Autor: fgamoneda

Una guía de «Zamora» firmada por Gamoneda

Esta guía turística e ilustrada de Zamora, publicada por la ya desaparecida editorial leonesa Everest en 1970 y reeditada al menos en dos ocasiones, que sepamos, en 1987 y 1990, lleva la firma de Antonio Gamoneda.

Las fotografías de la primera edición son de Andrés Arroyo y la realización artística de Carlos J. Taranilla.

La reedición de 1990 no lleva la firma de Gamoneda en portada.

[«Abuelo, respiras como un pájaro viejo y…»], un poema de «Canción errónea» (2012)

Pintura del artista leonés Juan Rafael.

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[«Abuelo, respiras como un pájaro viejo y…]

«Abuelo, respiras como un pájaro viejo y hueles como las flores corrompidas. ¿Por qué

conservas en ti tantas lágrimas?»

Cecilia no me habla así con su lengua rosada, tan parecida a la de las viborillas azules que inoculan un insomnio feliz.

Cecilia me piensa levemente; ignora que yo he entrado en su pensamiento y hasta lo precedo,

pero Cecilia tiene razón: yo soy, sin duda,

un pájaro cansado.

Sí, estoy cansado y desconozco o desprecio cuanto pueda luminoso a no ser sus miradas.

Cuando se acabe mi cansancio, Cecilia dejará de advertir el olor de las flores corrompidas.

ANTONIO GAMONEDA.
Del libro Canción errónea, Tusquets, 2012.

Con Bernardo Sanjurjo y Olvido García Valdés en el CBA (2010)

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Un soneto original de Gamoneda para la Alhambra de Granada

Publicado en el diario Ideal (edición Granada)

Juan Boscán, uno de los poetas renacentistas menos conocidos a pesar del notorio interés de su obra, es responsable de un hecho esencial que vino a cambiar el modo de hacer versos en España desde el siglo XV: la introducción de una composición poética conformada por catorce versos de arte mayor y rima consonante, normalmente endecasílabos, organizados en dos cuartetos y dos tercetos. Es decir, el soneto.

En la dedicatoria a la duquesa de Soma de sus composiciones, intituladas ‘Las obras de Boscán y algunas de Garcilaso de la Vega’, obra que se publica en 1543, un año después de su muerte inesperada, el poeta catalán dejó escrito cómo se produjo dicho acontecimiento: «Estando un día en Granada con Navagero, tratando con él en cosas de ingenio y de letras, me dijo por qué no probaba en lengua castellana sonetos y otras artes de trovas usadas por los buenos autores de Italia: y no solamente me lo dijo así livianamente, más aún me rogó que lo hiciere…».

Este encuentro afortunado hacia 1526 entre Juan Boscán y Andrea Navagero, embajador de Venecia, tuvo lugar en los jardines del Generalife, dado que la corte del emperador Carlos V se encontraba en ese momento instalada en la ciudad palatina de la Alhambra, y resultó clave para que los siglos XVI y XVII, en los que florece el Renacimiento y el Barroco, hayan sido el momento culminante de la poesía española utilizando como herramienta el soneto.

Altas cotas

Garcilaso de la Vega, Luis de Góngora, Francisco de Quevedo, Lope de Vega, Miguel Cervantes, Federico García Lorca… han sido algunos de los artistas que siguieron las prácticas recomendadas por el embajador veneciano y llevaron a esta estructura poética a las más altas cotas de dominio y perfección, manteniéndose su uso en la lírica española hasta el momento presente.

El Patronato de la Alhambra y Generalife rememora este hecho literario con el proyecto cultural ‘Navagero: La Alhambra al itálico modo’, una propuesta coordinada por la profesora, crítica literaria e investigadora Remedios Sánchez que se extenderá hasta 2026 y «reunirá a grandes autores de prestigio nacional e internacional para que compartan sus impresiones sobre las composiciones al itálico modo», ha destacado la directora general del Patronato de la Alhambra y Generalife, Rocío Díaz. Entre otros, los premios nacionales de Literatura o de la Crítica Luis García Montero, Ángeles Mora, Raquel Lanseros, Javier Salvago o Juan Antonio González Iglesias; o el premio Cervantes Antonio Gamoneda. Todos ellos aportarán a la Alhambra, además, una composición original sobre el monumento granadino, que se recogerá en una futura publicación.

