* Bibliografía

«Claridad sin descanso»: La conciencia del deterioro en ‘Arden las pérdidas’ / Un artículo de Sergio Fernández Martínez (2023)

El nuevo número (el 21) de la revista Siglo XXI. Literatura y Cultura Españolas, de la Universidad de Valladolid, incluye un artículo de Sergio Fernández Martínez sobre la vejez en tres poetas españoles: Antonio Gamoneda, Juana Castro y Angélica Liddell.

CITA DEL ARTÍCULO:
Fernández Martínez, S.
(2023). Vejez y decrepitud en la obra de tres poetas españoles: Antonio Gamoneda, Juana Castro, Angélica Liddell. Siglo XXI. Literatura y Cultura Españolas, (21), 185–210. https://doi.org/10.24197/sxxi.21.2023.185-210

Reproducimos el apartado dedicado a Antonio Gamoneda:

“CLARIDAD SIN DESCANSO”: LA CONCIENCIA DEL DETERIORO EN ‘ARDEN LAS PÉRDIDAS’ (ANTONIO GAMONEDA, 2003)

Por SERGIO FERNÁNDEZ MARTÍNEZ

Los motivos y temas característicos del cuerpo decrépito aparecen de manera recurrente en la obra poética de Antonio Gamoneda y, de manera especial, a partir de su libro Arden las pérdidas (2003). La expresividad, la ambientación y la temática que vertebran esta obra encuentra su origen estilístico en Libro del frío (1992), y su continuación en poemarios como Canción errónea (2012) o, de manera aún más sintética, en La prisión transparente (2016). En Arden las pérdidas, el dolor funciona como el núcleo esencial de los procesos afectivos, sobre los que destaca la pérdida en su más amplio significado: “un día, se manifestó la melancolía cableada del corazón al intestino” (Gamoneda, 2003: 115). Los verbos utilizados por el sujeto poético, en primera persona —“vi”, “veo”, “tengo”, “miro”, “contemplo”, etc.— otorgan al conjunto un carácter documental al tiempo que proyectan una voluntad testimonial. Como recoge el propio autor en Solo luz:

mi poesía, aun siendo prioritariamente autorreferente, adquiere su completo sentido cuando comporta […] un discurso inseparable de hechos interiorizados (he dicho “interiorizados”, no “interiores”), que han proporcionado cuerpo y carácter a mi vida. Lo he argumentado en repetidas ocasiones de otra manera: mi poesía (y quizá la de todos, quieran o no quieran) es el relato de cómo avanzo hacia la muerte. Un relato en el que, insisto, son inseparables, porque son la misma cosa, la realidad y el símbolo (Gamoneda, 2000: 7; énfasis añadido).

Así, desde la perspectiva de la vejez, los procesos vitales se muestran como espectros que ocupan el lugar de las realidades para colmar el recuerdo. La mirada, tan importante en Arden las pérdidas, funciona como una fuerza centrípeta de interiorización corporal hacia el dolor, utilizando como elemento característico el uso de terminología médica muy precisa, léxico poco recurrente en poesía:

Escuchar la sangre. ¿Dónde? ¿En la fístula azul o en las arterias ciegas? Allí el hierro silba, o arde, quizá: no somos más que miserable hemoglobina. Allí los huesos lloran y su música se interpone entre los cuerpos. Finalmente, purificados por el frío, somos reales en la desaparición (Gamoneda, 2003: 111).

La infancia y la senectud están relacionadas a lo largo del poemario a través del motivo corporal, donde la identificación entre ambos extremos vitales se va conformando hacia una forma de materia única: avanzando desde los “desvanes de la infancia” (Gamoneda, 2003: 21) y la “niñez abrasada” (2003: 25) se alcanza el final de la vida, donde la decrepitud corporal adquiere una dimensión ontológica: “Entré en un tiempo en que mi cuerpo participaba de la luz, que, a su vez, estaba en mí y fuera de mí: eran la fiebre y la revelación en el instante de rasgarse la infancia” (2003: 113).

Esta cuestión, la intensificación de ciertos elementos poéticos y la recurrente aparición de ciertas imágenes irracionalistas, funciona de manera discursiva en todo el corpus lírico de Antonio Gamoneda: “La experiencia de la emisión —o la recepción— de la poesía intensifica mi vida y yo vivo esta intensificación como una forma de placer. Esta intensificación y este placer son independientes de la significación: la poesía fundamentada en el sufrimiento genera también placer” (Gamoneda, 1997: 24; énfasis en el original). El dolor, núcleo central de la poesía gamonediana, invade todo el poemario mediante impulsos estéticos de sostenida emoción. Si ya en Sublevación inmóvil (1960) se podía leer “Oh qué dura, feroz es la frontera / de la belleza y el dolor” (Gamoneda, 2010: 43), es a través de la experiencia de la enfermedad y del cuerpo decrépito en Arden las pérdidas donde se somete al sujeto a los conflictos de la conciencia y de la voluntad, en lucha con la materialidad de la palabra. Como señala Miguel Casado, las sustancias de la muerte saturan la percepción sensorial del poema (2010: 588), pero bajo las palabras circula un sustrato memorialístico. Por ello, los diálogos sostenidos a lo largo del poemario se concentran en las formas invisibles de la desaparición —lo concreto, ciertos momentos vitales, varios seres queridos—: “esta pena arterial, esta memoria / despedazada” (Gamoneda, 2003: 55).

La memoria, impulsada desde la vejez, produce conexiones que se comunican circularmente con el origen de la vida:

Esta es la edad del hierro en la garganta. Ya.
Te habitas a ti mismo pero te desconoces; vives en una bóveda abandonada en la que escuchas tu propio corazón
mientras la grasa y el olvido se extienden por tus venas y
te calcificas en el dolor y de tu boca
caen sílabas negras.
[…]
Piensas la desaparición. Acaricias
la tiniebla cerebral, bajas al hígado calcinado por la tristeza.

