El País

Gamoneda en El País: «Cuando no quiero escuchar bobadas, bajo mi audífono y santas pascuas»

El periodista Jesús Ruiz Mantilla firma la entrevista con Antonio Gamoneda que se publica este martes 20 de junio en las páginas de Cultura del diario El País, con motivo del premio Semilla de Oro que recibió el pasado 4 de junio en el Mihacale de Gordoncillo (León).

José-Miguel Ullán sobre Gamoneda: «Espinas en el centro de las rosas» (1995)

Columna de José-Miguel Ullán publicada en el diario El País, el 29 de septiembre de 1995.

El filósofo José Luis Pardo, sobre Gamoneda (2006)

La vigilia de Gamoneda

Por JOSÉ LUIS PARDO
[Publicado el 1 de Diciembre de 2006 en El País]

«Cuando yo tenía catorce años, me hacían trabajar hasta muy tarde». Yo me imagino aún a Antonio Gamoneda trabajando hasta muy tarde. Rehaciendo constantemente sus poemas con la misma inseguridad y la misma obstinación que cuando entraba de madrugada en la oficina a los catorce años. Con una diferencia. «… Cuando me pongo / los pantalones, / me quito / la / libertad», decía entonces. Ahora, cuando se pone los pantalones de escribir no se quita la libertad sino que la gasta escribiendo. Y no sólo eso. No es sólo lo que sus versos tienen de trabajo, de versos trabajados una y otra vez, de fruto del esfuerzo interminable de quien pone cada día a prueba su libertad renunciando a ella. Es la propia naturaleza la que en sus versos trabaja sin descanso, la que no es jamás un simple objeto de contemplación sin ser al mismo tiempo sujeto de una acción inconsciente, involuntaria pero incesante, sin reposo ni domingo. No solamente los campos de sus versos son a menudo huertos y polígonos agrarios. No solamente el lino es algo más que lino para ser tocado o visto, pues en su tacto y en su vista se adivinan los nudos del trenzado, y en las trenzas las manos blancas que lo trabajaron. Es el esfuerzo que nos hace a todos y a todo lo demás, un trabajo anónimo que no se detiene ni cuando la industria para: las máquinas, entonces, lloran. De nada sirve fingir dormir: el sueño sigue trabajando bajo los párpados. De nada sirve dejar a la sangre circular por las venas, incluso vaciarse. En las venas siguen trabajando los cordeles, los cordones, las cuerdas. De nada sirve llorar, los insectos trabajan libando el llanto, haciendo círculos sobre las tazas inmóviles. De nada sirve cerrar los ojos, porque dentro de los ojos trabajan los caballos. De nada sirve dejar de llorar, porque los caballos que habitan dentro de los ojos han aprendido a llorar. De nada sirve ni siquiera dormir, porque hay uno que vigila, que permanece despierto en nosotros mientras dormimos. La vigilia de Gamoneda, su estar aún trabajando hasta tan tarde y atravesar las ortigas en busca de un árbol prometido que no es precisamente aquel del que se alimentan los mordaces, obedece al conocimiento de que hay cosas (y seguramente son las más importantes) que sólo se pueden ganar perdiéndolas, que en rigor no se pueden poseer si de verdad se aman –la lengua es una de ellas–, hay frutos que sólo pueden degustarse si se aprende a fracasar en el esfuerzo por apoderarse de ellos. Y cuando volvemos a casa con las manos vacías sólo nos queda lo que no hemos podido recoger: las huellas de unos labradores enviados a un país sin nombre, el silbido de los trenes que pasan por la tarde llevándose lejos a esos mismos hombres o a otros, el hormigueo de los caballos que lloran bajo los párpados y de los insectos que liban el llanto en las tazas vacías. Pero el poeta, aunque él no quiera saberlo, no sólo ha alcanzado el gran árbol prometido de dulcísimos frutos de la única y amarga manera en que puede alcanzarse, en los pedernales y en las sombras, sino que además ha conseguido alimentarnos con él a los demás.

¿Cómo imaginas el mundo después de la pandemia del coronavirus?

