El profesor y crítico literario leonés Alfonso García dedica un pequeño artículo a Antonio Gamoneda en el suplemento dominical El Filandón, de Diario de León, del 26 de marzo de 2023, en el que reseña el monográfico que le dedica la revista Turia.
* Artículos en prensa y revistas
José-Miguel Ullán sobre Gamoneda: «Espinas en el centro de las rosas» (1995)

Columna de José-Miguel Ullán publicada en el diario El País, el 29 de septiembre de 1995.
Antonio Pereira, Juan Carlos Mestre y Antonio Gamoneda, en ABC (2023)
Gamoneda, en la biblioteca de Leonardo Padrón
(…)
-Veo al fondo su biblioteca.
-La biblioteca que ves es pequeña. Mi biblioteca en Caracas tiene más de cuatro mil libros. En una ciudad como Miami que tiene pocas librerías, y menos libros en español, he ido construyéndola de nuevo en mis viajes a Ciudad de México y Madrid, y por supuesto Amazon. En la Feria del Libro de Madrid volví a comprar Poeta en Nueva York de Federico García Lorca, El oficio de vivir de Cesare Pavese, la poesía de Emily Dickinson y Antonio Gamoneda. Son libros de consulta diaria, libros, como diría Laura Restrepo, a los que les rezo con devoción y necesitaba tenerlos de nuevo cerca. Es parte de la reconstrucción de la vida en ese territorio de incertidumbre y de neblina que es el exilio.
(…)
- Tomado de una entrevista de Dulce María Ramos al escritor venezolano en el exilio Leonardo Padrón, publicada en El Universal de Caracas (Venezuela) el 22-1-2023.
«[El mundo se quedó en silencio…]» / Un poema del próximo libro de Gamoneda, en El Mundo

EL MUNDO / Los libros / Entrevista
Antonio Gamoneda:
«El poeta pobre no puede permitirse ser irónico»
La reedición del ‘Libro del frío’ es la excusa para que Gamoneda hable de literatura y vida. A sus 91 años, el Premio Cervantes sigue escribiendo cada noche, tanto en verso como en prosa
Gamoneda inédito:
«Escribo cada noche, pero el fracaso está a la orden del día»
El poeta, que ofrece al suplemento ‘La Lectura’ del diario El Mundo un poema inédito, avanza en un nuevo poemario, Cancionero de la indiferencia, y reescribe sus primeros libros que ahora encuentra «incompletos»
Por MANUEL LLORENTE
[Publicado en El Mundo-‘La Lectura’, el viernes, 13 enero 2023]
‘Libro del frío’, de Gamoneda, entre los 11 recomendados por El Placer de la Lectura (2023)
«Libro del frío», de Antonio Gamoneda, recientemente reeditado por Galaxia-Gutenberg, es uno de los 11 libros recomendados esta segunda semana de enero de 2023 por la revista El Placer de la Lectura.
«La poesía en los huesos», un homenaje de Violeta Serrano a Antonio Gamoneda en Cuadernos Hispanoamericanos (2023)
«Me pidieron homenajear a un maestro y elegí: Antonio Gamoneda«.
Aquí está ‘La poesía en los huesos’, un perfil íntimo del premio Cervantes, y un homenaje al poeta, publicado por la escritora leonesa Violeta Serrano en la revista (haz un click:) Cuadernos Hispanoamericanos.
«Gamoneda se mira en los ojos de la nueva generación» (Leonoticias.com 2023)
Haz un click para leer la noticia en Leonoticias.com
«El poeta pobre no puede permitirse ser irónico» / Una entrevista con Gamoneda, y un inédito de su próximo libro, en El Mundo
EL MUNDO / Los libros / Entrevista
Antonio Gamoneda:
«El poeta pobre no puede permitirse ser irónico»
La reedición del ‘Libro del frío’ es la excusa para que Gamoneda hable de literatura y vida. A sus 91 años, el Premio Cervantes sigue escribiendo cada noche, tanto en verso como en prosa
Gamoneda inédito:
«Escribo cada noche, pero el fracaso está a la orden del día»
El poeta, que ofrece a ‘La Lectura’ un poema inédito, avanza en un nuevo poemario y reescribe sus primeros libros que ahora encuentra «incompletos»
Por MANUEL LLORENTE
[Publicado en El Mundo-‘La Lectura’, el viernes, 13 enero 2023]


