprimir, de concentrar, de limitar y de profundizar, tanto en el espíritu del texto pautado y preciso como en el de las sugerencias plásticas que me nacen entre los papeles de trabajo, que todavía son pocos.

Para decirlo brevemente, un centenar de formas, objetos o puntos de partida. No puedo evitarlo: el centro del mundo se encuentra en estos días entre mi mesa de trabajo y el mural de esas cien formas.

Memoria propiamente dicha

El libro apareció en mis manos; fue un regalo de mi madre. A las pocas páginas de lectura, muy pocas, entendí que se trataba de uno de esos lugares del alma que me conmueven, que me impulsan a seguir, y no sólo leyendo, sino tomando notas, fijándome, haciendo mía aquella revelación poética.

No tardé nada en querer pintar sobre ese libro. Entonces pasé a la primera fase, la que suelo celebrar siempre que la longitud del texto me lo permite: hacer mío el libro copiando sus palabras a mano. (Puede parecer un ritual secundario, pero para mí es casi una necesidad.)

Luego nacieron pequeños dibujos, anotaciones espontáneas a partir de palabras, reflexiones, expresiones o simples detalles idiomáticos; dejaba de lado las palabras cultas, infrecuentes, que aún visitando el diccionario no me añadían gran cosa al sentido global porque se trataba de cuestiones de estilo.

Después de los primeros dibujos aparecieron las formas, que vi que eran 114. La cifra no me asustó. La cifra no era lo importante, sino el espíritu que el libro me regalaba en forma de vibraciones que me hacían sentir como mío lo que Antonio Gamoneda escribía.

De las 114 formas desdeñé algunas y me quedé con 100. Empecé por agruparlas por ideas, por afinidades, por conceptos, todo siempre según la forma dibujada, jamás teniendo en cuenta posibles simbolismos o asociaciones de ideas entre el texto o su espíritu y cualquiera de las formas.

Mi trabajo empezaba –creo– bien, porque era pintura, o pre-pintura, pero no ilustración, decoración o traducción de un texto en español a un relato de signos.

Una vez tuve algunos grupos pensé en realizarlos casi como un fichero de posibilidades, cosa que hubiera estado bien y que no descarto hacer más adelante, pero preferí dejar esa vía y pintar tan sólo unas cuantas de aquellas formas en formatos y técnica iguales, para tener así una especie de tronco vertebrador a partir del cual continuar.

Fueron doce pinturas sobre tabla, y de sus lemas desapareció cualquier referencia a palabras, frases o ideas del poemario: tan sólo DM y un número ordinal (DM como referencia a Descripción de la Mentira).

Luego ya pude continuar y lo hice con aquello que tenia a mano, ya fuesen marcos de formas curiosas, aprovechados de algún derribo, o papeles, telas y maderas que iba incorporando a la base física de la colección, o eso que yo llamo habitualmente serie.

Y después, cada forma, alguna de ellas presente en más de una pieza, halló su lugar, sin forzar a ninguna de ellas a estar por encima o por debajo de las otras. Lo hubiera podido lograr igualmente si hubiera empleado formatos y materiales idénticos, pero creí mejor soltarme a la aventura de construir un entramado pictórico espontáneo, sin límites.

Queda por hacer lo gordo, quiero decir lo farragoso, lo monumental, lo laborioso; quedan por construir estructuras corpóreas, grupos de objetos, de pintura, de elementos que conjuntamente edifiquen un nuevo espacio expresivo –o tal vez tan sólo complementario– para mi visión de Descripción de la Mentira.

Pero no queda por hacer por ninguna otra razón sino porque ahora mismo no tengo manera todavía de mostrar el conjunto de las 54 piezas que ya existen; por tanto, pretender encontrar un espacio y una aceptación para lo que queda por hacer me parece impracticable de momento: no sabría dónde meterlo ni cómo conservarlo.

Por eso me conformo con mantener vivas las ideas y algunas anotaciones al respecto, además de algunas maquetas muy primitivas del trabajo que me gustará hacer más adelante sobre ese mismo texto, enlazado con las pinturas y dibujos ya existentes.

