Gamoneda, en un acto de El Foro por la Memoria de León, cuando se inauguró en el cementerio de León el monumento de homenaje a las personas fusiladas durante el Franquismo. Fotografía: PEIO GARCIA / ICAL. (Fotografía publicada en Diario de León el 26/01/2016, haz un click).
«España es también una tierra, pero una tierra sólo no es un país; un país es la tierra y sus hombres. Y un país sólo no es una patria; una patria es, amigos, un país con justicia.»
ANTONIO GAMONEDA
Con estos versos finaliza la primera versión (1960) del poema Ferrocarril de Matallana de Antonio Gamoneda –el poema favorito del ex presidente del Gobierno José Luis Rodríguez Zapatero–. Estos versos, sin embargo, desaparecieron en la versión de 2003 de este mismo poema [ver en: ‘Exentos I’, “Esta luz. Poesía reunida (1947-2004)”. Barcelona, Galaxia Gutenberg-Círculo de Lectores, 2004].
«En la primera versión de Ferrocarril de Matallana había expresiones que pudiéramos llamar explícitamente de carácter social, otras que cabría considerar patrióticas, y algunas que tenían que ver con mi biografía y mi geografía. En la versión definitiva, desaparecen las expresiones de carácter social o patriótico. ¿Por qué? Porque mi pensamiento poético ha ido transformándose y ahora elimino los datos informativos que pertenecen más al pensamiento reflexivo que al poético», explica Gamoneda en una entrevista con Pilar Ortega Bargueño publicada en el diario El Mundo (29-4-2007).
«Yo no reniego de aquel poema escrito hace casi 50 años. No reniego del primer Ferrocarril de Matallana, y ahí está, en los libros y antologías de la época. De hecho, las modificaciones que yo hago en los poemas casi nunca son para mejorarlos en el sentido formal, por conseguir que estén estructurados o por que resulten más agradables, no. Casi siempre es porque mi comprensión de los hechos que están en el interior de esos poemas ha variado», matiza Antonio Gamoneda en esa misma entrevista, al tiempo que reconoce estar obsesionado por la reescritura, término que prefiere, desde luego, a los que hacen alusión a retoques o correcciones.
El animal del llanto lame las sombras de tu madre y tú recuerdas otra edad: no había nada dentro de la luz; sólo sentías la extrañeza de vivir. Luego venía el afilador y su serpiente entraba en tus oídos.
Ahora tienes miedo y, de pronto, te embriaga la exactitud: la misma fístula invisible está sonando bajo tu ventana: ha venido el afilador.
Oyes la música de los límites y ves pasar al animal del llanto.
Con motivo del Día Mundial de la Poesía se llevó a cabo en León, el 21 de marzo de 2011, la acción denominada: ‘POÉTICO BUZONEO’
Nº 1
13 Poetas:
ANTONIO GAMONEDA
ELOÍSA OTERO
FAIK HUSEIN
GASPAR MOISÉS GÓMEZ
ILDEFONSO RODRÍGUEZ
LUIS MIGUEL RABANAL
MARTA-ESTER VILLA LÓPEZ
MIGUEL SUÁREZ
RAQUEL LANSEROS
SUSANA BARRAGUÉS
VÍCTOR M. DÍEZ
VICTORIANO CRÉMER
VIGGO MORTENSEN
LA ACCIÓN consistió en “buzonear” 20.000 hojas publicitarias con versos de los 13 poetas.
Se llevó a cabo el 21 de marzo de 2011 en dos barrios de la capital leonesa, San Pedro de las Huertas y Palomera-Quintanilla. En el “buzoneo” colaboraron las Asociaciones de Vecinos de ambos barrios.
Quien lo recibiera en su buzón, a su vez, podría reenviar el poema a otra persona amiga, por correo postal, con solo doblar la hoja volandera, escribir una dirección en ella y pegar un sello.
Cuadro de la serie «Bosques» del pintor leonés Juan Rafael.
