Autor: fgamoneda

«Sombras en la nieve», por Juan Manuel Molina Damiani

[Con una versión provisional de estos apuntes —entonces con la mitad de caracteres que alcanzaron después y sin la bibliografía con que aquí se cierran— Juan Manuel Molina Damiani presentó a Antonio Gamoneda en la lectura poética que dio en la Universidad Popular Municipal de Jaén, dentro del ciclo «Poética ’11», el 14 de abril de 2011.
El texto que aquí reproducimos está publicado en el Boletín del Instituto de Estudios Giennenses, Enero-Junio. 2012 – Nº 205 – Págs. 51-61 – IS.S.N.: 0561-3590]

SOMBRAS EN LA NIEVE

Por JUAN MANUEL MOLINA DAMIANI

veía entrar las sombras en la nieve, hervir la niebla en la ciudad profunda.
Antonio Gamoneda

[1] Presentar a Antonio Gamoneda (Oviedo, 1931) no es una tarea —créanme— fácil. Ensayar un acercamiento a la obra de quien esta noche ocupa la tribuna de «Poética», aunque dispusiéramos de horas y horas, no sólo es una empresa imposible —el poema auténtico no se presta a explicaciones porque habla de lo inefable que constituye la poesía, esto es: de aquello que sólo desde el universo del poema puede ser dicho, o lo que es igual: la celebración de la vida y su poesía—, sino además un empeño redundante —todo poema verdadero contiene su propia explicación, incluso la gramática que gobernara su proceso productivo. Dado que la obra de Antonio Gamoneda, más que a significar razonablemente una experiencia, a lo que tiende es a suscitar una emoción sensible, me limitaré a aproximarles hasta el horizonte donde sucede su poesía, un territorio de naturaleza barroca que ha de ser leído como un relato unitario pese a su diversidad, una propuesta compleja de ecualizar por la trama de sentidos y significados que acumula, un tiempo donde se aúnan radicalmente belleza y dolor y que, atención a lo que sigue, «no se relaciona con la realidad para denotar sus apariencias normales o sus componentes objetivos […] [sino que] crea realidad […] y engendra conocimiento, sí, pero, única y principalmente, el de esta realidad por ella creada, que no se da ni puede ser dicho fuera de ella» [1997: 35] —matriz capital del pensamiento de nuestro poeta sobre la que ha desarrollado no pocas reflexiones estéticas y a la que intentaré acercarles esta noche sin ponerme profesoral ni espeso: ya saben lo que decía Federico García Lorca [1930: 50]: «La primera bomba de la revolución barrió la cabeza del profesor de retórica».

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‘Independencia y densidad’, una reseña de JUAN CARLOS SUÑÉN sobre la antología ‘Solo luz’

Antonio Gamoneda en una caricatura de Juan Carlos Suñén.

Antonio Gamoneda en una caricatura de Juan Carlos Suñén.

Antonio Gamoneda: Sólo luz

«INDEPENDENCIA Y DENSIDAD»

Por JUAN CARLOS SUÑÉN
[Publicado el 23 de junio de 2011 en CríticaDeLetras]

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Antonio Gamoneda: «Sólo luz». Junta de Castilla y León. Valladolid, 2000. 175 páginas.

Una antología de Antonio Gamoneda (Oviedo, 1931), un poeta alejado de catalogaciones generacionales y de racimos profetizantes, anclado en su León de adopción por circunstancias que encubren, seguramente, una voluntad de alejamiento del centro (y de las pertenencias heredadas) nada ajena a las solicitudes de su escritura, era a estas alturas obligatoria, seguramente; aunque no sé si necesaria. Que ésta haya sido realizada por él mismo garantiza, al menos, una dirección de lectura si no más acertada que otras, sí al menos más autorizada que casi todas.