Esta clase de proyectos no son muy del agrado de los responsables de exposiciones que uno va conociendo, porque su realización exige espacio y una atención que quizá consideren excesiva. En fin, comprendo que sea así, si realmente es así, pero debo continuar tomando notas y trabajando.

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Gamoneda y el Festival Internacional de Poesía de Madrid, en «El ojo crítico» (RNE)

Haz un click…

Haz un click en la imagen para escuchar el programa de Radio Nacional de España (RNE) «El ojo crítico», en el que se habla del Festival Internacional de Literatura de Madrid, un encuentro en el que el poeta español Antonio Gamoneda, el mexicano Marco Antonio Campos y el argentino Hugo Mujica han compartido sus versos con el público el pasado 19 de octubre de 2017…

«La poesía nunca llega después», un artículo sobre la poesía y la vejez de Mario Alberto Medrano

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«Tanto Masoliver como Gamoneda, Tomás Segovia y Gelman representan el gran potencial que la vejez otorga a la voz de un poeta»

El viernes pasado tuve la oportunidad de platicar con el poeta Juan Antonio Masoliver Ródenas, el catalán experto en literatura mexicana y latinoamericana. El motivo central de la entrevista fue hablar de su nuevo libro de poesía, La negación de la luz. Pero la conversación no se quedó en los límites de esas páginas, sino que la llevamos a otro nivel, el de la creación misma. Masoliver fue tajante al decir que ésta era su primera obra de vejez, éste el momento único e inalterable en el que podía escribir de lo que ahora escribe: la conciencia de lo que vivió y de lo que ya no vivirá. En suma, la presencia de la muerte.

Por MARIO ALBERTO MEDRANO GONZÁLEZ
Artículo publicado en el diario mexicano Excelsior, el 15 de octubre de 2017

Esta reflexión se interna en el proceso de la creación, de una creación nunca tardía. Lo dicho por el autor de Paraísos a ciegas me llevó a pensar en aquellos escritores que han publicado su mejor obra llegados los últimos años de vida. Goethe, acaso el más representativo, el escritor mefistofélico, de personajes salvajes, lúdicos, perversos, sujetos llevados por la libido a una juventud inaplazable.

Uno de los creadores que mejor representa esta condición es el español Antonio Gamoneda. Lo más entrañable de su producción poética viene en su última edad. El Libro del frío, pieza capital entre su biblioteca personal, fue publicado cuando el poeta contaba con 61 años. Desde ese momento, Gamoneda volcó toda la inquietud lírica en la vejez: “Hay un anciano ante una senda vacía. Nadie regresa de la ciudad lejana; sólo el viento sobre las últimas huellas. Yo soy la senda y el anciano, soy la ciudad y el viento”.

La constante alusión a la soledad y a la finitud hacen de Gamoneda uno de los máximos representantes de esa práctica poética. Una fórmula con venenos que no siempre dañan: “Vengo del metileno y el amor; tuve frío bajo los tubos de la muerte”. El nacido en Oviedo emprende una caminata parsimoniosa a la muerte. En Cecilia, publicado en 2004, ya con 73 años cumplidos, dedicado al nacimiento de su nieta, el español se maravilla de un descubrimiento trascendental: su nieta viene de la inexistencia, mientras que él va a parar hacia allá. Es precisamente la vejez, ese espacio temido por otros tantos, como Borges, por ejemplo, que Antonio Gamoneda puede escribir con tal control y conocimiento de su voz poética, de sus capacidades como ser humano y como escritor.

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Luis María Anson reseña «La prisión transparente» de Gamoneda (2017)

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«Conmocionado por la hondura de este libro excepcional, me pregunto: ¿Por qué, por qué no está Antonio Gamoneda entre nosotros, en la frágil inmortalidad de la Academia?»