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Más sobre el libro «Las voces de la tierra» y la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica (ARMH), en ‘El País’

Martín de la Torre sostiene el sonajero que su madre se llevó al paredón en septiembre de 1936. Foto: ÁLVARO GARCÍA / El País

Con motivo del aniversario de la que fue la primera exhumación realizada con técnicas científicas de una fosa común de personas asesinadas por la represión franquista, la editorial Alkibla publica Las voces de la tierra, un libro que recoge las fotografías realizadas por José Antonio Robés de 39 objetos recuperados en fosas comunes descritos por poetas como Antonio Gamoneda, actores como Juan Diego Botto o cantantes como Rozalén y Miguel Ríos, dentro de un proyecto vinculado con la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica (ARMH).

Antonio Gamoneda, premio Cervantes, escribe un poema sobre un sonajero hallado en una fosa común: “Retiraron a Martín porque a su edad, nueve meses, podía ser algo pronto para fusilarle, aunque quién sabe…”.

Sonajero, aparecido en la fosa de la Carcavilla en Palencia, sobre el que ha escrito Gamoneda.

Un reportaje de Natalia Junquera en El País (6/12/2020):

MEMORIA HISTÓRICA

El ajuar de la memoria de los fusilados de Franco

En el 20 aniversario del movimiento que inició la apertura de fosas, un libro recopila objetos de las víctimas recuperados entre huesos y balas

Entrevista con Gamoneda, sobre «La pobreza», en los vídeos de El País

Entrevista con Antonio Gamoneda, sobre la edición de «La pobreza», segundo tomo de sus memorias / Videos El País / 8 Feb 2020

«Literatura del yo…», un artículo de Carlos Pardo en ‘Babelia’ (2020)

Literatura del yo: un problema que tiene mi edad

Es ahora cuando se puede calibrar el riesgo y el acierto de la apuesta de una generación de escritores con pulsión biográfica

Un artículo de CARLOS PARDO en Babelia / El País (15-Feb-2020)

(…) Más allá del debate sobre la ausencia, por motivos religiosos, de una tradición autobiográfica española, debemos a la generación del medio siglo el esfuerzo más serio por inventarla: epistolarios, diarios, memorias. No son los inventores de una literatura del yo, pero desde mediados de los años setenta se suceden con periodicidad obras que ensanchan nuestra manera de leer: memorias de Carlos Barral, Alberto Oliart y Jaime Salinas. El prodigioso diario de Jaime Gil de BiedmaPretérito imperfecto de Castilla del PinoLa novela de la memoria de José Manuel Caballero Bonald, el recientísimo La pobreza de Antonio Gamoneda

No sólo están entre lo mejor de sus autores; quizá son la tradición más viva, por menos explorada, de la literatura española. Combinan una franqueza absoluta, sin exhibicionismo, con el análisis de un país en sus momentos de formación, la incipiente apertura de la cultura española de los años cincuenta, la extinción de la memoria popular durante el franquismo… No sólo son autobiografías, como decía Hermann Broch, sino “análisis de un problema que tiene mi edad”. (…)

Gamoneda en la portada del diario El País (sábado 8 de febrero 2020)

Haz un click…

El suplemento cultural Babelia (El País) publica este sábado 8 de febrero de 2020 una entrevista de Javier Rodríguez Marcos con Antonio Gamoneda, cuatro días antes de que llegue a las librerías ‘La pobreza’, su segundo tomo de memorias. Las fotos son de Carlos Rosillo.

El titular que ha merecido figurar bajo la foto del poeta en la primera página del diario, «Todo hambriento es un microeconomista», parece encontrar correlato en otra noticia, la de Philip Alston, relator de la ONU sobre extrema pobreza y derechos humanos, quien tras recorrer España durante 12 días ha llegado a la conclusión de que los niveles españoles de pobreza no se corresponden con el poder económico del país: «Los políticos españoles han fallado a los más débiles», afirma Alston.

«Antonio Gamoneda, el poeta sin zapatos» (El País)

Caricatura de Gamoneda, por Luis Grañena.

Una antología reúne 70 años de trabajo del poeta Antonio Gamoneda, crítico con la dictadura actual del consumismo

Por JAVIER RODRÍGUEZ MARCOS
Publicado en El País, el 24 de noviembre 2019

Antonio Gamoneda estuvo 15 años en huelga. No ha parado de trabajar un minuto desde que con 14 años entró en el Banco Mercantil de León como recadero y meritorio —él traduce “chico del botijo”—, pero durante tres lustros se mantuvo, en lo relacionado a la literatura, de brazos caídos. Cuando en 1966 terminó un poemario titulado Actos, la censura franquista lo devolvió al editor con dos frases demoledoras y un consejo. La frase: “Libro de versos muy malos. En ellos campa un sentido de resentimiento con toques de ateísmo”. El consejo: con un par de retoques podría publicarse. Gamoneda se negó. Era una forma de ser consecuente con la cita de Karl Marx que pensaba poner al frente de uno de los poemas: “La vergüenza es un sentimiento revolucionario”. El libro terminó publicándose como Blues castellano en 1982, con España ya de verbena y la poesía social convertida en una aguafiestas con la que nadie quería bailar….