En cualquier caso no era (y no ha debido resultárselo tampoco a Gamoneda) tarea sencilla la de entresacar fragmentos de un obra que, especialmente a partir de Descripción de la mentira (León, 1977), pero ya apuntando intenciones con anterioridad, ha ido dejándonos libros “de poema” completos y cuya continuidad de un libro a otro parece apuntar con claridad a un poema único.

La antología, a pesar de los riesgos de descontextualización señalados (que el autor bandea mediante un prólogo mínimo pero esclarecedor), servirá también para dar a conocer aspectos de la labor poética de Gamoneda quizás eclipsados por la publicación de Edad (Madrid, 1987), libro que reunía su obra completa hasta el momento (reordenada, corregida, y completada en buena medida), con el que en 1988 ganaba el Premio Nacional de Literatura. Digo esto porque si es cierto que fue Edad el libro que popularizó su poesía, y que sigue siendo el libro a través del cual más lectores van encontrándosela aún, no serán pocos los que se hayan quedado en él sin preguntarse por una producción posterior tanto o más interesante.

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Una larga entrevista con Gamoneda en la revista ‘Campo de Agramante’ (2008)

[Entrevista publicada en la revista Campo de Agramante. Nº 10, Otoño-Invierno de 2008. Una publicación de la Fundación Caballero Bonald, Jérez de la Frontera, Cádiz]

ANTONIO GAMONEDA: «EN LA POESÍA ES EL LENGUAJE EL QUE GENERA PENSAMIENTO»

UNA CONVERSACIÓN LARGA Y CON PAUSAS SOBRE SU POESÍA

Por TOMÁS SÁNCHEZ SANTIAGO y ELOÍSA OTERO

Si todo escritor es ya un espacio en sí mismo –un espacio alzado y acotado con palabras–, hablar del espacio real donde se desenvuelve la vida habitual de Antonio Gamoneda se hace aún más obligado, en especial cuando se ha conocido su casa, a un paso de la propia catedral de León pero con una vocación claustral que deja al visitante una sensación definitiva de apartamiento, de insólita lejanía que pone al exterior menos inmediato y de espaldas, y que encaja muy bien con esa voluntad personal de retiro, de “retracción”, a la que tantas veces se ha referido el poeta. Y es que una vez abierta la estrecha puerta verde y traspasado el pequeño patio –casi un imprevisible estanque de cemento con una pequeña lágrima de arriates, un microcosmos vegetal y la majestad de un árbol caballero, un lauroceraso, que se asoma a la calle por encima de la tapia– pareciera que se ha evaporado por ensalmo el ritmo de afuera para entrar en otra clave vital, la de quien nunca se dejó sujetar del todo por las supuestas obligaciones civiles de un poeta de ciudad. O “un poeta de barrio”, como él mismo ha querido decir más de una vez. Todo sigue, pues, ahí afuera a la mano, sí, pero ya tan lejos…

Esta es la crónica de una entrevista discontinua, un si-es-no-es de hilván frágil, una conversación llena de poros, abierta y enterrada entre sucesos –viajes, ausencias, desencuentros de fechas– que no ayudaban a terminarla fácilmente. Como la propia escritura de Gamoneda, se hizo necesario revisar más de una vez lo recogido en las grabadoras para de nuevo reacomodarlo, imantarlo en el presente. Todo comenzó a finales de julio y sólo se acabó de resolver totalmente en diciembre. Ya este juego de desajustes —la luz, el frío, los propios avatares del entretanto, los nuevos episodios viajeros contados como divertimentos que rompían cualquier gravedad— ha hecho que todo se inunde de cierta irrealidad. Escuchar en la grabadora a las puertas del invierno una algarabía de aves y campanas alborotadas del verano contribuyó asimismo a ello.

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La antología ‘Sílabas negras’ y sus apartados temáticos

Portada de "Sílabas negras", de Gamoneda.

Portada de «Sílabas negras», de Gamoneda.

