Autor: fgamoneda

Ana Blandiana, sobre Gamoneda

Ana Blandiana.

Con motivo de la publicación de ‘Un arcángel manchado de hollín’ (Ed. Galaxia Gutenberg) a finales de 2021, la gran poeta rumana Ana Blandiana visita de nuevo España haciendo tan sólo tres paradas; una de ellas, en León, donde ofrece un recital este viernes 1 de abril. De la entrevista que le hace el poeta Rafael Saravia para La Nueva Crónica de León extraemos este párrafo:

(…)
— ¿Conoce a algún autor de nuestra ciudad?  
— Leí con pasión y admiración la literatura de los grandes escritores españoles clásicos y modernos, e incluso algunos poetas contemporáneos que conocí en festivales de poesía o ferias del libro. Pero en el caso de estos últimos, generalmente no sabía en qué ciudad habían nacido o en qué ciudad vivían. Sin embargo, si lo pienso bien, Antonio Gamoneda —con el que leí poesía  en un recital organizado en Madrid por el Instituto Cultural Rumano— es de aquí, al igual que Juan Carlos Mestre, que me concedió el honor de participar en la presentación de uno de mis libros en Madrid hace unos cuantos años. En cuanto a Tomás Sánchez Santiago, que vive en León pero nació en Zamora, nos conocimos en una librería de Zamora. Ese momento fue luego descrito por él en un poema de gran sensibilidad sobre las circunstancias de aquel encuentro, un poema que me impresionó y que admiro.
(…)

Ana Blandiana: «Sin el silencio el poema es solo un montón de palabras», una entrevista de Rafael Saravia en La Nueva Crónica de León.

Gamoneda: «La poesía no se explica, su realidad sólo la nombran sus propias palabras» (2018)

Antonio Gamoneda, en el edificio histórico de la Universidad, antes de su conferencia en la cátedra Alarcos. (2008). Foto: IRMA COLLÍN – La Nueva España.

· El poeta ofreció una lección magistral sobre poética y ritmo en la Cátedra Emilio Alarcos de la Universidad de Oviedo, y leyó emocionado sonetos de su admirado amigo

Por CHUS NEIRA
[Publicado en La Nueva España, el 17·05·18]

Parafraseando a Ángela Figuera, Antonio Gamoneda podría haber recitado desde el aula magna del caserón de San Francisco que no le hacían falta los libros de Alarcos porque sus versos se los cantaban las propias paredes del edificio histórico de la Universidad de Oviedo. Y algo de evocación del maestro tuvo su conferencia sobre poética, con momentos de mucho emoción, sobrecogido, pero el premio Cervantes sí recurrió a las páginas del poemario de Emilio Alarcos para recitar algunos de sus mejores sonetos, una lira, y acompañarlos de una reflexión sincera sobre la esencia profunda de la poesía. Su explicación de los versos del lingüista fue, en realidad, una antiexplicación. «La poesía», contó a modo de advertencia inicial, «no se explica; las realidades poético-intelectuales que la poesía nombra existen sólo por las palabras que las nombran, y ninguna otra palabra puede decirlas».

Esa idea, que refrendó con cita a Eliot («la poesía es más sensible que inteligible») y ejemplificó en versos de Alarcos como «la campanada roja de los jarros», la acompañó de otras dos reflexiones esenciales en su conferencia dentro de la Cátedra Emilio Alarcos. Una es que la poesía fue durante mucho tiempo y sigue siendo fundamentalmente oralidad, ritmo en terminología aristotélica, palabra en el tiempo en la machadiana. «La poesía es oral, es fónica y auditiva». Y esa condición la relacionó con una confesión que le hizo una vez Alarcos en un bar ovetense y que Gamoneda dejó grabada en su memoria. «Yo soy un fonólogo». «Emilio Alarcos no lo dijo por casualidad; fue un gran lingüista pero por dentro era pasionalmente un fonólogo. Y la pasión por la fonología y la poesía, ambas centradas en la fonación humana venían a ser la misma pasión. ¿Era fonólogo por ser poeta o poeta por ser fonólogo?», apuntó.

