* Antología / Poemas de ANTONIO GAMONEDA

Un poema de Gamoneda para el poeta Gaspar Moisés Gómez

Me recojo

a mi soledad irreparable y me confirmo:

Ciertamente,

no hay nada en mí que creer, nada que cantar.

Canta tú, Moisés; canta, Obstinado.

Entra incesante a tu llaga profunda; crea incesante

la verdad en ti.

Y recuérdame.

ANTONIO GAMONEDA

— — —

Gaspar Moisés Gómez Pérez, abogado y poeta, falleció el pasado 2 de noviembre de 2017, a los 90 años de edad, en León, donde vivía desde su juventud, después de una larga enfermedad.

En este enlace se pueden escuchar algunos poemas del libro “Cerrado exilio”, de Gaspar Moisés Gómez, recitados por su gran amigo Antonio Gamoneda, gracias al cual este pequeño poemario pudo ser editado en Luxemburgo en octubre de 2016, hace ahora un año.

Para escuchar, hacer click en:

Gaspar Moisés Gómez y Antonio Gamoneda en una imagen tomada en mayo de 2015 en el Musac. Foto: E. Otero.

Gamoneda lee el comienzo de ‘Descripción de la mentira’ en Tv3 (Cataluña, 2010)

Haz un click para ir a la página…

Un poema de «Cecilia» en la antología «Niñez», de Antonio Gamoneda

Temes mis manos

pero a veces sonríes y te extravías en ti misma

y, sin saberlo, extiendes luz en torno a ti

y yo adelanto mis manos y no llego a tocarte; únicamente

acaricio tu luz.

ANTONIO GAMONEDA
(Poema extraído de la página 118 de la antología «Niñez», y que a su vez pertenece al libro «Cecilia»)

(más…)

Poema de Gamoneda para «Luz en la sombra», un libro de ALDEM (2007)

Portada del libro.

Fragmentos
De «Canción errónea». Inédito, 2007
Antonio Gamoneda

Amo mi cuerpo; sus vértebras hendidas
por aceros vivientes, sus cartílagos
abrasados, mi corazón ligeramente húmedo
y mis cabellos enloquecidos
en tus manos. También
amo mi sangre atravesada por gemidos.

Amo la calcificación y la melancolía
arterial, y la pasión del hígado
hirviendo en el pasado, y las escamas
de mis párpados fríos.

(…    …    …    …    …)

Amo mi cuerpo incomprensible
y su miseria clínica. Estoy vivo.

(Poema de Antonio Gamoneda publicado en Luz en la Sombra,
libro colectivo testimonial sobre la Esclerosis Múltiple,
con textos de autores leoneses,
editado por ALDEM, la Asociación Leonesa de Esclerosis Múltiple.
León, 2007)

Un poema de «Canción errónea»

Portada de «Canción errónea».

— — —

Amé. Es incomprensible como el temblor de los álamos. Estoy extraviado pero yo sé que amé.

Yo vivía en un ser y su sangre se reunía con mi sangre y la música me envolvía y yo mismo era música.

Ahora,

¿quién es ciego en mis ojos?

Unas manos pasaban sobre mi rostro y envejecían lentamente. ¿Qué fue vivir entre heridas y sombras? ¿Quién fui en los brazos de mi madre, quién fui en mi propio corazón?

Únicamente he aprendido a desconocer y olvidar. Es extraño.
Todavía el amor
habita en el olvido.

(Del libro Canción errónea.
Pág. 53. Barcelona, Tusquets, 2012)

Gamoneda recita poemas de «Esta luz» en la fonoteca «The Booksmovie»

Gamoneda recita poemas de «Esta luz» en la fonoteca The Booksmovie.

Gamoneda recita poemas de «Canción errónea» en la fonoteca «The Booksmovie»

Haz un click para acceder a la fonoteca de poesía «The Booksmovie» y poder escuchar a Antonio Gamoneda recitar poemas de su libro «Canción errónea».