Por LUIS MARÍA ANSON, de la Real Academia Española
Reseña publicada en El Cultural, el 13/10/2017

Antonio Gamoneda vive la soledad dentro de él mismo, mientras se siente acosado por la piel oxidada y la turbia tempestad de sus cabellos. Le preocupan todavía las hordas episcopales, ya casi extintas, y los ministerios engalanados con suicidas colgantes. Alcoholizado por su propio espíritu, camina sobre el espesor del futuro, meditando en la vasta y vaga y necesaria muerte de Jorge Luis Borges, al acecho el hombre de la esquina rosada.

Para él solo existe la eternidad del no ser. Nada le espera al cruzar la incierta penumbra del más allá. Es prisionero de sí mismo porque vivir es ir de la inexistencia a la inexistencia. El recuerdo solo habita en el olvido. Tal vez por eso huye del amor liminar colgado en las primeras trenzas de la adolescente amada, cariño herido por sus manos frías, por su ternura inversa, por su niñez ardiendo en el cabás de la ira. Soy, dice el poeta, la prisión transparente, con aguafuertes de Masafumi Yamamoto al fondo.

Para Antonio Gamoneda, el portugués Herberto Helder de Oliveira, muerto en Cascaes en 2015, autor de El bebedor nocturno, es el mayor poeta contemporáneo de Europa. Junto a él se muda a los poemas del sánscrito, del náhuatl, del habla de los sioux y otras lenguas muertas.

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Gamoneda lee el comienzo de ‘Descripción de la mentira’ en Tv3 (Cataluña, 2010)

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«Una poética de la finitud» / Reseña de ‘Libro del frío’ por Rafael Narbona (2003)

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Libro del frío
ANTONIO GAMONEDA
Ed. Siruela, Madrid, 192 págs.

Una poética de la finitud

Por RAFAEL NARBONA
(Reseña publicada en Revista de Libros el 01/08/2003)

Hijo de un poeta menor, Antonio Gamoneda (Oviedo, 1931) ha sido vinculado a la generación del cincuenta, pero la originalidad de su obra apenas tolera su inclusión en un grupo poético que ni siquiera acepta la comunidad de supuestos estéticos. Al margen de la polémica sobre las generaciones literarias, no es difícil advertir que las referencias de Gamoneda no coinciden con las de la Escuela de Barcelona. La primera discrepancia es de carácter social. La prematura desaparición del padre y la Guerra Civil se encargarán de despojarlo de cualquier privilegio, incluida una biblioteca con primeras ediciones autografiadas de Darío y Valle-Inclán. Gamoneda crece en un hogar obrero y se incorpora tempranamente al mercado laboral, desempeñando un trabajo irrelevante en una entidad bancaria. A diferencia de Barral y Gil de Biedma, su poesía no tendrá que abominar de un linaje burgués. Sin embargo, la experiencia de la pobreza no desemboca en una militancia descarnada. Gamoneda aprenderá de Nazim Hikmet que «la poesía no es social ni poesía si no se hace en un lenguaje de la especie poética» (El cuerpo de los símbolos, 1997, pág. 89). Esta enseñanza se reflejará en un lenguaje altamente condensado, donde la percepción de la injusticia no excluye un pesimismo existencial que se expresa mediante símbolos. Esto nos lleva a la segunda diferencia con los poetas catalanes del cincuenta. Gamoneda se aleja del registro coloquial que había introducido la influencia del último Cernuda. Frente a la evocación biográfica de Barral, Goytisolo o Gil de Biedma, Gamoneda utiliza el símbolo y la elipsis para aludir a su vida, que comparece en el poema mediante objetos en los que se ha borrado la referencia anecdótica. Al eliminar ese dato, aparece el hermetismo que se ha reprochado a Gamoneda. Esta oscuridad no se resuelve mediante un ejercicio hermenéutico, donde se establezcan las equivalencias correspondientes, pues Gamoneda considera que el símbolo es una realidad autónoma y no una imagen vicaria, subordinada a una exégesis que la despoje de su misterio.

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«Antonio Gamoneda y León», un artículo de Pérez Chencho

Pérez Chencho, en una foto de Diario de León.