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Valente y Gamoneda en el primer número de la revista de poesía «La alegría de los naufragios» (1999)

La portada.

Náufragos alegres

Por RUTH TOLEDANO
[Este artículo apareció en la edición impresa de El País, el viernes 10/09/1999]

Cuántas veces hemos temido hundirnos para siempre bajo este mar de asfalto e impostura, insignia de este buque encallado en la meseta que, con la proa mirando a Francia desde el decorado de astilleros de la Plaza de Castilla y con la popa al aire tantas veces tórrido que se condensa en Atocha como una letanía magrebí, muchas tardes parece contagiar a su pasaje de la extenuación del estatismo. Madrid se diría anclada por su prosaico peso de ediles almiranticios de dorado botón y de vulgares grumetes de rebelión tosca: «Puta», puede leerse en el pedestal de La Violetera, horrendo mascarón que jamás hubiera querido para sí Pablo Neruda y mucho menos para su Isla Negra. Hasta ahí, sin deriva, hasta esa roca bisilábica parecía llegar la dialéctica realidad de nuestro urbano naufragio. Afortunadamente, no. Pues hay en Madrid quienes intuyen que el mapa de nuestra deriva brilla al sol como una piel salpicada de gotas que contienen todas las imágenes que el pensamiento pueda hacer posibles y que se formula en versos como en olas dice sus frases el mar. Son los alegres náufragos, los que saben que nuestra mirada puede seguir leyendo las metáforas que escribe el horizonte infinito y que es, precisamente, el naufragio el más ancho trayecto, aquél donde encuentran los ojos el espacio más amplio. Por eso su alegría, la alegría contestataria y lúcida del pensamiento, de quien es la poesía la mejor compañera.

Mano a mano van pensamiento y poesía en la revista La alegría de los naufragios, cuyo primer número, que ha aparecido recientemente en Madrid y que publica Huerga y Fierro, es como un pequeño bote salvavidas que cuelga alegremente del oxidado casco de este buque encallado que es nuestra prosaica ciudad, la de la («Puta») Violetera que nada tiene que ver con esa «tradición de lo moderno» que «profundiza en un diálogo infinito con el presente y el futuro», como declara el editorial de su primer número. El editorial habla de infinito y también de tradición y futuro, pretendiendo mirar la realidad como debe mirarse: con la ancha perspectiva de un náufrago cuyo horizonte es amplio. Porque tradición, la mejor tradición, son ya los poetas José Ángel Valente o Antonio Gamoneda (capitanes de los de verdad, de los que nunca abandonan su barco). La tradición que queremos en Madrid, no la de toscos grumetes de la palabra. Si empiezan a hablar aquí Valente o Gamoneda, junto con tantos otros poetas que forman la alegre tripulación de este número, es que el futuro puede por fin estar a la vista. Que ellos hablen en Madrid me parece un acontecimiento de orden cívico, de intervención ciudadana, concepto muy poco practicado actualmente y que se confunde con una exasperante e inútil sarta de respuestas políticas de profesión a una exasperada e inútil sucesión de quejas y ruegos de corte vecinal. Los pensadores y los poetas, por su parte, lo que hacen es preguntas a la sociedad, para establecer así un diálogo necesario, para profundizar en una realidad que no acaba en la desesperante zanja, para hacer que también la ciudad piense y que se conozca y que pudiera contestarse. Hacen falta poetas en la ciudad. Digo poetas universales, no burdos bardos de barrio. Poetas de los que saben que el drama de la fealdad, de la incompetencia, de la especulación, del encallamiento, es sólo producto de una visión ramplona y vana de la superficie del mundo. Si los políticos municipales atendieran, si entendieran un discurso que va mucho más allá de la horrenda fuente, del absurdo túnel, del botón de ancla, quizá fuera posible que la ciudad se convirtiera en un espacio más culto, más subjetivo, más abierto, más proclive a dar credibilidad a las visones creadoras del pensamiento, ese que sabe, por ejemplo, que La Violetera, aparte del «Puta» que reza desde hace unos días la pintada de su pedestal, es «Regresora», «Horrible», «Ridícula». Pero, como dice José Ángel Valente: «La relación del escritor con la órbita del poder, de lo político, podría estar sujeta a un simple lema: Ubi nihil vales, ibi nihil voles. Lo que en lengua llana cabría trasladar así: Donde nada vales, nada quieras».