Así es la edad del hierro en la garganta. Ya
todo es incomprensible (Gamoneda, 2003: 119-120).

Lo nombrado a través del cuerpo activa el núcleo interior de los poemas, lo que Gilbert Durand denomina “puntos de condensación simbólicos” (1981: 40); aquellas zonas conceptuales —en este caso insistencias corporales— en las que se cristalizan los símbolos. Estos puntos de condensación constituyen un referente que explica y desarrolla el propio texto, y también el acto poemático. Los conceptos que remiten a una misma imagen aun siendo diferentes —“el dolor es parte de la serenidad” (Gamoneda, 2003: 19); “conocí los sudarios habitados / y las bujías del dolor” (Gamoneda, 2003: 69)— se ven acelerados por un dinamismo de tensiones incesantes cuyo resultado es su propia sustancia: la imagen así se transforma y se torna en otra diferente, generando simultáneamente una dialéctica del dolor, en un territorio intermedio entre lo concreto y lo imaginario.

La exaltación sensorial se convierte en agónica, y los referentes clínicos reaparecen constantemente junto a las imágenes de la enfermedad: “Ahora / aparto crespones¹ y cánulas hipodérmicas” (Gamoneda, 2003: 23); “Mi vejez tuerce sus huesos y quema sus cabellos, mi vejez envuelta en una piel húmeda de amor” (Gamoneda, 2003: 37); “Miro mi desnudez. Contemplo / la aparición de las heridas blancas” (Gamoneda, 2003: 39); “Por sus cánulas descendieron los líquidos de la vejez, pero la vejez incendió mi memoria. / […] / He despertado. Ya / no veo más que las delicadas espátulas, tan útiles en la preparación de la agonía” (Gamoneda, 2003: 122). Todo ello remite a la concepción barthesiana de la escritura:

imágenes, elocución, léxico, nacen del cuerpo y del pasado del escritor y poco a poco se transforman en los automatismos de su arte. Así, bajo el nombre de estilo, se forma un lenguaje autárquico que se hunde en la mitología personal y secreta del autor, en esa hipofísica de las palabras y las cosas, donde se instalan, de una vez por todas, los grandes temas verbales de su existencia (Barthes, 2012: 13-14).

Aunque su relevancia extratextual sea mínima, el espacio estrictamente biográfico es, por tanto, desde donde se produce un acercamiento íntimo a lo colectivo, desde el pacto realista del acto poético. La voz extenuada del sujeto poemático, en su detallado recuento de aflicciones —“llagas vivientes” (Gamoneda, 2003: 43); “luz / en los cartílagos y las venas. Luego / descendieron las vértebras” (2003: 43); “mirada inmóvil” (2003: 43); “úlceras” (2003: 47); “fístulas” (2003: 63); “enfermedad llena de espejos” (2003: 103); “sangre en mi pensamiento” (2003: 103)—, se condensa en la imagen final de la calcinación.² Como señala Miguel Casado (2010: 617-618), ya desde Lápidas (1986) el verbo “arder” es utilizado por Gamoneda en un sentido no vinculado al fuego, sino a diferentes formas de transfiguración luminosa que transmiten intensidad y fuertes concentraciones de vida activa.

Casado ya había observado anteriormente la existencia, en el lenguaje poético de Gamoneda, de “esa cifra simbólica e irracionalista” (2006: 13), cuestión también percibida por María Nieves Alonso —“uso de figuras y símbolos desasidos de la dependencia realista” (2005: 19)— y por José Luis Puerto —“hay una continua recurrencia a los mismos símbolos, que se enriquecen y se ramifican […] caracterizadas por su irracionalidad y subjetividad” (1993: 23)—. Se introducen aquí diversos conceptos que resultan de especial relevancia: la subjetividad de la imagen, similar a la experiencia del dolor, la indeterminación semántica de los términos, que en una lógica interna encuentran su necesidad y también su justificación, y la generación de ese mundo de realidades y conceptos que mantienen una correspondencia exacta pero también paralela.³

Así, en esa “habitación calcinada” (Gamoneda, 2003: 17) de Arden las pérdidas, la imagen es espectral, oracular, y de este modo la vejez se desarrolla como un continuum; es decir, no es un estado vital dado en la consumación, sino que supone una realización permanente de la pérdida a través de las diferentes apariciones de la infancia —“busco las manos de mi madre en los armarios llenos de sombra” (Gamoneda, 2003: 23)— que, a su vez, remiten a la biografía real del poeta.4 Las imágenes luminosas —recogidas en la imagen de “la última luz” (Gamoneda, 2003: 15)— se contraponen a la tradicional serenidad y calma para personalizar el regreso de la inquietud y del malestar, y sirve para explorar la energía que desprende lo obsesivo del cuerpo decrépito, como ocurre en todo el desarrollo de la parte final del poemario, titulada “Claridad sin descanso”. La observación de la angustia y la experiencia del dolor surgen del testimonio de la memoria y confluyen en una preocupación identitaria culminada en la pérdida de conciencia; un proceso que se genera, entre otras recurrencias, a través de la identificación animal:

Una paloma inmóvil
en sus arterias y en sus huesos. Ya
atiende a la agonía natural envuelta
en pétalos de sombra (Gamoneda, 2003: 95).