La antología de Antonio Gamoneda ‘Sílabas negras’ (XV Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana. Ed. Universidad de Salamanca, 2006), en edición de Amelia Gamoneda y Fernando R. de la Flor, agrupa los poemas de Gamoneda en distintos apartados temáticos. Cada apartado lleva un pequeño texto introductorio de su hija Amelia Gamoneda Lanza:

ESFERA

El territorio de la intimidad es esférico: vientre, madre, familia, casa, sartén, pan, vasijas, cántaros, cuencos, pozos, cucharas. Y, en la memoria, el estrato afectivo se ahorma en envoltura: la cabeza en el hueco de unas manos, el rostro y el mundo en él circunscrito, la bombilla y su halo amarillo, los pechos y «sus círculos amoratados», el «cinturón de álamos», «las habitaciones cóncavas», los armarios. La biografía íntima es una bio(e)sfera.

PAÍS SIN RETORNO

Un país entregado a un tiempo de traición y destrucción convierte en rehén a su habitante; de ese país no se escapa ni se vuelve: interiorizado, deviene espacio mental, y en él, indefinidamente, el pensamiento es torturado, se subleve, cae en vergüenza y en melancolía. El hombre es el país, el hombre es también la distancia que vuelve a ambos irreconciliables.

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De Méndez Ferrín para Seamus Heaney, Derek Walcott y Gamoneda

Portada de "Estirpe" (Xerais), de Méndez Ferrín.

Portada de «Estirpe», de Méndez Ferrín.

Dedicatoria que abre el libro Estirpe, del poeta gallego X. L. Méndez Ferrín (Ed. Xerais, Vigo, 1994):

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Seamus Heaney.

ADICATORIA

I would wish this book,
Certainly for him
Enigmatic,
Ranged in Seamus Heaney’s
Library,
Far at the Irish, bloody, dark
Bogside.
The sweet, rotten roots
Of all the lands’ ends
In the bone-layered, western
Death Republic,
Are our common ones:
My soul is now the Burren.

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Derek Walcott.

And also
J’aimerais savoir mes pages
Déposées dans une autre bibliothèque,
Celle qui is at Derek Walcott’s home
Among the Homeric pink fingers of the Dawn,
Mangroves mingling with Creol tastes
And the unfinished, marble-ironed,
Long, Saint-Jonh Perse’s verse – like a river.
Derek Walcott:
Freshly rising friend over the ocean.

Antonio Gamoneda hacia 1965. Foto: José Núñez Larraz.

Antonio Gamoneda. Foto: José Núñez Larraz.

Finalmente
yo quisiera mi libro con los libros amados
de Antonio Gamoneda, el niño
que bajó de las Asturias como baja el ganado,
con dolor y olor,
y el recuerdo de vitrolas venenosas,
un caballo disecado en San Marcos,
los olores picantes de la pólvora,
le son nido de erizo permanente en el hígado.*

Pra eles tres é este libro:
poetas estranxeiros que viviron meu tempo,
gorxas de sol e xofre que me asisten no ocaso,
consolo ou resistencia que fan corpo
coa espranza nosa granítica
feita de lume, espada, égoas, todo.

X. L. MÉNDEZ FERRÍN

X. L. Méndez Ferrín.

X. L. Méndez Ferrín.

* (Versión del poema en gallego:)
Eu quixera este libro, / certamente pra el / enigmático, / posto na biblioteca / de Seamus Heaney / alá lonxe no irlandés, / maldito, escuro / confin das gándaras. / As torgueiras doces e podres / daquelas fins do mundo / na occidental República Morta, / estrada de ósos, / son as nosas raíces comúns: / a miña alma é hoxe o Burren. // E tamén / gostaría de saber as miñas páxinas / depositadas noutra biblioteca, / a que está en cas Derek Walcott / entre os homéricos dedos rosados da Aurora, / mangles mesturando cheiros creoulos / e o verso de Saint-John Perse -coma un río / longo, sen terminar e de marbre ferrado. / Derek Walcott; / novo amigo que medra sobre o Océano. // Por fin / eu quixera o meu libro xunta os libros amados / de Antonio Gamoneda, o meniño / que desceu das Asturias como baixa o gado, / con dor e cheiro, / e a lembranza de vitrolas pezoñentas, / un cabalo disecado en San Marcos, / os ulidos picantes da pólvora, / sonlle niño de ourizo permanente no fígado.