Gamoneda en Diario de León: «Reescribiré todo lo que pueda»
Por PACHO RODRÍGUEZ
Publicado en Diario de León el 20 de diciembre de 2022
Hay una reunión en León tan secreta que sus participantes, conscientes de ello, la hacen sin esconderse, a la vista de todos, de día y al calor del vino de la lucidez. Como un reincidente, se trata de ir con complejo de intruso, como aquella vez al Café Gijón a ver a Manuel Vicent tal cual se saluda a un delantero centro de la literatura. Pero esa es otra historia. ¿Quién no lo ha hecho cuando la magia de leer a alguien es un arrebato? Hay veces que sería pecado no pecar y hay que ir. Aquí, el delantero centro con olfato goleador y saboreador es el poeta Gamoneda. Controla y dispara con precisión. Se entra por la rendija de la generosidad de los demás participantes y se llega al lugar exacto. Ahí están Antonio Gamoneda y Alejandro Vargas. Solos o en compañía de otros.
Libro del frío cumple 30 años y Galaxia Gutenberg lo celebra con una reedición acompañada por un prólogo de Tomás Sánchez Santiago. Y ahí están los versos eternos de este libro clave en la trayectoria del poeta nacido en Oviedo en 1931. Deslumbrantes: Hubo un tiempo en que mis únicas pasiones eran la pobreza y la lluvia. / Ahora advierto la pureza de los límites y mi pasión no existiría si supiese su nombre.
Cumple años este libro en estos tiempos en los que si lo que ha pasado no ocurrió hace 30 es que pasó antes. Pero hay en Gamoneda algo que avanza desde el matiz. Presenta Galaxia la nueva publicación: Libro del frío. Y localiza el tiempo: 1986-1992, 1998, 2004 y 2016. Y surge entonces un Antonio Gamoneda que, ante la pregunta de cómo recordaba el libro, ayer mismo decía: «Yo no he sido de releerme. Pero ahora estoy empezando a releerme. Releerme para reescribirme», anuncia. «Y aunque no tenga ninguna prisa por irme, os voy a dejar un barullo…», remata. «Que casi no se sepa por dónde tirar», sentencia.
Como eche la vista (en este caso la lectura) atrás, hay material de tanta potencia que le resultará fácil acertar pero difícil elegir. Aún así, asegura Gamoneda que «reescribiré todo lo que pueda. Inédito, escrito y reescrito», añade, como si deseara ejercer una mirada panorámica en donde se intuye que más que un reordenar su obra se trata de alcanzar la coherencia del tiempo y el yo.

Porque cuestiona el autor de Edad, Sublevación Inmóvil o Blues castellano: «¿Qué tienes que ver con el que eras hace 35 años? ¿Por qué exigirle a tus obras lo que no eres capaz de sostener cuando el tiempo ha pasado?», se pregunta y, por supuesto, la respuesta queda en el viento de la propia intención de Antonio Gamoneda como cosa suya. Asunto suyo será: «Yo he dejado de ser yo y empezado a ser otro tantas veces…», asegura.
Tal vez, cuestionar el porvenir tenga en el pasado la mejor materia prima, pero en el caso del Antonio Gamoneda vital, el de ayer, la mejor fórmula está en el presente. Porque no olvidemos que esto era una reunión secreta a voces calmadas. Vega, Escobar, Amancio, Artigue… artífices también de esta fusión generacional. Un lugar privado para aprender cosas serias: «El orden es este: El vigilante de la nieve, la tortilla y el taxi». Será cuestión de poner en su lugar las prioridades para encontrar a día de hoy a un pletórico poeta Antonio Gamoneda en su edad. Presentarlo así con el optimismo de quien cultiva la curiosidad y la amistad. Un premio Cervantes, el más alto de las letras españolas, que aún prefiere la alfombra real de las calles de León.
:: En palabras de Sánchez Santiago
‘Esto era el destino: llegar al borde y tener miedo de la quietud del agua’. Destino, borde, quietud… A la creciente perturbación de una lectura sostenida en un itinerario de dolorosa vehemencia se une, seguramente sin sospecharlo el poeta, una de difícil serenidad que también ha de empañar a quien ha sentido mientras leía una de esas experiencias que nos revelan a la vez nuestra fragilidad insoportable y la fortaleza que pasa por aceptarnos irremediablemente como criaturas intermedias, suspendidas entre el absoluto de dos vacíos sin nombre. Así volví a sentirme treinta años después, restregado el corazón de nuevo contra este relato nebuloso y atroz y de erizada hermosura que es ‘Libro del frío’. En él, alguien sigue avanzando con sigilo hacia una luz final sin desprenderse de aquello que en la vida le salió al paso y aún continúa resonando con interior estrépito incesante.
La poesía como forma de resistencia, un artículo en El Asombrario (2022)
Por JAVIER MORALES
La poesía como un acto de resistencia, de rebeldía, de amor… Hoy ‘Área de descanso’ se detiene a recomendar a varios poetas que, desde sus versos, nos ayudan a mirar de otra manera el mundo. Desde los enormes Antonio Gamoneda y César Vallejo a Valeria Correa Fiz, María Jesús Mena, Viky Frías, Eduardo Kahane, Daniel Romero Campoy…
Como asegura Jorge Riechmann en su último libro de poemas, no creo que la poesía sea un arma cargada de futuro, aunque sí una forma de resistencia. Algo así le contó al periodista (y poeta) Javier Rodríguez Marcos el gran Juan Gelman cuando vino a España a recoger el Premio Leteo. En el acto de entrega le acompañaba otro enorme poeta, Antonio Gamoneda, ambos premios Cervantes. Para Gamoneda, la poesía ni siquiera sería un género literario, tiene que ver más con una manera de mirar al mundo, sería algo más espiritual y no un producto pensado para ser consumido.
Tanto Gelman como Gamoneda beben de la palabra de uno de los grandes poetas de todos los tiempos, el peruano César Vallejo. (…)
- Sigue leyendo el artículo en El Asombrario
Un artículo sobre Gamoneda de Jaime Federico Rollán Ortiz (2005)