En los elementos naturales y, en especial, en el cuerpo de los animales moribundos —“vi serpientes enfermas —bellas en sus úlceras transparentes—, frutos amenazados por espinas y sombras, hierbas excitadas por el rocío. Vi un ruiseñor agonizante y su garganta llena de luz” (Gamoneda, 2003: 101)— se produce una tensa relación metonímica a través de una concepción agonística de la experiencia humana, en cuya esencia descansa una relación dialéctica entre la belleza y el dolor. Así, la “potencia / degolladora de dolor” (Gamoneda, 2010: 43) y los “cuerpos / endurecidos en el dolor” (Gamoneda, 2010: 69) de Sublevación inmóvil conocen en Arden las pérdidas el tiempo de la caducidad y de la derrota, un dolor fundamentalmente humano, donde la palabra se extiende hasta alcanzar el agotamiento, en un tenaz juego de contrastes que conduce al sujeto hacia el tormento epistémico: “Soñé y el sueño era otra vida dentro de mi cuerpo y su argumento consistía en el dolor y el dolor era anterior al pensamiento y se deducía de células enfermas” (Gamoneda, 2003: 114).

De nuevo, el sufrimiento se acepta como raíz vital, una condición inseparable de la vida, y se propulsa desde el cuerpo hacia todo aquello que se libera. La memoria sentimental que emerge de la conciencia —y que en ocasiones la suplanta— busca la identidad personal en la atenuación y el final acabamiento de esta: “Es la vejez. Fluye en mis venas como agua atravesada por gemidos. Van / a cesar todas las preguntas” (Gamoneda, 2003: 124). El final del cuerpo y su decadencia, lugar de “la agonía y la serenidad” (Gamoneda, 2003: 124), posee un discurso alegórico acerca de la existencia humana y el dolor, inherente sustancia al ser. Todos los herrajes conceptuales de Arden las pérdidas giran en torno al dolor físico, donde los sentidos corporales perciben más de lo que percibe el sujeto, demostrando que si la muerte y la memoria son los grandes núcleos de la poesía de Antonio Gamoneda, como ha señalado la crítica (Casado, 2010: 619), también a través del dolor surge la voluntad de introspección, conocimiento y constitución, como así lo introduce, a través del motivo corporal, la voz que, desde la vejez, reconstruye la conciencia que atraviesa el poemario.

— — —
NOTAS:

¹ Se alude a la acepción de crespón como gasa tupida y, por metonimia, al luto: aparece, de nuevo, una alusión al acabamiento físico.

² José Luis Gómez Toré incide también en la importancia de la materia escatológica en este poemario, que completa la experiencia total de la vida (2005: 93).

³ En su ensayo El cuerpo de los símbolos, Gamoneda declara que la palabra se expande de manera física, aunque permanezca cerrada, y precisamente en su cierre se produce una alteración de las significaciones que conciertan, de este modo, su sentido: “En el poema manejo palabras cargadas con valor simbólico, pero se trata de un simbolismo con un solo miembro: el símbolo es, en su naturaleza, aquello mismo que simboliza. Dicho de otra manera: es símbolo de sí mismo” (1997: 26-27). Es decir, se produce una contracción del símbolo que favorece la comprensión de un segundo sentido, aunque este resulte paradójico. Es un proceso similar a la disemia heterogénea estudiada por Carlos Bousoño (1984: 217) y a la simultaneidad objetiva y subjetiva teorizada por Robert Langbaum (1996: 369). Asimismo, Gamoneda reconoce la encarnación del símbolo a través de un ejemplo práctico de su propia poesía: “hay una tensión mediante la cual las palabras adquieren potencias simbólicas. Pero se trata de un simbolismo especial: se simbolizan a sí mismas. Tú encuentras en un poema mío unas cucharas. Tú vas a pensar que se trata de un símbolo, y es verdad, pero después vas a sospechar que esas cucharas estuvieron físicamente en mi vida. Estás en lo cierto. En los dos casos” (1997: 178; énfasis en el original).

4 La imagen, real y simbólica, del armario es el dispositivo que activa la memoria del poeta en su primer volumen de memorias, titulado Un armario lleno de sombra (2009); al que sigue el tomo La pobreza (2020). Asimismo, es de revelador título su antología Niñez (2016), preparada por su hija Amelia Gamoneda Lanza.

«El grito de la tierra: ‘Blues castellano’ de Antonio Gamoneda», un ensayo de Stefano Pradel (2019)

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Pradel, Stefano, “El grito de la tierra: Blues castellano de Antonio Gamoneda”, Castilla. Estudios de Literatura 10 (2019): 356-382.

Sobre la antología personal ‘Atravesando olvido’, de Gamoneda, por José María Espinasa en ‘Letras Libres’ (2004)

José María Espinasa publicó en junio de 2004 en la revista Letras Libres el artículo titulado «Cinco decenios adentrándose afuera», sobre la antología personal Atravesando olvido [1947-2002] (Ed. Aldus, México, 2004), de Antonio Gamoneda.

Cinco decenios adentrándose afuera

Por JOSÉ MARÍA ESPINASA

Hace unos meses la editorial Tusquets puso en circulación, desde Barcelona, el volumen Arden las pérdidas, el más reciente libro de Antonio Gamoneda (1931), una de las voces más importantes de la actual lírica hispánica, pero es probable que la presencia del libro apenas fuera advertida en México por lectores atentos que siguen la actualidad literaria. Es tal la desconexión entre lectores de ambos países que aquellos nombres que ocupan un lugar sobresaliente en un lugar son desconocidos en el otro y a la inversa, y éste es el primer libro de Gamoneda con circulación en México. Por eso es importante ahora la aparición de Atravesando olvido (1947-2002), una antología personal que lo sitúa en su trayectoria de ya más de cincuenta años como poeta. Tal vez la insistencia editorial —vale la pena, la verdad— lo vuelva un poeta conocido entre nosotros.