 

Carta de ANTONIO GAMONEDA a LUIS MIGUEL RABANAL (Leída en agosto de 1998 en Olleir…)

El poeta Luis Miguel Rabanal.

El poeta Luis Miguel Rabanal.

Aprovechando que este viernes 19 de agosto de 2016 el poeta Luis Miguel Rabanal será distinguido con el premio Omañés del Año, en un acto que comenzará a las 19.30 horas en la Casa de Cultura de Riello, aprovechamos para reproducir esta carta que el poeta Antonio Gamoneda le escribió hace ya 18 años, en agosto de 1998, para ser leída en un acto que entonces tuvo lugar también en Riello.

Al homenaje a Luis Miguel Rabanal que tendrá lugar este viernes 19 agosto de 2016, concebido como un recital poético-musical, está previsto que acudan escritores como Antonio Gamoneda, Rafael Saravia, Alberto R. Torices, Toño Morala, Luis Luna, Felipe J. Piñeiro, Lourdes de Abajo, Miguel Ángel Contreras, Azarías D’Leyre, Antonio Manilla, Carmen Busmayor… así como el cantautor Alfonso Salas. El diploma lo recogerá su hijo, dado que la salud del prolífico autor omañés le impide desplazarse desde Avilés, donde reside desde hace años.

Calle del Poeta Luis Miguel Rabanal, en Riello (León).

Calle del Poeta Luis Miguel Rabanal, en Riello (León).

CARTA DE ANTONIO GAMONEDA A LUIS MIGUEL RABANAL

León, agosto 1998

Querido Luis Miguel Rabanal:

Hoy es un día de las gentes más tuyas, las que te sintieron cercano antes, incluso, de que les dieses motivos para tenerte de manera especial en su corazón; antes de entristecerse por la traición de tu propio cuerpo o de sentirse crecidos en su orgullo por tu talento de poeta.

Puede parecerte que no tiene mucho sentido esto que digo, que, contrariamente, el día es tuyo porque en ti está centrado y tú eres la causa de una reunión emocionante, pero yo, que tiendo a buscar la verdad oculta sin despreciar la que está en primer término (quizá en esto nos parezcamos cuantos nos hemos perdido en el extraño territorio de la poesía), me voy a permitir, con pocos derechos, esta es la verdad, indagar un poco en esa propiedad colectiva de la circunstancia.

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Dedicatoria para una letra (W) dibujada por una niña de 10 años

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Letra W dibujada por Sara Álvarez, con dedicatoria de Antonio Gamoneda.

El dibujo de la W es de Sara Alvarez (10 años), y la dedicatoria de Antonio Gamoneda dice:

«La W (uve doble) de Sara tiene vida y mirada. Muy bien, Sara: hay que estar siempre a favor de la vida».

Fue durante la Feria del Libro de 2004 en Villablino, cuando la Concejalía de Cultura invitó a los niños del Valle de Laciana a dibujar las letras del abecedario, y a distintas personas del mundo de las artes, las letras y la política a escribir alguna frase relacionada con cada letra.

Se pueden encontrar otras letras dibujadas por niños, con dedicatorias de artistas, políticos y escritores leoneses, en esta página (haz click:) del Ayuntamiento de Villablino.

Nacer en otra especie

Portada de la antología "Naciendo en otra especie" (Plaza & Valdés / Capital Animal).

Portada de la antología «Naciendo en otra especie» (Plaza & Valdés / Capital Animal).