«¡ah!» / Un poema de Gamoneda en el libro colectivo «Cultura y Trabajo»

Portada del libro “Cultura y trabajo”.

[Poema de Antonio Gamoneda incluido en el libro colectivo «Cultura y Trabajo», editado por el Ateneo Cultural Jesús Pereda (CCOO), impreso en León, 2017]

¡ah!

Nos vigilan subalternos políticos vinculados a presidencias blancas, asistidas éstas por subsecretarios muy dóciles.

Ah de las presidencias,

ah de los subsecretarios, ah de los subalternos.

Correlativamente,

ah de los arpegios bursátiles y de los sodomitas eclesiásticos y de los minis­terios engalanados con suicidas colgantes, ah

de los inquilinos humanos.

Pensándolo bien, pensándolo,

ah de los viernes y de los domingos y de la congregación

de plusvalía y llanto.

Ah de los ancianos que se orinan, y de las multinacionales enfermas, y de mi abuela Clara, guarnicionera, viu­da sollozando

ante el Gran Panadero.

Ah de los pensadores eméritos y de las comadronas pretéritas,

ah de los párrocos.

Pensándolo mejor, pensándolo,

ah también de mis hijas y de sus cámaras fértiles y de sus hombres perdidos y de sus hombres hallados,

ah de los tris­tes huesos de mi amor tan amado.

Ah

de los mendigos insurrectos.

Y finalmente y pensándolo aún mejor, ah de las manos de mi padre y de las manos de mi madre, ambas cuatro asistidas por coleópteros ciegos.

Y más finalmente aún, apenas, mínimamente,

ah también de mi corazón ya amarillo,

inútilmente
cansado.

Gamoneda recita el «Blues de la escalera»

Antonio Gamoneda recita en este vídeo de Argonautas Creativos el poema «Blues de la escalera».

El villancico inédito de Gamoneda

Gamoneda de niño (hacia 1932).

Gamoneda de niño (hacia 1932).

Hace unos años, en una entrevista que Verónica Viñas le hizo a Antonio Gamoneda para Diario de León, el poeta reconoció ser el autor de un villancico que la periodista había aprendido de pequeña [este es el fragmento de la entrevista]:

[…] Verónica Viñas.—Aunque odio las Navidades, recuerdo un villancico precioso que me enseñaron en la escuela. Decía así:

«…Y un chiquitín charlatán,
puesto en la punta del pie,
se asoma y dice: José,
pónle tu capa,
que está nevando…»

¿Le suena?

Antonio Gamoneda.—Lo escribí hace 40 años porque una maestra de mis hijas, Ofelia, muy cariñosa, inteligente y católica, me lo pidió para cantarlo en familia.

[…]

Hablando de esto un día con Amelia Gamoneda, hija mayor del poeta, resultó que ella conservaba esta versión del villancico escrito por su padre, que reproducimos aquí:

Nevaba mucho en Belén
la noche que Dios nacía.
¡Qué bonito y que alegría,
pero qué frío también!

El niño estaba en el suelo
como una rosa desnudo.
¿Por qué no quiso si pudo
venir vestido del Cielo?

Dos ángeles tejedores
de prisa y muy buena gana
le están haciendo de lana
una nana de colores.

Y un chiquitín charlatán
puesto en la punta del pie
se asoma y dice: “José,
ponle tu capa, que están
dale que dale y no sé
cuándo cuándo acabarán”
.

Antonio Gamoneda

NOTA: Cuando las líneas anteriores se publicaron en la revista digital TAM TAM PRESS (el 25 de diciembre de 2014), apareció este comentario, con matices interesantes y emotivos de la profesora Ofelia Díaz:

«Yo soy Ofelia Díaz, la maestra a quien Antonio Gamoneda dedicó este villancico como felicitación en unas navidades cuando Amelita Gamoneda era mi alumna. Para completar el entusiasmo con que lo recibí, mis hijos me sorprendieron cantándolo la noche de Nochebuena. Ellos le habían puesto música. Y en las Navidades siguientes lo enseñé en clase y conseguí que Verónica Viñas –que también era mi alumna– con otra niña (creo recordar que se llamaba Isabel) lo cantaran a dos voces maravillosamente. Guardo un recuerdo precioso de aquel episodio y, por supuesto, conservo el original escrito a mano por Gamoneda con su afectuosa dedicatoria.
En la letra que aquí figura hay una palabra confundida. Aquí dice el niño estaba ”en el suelo” y el original dice: el niño estaba ”entre el hielo”.
Han pasado muchos años –ya tengo 92– y me alegra enormemente haber encontrado esto en Internet.»