Gamoneda pertenece a esa generación que vivió la guerra en la niñez y en la que la violencia permaneció presente muchas décadas después y tal vez no desaparezca nunca. No se trata de un poeta cuya revelación fuera fulgurante desde sus primeros libros, sino que se fue asentando en el gusto del lector, mientras trabajaba en su tono personal sin dejarse llevar por las modas del momento. Lejano del ritmo histriónico de algunos poetas de su edad, desde el principio mostró una voluntad de concentración que poco a poco lo fue llevando a una dicción esencializada y al encuentro de una transparencia asombrosa que acentúa su densidad.

Vistos retrospectivamente, los libros de los años cincuenta y sesenta, de los cuales Atravesando olvido trae algunas muestras, son a la vez un aprendizaje y un señalamiento del tono que se volvería más evidente en libros futuros. La importancia que tuvo en aquellas décadas la circunstancia de la dictadura franquista y el dolor de la posguerra hizo que los poetas se dirigieran sobre todo a una exterioridad colectiva, mientras que Gamoneda decidió interiorizar el sentido, hablarse a sí mismo para poder así hablar a cada uno. Cuando el tiempo transformó el contexto, las virtudes de Gamoneda empezaron a mostrarse con más firmeza ante sus lectores. La publicación, en 1988, de su poesía reunida bajo el significativo título de Edad —que incluye el notable Blues castellano de 1966— le dio el lugar que se merecía y le permitió evolucionar hacia libros más arriesgados y singulares.

Lo ocurrido en esa evolución sólo es comparable a lo que sucedió con José Ángel Valente después de la publicación de Punto cero. Cada libro que Gamoneda publicaba se volvía una pieza clave de la poesía hispánica —Libro del frío (1992), Libro de los venenos (1995) y en 2003 Arden las pérdidas—, mientras que el reconocimiento de la crítica y el número de sus lectores en la Península crecía. Atravesando olvido es una notable introducción a su obra para el lector mexicano, perfilada por la selección del propio autor, con prólogo de Eduardo Milán, y un apéndice que incluye una conversación con Gamoneda y un texto (muy bueno) de él mismo reflexionando sobre su labor.

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Gamoneda en el monográfico «Humanismo Solidario. La ética de la esperanza” (2023)

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“Humanismo solidario. La ética de la esperanza” es el nuevo monográfico de la editorial ruteña Ánfora Nova. Cuenta con destacadas participaciones del Premio Nobel argentino Adolfo Pérez Esquivel, los Premios Cervantes Antonio Gamoneda y Sergio Ramírez, o el Premio Princesa de Asturias Emilio Lledó. Junto a ellos, figuran también el exdirector general de la Unesco Federico Mayor Zaragoza, el ministro de Cultura y Deporte, Miquel IcetaGarry JacobsFernando ArrabalAntonio Garrigues Walker o la libanesa Ogarit Younan. El nuevo trabajo, bajo la dirección de José María Molina, reúne en torno a ochenta escritores, artistas plásticos e intelectuales de talla nacional e internacional.

(…) Según Molina, estamos ante “una joya bibliográfica”. Se ha elaborado con el objetivo de promover y difundir una corriente crítica e intelectual que, desde la heterodoxia estética, asume “el uso de la palabra como obligación social bajo los irrenunciables principios del compromiso y el comportamiento ético”. La publicación aborda temáticas relacionadas con el compromiso ético del humanismo solidario, como la paz, la justicia, la libertad, la igualdad, el ecologismo, el feminismo o la solidaridad. (…)

‘Book of the cold’ / Katherine M. Hedeen & Víctor Rodríguez Núñez traducen al inglés el ‘Libro del frío’ de Gamoneda

La librería leonesa Tula Varona acogió el martes 13 de junio, por la tarde, la presentación de la versión estadounidense de «Book of the Cold / Libro del frío» de Antonio Gamoneda, traducido por Katherine M. Hedeen & Víctor Rodríguez Núñez.

Fotografía: Sonia Riaño / Tula Varona.

Katherine M. Hedeen (Salem, Oregón, USA, 1971) es traductora, ensayista y catedrática. Se especializa en poesía hispanoamericana y ha traducido al inglés y prologado más de veinte libros de poetas relevantes de la región, como Juan Gelman, Jorgenrique Adoum, José Emilio Pacheco, Fina García Marruz, Juan Calzadilla y Raúl Gómez Jattin, así como dos antologías de la poesía contemporánea de Cuba. Ha recibido en el Reino Unido el premio PEN Translates, y en Estados Unidos dos veces la beca National Endowment for the Arts. También ha traducido y prologado recientemente la obra de Antonio Gamoneda, Book of the Cold / Libro del frío. Ha traducido, además, poesía del inglés al español de, entre otros autores, Mark Strand, C.D. Wright y John Kinsella. Es editora de la casa estadounidense Action Books, y catedrática de literatura hispanoamericana en Kenyon College, Estados Unidos.

Víctor Rodríguez Núñez (La Habana, Cuba, 1955) es poeta, periodista, ensayista, traductor y catedrático. Ha publicado diecisiete libros de poesía, casi todos premiados y reeditados, siendo los más recientes despegue (Premio Fundación Loewe, 2016), el cuaderno de la rata almizclera (2017), enseguida [o la gota de sangre en el nivel] (2018) y la luna según masao vicente (2021). Han aparecido libros o antologías de su obra en doce países de lengua española, y en traducción al alemán, árabe, chino, coreano, francés, hebreo, inglés, italiano, macedonio, neerlandés, portugués, serbio, sueco, turco y vietnamita. Durante la década de 1980 fue redactor y jefe de redacción de la influyente revista cultural cubana El Caimán Barbudo. Compiló tres antologías que definieron a su generación, así como La poesía del siglo XX en Cuba (2011). Doctor en Literaturas Hispánicas por la Universidad de Texas en Austin, es catedrático de esa especialidad en Kenyon College, Estados Unidos.