OPINIÓN / VILANOS

Nacer en otra especie

Por ELOÍSA OTERO
(Publicado el 24 de julio de 2016 en El Día de León)

“La vergüenza es un sentimiento revolucionario”. Con esta cita de Karl Marx encabeza Antonio Gamoneda un poema estremecedor, titulado “Malos recuerdos”, perteneciente a su libro “Blues castellano”. Este poema, en el que Gamoneda expone sus sentimientos ante algunos comportamientos vergonzantes de su infancia —como maltratar a una perra o robarle a un soldado la carta de su madre—, se ha convertido en emblema de la antología de poesía que ha realizado la plataforma “Capital animal” para concienciar sobre los derechos de los animales.

La antología —que a su vez lleva por título otro verso del poeta leonés: “Naciendo en otra especie” (“Yo estoy naciendo en otra especie y el exterior es lívido”)— quiere ser “una respuesta a la violencia, a la vergüenza que supone el dolor infligido a los animales”, en palabras de Ruth Toledano y Marta Navarro García, encargadas de la edición. Pero va más allá. Como escribe Navarro, “la historia nos ha demostrado que con los animales practicamos la dominación y la discriminación hasta convertirlos en propiedad, al igual que antes hicimos con personas de otras etnias, de otro credo o de otro género”.

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‘Clío le inspira’, un artículo de FERNANDO R. DE LA FLOR

Fernando R. de la Flor.

Fernando R. de la Flor.

[Este artículo apareció publicado en la revista República de las Letras, 104 (2007), 75-81.]

CLÍO LE INSPIRA

Por FERNANDO R. DE LA FLOR

Mundos de la vida

Reivindicaremos en lo que sigue aquello que habitualmente permanece consignado como un “afuera” del texto, y que se considera sin trascendencia excesiva para él. El “giro contextual” (1) nos advierte de la necesidad de reconstruir los contextos y mundos de vida que condicionaron decisivamente la producción de la acción comunicativa, eventualmente, incluso, cuando se trata de ese acto de habla gratuito y fuera (aparentemente) de situación determinada que pasa por ser la poesía.

En efecto,  historia y poesía no parece que hayan caminado de la mano, y sin embargo, a los efectos de la consideración de la potente obra de Antonio Gamoneda, aventuraremos la hipótesis de que la fuerza toda, la que podemos llamar elocutiva y la perlocutiva; la que determina al propio poeta a escribir y la que él mismo logra desencadenar con sus palabras en el espacio psicoactivo propio de su recepción, se encuentran inspiradas, en este caso sui generis, por Clío, y reciben de esta musa de la historia, que teje los relatos de las comunidades humanas en su devenir por el tiempo, toda su energeia.

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RAFAEL SARAVIA y VÍKTOR GÓMEZ entrevistan a Gamoneda en la revista «Quimera» (Abril, 2016)

Portada del nº 389 de la revista Quimera (abril 2016).

Portada del nº 389 de la revista Quimera (abril 2016).

[Reproducimos, por cortesía de los poetas Rafael Saravia y Víktor Gómez, la entrevista que le hicieron a Antonio Gamoneda y que se publicó en el número 389 de la revista Quimera, correspondiente al mes de abril de 2016]. 

Por RAFAEL SARAVIA Y VÍKTOR GÓMEZ

Antonio Gamoneda es un poeta de lo intangible y lleno de verdad. Un humanista que denota un pensamiento no sometido a una voluntad mercantilista; ni siquiera a una voluntad antropocéntrica. Un poeta que se mueve en ese “no saber sabiendo” de Juan de Yepes y que ha entroncado su existencia en esa cultura de la pobreza que nos muestra una contundencia propia del más rotundo Sartre o el más iluminado Slavoj Zizek. Su conciencia desarrolla una poética como pocas se han dado en este siglo pasado y el que pisamos. He aquí unas preguntas para conocer ese algo más de la intuición de un maestro como Gamoneda. 

—¿Qué puede aportar la poesía, a diferencia de otros modos de expresión lingüística como el ensayo, la narrativa o el discurso político, a la sociedad actual?