Yo saludo, con la alegría del náufrago, la aparición de este mar de palabras, simplemente porque añade visión a nuestro horizonte, porque lanza poemas no como si fueran un arma cargada de un futuro inmediato, sino como si fuera un armador que pudiera recomponer un buque hundido por el peso sin futuro de incomprensibles y idílicos ripios. Y a través de un conocimiento poético de la realidad podríamos, como también dice Valente, «modificar nuestros sistemas de percepción y expresión». Lo que se entiende por futuro.

Índice del nº 1 de la revista ‘La alegría de los naufragios’.

Gamoneda y su primera lectura, a los 17 años, de «El proceso» de Kafka

«El proceso»; Losada, Buenos Aires, 1946.

KAFKA 1948*

Por ANTONIO GAMONEDA

Fue en 1948 cuando leí mi primer Proceso. Lo sé con seguridad por indicadores que aquí no importan. Aún conservo el ejemplar, muy deslucido por las relecturas. Es la segunda edición (1946) de la Editorial Losada, de Buenos Aires, que me procuró el cajón clandestino y amistoso de un librero «de los de antes», de los de muy antes, Anastasio Jular, buen lector él mismo, furtivo distribuidor de libros prohibidos, que lo eran entonces prácticamente todos según una norma semilegislada que, con su carácter global, simplificaba seriamente la tarea de los encargados de nuestras conciencias.

Sesenta años hace y aún aquella primera lectura vuelve a veces a mí, sobreponiéndose a las posteriores. Yo creo que mi condición de lector aún bisoño me proporcionaba una poderosa inocencia en la que las percepciones sensibles (las representaciones mentales de las percepciones sensibles, quiero decir) se me deparaban despojadas de ficción, de manera que no se distinguían de las gravemente existenciales.

José K… se movía sin destino, en una constante semipenumbra, con una lentitud angustiosa. Angustiosa porque la lentitud llevaba consigo imposibles urgencias. El espacio también era incomprensible, y lo eran, a su vez, los ocasionales interlocutores y sus respuestas a la oscura ansiedad y las siempre improcedentes preguntas de José K…, reo ante una justicia desconocida en virtud de una culpa también desconocida que era absurdo intentar conocer. José K… era culpable bajo condiciones en las que conocimiento y explicaciones eran, obviamente, innecesarias. Era culpable. Nada más.

Si mi lectura hubiera sido más tardía, yo habría podido interpretar el caso K… y su atmósfera como una inmensa metáfora relativa a la existencia, y aliviado mi causa sonámbula en la advertencia de que aquello era literatura. Pero no. Yo viví la lectura de El proceso. Algo de aquella vivencia permanece en mí.

Hoja suelta sobre Kafka.

[* Nota de E. Otero: Esta hoja apareció hace unos días, entre papeles de Antonio Gamoneda, con un encabezado dirigido a C. R., redactor de El País. El poeta, a mis preguntas, dijo no recordar la fecha o el año en que lo envió por fax al periódico, y si se publicó o no. No hemos hallado referencia a este texto en la hemeroteca digital del periódico. Parece un pequeño apoyo preparado para acompañar, como un pequeño suelto, o junto a textos de distintos autores, una reseña más grande a propósito de alguna edición relacionada con Franz Kafka (1883-1924), tal vez publicada en papel en el Babelia. El folio firmado por Gamoneda lleva el número 294, por lo que quizá fuera reciclado, o entresacado de un original más grande. El nº de fax es indicativo de que este texto se envió cuando el correo electrónico o no existía o su uso no estaba normalizado.]

«El León de Antonio Gamoneda», un artículo de Dasso Saldívar (2000)

Gamoneda en el patio de su casa.

El León de Antonio Gamoneda

La memoria y la obra del poeta Antonio Gamoneda, Premio Nacional de poesía en 1988, tienen sus claves profundas en un largo viaje a través de su ciudad, León. Éste es un recorrido por una ciudad y un poeta, guiados ambos por el silencio.