Antonio Gamoneda y León

[Este artículo de opinión se publicó en Diario de León el 3 de diciembre de 2006, en «El balcón del pueblo», la sección de opinión del periodista Juan F. Pérez Chencho (fallecido en marzo de 2008), con motivo de la concesión a Antonio Gamoneda del Premio Cervantes 2006.]

Por JUAN F. PÉREZ CHENCHO

EL BRILLO de los metales es más luminoso que nunca. Estos días parece que se ha escrito ya todo de Antonio Gamoneda, Premio Reina Sofía de poesía iberoamericana y Premio Cervantes, el más alto galardón de las letras españolas. Sin embargo, aún queda mucho por decir sobre Gamoneda y León. Porque Gamoneda comenzó su andadura literaria como el más joven colaborador de la revista Espadaña , cuyo bracero esencial era Victoriano Crémer, bajo la protección humanista y vigilante del cura Antonio González de Lama. Pero muy pronto se convirtió en lo que sigue siendo hoy: el principal agente cultural de León. Gamoneda y León son indisociables, como el mar y el cielo. Alentó y orientó en su juventud, allá por las últimas bocanadas del 60, a muchachos de entonces como Luis Mateo Díez y José María Merino, promotores de Claraboya . Otra generación con Julio Llamazares, Ildefonso Rodríguez y Ernesto Escapa en primera línea, también le reconocen como su primer maestro. E igualmente, la nueva generación de jovencísimos poetas, como Luis Artigue y los del Club Leteo, se han puesto bajo su protección y magisterio. Por el medio, Gamoneda también ha hecho otras cosas. Ya se sabe que el poeta es un hombre como todos los demás, y por añadidura, compone versos. En los primeros años de la década del 70 organizó las bienales de pintura de la Sala Provincia, que alcanzaron repercusión nacional. Y en esos mismos años aturdidos y aquietados promevió el premio de poesía «Provincia» o la revista Tierras de León.

Gamoneda situó a los servicios culturales de la Diputación en una altura que nunca han vuelto a alcanzar. En la actualidad es patrono de la Fundación Sierra-Pambley, que cumple una función indispensable en la vida cultural leonesa. En resumen: los últimos 40 años de la vida cultural leonesa no se entenderían sin la participación activa de Gamoneda. Y por eso, además de por su obra poética, León debe rendirle un sentido homenaje. Ya es «honoris causa» por nuestra Universidad; el Ayuntamiento va a nombrarle Hijo Adoptivo, y la Diputación a otorgarle la Medalla de Oro de la Provincia. Correcto. El brillo de los metales no va a ser cegador para Gamoneda. Lo merece. Y además tiene unas cejas que son como toldos para poner sombra en el escaparate. Sobre su obra también podría pensarse que está casi todo escrito. Pero aún hay novedades. Por ejemplo, el mejor estudio sobre la obra de Gamoneda es una tesis leída hace pocos meses en la Universidad de León por Carmen Palomo. Será publicada en fechas próximas. Antonio Gamoneda forma parte del paisaje urbano de León, especialmente en los alrededores de la Catedral, donde los angelotes de piedra se abrazan a las columnas. Pero sobre todo forma parte del paisaje espiritual e íntimo de todos los leoneses que durante estos años hemos tenido el placer y el privilegio de disfrutar de su amistad. Seguirá igual. El Gamoneda escéptico, profundo y universal no va a cambiar. Le llamé el viernes, cuando regresaba en tren a su ciudad. Una llamada de felicitación, sin más. Cuando le digo: «Un abrazo muy fuerte, Antonio», me respondió: «Gracias, Pérez Chencho; pero que el abrazo no sea muy fuerte, ya que tengo dos hernias discales». Es el Antonio de siempre.

Un texto de Gamoneda sobre la histórica revista leonesa de poesía «Claraboya»

Portada del libro «Claraboya y sus amigos» (Eolas Ed.)