—Sí, puede aportar «a diferencia». En modo y manera muy diferentes. Sartre, en Orfeo negro, afirma que «… siendo la poesía irremediablemente subjetiva, no puede modificar las realidades objetivas». Así es, pienso yo, y añado para clarificar la cita: realidades objetivas como son el absolutismo práctico de los poderes establecidos; la apenas limitada apropiación, por parte del capital, de la producción generada por el trabajo; la muy irregular distribución de la riqueza; la inexistente definición jurídica de auténticos crímenes sociales etc. En menos palabras: las realidades estructurales. Y con más palabras: las realidades configuradas por el sistema, bien entendido que el sistema no es únicamente político (la democracia, por ejemplo), sino también su correlato histórico, el poder económico. Por esto me sorprendo cuando partidos presuntamente progresistas declaran que tal actividad o tal programa, «no», porque «es antisistema». No pienso en dictaduras ya fracasadas, pero sí me digo y les digo: «Amigos: ¿pero no es precisamente el sistema lo que hay que desmontar? ¿No es una democracia falsificada la máscara más o menos sonriente de un totalitarismo económico?

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«Antonio Gamoneda, 85 años de lucidez», por ÁNGEL SALGUERO (Poética 2.0)

Antonio Gamoneda.

Antonio Gamoneda.

[Reproducimos un artículo de Ángel Salguero, en torno a la visita de Gamoneda a Valencia en mayo de 2016 para participar en el primer Festival Poético de Benimaclet. El artículo se publicó el 30 de mayo de 2016 —día en que el poeta celebró su 85 cumpleaños— en la plataforma digital Poética 2.0]

Antonio Gamoneda, 85 años de lucidez

Por ÁNGEL SALGUERO

Antes de hablar, Antonio Gamoneda cierra los ojos apenas unos segundos. Se vuelve hacia el interior en busca de las palabras exactas, a ese lugar donde también habita la poesía pura que le da el oxígeno, los versos que ha ido rescatando desde hace más de sesenta años. Es sábado por la mañana, a sólo unas horas de su recital en el primer Festival Poético de Benimaclet, en Valencia. Estamos sentados en una cafetería de la Estación del Norte, un punto de encuentros y de despedidas, de comienzos y de finales.

El poeta destapa su pluma estilográfica y comienza a trazar líneas sobre una página de periódico. «No dibujo muy bien», dice, «pero creo que os podéis hacer una idea». Sobre el papel toma forma un desfiladero con rocas afiladas y una corriente de agua deslizándose hacia el vacío. «Así ve el mundo un fotógrafo, un artista que reproduce la realidad», explica Gamoneda. Ahora, en otra esquina de la misma página, dibuja de nuevo un paisaje de rocas, esta vez más redondeadas: dos formas definidas, superpuestas, que se extienden sobre el horizonte. Pero una mirada más atenta descubre que esas rocas no son tales, sino dos cuerpos entrelazados, y que la cascada que les rodea es en realidad la sábana del lecho. «Así», asegura sonriendo, «ve el mundo un poeta».

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«El discurso que nunca se pronunció», de PABLO DE LA VARGA

Portada del manuscrito del discurso de Pablo de la Varga.

Portada del manuscrito del discurso de Pablo de la Varga.

[PABLO DE LA VARGA, amigo de Gamoneda desde 1935, no tuvo la oportunidad de leer este discurso el 22 de noviembre de 2007, durante la investidura del poeta como Hijo Adoptivo de León, debido al protocolo del acto. Lo guardó para el 6 de diciembre, cuando estaba previsto que la Diputación concediera a Gamoneda la Medalla de Oro de la Provincia. Pero esta última concesión se pospuso sin explicación sine die. Al final, Pablo leyó su discurso a su amigo el día de Nochebuena de 2007, y la lectura emocionó a toda la familia reunida. Quede aquí, como recuerdo, y en homenaje a la amistad incondicional que desde que tenían 5 años les ha unido a ambos.]