Referencia bibliográfica:
Rollán Ortiz, Jaime Federico. “Acercamiento a la ontología del morir de Antonio Gamoneda”. RevistaTierras De León, Vol. XLIII, n.º 120-121, Instituto Leonés de Cultura, 2005, pp. 1-24. Impreso.
Se puede descargar entero (24 págs.) en pdf:
Fuente: Bibliografía de Estudios Leoneses

Poesía y pobreza en la obra de Miguel Hernández y Antonio Gamoneda, por José Ángel Leyva

Por JOSÉ ÁNGEL LEYVA
[Publicado en La Semanal, suplemento del diario mexicano La Jornada, el 21 de agosto de 2022]
Poesía y pobreza, esa relación compleja y profunda que nos toca y conmueve en la obra de Miguel Hernández (Orihuela, 1910-Alicante, 1942) y de Antonio Gamoneda (Oviedo, 1931) a quien se convoca aquí, entre otros poetas y pensadores, para tratar de responder la pregunta: “¿cómo se puede vencer la estrechez, las carencias y, en muchos casos, la miseria para alcanzar tales niveles de expresión lírica?”.
No es lo mismo hablar de la pobreza o escribir de la pobreza que hacerlo desde la pobreza. Miguel Hernández escribió desde la carencia y desde la cárcel, la guerra y la derrota. Su poesía y su biografía se amasan desde la más absoluta orfandad social y desde la rebeldía, desde una vocación casi natural por las palabras que alteran la realidad y la convierten en fundamentos estéticos y en sustancia humana por consecuencia. Alguna vez, conversando con Antonio Gamoneda, años antes de que escribiera y publicara su segundo volumen autobiográfico titulado justamente así, La pobreza, me comentaba su deseo de reflexionar más acerca de esa relación entre la pobreza y la poesía escrita desde la experiencia del desheredado y sus penurias. Para él, César Vallejo y Miguel Hernández representan dos referentes insoslayables del tema y, seguramente, dos figuras de la poesía universal. Cervantes sería en su perspectiva el tercer referente español que escribió desde y en la pobreza. La pregunta que surge es: ¿cómo se puede vencer la estrechez, las carencias y, en muchos casos, la miseria para alcanzar tales niveles de expresión lírica?
Gamoneda piensa, con Marx, que la conciencia de la pobreza es revolucionaria. Vallejo, Hernández y Gamoneda son sujetos con conciencia social, de clase. Los tres pertenecen a un momento donde la violencia se enseñorea y la destrucción arrasa con millones de vidas, se cocinan genocidios de proporciones inconcebibles y la esperanza de humanización abre paso al escepticismo. Pero no es el caso de estos tres poetas que ven en sus vidas y en sus escrituras un camino hacia la libertad y el amor entre los hombres. La conciencia de la pobreza alimenta e impulsa la rebelión contra esa condición de injusticia de quienes nada tienen contra quienes se apropian de su fuerza de trabajo.
:: Conciencia lingüística, estética y de clase
Cito unas palabras del discurso de recepción del Premio Cervantes, año 2006, en el que Gamoneda hace referencia al tema en cuestión: “En nosotros, ‘los de la pobreza’ […] los que nos hemos acercado al conocimiento de forma principalmente intuitiva y solitaria (prefiero no decir ‘autodidacta’, una palabra que me parece imprecisa), la subjetivación radical y el patetismo resultarán naturales, y nuestro lenguaje no estará ‘normalizado’ porque (en sí mismo y por sí mismo) será un lenguaje poética y semánticamente subversivo. El sufrimiento de causa social es nuestro sufrimiento y penetra […] nuestra conciencia (estética y) lingüística.”
«Lo que queda», una reseña de ‘Esta luz’, por Juan Manuel Díaz de Guereñu (2005)
Haz un click en la imagen para leer entera la reseña de Juan Manuel Díaz de Guereñu del libro «Esta luz. Poesía reunida 1947-2004», de Antonio Gamoneda, publicada en Revista de Libros el 1 de julio de 2005.
«La escritura del cuerpo», un artículo de Ildefonso Rodríguez dedicado a Gamoneda en el nº 2 de ‘Un ángel más’