Más allá de que la poesía es ritmo, y que incluso el verso libre ha de tenerlo por mucho que algunos jóvenes, lamentó, piensen que se trata sólo de poner un verso debajo de otro por la «influencia maligna de las traducciones arrítmicas de grandes poetas», más allá de esa idea, Gamoneda aportó en sus conclusiones otra idea vertebradora del hecho poético: «La poesía es liberadora, en incluso cuando canta al sufrimiento, cambia el sufrimiento por otra cosa, y esa otra cosa es liberadora». Lo dijo a cuento de otros versos nostálgicos y algo tristes, «no demasiado», con los que cerró su lectura alarquiana. Pero por muy triste o sobrecogedor que resulten las palabras de un poema, Gamoneda asegura que siempre hay gozo, placer y lo opuesto al dolor. Lo resume, dijo, el refrán: «‘Quien canta su mal espanta’, es totalmente verdadero, y en el acto de cantar, incluso si la música es triste, el sufrimiento se transforma en placer». «Los neurólogos», bromeó, «podrían tratar de averiguar por qué».

Gamoneda, en la Fundación Nazim Hikmet (Estambul, 2008)

Antonio y María Ángeles en la Fundación Nazim Hikmet, Estambul, febrero 1008.

Antonio Gamoneda visitó la Fundación Cultural Nazım Hikmet el 13 de febrero de 2008, durante un viaje a Estambul, invitado por el Instituto Cervantes, en compañía de su mujer María Ángeles Lanza.

Gamoneda, que tradujo al español versos del poeta turco Nazim Hikmet (1902-1963) en los tiempos de la dictadura de Franco, comentó durante esta visita que se encontró con la poesía de Nazim por primera vez en la traducción francesa de Hasan Güreh (Sabahattin Eyuboğlu), y que esos ejemplos franceses fueron los que tradujo en un principio.

Antonio Gamoneda en la Fundación Nazim Hikmet, Estambul, febrero 1008.

Reseña de la ‘Antología poética’ de Gamoneda (Alianza, 2013), por José Luis García Martín

Antología poética
Antonio Gamoneda
Selección e introducción de Tomás Sánchez Santiago
Alianza Editorial. Madrid, 2013

Antonio Gamoneda, un poeta a contracorriente

Por JOSÉ LUIS GARCÍA MARTÍN
(Publicado en su blog CRISIS DE PAPEL, el 17 de junio de 2012]

Comienza Tomás Sánchez Santiago, excelente poeta él mismo, el prólogo a la Antología poética de Antonio Gamoneda aludiendo a su “caso”, “insólito en los usos habituales del mundo literario español”. Y ciertamente Antonio Gamoneda es un poeta insólito, pero quizá no por las razones que Sánchez Santiago señala.

Anecdótico resulta el mayor o menor encaje del poeta con su generación (la del cincuenta, la de los niños de la guerra), sus declaraciones contra este y aquel (Benedetti, José Hierro, Ángel González), su decidida toma de partido en la lucha de banderías en que a veces se convierte la vida literaria, o una aireada marginación que no resulta incompatible con la obtención de los más altos galardones oficiales.

Antonio Gamoneda es un poeta insólito por otras muy diversas razones. Se trata (pocos casos más hay en la historia literaria) de un poeta a contracorriente de sí mismo, de un poeta que ha hecho lo mejor –y quizá también lo menos logrado de su obra– luchando contra su tendencia natural al realismo, al dolido testimonio autobiográfico.

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Los tres poemas esenciales para Juan Carlos Mestre son de… Gamoneda, Blai Bonet y Luis Cernuda

Haz un click para ir a Abisinia Review y leer los tres poemas esenciales seleccionados por Juan Carlos Mestre.

Este dossier de Abisinia Review se creo para ir a la caza de joyas de la literatura y para rendirle un pequeño homenaje al lector de poesía. Le preguntan al poeta Juan Carlos Mestre “¿Cuáles son tus tres poemas españoles esenciales desde tu experiencia como lector y desde tu sensibilidad como creador?”. Y, sin solicitarle argumentaciones, estas fueron sus joyas:

[Fragmento de] Descripción de la mentira, de Antonio Gamoneda.