Por DASSO SALDÍVAR *
Publicado en El País, el 22 de agosto de 2000

El día en León es un asunto que se decanta claramente en el cielo. Puede amanecer con niebla o con nubes, pero hay una brocha invisible que trabaja sin descanso hasta que, hacia las tres o cuatro de la tarde, fija en el firmamento un azul perfecto y sedante. Es el momento en que todo, todo lo que cabe dentro del día, queda como transfigurado. Uno se pregunta entonces si es esa luz o es el tiempo aposentado, o las dos cosas a la vez, lo que le confiere una belleza diáfana y serena a la milenaria ciudad de León. En algunos de sus libros, Antonio Gamoneda ha venido dejando avisos para caminantes: Si de la suave mano de la noche / llegas a este lugar, oh caminante, cuida tu corazón. Yo te lo aviso / porque el aire peligra de belleza.

Habíamos llegado de la mano acaso más segura de la tarde, pero pronto nos dimos cuenta de que el peligro era mayor, pues el lugar donde más acecha la belleza y el silencio puede dejarlo a uno aturdido, es esa inmensidad sagrada de la catedral a las seis de la tarde, cuando el viajero se interna en un bosque gótico con sol propio que estalla en figuras multicolores. Luego, al anochecer, aquella euritmia de arbotantes, hastiales, botareles, ventanales, rosetones y pináculos se enciende por fuera en toda su plenitud, se eleva sobre la ciudad y se adueña de la noche.

Viéndola así, con su ingravidez y su palidez lunar, se hace evidente que la catedral es el gran espectáculo arquitectónico, estético y espiritual que llena el espacio de León y algo más: su ámbito sagrado y su sombra gótica bañan el espíritu de todos los leoneses.

Muy cerca, prácticamente a sus pies (en una prolongación de la Fundación Sierra-Pambley), vive Antonio Gamoneda, que se confiesa hechizado, y no sólo en sus versos, por el mejor gótico de España. Caminante inveterado de León, puede decirse que la memoria y la obra del poeta, y aun su misma sensibilidad, tienen sus claves profundas en un largo viaje a través de la ciudad. Un viaje que es multiforme en el tiempo y que le ha ido dejando estratificaciones diversas en su edad: Yo soy la senda y el anciano, soy la ciudad y el viento. (más…)

En el SIEL de Casablanca / Gamoneda explica algunas de las claves de su poesía

Foto: El País.

SALÓN DEL LIBRO

Casablanca también habla español

ANTONIO GAMONEDA participa en el Salón Internacional de Libro de la ciudad marroquí, con España como país invitado de honor y con el foco en los traductores

Por FEDERICO SIMÓN
Publicado en El País, el 14 FEB 2019

El pabellón de la Feria Internacional de Casablanca, un imponente edificio protegido levantado en 1949 en la capital económica y comercial de Marruecos, es un hervidero de personas durante estos días. La enorme nave con forma de bóveda, de 200 metros de largo por 90 de ancho y sin columnas que sustenten un techo lleno de lucernarios circulares, acoge hasta el domingo la 25ª edición del Salón Internacional de la Edición y del Libro (SIEL). Y si francés y árabe son tradicionalmente las lenguas más escuchadas del certamen, este año el español se siente con fuerza.

El poeta español Antonio Gamoneda (Oviedo, 1931), premio Cervantes en 2006, participó el pasado martes a sus 87 años en uno de los actos programados en el pabellón español de la 25 edición del SIEL de Casablanca. Y allí, ante un público internacional, dio claves de su obra: “Yo tengo dicho en alguna línea de mi escritura que pongo toda la realidad y todos mis actos en el espejo de la muerte. ¿Qué significa esto? Que el poeta Antonio Gamoneda, cuando escribe, no olvida que está acercándose progresivamente a la muerte y que todas sus comunicaciones están también en esa misma perspectiva”, aseguró el escritor, que también explicó qué define para él el género que le mueve a escribir cada día: “La poesía tiene tres características: tiene un nacimiento rítmico, ya que el pensamiento poético surge en impulsos rítmicos; es un acto de creación, algo que no ha dicho nadie antes; y es un acto de revelación, comunica algo que se desconocía”.

El escritor, que camina pegado a su bastón y no renuncia al tabaco, fue muy contundente con sus ideas: “La lengua de la poesía no es exactamente la misma que la lengua de la comunicación normal, sea la conversación, o incluso la lengua escrita de la propia literatura, de la alta literatura. A veces me pongo excesivamente radical y digo que la poesía no es literatura; la literatura utiliza el lenguaje con el que nos comunicamos con una función estética, creando una obra de arte, pero la poesía no está nombrando el mundo exterior, sino que es una emanación de la propia vida”.