Antonio Gamoneda con la traductora Katherine M. Hedeen, autora también del prólogo de ‘Book of the cold’. Fotografía: Sonia Riaño / Tula Varona.

Antonio Gamoneda con la traductora Katherine M. Hedeen, autora también del prólogo de ‘Book of the cold’. Fotografía: Sonia Riaño / Tula Varona.

Vindicación de Gamoneda / «Por donde pasa la poesía» (2011)

Haz un CLICK para ir a la noticia en Diario de León…

Por CRISTINA FANJUL
(Artículo publicado en Diario de León, el 22 de febrero de 2012)

«Alguno de los autores que en España se consideran de gran valía no tienen apenas prestigio en América, como es el caso de Antonio Gamoneda, que escribe poesía de un simplismo, artificio a medias y de juegos verbales sin deslumbramiento que han acabado por quitarle lectores». Estas palabras, pronunciadas el año pasado (2011) por el poeta Alí Calderón son en parte culpables del libro Por donde pasa la poesía, que el viernes (2012) se presenta en Matadero Madrid. La obra, editada por Baile del Sol, cuenta con la participación de setenta autores, entre ellos los leoneses Rafael Saravia, Lourdes de Abajo, Ildefonso Rodríguez, Eloísa Otero y Juan Carlos Mestre, y está capitaneado por José Luis Sampedro, autor del prólogo.

Como una revisitación del enfrentamiento que en los años cuarenta surgió entre los defensores de la poesía arraigada —Leopoldo Panero, Rosales, Vivancos o José García Nieto— y la desarraigada, que encontró su máxima expresión en Victoriano Crémer, Celaya o Blas de Otero, así las palabras del poeta mexicano encendieron las llamas de una guerra poética soterrada.

Sin etiquetas. En un lado están los integrantes de la antología Poesía contra la incertidumbre que, según los autores participantes, nace de la necesidad de analizar críticamente la poesía actual y de hacerla accesible a todos los públicos. En el manifiesto de la misma podía leerse: «Los jóvenes poetas actuales se han adscrito a una tendencia tan experimental como oscura que no puede entender nadie. Sucede de igual manera en España que en Hispanoamérica. Los discursos fragmentarios, el irracionalismo como dogma y el abuso del artificio han supuesto la ruina de la poesía. Ha sido el derroche que ha llevado a la crisis poética actual, en la que la poesía está considerada como un género difícil, que no se entiende y que sólo leen los poetas entre ellos. Nosotros creemos que lo que sucede es que el poeta no ha hecho bien su trabajo».

En el otro, Por donde pasa la poesíase posicionan quienes se declaran en defensa de la pluralidad poética y de la convivencia de todas las expresiones líricas. En el manifiesto se hace una defensa cerrada de la libertad literaria y se denuncia la actitud de cuantos se apropian y se encierran en ciudadelas poéticas excluyentes: «Las tentativas de encerrar el lenguaje literario dentro de límites inamovibles han dado como resultado estructuras cerradas de pensamiento que trabajan en contra de la propia y esencial condición de la palabra», destacan. Asimismo, aseguran que el intento de limitar las distintas voces poéticas es una manera de agredir el legado recibido. «Ha costado mucho desterrar de nuestro campo literario el cainismo y la exclusión. No vamos a consentir ahora que vuelvan a reproducirse estrategias envenenadas similares».

Setenta poetas. Pero Por donde pasa la poesía es mucho más. A través de los versos de setenta poetas, de los cuales se recogen distintas piezas, se agrupan más de trescientas páginas de buenos poemas. La obra empezó a fraguarse en la Librería Primado de Valencia, una librería de barrio que, como destaca el poeta Arturo Borra, se ha convertido en los últimos años en un «punto de encrucijada». Los artífices del libro añaden que este libro coral es «imagen de un tiempo de comunidad entre poetas y lectores, entre vecinos de barrio y escritores, cuyo hilo es el disenso y la pluralidad, eso sí, de signo anticapitalista, antineoliberal, antifascista, antidogmático».

Dice Víktor Gómez, uno de los poetas participantes, que el libro acoge en igualdad de condiciones a autores inéditos, autores y a los consagrados, en una obra que trata de zafarse de la orientación industrial actual, presidida por la insignificancia y la banalidad, «lo apolítico o, lo que aún es peor, lo político-domesticado, lo político-usurpado».

El libro incluye además un cedé con versiones de Lucho Roa de varios de los poemas recogidos en la antología, como las piezas de Lucia Boscá, Antonio Méndez Rubio, Antonio Martínez i Ferrer o Mar Benegas.

«Amor Agrario. Paisajes para la esperanza» (Gordoncillo, 2023), un libro conmemorativo de Antonio Gamoneda

Marcapáginas y cubierta de ‘Amor Agrario’, de Antonio Gamoneda.

Ficha del libro:

AMOR AGRARIO. Paisajes para la esperanza, de Antonio Gamoneda.
Edita: Ayuntamiento de Gordoncillo.
Edición conmemorativa del Premio Semilla de Oro 2023.
DL: LE 235-2023

Primer poema del libro de Antonio Gamoneda «Amor Agrario’.

4-VI-2023 / Homenaje a Gamoneda en el MIHACALE de Gordoncillo / Reportaje fotográfico de Rocío Cuevas

Homenaje a Gamoneda en Gordoncillo (4-6-2023). ©Fotografía: Rocío Cuevas / MIHACALE

©Reportaje fotográfico: ROCÍO CUEVAS / MIHACALE.