Gaspar Hauser Núm. 2, de Blai Bonet.

1936, de Luis Cernuda.

Gamoneda, grabado en el corazón de Oviedo

El poeta astur-leonés Antonio Gamoneda ya cuenta con otra placa más con su nombre, esta vez ubicada en su casa natal en Oviedo, en la calle Melquiades Álvarez nº 25.

Día Mundial de la Poesía / Un poema inédito de Gamoneda en ‘El Cultural’

[Para celebrar el Día Mundial de la Poesía, este 21 de marzo de 2022, El Cultural publica un inédito del poeta ucraniano Serhij Zhadán al tiempo que invita a doce excelentes poetas españoles a desvelar un poema inédito, entre ellos Antonio Gamoneda.

SOBRE LA GENERACIÓN DEL CORNEZUELO

Arranqué líquenes, cavé la tierra que creía amar y la tierra
no me reconoció.

Sólo hallé frutos negros, yerbas incomprensibles.

Al día siguiente,

quise ver a los vencejos amándose en el aire y los pájaros
no existían.
Bajé a las sernas,

busqué a los hombres que silban y afilan el dalle pero en el
centeno sólo había luz, únicamente
el cornezuelo crujía.

Esperé el temblor de los álamos pero me extravié
cortando estambres, escuchando sollozos. Pude ver

que los páramos se agotaban en carrizos y sombras. Más
tarde,

las alondras aullaron en los campanarios y las yeguas volvían. Sus uñas
levantaban pequeños relámpagos de las
sendas trazadas entre amapolas.

Nadie detenía a las yeguas ni escuchaba a las alondras.

Finalmente,

advertí que los robles apenas retenían rocío para las víboras y que las moras
se desprendían de las zarzas.
Nadie preguntaba por sí mismo. La costumbre

era el mundo vacío.

Pensé la muerte.

No, no fue así exactamente. Pensé en el hígado de los ancianos mirando cómo
se acerca la muerte, sólo la
muerte, sobre el campo amarillo.
No pensé nada más.

Esta es parte de mi historia, lo demás no ha sucedido.

ANTONIO GAMONEDA

El Ayuntamiento de Oviedo rinde homenaje a Gamoneda colocando una placa en su casa natal

Casa Natal de Gamoneda, en Oviedo.

El Ayuntamiento de Oviedo rinde homenaje a los poetas Antonio Gamoneda y José García Nieto, este lunes 21 de marzo de 2022, Día Mundial de la Poesía, con la instalación de dos placas con su nombre en la calle Melquiades Álvarez, al lado de la casa natal del primero y de la vivienda en la que residió el segundo.

Las dos placas que se colocarán estarán instaladas en la calle Melquiades Álvarez, 25, casa de nacimiento de Antonio Gamoneda (Oviedo, 1931), y en el número 6, casa donde vivió el escritor José García Nieto.

La instalación de las dos placas está también relacionada con el proyecto «Oviedo, ciudad literaria».

Placa de la calle Poetas Gamoneda, en Oviedo.

En Oviedo ya existe la «calle Poetas Gamoneda», dedicada a Antonio Gamoneda padre (autor de Otra más alta vida, en 1919) y a Antonio Gamoneda hijo (Premio Cervantes 2006, autor de libros como Sublevación inmóvil, Descripción de la mentira, Lápidas, Cecilia, Arden las pérdidas, Un armario lleno de sombra o La pobreza).

Ambos poetas Gamoneda, padre e hijo, nacieron en Oviedo, aunque Antonio Gamoneda Lobón (hijo) se trasladó a vivir a León con su madre siendo muy pequeño, después de que su padre muriera.

Ubicación (punto rojo) de la calle Poetas Gamoneda en Oviedo.

Gamoneda: «Los escritores amamos la paz»

Don Quijote y Sancho, en un dibujo de Pablo Picasso.