Invierno
La nieve cruje como pan caliente
y la luz es limpia como la mirada de algunos seres humanos,
y yo pienso en el pan y en las miradas
mientras camino sobre la nieve.
Hoy es domingo y me parece
que la mañana no está únicamente sobre la tierra
sino que ha entrado suavemente en mi vida.
Yo veo el río como acero oscuro
bajar entre la nieve.
Veo el espino: llamear el rojo,
agrio fruto de enero.
Y el robledal, sobre tierra quemada,
resistir en silencio.
Hoy, domingo, la tierra es semejante
a la belleza y la necesidad
de lo que yo más amo.
ANTONIO GAMONEDA (Del libro: Blues castellano, 1961-1966)
[Esta versión en español e italiano está tomada de potlatch.it]
CLARIDAD SIN DESCANSO
Vi lavandas sumergidas en un cuenco de sangre y esta visión ardió en mí.
Más allá de la lluvia vi serpientes enfermas, bellas en sus úlceras transparentes; frutos amenazados por espinas y sombra y flores excitadas por el rocío. Vi un ruiseñor agonizante y su garganta llena de luz.
La realidad es mi pensamiento. Estoy soñando la existencia y es un jardín torturado. Pero voy a morir. Entretanto, pasan ante mí madres encanecidas en el vértigo.
Mi pensamiento es anterior a la eternidad pero no hay eternidad. He gastado mi juventud ante una tumba vacía; me he extenuado en preguntas que aún percuten en mí como un caballo que galopase tristemente en la memoria.
Todavía giro dentro de mí mismo aunque sé que ya voy a caer en la frialdad de mi propio corazón.
Así es la vejez: horas incomprensibles, claridad sin descanso.
ANTONIO GAMONEDA
— — —
CHIARORE SENZA RIPOSO
Vidi lavande sommerse in un lago di sangue e questa visione arse in me.
Oltre la pioggia vidi serpenti infermi, belli nelle loro ulcere trasparenti; frutti minacciati da spine e ombre e fiori eccitati dalla rugiada. Vidi un usignolo agonizzante e la sua gola piena di luce.
La realtà è il mio pensiero. Sto sognando l’esistenza ed è un giardino torturato. Ma morirò. Frattanto, passano davanti a me madri incanutite nella vertigine.
Il mio pensiero è anteriore all’eternità ma non c’è eternità. Ho consumato la mia gioventù davanti ad una tomba vuota; mi sono estenuato in domande che ancora battono in me come un cavallo che galoppi tristemente nella memoria.
Ancora mi aggiro in me stesso sebbene sappia che ormai cadrò nella freddezza del mio stesso cuore.
Così è la vecchiaia: ore incomprensibili, chiarore senza riposo.
ANTONIO GAMONEDA [Traduzione di Raffaella Marzano]
— — —
[Versión del poema (reescrito por Gamoneda) en el libro «Arden las pérdidas» (Tusquets, Barcelona, 2003):]
CLARIDAD SIN DESCANSO
Vi lavandas sumergidas en un cuenco de llanto y la visión ardió en mí.
Más allá de la lluvia vi serpientes enfermas —bellas en sus úlceras transparentes—, frutos amenazados por espinas y sombras, hierbas excitadas por el rocío. Vi un ruiseñor agonizante y su garganta llena de luz.
Estoy soñando la existencia y es un jardín torturado. Ante mí pasan madres encanecidas en el vértigo.
Mi pensamiento es anterior a la eternidad pero no hay eternidad. He gastado mi juventud ante una tumba vacía, me he extenuado en preguntas que aún percuten en mí como un caballo que galopase tristemente en la memoria.
Aún giro dentro de mí mismo aunque sé que voy a caer en el frío de mi propio corazón.
Fragmentos
De «Canción errónea». Inédito, 2007 Antonio Gamoneda
Amo mi cuerpo; sus vértebras hendidas
por aceros vivientes, sus cartílagos
abrasados, mi corazón ligeramente húmedo
y mis cabellos enloquecidos
en tus manos. También
amo mi sangre atravesada por gemidos.