El proyecto ‘Navagero’, que tendrá una sección en la web del Patronato de la Alhambra, pondrá el foco igualmente en la promoción y proyección de la mejor poesía escrita en español, e incluirá otras actividades para recordar la trascendental relación existente entre el Conjunto Monumental de la Alhambra y el Generalife y la literatura. Eso sí, con el soneto como protagonista.

Gamoneda, en el Homenaje a Emilio Alarcos Llorach (Oviedo, 2022)

José Luis García Martín, Jon Juaristi, Josefina Martínez (directora de la Cátedra Emilio Alarcos), Antonio Gamoneda, Luis Mateo Díez y Luis García. Montero. Fotografía: Irma Collín / La Nueva España.

El poeta Antonio Gamoneda participó en las «Jornadas Científico-Humanistas. Homenaje a Emilio Alarcos Llorach (1922-2022)», con motivo del centenario del nacimiento del insigne lingüista asturiano, que se celebraron en la Universidad de Oviedo del 19 al 23 de abril de 2022.

Fotografía: Álex Piña / El Comercio.

En concreto, Gamoneda formó parte de la mesa redonda que, el miércoles 20 de abril, por la mañana, debatió sobre «Alarcos y los escritores españoles», y en la que también participaron Luis Mateo Díez, Jon Juaristi, Luis García Montero y José Luis García Martín, con María Martínez-Cachero Rojo como moderadora.

Noticias relacionadas, en la prensa asturiana:

 

La colección Adonáis celebra sus 75 años con una exposición en Alcalá de Henares

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La sede del Instituto Cervantes de Alcalá de Henares (en la calle Libreros 23) acoge, hasta el 17 de julio de 2022, la exposición ’75 aniversario de los Premios Adonáis’, un magnífico repaso a la trayectoria del galardón más longevo dedicado a la joven poesía en España.

Con ‘Sublevación inmóvil’, Gamoneda quedó finalista del premio Adonáis en 1959.

La historia de la poesía española del siglo XX no puede entenderse sin la colección Adonáis. Una colección que, desde su inicio en 1943, «ha estado abierta a todas las corrientes poéticas, alejándose de cualquier tendencia de grupo», explican desde ediciones Rialp, la editorial que se hizo cargo de la colección en 1946.

Entre los ganadores del ‘Premio Adonáis’ están José Hierro, Claudio Rodríguez, Francisco Brines o José Ángel Valente; entre sus accésits, Antonio Gala, Ángel González, Julia Uceda, José Agustín Goytisolo o Antonio Colinas; e, incluso, entre sus finalistas, Antonio Gamoneda.

Para celebrar los 75 años de vida de esta colección en la familia de Rialp, tanto la editorial como el Instituto Cervantes han organizado una exposición, que hace parada en Alcalá de Henares, y que permite conocer «a través de los poemarios cómo ha sido la evolución de la poesía en nuestro país».

75 Aniversario de los Premios Adonáis

La exposición muestra un total de 84 libros, así como textos, diplomas de los ganadores, imágenes y un video. Organizada cronológicamente en seis secciones, en función de las distintas etapas que ha vivido el premio desde su creación, la muestra incluye secciones dedicadas a los directores de la colección, jurados y poetas premiados. A lo largo del recorrido el visitante puede escuchar poemas recitados por sus propios autores, grabados por la Fonoteca Española de Poesía.

Entre los libros que forman parte de la exposición destaca también una publicación leonesa, «La poesía leonesa y la Colección Adonáis. Una historia revisada», de Sergio Fernández Martínez, editado por Eolas dentro de la colección «Libros… a cuentagotas».

Y en este último libro, casi al final, encontramos esta valoración de Antonio Gamoneda sobre la colección Adonáis:

Portada del libro.

 

«El animal perfecto es feliz…», un poema de Gamoneda en ‘La esquina interior’ (2005)

Este poema de Antonio Gamoneda, perteneciente a Libro del frío, se publicó en La esquina interior (Pliegos malagueños de poesía), nº 5, 2005, con una ilustración de Lourdes Murillo en la portada:

Olga Rodríguez / Poesía en Bagdad (Antonio Gamoneda y Faik Husein)


[Nota: Reproducimos algunos fragmentos del libro Aquí Bagdad. Crónica de una guerra (Velecio Editores, 2004), escrito por la periodista Olga Rodríguez Francisco (León, 1975), que fue corresponsal de la SER en Bagdad en 2003, durante la guerra contra Irak. Están extraídos de las págs. 274-278, donde se cuenta cómo se sentía la periodista tras la entrada de las tropas estadounidenses en la capital iraquí, las mismas tropas que habían disparado contra el Hotel Palestina provocando la muerte del periodista ucraniano Taras Protsyuk y del reportero gráfico español José Couso.]