[Fragmento del discurso que pronunció Gamoneda en el encuentro-homenaje a los Premios Cervantes que tuvo lugar en la Biblioteca Nacional de España, Madrid, el 9-X-2012:]

Por ANTONIO GAMONEDA

«(…) Los escritores amamos la paz. Y todos ustedes. Pues bien, históricamente ahora mismo, ante el dolor español y planetario de una pobreza que comporta hambre, enfermedad y muerte, nuestro lenguaje (naturalmente, no hablo solo de la escritura poemática), ha de ser poética y moralmente subversivo. Y nuestra conducta. El sufrimiento de causa social es nuestro sufrimiento y penetra nuestra conciencia, que creación literaria que no lleve consigo conciencia no es creación.

Incruentos como Don Quijote, numantinamente resistentes, pacíficamente revolucionarios, queridos escritores cervantinos todos: hay que luchar contra los molinos de viento”.

«Como lagarto al sol los días de tristeza» / María José Cordero canta a sus poetas amados

Juan José Collado, María José Cordero y Fidel Corral.

‘Como lagarto al sol los días de tristeza’. Así se titula el nuevo trabajo discográfico del trío formado por María José Cordero, (voz y piano) Fidel Corral, (laúd) y Juan José Collado (guitarra). El sábado 5 de marzo de 2022, en la Sala Río Selmo de Ponferrada, ofrecerán un concierto de presentación.

«Lo grabamos justo antes de empezar la pandemia, en 2019, y quedó arrumbado, en silencio, en una caja a la espera de poder ser abierta y que viera la luz», explica Cordero.

El CD contiene versiones musicadas por la cantante y pianista María José Cordero de poemas de distintos autores, sus poetas amados, entre ellos Antonio Gamoneda, Celso Emilio Ferreiro, Manuela López, Luis de Góngora, Antonio Pereira, Pablo Neruda, Juan Carlos Mestre, Nicanor Parra, Marifé Santiago Bolaños, José Ángel Valente… cuyos versos ha mecido con su música.

El título, en realidad, es el último verso, o poema, que José Ángel Valente susurró en su lecho de muerte a su mujer. ‘Como lagarto al sol los días de tristeza’

Portada del disco.

 

Conversaciones entre Gamoneda y Dasso Saldívar

Antonio Gamoneda.

Por DASSO SALDÍVAR
[Publicada en la web de la revista colombiana Arquitrave, que dedicó a Gamoneda su Nº 10 en 2003]

A finales de los ochenta, había renunciado ya a encontrar un poeta español actual que tuviera la hondura y la originalidad de los grandes poetas del 27, de un Guillén, de un Cernuda o de un Salinas, por ejemplo. Un amigo me dijo entonces: «Léete a Antonio Gamoneda«, y me prestó un breve poemario suyo, Lápidas, que acababa de ser publicado por la exquisita editorial madrileña Trieste. Fue una sorpresa y un asombro, pues ningún poeta de nuestra lengua me había conmovido tanto como este (para mí) desconocido Gamoneda desde mis lecturas de Vallejo, Huidobro, Gorostiza, Oquendo de Amat y Aurelio Arturo. Le devolví el libro a mi amigo con un comentario que entonces pudo parecer precipitado o exagerado: «Gamoneda no sólo es el mejor poeta español desde la generación del 27, sino uno de los mejores de la lengua».

Continué buscando sus poemas sueltos en diferentes publicaciones y preguntando por él. Todos insistían en la misma respuesta: «Gamoneda vive en León y casi no sale. Allí ha pasado toda su vida en una especie de exilio interior. Abomina de las comidillas y de los conventillos literarios en que se mueven otros poetas». Hasta que, a principios de 1989, me encontré trabajando en un programa de libros de Televisión Española, y Francisco Brines, asesor del programa y otro de los grandes poetas españoles actuales, me dijo: «Tienes que leerte a todo Gamoneda este fin semana, pues necesitamos que nos prepares un guión para entrevistarlo el lunes». Sin más, puso en mis manos Edad, toda la poesía gamonediana, hasta ese momento, editada por Cátedra. Tres cosas  me volvieron a asombrar. Primero, el aliento poderoso, el acento personal y la limpieza de sus primeros poemas, La tierra y los labios, escritos a los dieciséis años: No llores, que aún tienes/ el viento y la distancia./ El amor es el viento. Sin remedio,/ el abismo se asoma a tu mirada./ Es cierto que me nublas la garganta/ con tu llanto y tu mano lejanísima./ Aún no llores: en el aire bebes/ el olor a tristeza de mis manos. Lo segundo, fue la exigencia, la hondura y la originalidad de toda su obra, así como su unidad temática y formal. Y lo tercero, fue la lectura, dentro de esa suma ética y estética,  del poemario Descripción de la mentira, que, cada vez que releo, me hace pensar que mi primer juicio sobre Gamoneda no sólo no fue exagerado, sino que siento la necesidad de colocarlo junto a obras como España, aparta de mi este cáliz, Altazor, Muerte sin fin, Tierra baldía, Anábasis, Oda marítima o Elegías de Duino.