El domingo 4 de junio de 2023 se celebró un homenaje a Antonio Gamoneda, cinco días después de que este cumpliera 92 años. A las 12’30 horas, en el MIHACALE de Gordoncillo, se inauguró  la exposición “Arte en torno a Antonio Gamoneda”, con obras de la colección personal del poeta y comisariada por Luis García, director del Departamento de Arte y Exposiciones del Instituto Leonés de Cultura (ILC), que está preparando un catálogo sobre la muestra.

A continuación, en el Auditorio del museo, Gamoneda recibió el PREMIO SEMILLA DE ORO y el profesor José Enrique Martínez pronunció una especie de clase magistral sobre su trayectoria literaria. Ya a mediodía, en las instalaciones de la Bodega, se presentó la Botella Conmemorativa de Bodegas Gordonzello, en una serie dedicada a los escritores leoneses. Además de la silueta y la firma, ambas doradas, las etiquetas reproducen estos versos de Gamoneda: “Pero el vino llegó; por la garganta / bajó como un torrente de amapolas. / El vino era como un dios que canta / sobre el abismo de las caracolas”.

El Ayuntamiento de Gordoncillo, además, editó para la ocasión un pequeño con textos del homenajeado titulado Amor Agrario. Paisajes para la esperanza, un marcapáginas y una libreta en blanco, objetos que se regalaron a los más de cien invitados al almuerzo.

Al final, la cantante Cova Villegas interpretó para Gamoneda algunas canciones asturianas aprendidas de su abuelo, acompañada al clarinete bajo por su marido, el poeta y músico Ildefonso Rodríguez. El acto finalizó con una impresión de las manos de Gamoneda en una sustancia parecida al barro, que llevó a cabo el artista Alejandro Sáenz de Miera.

Homenaje a Gamoneda en Gordoncillo (4-6-2023). ©Fotografía: Rocío Cuevas / MIHACALE.

Homenaje a Gamoneda en Gordoncillo (4-6-2023). ©Fotografía: Rocío Cuevas / MIHACALE.

Homenaje a Gamoneda en Gordoncillo (4-6-2023). ©Fotografía: Rocío Cuevas / MIHACALE.

Homenaje a Gamoneda en Gordoncillo (4-6-2023). ©Fotografía: Rocío Cuevas / MIHACALE.

Homenaje a Gamoneda en Gordoncillo (4-6-2023). ©Fotografía: Rocío Cuevas / MIHACALE.

Homenaje a Gamoneda en Gordoncillo (4-6-2023). ©Fotografía: Rocío Cuevas / MIHACALE.

Homenaje a Gamoneda en Gordoncillo (4-6-2023). ©Fotografía: Rocío Cuevas / MIHACALE.

Homenaje a Gamoneda en Gordoncillo (4-6-2023). ©Fotografía: Rocío Cuevas / MIHACALE.

Homenaje a Gamoneda en Gordoncillo (4-6-2023). ©Fotografía: Rocío Cuevas / MIHACALE.

Homenaje a Gamoneda en Gordoncillo (4-6-2023). ©Fotografía: Rocío Cuevas / MIHACALE.

Homenaje a Gamoneda en Gordoncillo (4-6-2023). ©Fotografía: Rocío Cuevas / MIHACALE.

Homenaje a Gamoneda en Gordoncillo (4-6-2023). ©Fotografía: Rocío Cuevas / MIHACALE.

Homenaje a Gamoneda en Gordoncillo (4-6-2023). ©Fotografía: Rocío Cuevas / MIHACALE.

Homenaje a Gamoneda en Gordoncillo (4-6-2023). ©Fotografía: Rocío Cuevas / MIHACALE.

Homenaje a Gamoneda en Gordoncillo (4-6-2023). ©Fotografía: Rocío Cuevas / MIHACALE.

Homenaje a Gamoneda en Gordoncillo (4-6-2023). ©Fotografía: Rocío Cuevas / MIHACALE.

Homenaje a Gamoneda en Gordoncillo (4-6-2023). ©Fotografía: Rocío Cuevas / MIHACALE.

Homenaje a Gamoneda en Gordoncillo (4-6-2023). ©Fotografía: Rocío Cuevas / MIHACALE.

Homenaje a Gamoneda en Gordoncillo (4-6-2023). ©Fotografía: Rocío Cuevas / MIHACALE.

Homenaje a Gamoneda en Gordoncillo (4-6-2023). ©Fotografía: Rocío Cuevas / MIHACALE.

Homenaje a Gamoneda en Gordoncillo (4-6-2023). ©Fotografía: Rocío Cuevas / MIHACALE.

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Gamoneda y Picasso

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La obra de Pablo Ruiz Picasso (Málaga, España, 25 de octubre de 1881 – Mougins, Francia, 8 de abril de 1973) nunca dio lugar a la indiferencia de los artistas. Cincuenta años después de su muerte seguimos queriendo conocer más del genio, nunca confortablemente instalado en un estilo o actitud, antes creciendo en la inquietud y el cambio. El escritor, investigador y crítico José Esteban (Sigüenza, 1937) recopila en Picasso: imán de los escritores españoles una extensa antología de textos sobre Pablo Ruiz Picasso escrito por los literatos que lo conocieron o admiraron. Desde Ricardo y Pío Baroja hasta Antonio Gamoneda, pasando por Ramón Gómez de la Serna, José Bergamín, Pablo Neruda, Jorge Guillén, Rafael Alberti, César Vallejo, Vicente Aleixandre, Max Aub o Luis Buñuel. Una «antología caprichosa» que se dispone a cumplir la voluntad del historiador del arte y gran picassiano que fue Juan Antonio Gaya Nuño, quien exhortó a los investigadores del futuro a recopilar lo que los escritores dijeron del gran maestro. (…)

Gamoneda reflexiona sobre la paz en la revista «Ánfora Nova»

La revista literaria ‘Ánfora Nova’ ha reunido las colaboraciones de dos Premios Cervantes, un Nobel y un Princesa de Asturias para su próximo monográfico, que está dedicado al humanismo solidario y la ética de la esperanza.