* * *

(Padrino y compadre:
con el cariño denso y permanente de siempre. Pablo) 

GAMONEDA

Con motivo
de su adopción como hijo por el Ayuntamiento de León

Por PABLO DE LA VARGA

Pablo de la Varga, en la inauguración de la exposición Visión del Frío, en julio de 2007.

Pablo de la Varga, en la inauguración de la exposición Visión del Frío, en julio de 2007.

Ilmo. Sr. Alcalde, dignísimas Autoridades, Señoras, Señores:

Creo que pocas cosas honran más a un lugar, que el saber honrar a sus hombres mejores.

Aunque Antonio Gamoneda no nació aquí, aquí se hizo, aquí su infancia, aquí su adolescencia, aquí su juventud, aquí su madurez.

Tuve el azar y la suerte de jugar y de crecer con él.

Cuando niños, nuestro patrimonio más querido era la calle y la imaginación. Entonces esta ciudad se andaba en dos zancadas y nuestra andadura la cruzó muchas veces en todos los sentidos de la brújula.

Era un patio de vecindad fácilmente convertible en el país de las maravillas por el que deambulaba Alicia.

No había coches. Aun existía una berlina con su tiro de caballos que tenía parada ante la fachada principal de la Diputación y era un simón que hacía servicios a las estaciones.

Los vehículos de gasolina, quitando cuatro taxis y el coche de Genaro que recogía y repartía viajeros, eran muy escasos los que lucían su rodaje por las calzadas.

La ciudad era de viandantes y de niños que jugaban y corrían en libertad y sin sobresaltos.

Las niñas al corro, a la comba y al diábolo. Los niños al tacón, al pite, al fútbol, a los platis, a las pelis, a correr las calles con el aro en viajes de fantasía, y si la ocasión se presentaba, a la manga riega.

Toñín tenía especial habilidad para trepar los árboles de La Condesa y a mí me hubiera gustado encaramarme al del Ayuntamiento para emular a Tarzán. No era posible porque ese sitio siempre estaba a la vista de la Guardia Municipal.

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«Relectura y reescritura» de GAMONEDA, un prólogo de JOSÉ ENRIQUE MARTÍNEZ

Portada de "Antonio Gamoneda. Antología y voz".

Portada de «Antonio Gamoneda. Antología y voz».

[Reproducimos el prólogo de JOSÉ ENRIQUE MARTÍNEZ —catedrático de Teoría de la Literatura y Literatura Comparada de la Universidad de León—, publicado en ‘Antonio Gamoneda. Antología y voz’ por la editorial El Búho Viajero (León, 2007)]:

RELECTURA Y REESCRITURA

Por JOSÉ ENRIQUE MARTÍNEZ

La obra poética de Antonio Gamoneda  se presenta como algo no definitivo, siempre en proceso de reescritura. Cuando en 2004 reunió su poesía con el título de Esta luz, el propio Gamoneda advertía de las composiciones sometidas a Reescritura, título del conjunto de tales poemas en un libro del mismo año 2004. Tomo como ejemplo el poema que comienza “La belleza / no proporciona dulces sueños”, que redujo a catorce versos los cincuenta y nueve de su primera versión (en Sublevación inmóvil, 1960); ha desaparecido el título primitivo del poema (“Sublevación”) y la factura comprimida le da un sentido más denso y compacto, más abstracto también, y un carácter más sentencioso. El precipitado poético que supone la segunda versión pertenece al “estilo de lo oculto”, como Liu Xie lo llamaba en El corazón de la literatura y el cincelado de dragones, poética china del siglo VI: “El estilo de lo oculto hace que el significado principal esté más allá del texto; su eco secreto llega sesgado; sus colores sumergidos brotan desde la profundidad”.

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«A LA ESCUCHA» / Un texto de Amelia Gamoneda en la carpeta ‘Extravío en la luz’

Portada de la carpeta "Extravío en la luz", de Antonio Gamoneda.