Los queridos ‘claraboyos’, el ‘entonces’,
mi mala memoria, etcétera

Este texto de Antonio Gamoneda sobre la histórica revista leonesa de poesía «Claraboya» apareció publicado en Diario de León (en el suplemento El Filandón), el 20 de octubre de 2013, y se reprodujo más tarde en el libro colectivo «Claraboya y sus amigos. Una aventura poética renovadora» (Eolas Ediciones, León, 2014).

Por ANTONIO GAMONEDA

Claraboya, una revista de poesía bien nacida hace medio siglo en León y no tan bien fallecida menos de cinco años después. Una revista de poesía, sí, pero no faltaban en ella el leve o contundente trazo de los dibujos, ni las prosas, críticas o no, ni (para dar una pista, hacer un guiño, algo, en razón de la sustancia política de aquellos años y sólo por ello, voy a entrecomillar la palabra) el «pensamiento». ¿Sus fundadores? Podrían ser más de los que voy a nombrar, pero, por un no sé qué, voy a limitarme a los jóvenes poetas entonces en ejercicio, que eran Agustín Delgado, Luis Mateo Díez, Ángel Fierro y José Antonio Llamas. ¿Directores? Lo serían todos, aunque inicialmente –supongo que para el buen parecer a los ojos de las «autoridades»– figurase como tal Bernardino M. Hernando, un inteligente buen muchacho, cura ya progresista en el entonces de entonces. Todos cuatro o todos cinco, como se prefiera o deba ser, estaban muy bien nutridos –intelectualmente, quiero decir– por las serenas y sabias lecciones de otro cura, el inolvidable don Antonio –don Antonio González de Lama–, que ya tenía ofrecido su magisterio en la antecedente Espadaña, revista también leonesa y también importante para la poesía española, que lo fue a lo largo del segundo quinquenio de los cuarenta.

De don Antonio decía. Inolvidable, ciertamente. Vaya usted a saber por qué, no era muy querido por la mayor parte del clero local, aunque de éste, los que eran sus amigos, lo eran en grado superlativo. La verdad era que, salvo las ensotanadas excepciones que digo, todo León le quería, le queríamos.

Pero a lo que iba. El aleccionamiento de mis queridos «Claraboyos» por parte de don Antonio, hubo de ser en el seminario, por el que, pienso con posible acierto, pasaron todos ellos brevemente. En cuanto a mí (diez o más años mayor que ellos, demasiado joven para Espadaña y demasiado viejo para Claraboya), cercano en los afectos, no tenía nada que enseñarles; fui un amigo «exterior», salvadas algunas colaboraciones y reuniones ocasionales. Voy a contar algo de estas. Con la insegura memoria que ya tengo avisada.

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«El abrazo contrario», un libro de poemas de Rafael Saravia con frontispicio de Gamoneda

…

El próximo jueves 28 de septiembre, en el Palacio del Conde Luna (León), se presentará el libro de poesía «El abrazo contrario» (Bartleby Editores), del escritor leonés Rafael Saravia, en el que se incluye un frontispicio (o prólogo) de Antonio Gamoneda. En la presentación, a las 20,15 horas, intervendrán Rafael Saravia, Antonio Gamoneda y Juan Carlos Pajares.

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Fragmento de una entrevista del periodista Emilio Gancedo con el poeta Rafael Saravia:

E. G. —¿Qué supone para usted que Gamoneda haya hecho el frontispicio de ‘El abrazo contrario’?

R. S. —Antonio Gamoneda es uno de los referentes en mis lecturas de todos los tiempos. Ha sido junto a poetas como Vallejo, Claudio o Valente un pilar que soporta mucho de lo que yo entiendo por escritura total. El hecho de conocerle, compartir inquietudes y abrazar una amistad con él, ha supuesto algo importantísimo para mí. Este frontispicio es un regalo que me enriquece y emociona a partes iguales. Muestra la gran generosidad de Antonio y su espíritu combativo a pesar de —o precisamente por— la ironía y sus fronteras.

(Tomado de «La poesía es un gran acto de insurgencia», una entrevista de Emilio Gancedo con Rafael Saravia en Diario de León  publicada el 3-9-2017)