A ellos se unen a un elenco de más de setenta intelectuales, ensayistas, novelistas, pensadores, poetas y artistas plásticos para completar las 224 páginas de la publicación con la que trata de «promover y difundir esta corriente crítica e intelectual que, desde la heterodoxia estética, asume el uso de la palabra como obligación social bajo los irrenunciables principios del compromiso y el comportamiento ético».

Así ha definido para la agencia EFE el editor y director de ‘Ánfora Nova’, José María Molina Caballero, el monográfico ‘Humanismo Solidario. La ética de la esperanza’, cuyas colaboraciones abordan, según sus palabras, algunas de las temáticas relacionadas con el compromiso ético del humanismo solidario, como la paz, la justicia, la libertad, la igualdad, el ecologismo, el feminismo o la solidaridad.

El Nobel Adolfo Pérez Esquivel plantea, bajo el título ‘Si quieres la paz, prepara la palabra’, que «hoy el mundo vive la incertidumbre y la angustia de un presente sin futuro, sometido a guerras, hambre, millones de refugiados que muchos no verán el mañana, economías especulativas y no solidarias o democracias formales sin valores».

Los Premios Cervantes Antonio Gamoneda y Sergio Ramírez reflexionan sobre la paz, en verso, y el poder, respectivamente, mientras que el Princesa de Asturias Emilio Lledó lo hace sobre sobre la «eterna lucha de todos contra todos».

La revista se edita en Rute (Córdoba), lleva en la calle de manera ininterrumpida 35 años y tiene una proyección internacional gracias a la incorporación en sus 126 números de trabajos de más de quinientos escritores y artistas plásticos de medio centenar de países.

Más información:

La Colección Provincia de Poesía / El activismo cultural de Antonio Gamoneda a principios de los 70

Existen dos artículos del profesor Francisco Martínez García sobre la Colección Provincia de Poesía, desde el principio vinculada a la Diputación de León, que creó y dirigió Antonio Gamoneda durante los años 70 y 80.

La Colección Provincia es una de las colecciones históricas e ineludibles de la poesía española. Nació en 1971, como un estímulo de la literatura, y en 2021 cumplió medio siglo de vida.

  • Martínez García, Francisco: «Provincia, colección de poesía». Revista Estudios humanísticos Nº1 [Colegio Universitario de León, Filosofía y Letras], 1979, págs. 131–134.
    https://doi.org/10.18002/eh.v0i1.6351
  • Martínez García, Francisco: «Provincia, colección de poesía», en Historia de la Literatura Leonesa. León, Ed. Everest, 1982, págs. 794-800 (amplía y completa bastante el artículo anterior, a partir de una entrevista con Gamoneda).

Gamoneda escribe sobre Manuel Álvarez Ortega en el número de marzo 2023 de la revista «Ínsula»

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«Manuel Álvarez Ortega, ¿traductor? Estimaciones con Saint-John Perse al fondo». Así se titula el artículo que publica Antonio Gamoneda en la revista Ínsula (el nº 915, de marzo de 2023), un monográfico dedicado íntegramente al escritor, traductor y poeta de origen cordobés Manuel Álvarez Ortega (Córdoba, 1923 – Madrid, 2014).

La revista «Turia» publica una larga entrevista de Fernando del Val con Antonio Gamoneda

Los lectores del nuevo número doble de la revista «Turia» (números 145-146), que se distribuye este mes de marzo de 2023, podrán disfrutar de dos entrevistas a fondo con protagonistas de notable interés: Antonio Gamoneda y Brenda Navarro.

La publicación, editada por el Instituto de Estudios Turolenses de la Diputación de Teruel, se presentará el próximo 22 de marzo en el Museo de Teruel, de la mano de Rosa Montero, mientras que Manuel Hidalgo lo hará en la Residencia de Estudiantes de Madrid, el 25 de abril.

Así se informa de ello desde la Diputación de Teruel (reproducimos, extractada, la nota de prensa):

Sin duda, Gamoneda es uno de nuestros escritores más carismáticos, habiéndose convertido en guía y modelo de muchos poetas más jóvenes. En él se valoran su sabiduría lingüística y su conciencia crítica, su apertura hacia las tradiciones de la modernidad y su clarividencia a la hora de enjuiciar el tiempo que vivimos. Puede decirse que, a sus 92 años y a pesar del inevitable desgaste físico, Gamoneda trabaja con intensidad y permanece al día de todo, dueño de su agenda y convertido en un referente de la autenticidad y el compromiso de la mejor poesía.

A Brenda Navarro, que nunca había pensado en sí misma como escritora, le impulsó a narrar la preocupación por la violencia cotidiana y la impunidad con que se ejerce en su México natal. Ese patrón de crueldad sistémica y la necesidad de denunciarlo le impulsaron a contar qué hay detrás de un desaparecido en su primer libro, “Casas vacías”, de 2018. Una novela que, en poco tiempo, obtuvo el favor mayoritario del público y la crítica y convirtió, a quien era hasta entonces una completa desconocida en las letras mexicanas, en una autora cuya popularidad es ya indiscutible.

La entrevista con Gamoneda tiene como punto de arranque su segundo volumen de memorias, titulado “La pobreza”. Y es que la pobreza, y la penuria de la que proviene, es una cuestión esencial a la hora de analizar su trabajo intelectual, según él mismo reconociera en el discurso de recepción del Premio Cervantes. Son páginas de una modernidad abrumadora en las que, más allá de inventariar su decrepitud física, confirma que lo suyo es la rebeldía de hablar a las claras sobre la vida y sus aspectos más incómodos. También apela a practicar una épica civil, tranquila, testimonial. Y, sobre todo, enuncia que la poesía es antes sensible que inteligible y que es “un arte de la memoria”.