La revista «Un ángel más» (Casa Revilla, Fundación Municipal de Cultura, Valladolid), que dirigieron Gustavo Martín Garzo, Carlos Ortega y Miguel Suárez, dedicó en su Nº 2, publicado en otoño 1987, un amplio dossier al poeta Antonio Gamoneda, que coordinó Miguel Casado.
En ese dossier apareció originalmente este texto, que se publica ahora de nuevo, tal cual era entonces, por gentileza del autor (que ha tenido la generosidad de transcribirlo):
LA ESCRITURA DEL CUERPO
Por ILDEFONSO RODRÍGUEZ

Ildefonso Rodríguez. Foto: Eloísa Otero.
Lo que ahora muestro es solo mi actividad de lector: un conjunto de estampas, de postales extraídas de unos textos para mi gusto y claridad. Elaboré, con rachas de pasión, un panorama, un aparato semejante a un estereoscopio antiguo y me asomé a él una y otra vez. Mucho quedó fuera, pero yo tuve que elegir. Es seguro que todo, en la poesía de Antonio Gamoneda, pueda verse desde puntos invertidos y contrarios a la visión que yo me representé, pues incluso esta para mí es ocasional (basta que yo vuelva a su lectura para que ya aparezca otra y muy diferente, y ahí reside uno de los valores altos de esta poesía, en ser irreducible como pocas).
Si mi elección fue ajustada, si tuve buen o mal gusto al escoger, es algo, obviamente, ajeno a los textos. La que allí quedó, extendido sobre aquel mostrador, es mucho más, hasta la cara oculta de esa escritura, la que yo nunca llegué a ver. Pero eso es lo que traje conmigo y ahora lo expongo desde la amistad con tal poesía, amparándome en una forma de confianza que, con todo, no deja de intimidarme.
La escritura poética de Gamoneda gana a sus lectores por el despliegue de una energía poco común, una atracción en la que el propio lector obtiene la experiencia continuada y muy específica de su acto de lectura. Es como si, al leer, se le representase de un modo nada virtual y en cambio muy corpóreo, vívido, una naturaleza que le pertenece y a la que él mismo pertenece; se le ofrece un organismo que roza y se comunica con sus propios sentidos, con la sensibilidad absoluta (no parcial, no ideal o figurada) de su cuerpo. El lector pone en suspensión su hábito común de mirar un texto, de pensarlo y entenderlo. Abre los ojos sobre la escritura y obtiene sensaciones de tacto, de paladeo, de audición, advierte un bullir de movimientos en su interior. Crecen en él materias y sustancias que desconocía y las incorpora, de un modo natural, a su repertorio, ilimitado ya, de experiencias en lo que entiende por mundo. Ve también nuevos objetos que, le parece, podría pesar con la mano o bajo cuyas sombras sería capaz de reposar.
Pero toda esa sustancialidad, esa corpulencia en la que se amplifica el lector, no es más que palabras, vocablos que él mismo reconoce, después, como semejantes e idénticos a los de su habla común. Y vuelve al texto y otra vez esas palabras se le transmutan por efecto de una combinatoria en apariencia muy evidente, se recubren, generan un cuerpo inesperado, pero también reconocible desde el sensorio del lector. No solo los nombres y los adjetivos portadores de color o sinestesia poseen tal vivacidad, pues hasta las partículas, los adverbios, se comportan de modo semejante, se espesan, forman grumos, les crecen pestañas vibrátiles. Y en cuanto a los propios textos, tanto da si son dilatados (un conjunto casi absoluto como la Descripción de la mentira) o bien son prosas, iluminaciones fragmentarias y formas muy breves como las que se componen en las Lápidas. Siempre el lector asiste al mismo fenómeno: una poesía que le cubre y se deja cubrir, que espumea, que desborda sus límites (aun en el caso de que alguna poesía los tenga).