En un encuentro con el poeta marroquí Khalid Raissouni (Casablanca, 1965), traductor de la obra de Gamoneda al árabe, ambos leyeron poemas —cada uno en su idioma— del autor español, que además explicó algunas claves de su obra: “Cuando me preguntan cuáles son los temas de la poesía, yo digo: ‘mire usted, el tema de la poesía soy yo’”, explicó el autor de Descripción de la mentira, Blues castellano o Edad, galardonado este con el Premio Nacional de Poesía de 1988. Y explicó más: “El tema de la poesía soy yo mismo, como hombre que contempla toda la realidad posible, tangible o intangible, objetiva y subjetiva”. A su lado, Raissouni, que se ha propuesto traducir toda su obra, definió a Gamoneda como “un gran poeta de la otra orilla” al que “hay que leer muy despacio, para disfrutarlo porque ahí está la esencia de la palabra”. Cuando Raissouni terminó de leer en árabe uno de sus poemas, Gamoneda exclamó: “Estoy emocionado; las palabras, que yo no comprendo, tienen esa musculatura armoniosa que proporciona el ritmo”.

La presencia de Gamoneda en el Salón Internacional de Casablanca se debe a que esta edición tiene como país invitado de honor a España. Por este motivo, y bajo el lema El viaje de las lenguas, el Ministerio de Cultura y Deporte, a través de la Dirección General del Libro y el Fomento de la Lectura y de la sociedad estatal Acción Cultural Española, ha diseñado en colaboración con el Ministerio de Asuntos Exteriores, a través del Instituto Cervantes de Casablanca y de la Embajada de España en Marruecos, un programa de actividades que incluye la participación de alrededor de 40 autores españoles y marroquíes. (…)

Antonio Gamoneda acudirá a Compostela el 4 de junio para enclavar su legado en el ‘Xardín das Pedras que Falan’

La poeta gallega Luz Pozo Garza descubre la piedra con sus versos inéditos en el Xardín das Palabras que Falan. Foto: ÓSCAR CORRAL / El País.

Los nuevos apóstoles de Santiago son poetas

El genio de Seamus Heaney y Luz Pozo Garza inaugura en la capital gallega un santuario literario donde se plantarán piedras con versos inéditos donados por 40 escritores

Antonio Gamoneda acudirá a Santiago de Compostela el 4 de junio de 2018 para enclavar su legado en el ‘Xardín das Pedras que Falan’ como representante de la poesía en lengua castellana

Por SONIA VIZOSO/ Santiago de Compostela
Noticia publicada en El País el 15/5/2018

La primera vez que los ojos de Seamus Heaney se tropezaron con la plaza del Obradoiro de Santiago, en el conmovido rostro del poeta se dibujó una expresión que su viuda no volvió a ver en sus 52 años de vida en común. “Jamás olvidaré ese momento. Él amaba profundamente este lugar”, ha confesado bajo la lluvia Mary Heaney, también poeta, mientras inauguraba, a pocos metros de la Catedral compostelana, un santuario lírico que aspira a convertirse en una nueva meca del peregrinaje literario.

El genio del Premio Nobel irlandés y de las gallegas Rosalía de Castro Luz Pozo Garza son los primeros en echar raíces en el bautizado como Xardín das Pedras que Falan (Jardín de las Piedras que Hablan). Tres piedras de granito con versos de estos tres autores grabados en su superficie han sido plantadas en el jardín trasero del palacio de Fonseca de la Universidad de Santiago, construido en el siglo XIX como botánico. A ellas se unirán progresivamente, formando una espiral, las losas de otros 40 escritores de diversos países e idiomas, que donarán creaciones inéditas con el compromiso de que no serán publicadas al menos en vida. El 4 de junio Antonio Gamoneda, Premio Cervantes de 2006, estará en Santiago para enclavar su legado en el santuario como representante de la poesía en lengua castellana.

[Gamoneda participará en esos días en Santiago en la Semana do Libro de Compostela (Selic). Ver más en: https://www.20minutos.es/noticia/3340057/0/versos-rosalia-seamus-heaney-luz-pozo-garza-xardin-das-pedras-que-falan-santiago-compostela/#xtor=AD-15&xts=467263]

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