«(…) Por la noche, a modo de despedida, nos reunimos en la habitación 503. Pusimos música y bailamos, y cuando lo hicimos nos dimos cuenta de que desde la muerte de Couso, no habíamos escuchado ningún disco, ninguna de esas melodías que nos acunaron durante los bombardeos.

(…) Decidí quedarme más semanas tras la entrada de los estadounidenses porque necesitaba contar lo que estaba ocurriendo: los saqueos, las carencias de la población civil, la pasividad de los americanos, la falta de seguridad. Permanecí más tiempo porque sentía aún una curiosidad extrema. Ansias de saber sobre muchos, de observar sus cambios, y de asegurarme de que estaban bien.

(…) Alguien advirtió de que se hacía tarde. Todos corrieron hacia sus vehículos, bajaron las ventanillas para decir adiós con las manos y desaparecieron. Me quedé apoyada en una columna del hall del hotel mirando el polvo que había dejado el convoy a su paso. Sonó un estruendo. Una explosión. Bagdad seguía sangrando y quienes nos habíamos quedado nos sentimos más solos. A partir de ese día, cada vez que me encontraba con algún periodista que había estado durante la guerra, nos abrazábamos aunque nunca hasta entonces hubiéramos cruzado una palabra.

Me dirigí nuevamente hacia mi habitación diciéndome que Irak seguía ahí a pesar de todo. Tenía que entrar en directo en la radio, como siempre, y tratar de observar y analizar lo que ocurría en la capital del país. La posguerra fluía, contemplada por cada vez menos testigos occidentales. Se habían ido muchos y todavía no habían llegado todos sus relevos. Ese pensamiento era lo único que me daba fuerzas para creer que mi estancia era útil, porque me encontraba en un momento en el que sólo la creencia en la solidaridad me empujaba a seguir adelante. Comenzó una nueva etapa, ya sin casi amigos corresponsales en Bagdad. Telefoneé a mi madre. Sonaban disparos cerca del hotel. Sentí saturación y asfixia ante el sufrimiento propio y ajeno. Pedí a mi madre que me leyera algo.

—Poesía —le dije. Sabía que tenía libros a mano.

De brasas son los ríos.
De escamas son las palabras.
Mi señora, te traemos Bagdad como un ataúd,
arrebatamos para ti los espejos y el incienso de
Sumeria.
Duerme, mi señora.

Era un libro de Faik Husein. Después abrió uno de Antonio Gamoneda:

—La que calla y desprecia, la que extiende
las mantas, la madera, los sudarios
sobre la vida; la que entiende el gesto
de los que existen y no hablan;
ésta que advierte y sigue con sus manos grandes
el movimiento de la tierra y fija
el rostro de la luz, ésta es la vieja
madre del miedo, la que espera y calla

Siguió y terminó leyéndome versos de una recopilación de poesía africana:

—Duérmete mi niño y no llores.
Te traeré un sapo
de nuestra granja de Awututu.
Duérmete mi niño y no llores.

Sentí cada verso como una caricia. Encontré en esos poemas la sensación que buscaba. Me ayudaron a recordar que no todo es la angustia que padecía Bagdad. Hubo algunas poesías más. Al final, nos reímos y después yo me sentí mucho mejor. (…)

Carta de Gamoneda a Agustín Ibarrola (2000)

Publicado en La Crónica – El Mundo (Suplemento de cultura LA CAJA CHINA, viernes 12 de mayo de 2000, pág. 71), con motivo de una exposición de Agustín Ibarrola en León.