Después de aquel primer almuerzo en Televisión Española, he seguido almorzando y conversando con Gamoneda durante estos años, conversando y caminando por las calles de Madrid y de León y por los pinares de La Candamia leonesa. Nuestra última caminata conversada tuvo lugar en León y duró prácticamente dos días y dos noches. Gamoneda es un peripatético consumado y un sabio presocrático. Tiene además una humildad, un sosiego y una dulzura que lo asemejan al cubano Eliseo Diego. En nuestras conversaciones cruzadas, desordenadas e interminables, hemos tocado casi todos los temas de la vida y de la muerte, de los hombres y de las cosas, de la imaginación y de la razón.

Los aspectos resumidos a continuación bien pueden darle al lector una idea del hombre y del poeta, de su vocación, de sus temas y de sus prioridades existenciales.

-Usted no llegó  a conocer a su padre, pero tuvo una gran influencia de él a través de su madre. ¿Qué podría decirnos de aquel primer Antonio Gamoneda, autor de un único libro, Otra más alta vida, editado en Madrid en 1919?

-Es cierto,  yo no llegué a conocer a mi padre porque murió cuando yo tenía menos de un año. Pero cuando yo tengo una cierta conciencia de la existencia, mi madre, que es una mujer sencilla, pero perpetuamente enamorada de su hombre, me trasmite, no sabiduría en relación con la poesía, pero sí una noción que ha sido determinante en mi vida. Ella me dio a entender que mi padre tenía una cualidad, una dimensión de la vida que está en el lenguaje, que no es exactamente la que usamos para hablar, sino de que la lengua en su boca, en su escritura, se convertía en un objeto distinto, en algo que comunicaba pero que al mismo tiempo tenía unas virtudes especiales. Yo esto lo percibía oscuramente, no sabía lo que era, pero muy temprano empecé a leer. Esta es una experiencia que quizás no cambiaría por ninguna otra: el hecho de que entre mis primeras lecturas estuvieran las lecturas de poemas, intensificadas por la particularidad de que el poeta era mi padre. Esta es su gran influencia.

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Palabras para Gamoneda, de Juan Carlos Mestre (2007)

Mi amistad está sobre ti como una madre sobre su pequeño que sueña con cuchillos.

Descripción de la mentira (1975-1976)

 

Yo tenía catorce años, la edad en que un muchacho abandona la belleza sin placer de la esperanza para entrar en la ruina donde el porvenir de los lenguajes mantienen inmaculada y pura la sonrisa de los sueños muertos. Un cuchillo es algo tan real como un pañuelo. Un pañuelo es algo tan subjetivo como la salud del bien de una madre. Estas cosas están en el corazón simbólico de mi infancia como una conducta relacionada con lo indecible, el deseo de nombrar las primeras formas de la verdad, el encargo de traducir a armonía la subversión del pensamiento que se resiste a hacerse costumbre.

No importa lo indefinible, será suficiente el radical descentramiento de lo que supone intuir su ruptura con la lógica del saber, no la fuerza de lo que es, sino una ética de la repulsa que ajena al arte de representar aspira a ser como debería ser el universo significante de la dignidad humana: la amistad de la poesía como una madre sobre su pequeño que sueña con cuchillos. Yo no tenía un cuchillo, pero había soñado con cuchillos. Tenía, sí, una pequeña navaja con la que abría las granadas de un nogal que crecía en medio de un río que no pasaba por mi pueblo; ese tipo de cosas con las que solo se obsesiona el ángel que no tiene ojos o un muchacho amigo de un suicida.