Se trata de dos conversaciones exclusivas, que permiten no sólo conocerles mejor, sino también descubrir sus opiniones sobre un amplio repertorio de temas de interés. Ambos son, por encima de todo, autores de una obra de marcada originalidad, rigor y relevancia en sus respectivos ámbitos. Antonio Gamoneda y Brenda Navarro, sin duda, dos personalidades muy atractivas y su opinión nos enriquece a la hora de interpretar este tiempo tan difícil y complejo que vivimos.

En Turia hablan, con absoluta libertad y franqueza, de sus respectivas obras e itinerarios vitales. Y, además, con sus respuestas se ocupan también de abordar cuestiones que nos afectan o interpelan: la desmitificación de la vejez como lugar de sabiduría, la convicción de que todas las formas de lenguaje artístico tienen un grado de naturaleza simbólica, en el caso de Gamoneda; la preocupación por la violencia sistémica, por la existencia de un patrón de agresión y hostilidad generalizado que atenta contra los derechos humanos, en el caso de Navarro.

:: Entrevista con Antonio Gamoneda: «El mundo no necesita poemas nuevos, sino poemas necesarios».

Antonio Gamoneda es una de las figuras fundamentales de la poesía contemporánea. Aunque nació en Oviedo en 1931, ha vivido toda su vida en León, donde se trasladó con su madre a los tres años, y esta ciudad ha marcado notablemente su trayectoria poética. Trabajó en el Banco Mercantil durante más de veinte años y formó parte de la resistencia intelectual al franquismo. Poeta personalísimo, el proceso de recepción de su obra fue lento y difícil.

Perteneciente por edad al grupo poético del 50, se dio a conocer con su primer poemario, “Sublevación inmóvil”, finalista del premio Adonáis, pero su fama sólo se consolidó al recibir, en 1985, el Premio Castilla y León de las Letras. Dos años después fue galardonado con el Premio Nacional, y ya en el año 2006 se le otorgó el Premio Cervantes.

En la entrevista que Turia publica, y que ha elaborado el escritor y periodista vallisoletano Fernando del Val, no sólo se analizan algunas de las claves de su vida y de su obra. También se aborda el sentido de ese segundo y más reciente volumen de memorias que Gamoneda ha titulado “La pobreza” y con el que confiesa ha pretendido “tanto un reconocimiento y una narración de mi vida pasada —entendida como una vida solidaria y complementaria de la de todos— cuanto una observación crítica del pasado, del presente y de una especie de perspectiva imaginaria, pero lo más sensata posible, relacionada con el porvenir”.

Cree igualmente Gamoneda que “el poema con potencia simbólica es algo que va más allá de la percepción intelectual. Se puede casi tocar”. Y entre sus afirmaciones destacamos que, para él, “en nuestros tiempos tecnificados y politizados, la poesía se hace más difícil”. En su opinión, “la gente vive atropellada y luego da una tecla. Es un empobrecimiento feroz. Una anulación semejante se ha producido con la poesía. No sólo es un bache cultural; es un despojamiento de la creatividad humana. Y no bastan los muchachos que hacen rap y otros movimientos semejantes. Es necesaria una poesía que vaya de boca en boca, una especie de un poema incesante que van cediéndose los unos a los otros, y que se recrea sucesivamente. Eso también es creación. Y es un valor para la felicidad de los seres humanos”.

Por último, asegura Antonio Gamoneda no ser el papa de ninguna religión poética. Muy al contrario, se muestra autocrítico y reconoce que “en los últimos diez o veinte años, tengo más reservas ante mí mismo a la hora de escribir”. Y es que, como señala el entrevistador, “en dos décadas, Cervantes mediante, sólo se ha permitido dos libros canónicos. El mundo no necesita poemas nuevos, sino poemas necesarios. Aparte de mudanzas, escribe poemas cuyo nacimiento no frena, pero que después observa con lente de aumento.

Es como si el viento a favor le pareciera sospechoso. Desconfía del sencillismo tanto como de las oportunidades regaladas. Antonio Gamoneda continúa ensayando poemas que añadan capas de luz a tantas páginas que lo demás juzgamos cegadoras. De momento, los aparta. Busca poemas que sean coherentes con la obra anterior, siendo hijos del siglo XXI. Poner el pie en terrenos no pisados. El mejor escribano echa un borrón; el mejor poeta, no.

Texto completo aquí:

«Narración del vértigo», una nueva antología de Gamoneda, se publica y presenta en Cuba

El escritor Edelmis Anoceto Vega, director de Ediciones Capiro, durante la presentación. La antología de Gamoneda está sobre la mesa, el segundo libro por la izquierda.

Cienfuegos, 11 mar 2023 (ACN) El escritor Edelmis Anoceto Vega, director de Ediciones Capiro, de Villa Clara (Cuba), presentó las últimas publicaciones de este sello en la XXXI Feria Internacional del Libro de Cienfuegos, en desarrollo hasta este domingo.

Entre las novedades de la editorial villaclareña —insertadas dentro del Programa Profesional y Literario del evento— se encuentra la antología Narración del vértigo, de Antonio Gamoneda. (…)

«Gamoneda: una poética temporalizada en el espacio leonés», un libro de Francisco Martínez García (1991)

«Gamoneda: una poética temporalizada en el espacio leonés»
Autor: Francisco Martínez García
1991: Universidad de León, Servicio de Publicaciones.
ISBN/ISSN: 847719257X