Portada de la carpeta «Extravío en la luz», de Antonio Gamoneda.

La carpeta Extravío en la luz, de Antonio Gamoneda, fue editada por la Escuela de Arte de Mérida en Marzo de 2008, con motivo del 75 aniversario del centro, en la preciosa colección que coordina el pintor Javier Fernández de Molina.

La carpeta incluye:

  • Un preámbulo con dos textos de la hija del poeta, AMELIA GAMONEDA –el que aquí transcribimos, ‘A la escucha’, y el titulado ‘Entre memorias’–.
  • 17 grabados del poeta y artista JUAN CARLOS MESTRE.
  • Seis poemas de ANTONIO GAMONEDA.

A LA ESCUCHA

Por AMELIA GAMONEDA

Quiere el uso que no haya consanguinidad ni parentesco entre presentador y presentado, o entre crítico y poeta, o entre exégeta y artista. La precaución, ya se sabe, tiene que ver con un prurito de objetividad que se deduce –supuestamente– de la distancia biológica o de la falta de una relación socialmente contratada entre ambos. Me pregunto si dicha distancia ha de ser también considerada indispensable para el caso básico del autor y su lector. Y lo hago, naturalmente, para llevar a un extremo algo ridículo todas estas prevenciones: sólo faltaba que yo no pudiera ser lectora de mi padre.

En realidad, la objetividad no es tan deseable. En la lectura de la obra de alguien o en su presentación o incluso en su estudio crítico, no son particularmente malvenidas las notas que delatan el conocimiento intenso o íntimo del autor, como tampoco se desdeñan las implicaciones afectivas confesadas que uno pueda tener con él o con su escritura. Esto hace tolerable e incluso conveniente que el oficio de presentador lo desempeñe un amigo del escritor, y no explica que siga pesando una inhabilitación para este cargo sobre quien posee vínculos amorosos o de parentesco; sólo queda pues una causa para este interdicto, y se llama pudor.

¿Qué pudor? El que nace de un equívoco: se supone que el consanguíneo o el vinculado por el afecto amoroso va a exhibir una intimidad desvinculada de la escritura, se supone que va a sentarse en la mesa de presentación como quien se sienta en el plató de un programa del corazón. Es mucho suponer. Más justo será reconocerle la mejor de las opciones, esto es: la de saber implicar el conocimiento de lo íntimo en su lectura de la obra del poeta. Acogiéndome a este supuesto, no voy a presentarles a mi padre, Antonio Gamoneda, voy a presentarles al poeta Antonio Gamoneda, que resulta que es mi padre.

Podría decir, en tono de chiste, que conozco a este poeta desde que nací, pero no es verdad: conocí entonces a la persona, pero al poeta no lo conocí hasta mi adolescencia, justo cuando él renacía como poeta, después de guardar silencio durante 500 semanas.

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«Manos», un poema de GAMONEDA con un grabado de JUAN CARLOS MESTRE

Uno de los grabados de Juan Carlos Mestre para la carpeta 'Extravío en la luz', de Gamoneda

Uno de los grabados de Juan Carlos Mestre para la carpeta ‘Extravío en la luz’, de Gamoneda

(Reproducimos uno de los poemas de Antonio Gamoneda extraídos de la carpeta ‘Extravío en la luz’, editada por la Escuela de Arte de Mérida, en marzo de 2008, con grabados de Juan Carlos Mestre y preámbulo de Amelia Gamoneda)

MANOS

Sacudí la ceniza de mis párpados,

busqué el día en el interior de la noche y, sí, se abrió en mí.

/Era como ser y no ser.

Descansé de mí mismo

hasta que mis venas se vaciaron en la luz.

Me acerqué a las materias visitadas por cuchillos, a las que gritan

/hasta despertar el corazón

y aún sentí la pulsación del hierro y la pasión de máquinas

/enloquecidas en la inmovilidad.

En la pausa mortal, una vez más,

pasaron lentamente sobre mí tus manos.