DESPUÉS DE TANTOS AÑOS

Querido Agustín:

Es verdad, han pasado muchos años desde nuestros días leoneses. Si no son cincuenta, no serán muchos menos. Hicimos amistad trenzando la juventud, la capacidad de estar alegres en la incertidumbre y la pobreza, una pizca de bohemia y esa otra causa común que aún colea: el pensamiento —y el amor— de la resistencia, la negatividad (desamparada y peligrosa casi siempre, bien lo sabes tú) ante la injusticia y la crueldad, distribuidas entonces por las potencias policiales de la dictadura y ahora (insisto: bien lo sabes tú) por los repartidores de violencias y fraudes que, con otros disfraces, vienen a ser herederos naturales de los que administraban el sufrimiento en aquellos días. En fin, que España no termina de parecerse a como la veíamos en nuestra esperanza. En cualquier caso y casi como entonces, aquí estamos.

Y aquí estás tú, otra vez en León. Me gustaría tener tiempo y ánimo para poner en esta carta recuerdos abundantes que te hicieran sonreír, que las ocurrencias jocosas no faltaron, pero no estoy en vena, y, además, podríamos entrar en indiscreción. Con todo, no me voy a dejar en el tintero algún apunte de tus fatigas financieras leonesas. Eras el tesorero de la terna de vascos. Había que verte, inquieto, casi lívido, cuando, sin saber por dónde ni para qué, Blas desaparecía del grupo (para quien no lo sepa: hablo de Blas de Otero, el poeta grande e imprevisible que venía contigo y con… ¿cómo se llamaba el otro pintor amigo, que se me ha escapado el nombre?), porque la desaparición de Blas significaba que podía reaparecer con un paquete de golosinas en la mano diciendo: ‘Agustín, pasa a pagar’. ¡Qué tiempos! Por cierto: ¿recuerdas tú si logramos vender en León alguna de aquellas láminas en las que, junto a poemas de Blas, había, enteros y verdaderos, fenomenales dibujos tuyos? Andabas entonces, si no recuerdo mal, en línea expresivista.

El tiempo, el tiempo. ¡Cómo se ama lo que se pierde! Merece la pena, a pesar de todo.

Otros días de encuentro tuvimos y no sé si ha habido alguno más. En Madrid, en la que llamasteis ‘Sala Negra’. Por entonces, con el Equipo 57, hacías —hacíais, que la creación era tirando a colectiva— un muy razonable y bello arte normativo, cargado de optimismo histórico. Había niños que trabajaban muy seriamente con vosotros en la misma onda. Me parece estar viendo a Néstor Basterrechea jugando en solitario con una pelota trotando incansable arriba y abajo de la ‘Sala Negra’.

Pero lo más que he sabido de ti en todo este tiempo ha sido por amigos interpuestos y por los papeles. Sé que has tenido que estar ‘a las duras y a las maduras’, y sé, sobre todo, que has sacado adelante una gran obra. Me da la sensación de que, sobre todo en los últimos diez años, tu trabajo va más allá de los géneros y que no es significativo hablar de escultura, de pintura, de…, que todo es uno y lo mismo en la sensibilidad y en su relación con la naturaleza, con el espacio ciudadano, con el producto industrial, con…: una propuesta incesante de conciliación estética y moral, un diálogo en y con la realidad que, en su energía, sigue comportando una forma de resistencia y esperanza. Bueno, pues lo dicho: una obra grande a favor de la vida: Gracias, Agustín, y bienvenida sea la muestra que traes a León.

Espero que los trabajos y los días (ahora estoy pensando en los próximos, en los que de nuevo vas a andar por aquí) no nos juegen malas pasadas; espero que no vengan las fechas armando desencuentros, que tengo ganas de darte un abrazo; un abrazo de los de verdad, no de esos que se ponen al final de las cartas que no sabe uno cómo terminar.

 

«Siempre había más presos que naranjas», una exposición de José María Guijarro en el Museo Barjola

Este viernes 8 de abril, a las 19 horas, se inaugura en el Museo Barjola (C/ Trinidad 17, Gijón) la exposición «Siempre había más presos que naranjas», del artista manchego José María Guijarro, gestada al amparo de la poesía de Antonio Gamoneda y, más en concreto, de uno de los versos del libro Lápidas. Se podrá visitar hasta el 12 de junio de 2022.

Sucedían cuerdas de prisioneros; hombres cargados de silencio y mantas. En aquel lado del Bernesga los contemplaban con amistad y miedo. Una mujer, agotada y hermosa, se acercaba con un serillo de naranjas; cada vez, la última naranja le quemaba las manos: siempre había más presos que naranjas.