Yo seguía por aquel entonces la sombra de alguien que no vive en la vida, se llamaba Gilberto Ursinos y era amigo de Antonio Gamoneda, que pensaba doradamente en la luz mirando el mundo en El Bierzo. Poco significan estas cosas más allá del filo de un cuchillo, pero la utilidad de su sentido permanece inmóvil en la conciencia como una de las bellas formas de la redención: aquella de la que aun sin saber nombrarla heredamos misericordia, la íntima piedad de unas palabras que dieron aldea moral a los invisibles, compañía a los indescifrables desaparecidos, mediación de bondad ante el dolor absoluto de la intemperie humana. No existe mayor amistad que la de personificar en el propio destino la alianza que nos vincula con la desgracia de otro, la memoria de las huellas del bien como una madre sobre su pequeño que sueña con cuchillos.

JUAN CARLOS MESTRE

Un poema de ‘Las venas comunales’, de Gamoneda

Amelia Lobón, madre del poeta, hacia 1918. © Foto: Archivo familiar.

En los laboratorios, sobre las máquinas inmóviles, hay óxido y sombras. No hay ácidos ni hombres; apenas permanece la química de la ira.

Sucede a causa de la infección general de la atmósfera, es decir, de la vida. Sucede también a causa de grandes codicilos infecciosos.

Tú, es decir, yo, entra a los laboratorios. Pon temperatura. Primero en los instrumentos más tristes. Reduce el óxido, dispersa las sombras.

Madres. Madres tuyas y mías suelen venir a las válvulas. Abre las válvulas. Busca, no sé, gritos, quizá. Sí, busca los gritos de las parturientas gozosas, busca los cabellos aceitados por la tristeza, los imperdibles perdidos.

O su llanto.

Sí, su llanto insurgente. Induce tú la sedición llorando. Pon la obra magnética.

Ya llegan las madres.

Ya visten los grandes mandiles, ya tienden la ropa más blanca, ya cantan y lloran, ya lavan los ácidos.

¿Qué hacen las madres?

Ellas saben. Restauran la química
cantando, tendiendo, lavando, llorando.

(Fábula de las madres doctoradas en química)

Amelia Lobón, madre de Antonio Gamoneda, en una imagen de los últimos años de su vida. © Foto: Archivo familiar.

Antonio Machado en un poema de Gamoneda

Última fotografía de Antonio Machado.

[Poemas no recogidos en libro]

Breve investigación aplicada al valor de los datos visuales en la que se supone última fotografía de Antonio Machado

La blancura es más grande que la tristeza; lame los parietales torturados, entra en los dormitorios del sudor y el láudano y luego hierve como nieve impura sobre el hueso frontal. Es la humedad de los agonizantes.

Viene despacio la paloma horrible, viene a los vasos llenos de sombra y la ceniza capilar se extiende sobre vestigios de mercurio y llanto.

Ciega, la lente circular induce mendicidad bajo los párpados.

Pero la luz procede del abismo. Ante las córneas abrasadas, un filamento de dolor indica los contenidos del silencio.

Ciertas llagas quizá son miserables en la sutura de los labios.

Sólo las desapariciones alimentan el corazón. Hay sábanas sobre los signos de la inexistencia.

Grasa y metales entran en la luz; se encienden y ésta es la única misericordia.

La muerte es blanca ante los ojos de Antonio Machado.

ANTONIO GAMONEDA

(Ínsula, n.º 506-507, febrero-marzo 1989, p. 40; en el número homenaje a «Antonio Machado, 1875-1939». Una versión sin título y muy modificada de este poema fue publicada en la segunda edición de Libro del frío, 2000, p. 91)

«Antonio Gamoneda, el poeta del frío, bajo la lluvia» (una fotografía de Asís G. Ayerbe)

Antonio Gamoneda, el poeta del frío, bajo la lluvia. Fotografía: Asís G. Ayerbe.

Esta hermosa foto del poeta Antonio Gamoneda es obra de Asís G. Ayerbe, quien vivió un momento muy tierno cuando fue a su casa a fotografiarlo. Lo cuenta en la sección de Fotografías Extraordinarias de librujula.publico.es.