Amo la calcificación y la melancolía
arterial, y la pasión del hígado
hirviendo en el pasado, y las escamas
de mis párpados fríos.
(… … … … …)
Amo mi cuerpo incomprensible
y su miseria clínica. Estoy vivo.
(Poema de Antonio Gamoneda publicado en Luz en la Sombra,
libro colectivo testimonial sobre la Esclerosis Múltiple,
con textos de autores leoneses,
editado por ALDEM, la Asociación Leonesa de Esclerosis Múltiple.
León, 2007)
Amé. Es incomprensible como el temblor de los álamos. Estoy extraviado pero yo sé que amé.
Yo vivía en un ser y su sangre se reunía con mi sangre y la música me envolvía y yo mismo era música.
Ahora,
¿quién es ciego en mis ojos?
Unas manos pasaban sobre mi rostro y envejecían lentamente. ¿Qué fue vivir entre heridas y sombras? ¿Quién fui en los brazos de mi madre, quién fui en mi propio corazón?
Únicamente he aprendido a desconocer y olvidar. Es extraño.
Todavía el amor
habita en el olvido.
[Poema de Antonio Gamoneda incluido en el libro colectivo «Cultura y Trabajo», editado por el Ateneo Cultural Jesús Pereda (CCOO), impreso en León, 2017]
¡ah!
Nos vigilan subalternos políticos vinculados a presidencias blancas, asistidas éstas por subsecretarios muy dóciles.
Ah de las presidencias,
ah de los subsecretarios, ah de los subalternos.
Correlativamente,
ah de los arpegios bursátiles y de los sodomitas eclesiásticos y de los ministerios engalanados con suicidas colgantes, ah
de los inquilinos humanos.
Pensándolo bien, pensándolo,
ah de los viernes y de los domingos y de la congregación
de plusvalía y llanto.
Ah de los ancianos que se orinan, y de las multinacionales enfermas, y de mi abuela Clara, guarnicionera, viuda sollozando
ante el Gran Panadero.
Ah de los pensadores eméritos y de las comadronas pretéritas,
ah de los párrocos.
Pensándolo mejor, pensándolo,
ah también de mis hijas y de sus cámaras fértiles y de sus hombres perdidos y de sus hombres hallados,
ah de los tristes huesos de mi amor tan amado.
Ah
de los mendigos insurrectos.
Y finalmente y pensándolo aún mejor, ah de las manos de mi padre y de las manos de mi madre, ambas cuatro asistidas por coleópteros ciegos.
[Artículo publicado en el número 4 de la revista Minerva, editada por el Círculo de Bellas Artes de Madrid en 2007, dentro del dossier dedicado a Antonio Gamoneda]
Clara Janés.
He tirado al abismo el hueso de la misericordia; no es necesario cuando el dolor es parte de la serenidad, pero la lucidez trabaja en mí como un alcohol enloquecido. Sé que las uñas crecen en la muerte. No baja nadie al corazón. Nos despojamos de nosotros mismos al expulsar la falsedad, nos desollamos y no viene nadie. No hay sombras ni agonía. Bien: no haya más que luz. Así es la última ebriedad: partes iguales de vértigo y olvido.
–Arden las pérdidas, Viene el olvido (1993-2003)
Por CLARA JANÉS
Arroja Gamoneda los dados definitivos de su ciencia en este poema, y los números son palabras inapelables. Con el primero nos sitúa en la sabiduría más hispana, arrastra ante nuestros ojos la frase de Séneca: «la misericordia no considera la causa, sino el infortunio; la clemencia va unida a la razón». Rotundo concepto que enlaza con el siguiente dado, que cae sobre la palabra «serenidad». Ésta participa de la razón y le permite abarcar el dolor. Después, un «pero» hace saltar el número: «lucidez», bajo su aspecto socavante –para Cioran es precisamente la lucidez lo que desfonda al espíritu–, siendo, con todo, aquello a lo que no podemos renunciar.