Cruzaban bajo mis balcones y yo bajaba hasta los hierros cuyo frío no cesará en mi rostro. En largas cintas eran llevados a los puentes y ellos sentían la humedad del río antes de entrar en la tiniebla de San Marcos, en los tristes depósitos de mi ciudad avergonzada.

ANTONIO GAMONEDA
Del libro ‘Lápidas’ (1977-1986)

Reproducimos el texto de la comisaria de la muestra, Laura Gutiérrez.

SIEMPRE HABÍA MÁS PRESOS QUE NARANJAS

José Mª Guijarro

Por LAURA GUTIÉRREZ

Licenciado en Filosofía y Letras, su obra se caracteriza, entre otras cosas, por la simbiosis entre pensamiento y objeto desarrollando una práctica artística fundamentada, según sus propias palabras, en la defensa de que, en el arte como en la vida, el reto consiste en “intentarlo y fracasar, en fracasar cada vez mejor”.

Este artista es, sin duda, uno de los creadores conceptuales españoles más sobrios e interesantes. Ha realizado numerosas muestras individuales, entre otras, en el Museo de Bellas Artes de Santander, en el CAB de Burgos, en Heinrich-Heine-Institute in coperation with Mahn-und Gedenkestätte and Jüdischen Gemeinde Düsseldorf. La última ha sido en 2018 “Negra leche del alba” en la Galería F2 de Madrid. Cuenta además con obras en colecciones tan destacadas como las del Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía (MNCARS), la Fundación ARCO, el Museo de Arte Contemporáneo Patio Herreriano de Valladolid, el Banco de España y el Artium de Vitoria, entre otras.

En su trabajo, desde el principio, el poso del interés por la reflexión —filosófica, matemática…— vinculada al lenguaje y a la expresión literaria y poética, se traduce en la plasmación de una obra contundente, tanto en lo formal como en lo conceptual. Él mismo nos ayuda con la palabra a vislumbrar la poética de su expresión, manejando en sus afirmaciones las claves para seguir el rastro creativo: “Siempre me ha gustado lo que Wittgenstein viene a decir en el Tractatus: el lenguaje es una pintura del mundo. El lenguaje originario era el lenguaje hablado, la escritura vino después, y en el habla son significantes, además de la palabra, el ritmo, la entonación, la melodía”.

En esta ocasión la exposición planteada en el Museo Barjola se gesta al amparo de la poesía de Antonio Gamoneda. La frase ‘siempre había más presos que naranjas’ de uno de sus versos, da la pauta del poemario plástico con el que nos encontraremos.

José María Guijarro estructura piezas de armónico silencio enlazando elementos que tejen un relato escondido bajo el manto de la expresión plástica. Avanza y entra de lleno en un viaje con el espectador con el que recorrerá, mano a mano, subido a la estela de algunos de los versos de Gamoneda publicados en el libro Lápidas, el difícil camino del recuerdo vinculado al olvido, ofreciéndonos “toda la rotundidad y el silencio del que es capaz la palabra” según reza en la sinopsis del propio libro.

José María Guijarro. Fotografía: Arnaldo García / El Comercio.

Gamoneda encabezará el jurado del III Premio de Poesía joven de la Fundación Monteleón

Antonio Gamoneda.

La Fundación Monteleón recupera el Premio de Poesía joven paralizado durante 9 años. Esta es la tercera edición después de las celebradas en 2013 y 2014 y pretende recuperar también su periodicidad anual como el resto de actividades culturales y premio como el de relatos cortos, el de música o el de cuentos. Las bases son similares a las de la última edición, se podrán consultar en su página web y los poemarios se deberán entregar desde hoy y hasta el 10 de junio.

Un jurado encabezado por el Premio Cervantes 2006, Antonio Gamoneda, y en el que también figuran Tomás Sánchez Santiago y Juan Carlos Mestre, elegirá al ganador que se llevará 3.000 euros, un premio «para dignificar» a la buena poesía joven.

Dossier sobre Gamoneda en el Nº 2 de la revista «Un ángel más» (1987)

La revista «Un ángel más», que dirigieron Gustavo Martín Garzo, Carlos Ortega y Miguel Suárez en Valladolid, dedicó en su Nº 2, publicado en 1987, un amplio dossier al poeta Antonio Gamoneda, que coordinó Miguel Casado.