Poema ‘Cuerda de presos’ en la placa de la casa donde Gamoneda pasó su infancia en León

Gamoneda y su esposa, María Ángeles Lanza, bajo la placa en la casa de la calle Dr. Fleming (León). Foto: Jesús / Diario de León.

Gamoneda y su esposa, María Ángeles Lanza, bajo la placa en la casa de la calle Dr. Fleming (León). Foto: Jesús / Diario de León.

Sucedían cuerdas de prisioneros; hombres cargados de silencio y mantas. En aquel lado del Bernesga los contemplaban con amistad y miedo. Una mujer, agotada y hermosa, se acercaba con un serillo de naranjas; cada vez, la última naranja le quemaba las manos: siempre había más presos que naranjas.

Cruzaban bajo mis balcones y yo bajaba hasta los hierros cuyo frío no cesará en mi rostro. En largas cintas eran llevados a los puentes y ellos sentían la humedad del río antes de entrar en la tiniebla de San Marcos, en los tristes depósitos de mi ciudad avergonzada.

ANTONIO GAMONEDA
Del libro ‘Lápidas’ (1977-1986)

Este es el poema que figura en la placa de la casa donde pasó su infancia Gamoneda, en el nº6 de la Avenida Dr. Fleming de León.

Bajo esta cita de su libro ‘Lápidas’, la placa explica que en esa casa del barrio leonés del Crucero vivió su infancia el poeta Gamoneda, entre 1934 y 1941. El propio escritor comentó en noviembre 2007, poco antes de descubrir la placa, lo siguiente:

«En esta lápida se da un fragmento de un poema mío que (lo que son las casualidades) pertenece a un libro titulado ‘Lápidas’. Y también es cierto que en esta casa de la carretera de Zamora, en el segundo piso, viví mi infancia, y desde ese balcón veía una panadería que ya no está. Esto es un honor y motivo de agradecimiento serio. Pero este honor es secundario, pues desde mi punto de vista la importancia de la placa es que es el primer testimonio física y moralmente presencial en la ciudad de León (y puede que en España) de un hecho que se relata en la misma; y es que desde las vías y en dirección a San Marcos, muchos días largas cuerdas de presos atados de tres en tres caminaban en dirección a ese penal. Este testimonio del carácter de aquella represión es lo que tiene importancia, tanto para mí como para León, importancia mucho mayor que el honor que se me otorga. Muchas gracias por esta placa en mi nombre y en el de todos los leoneses».

Palabras para Gamoneda de Clara Janés

[Artículo publicado en el número 4 de la revista Minerva, editada por el Círculo de Bellas Artes de Madrid en 2007, dentro del dossier dedicado a Antonio Gamoneda

Clara Janés.

Clara Janés.

He tirado al abismo el hueso de la misericordia; no es necesario cuando el dolor es parte de la serenidad, pero la lucidez trabaja en mí como un alcohol enloquecido.
Sé que las uñas crecen en la muerte. No
baja nadie al corazón. Nos despojamos de nosotros mismos al expulsar la falsedad, nos desollamos y
no viene nadie. No
hay sombras ni agonía. Bien:
no haya más que luz. Así es
la última ebriedad: partes iguales
de vértigo y olvido.

–Arden las pérdidas, Viene el olvido (1993-2003)

Por CLARA JANÉS

Arroja Gamoneda los dados definitivos de su ciencia en este poema, y los números son palabras inapelables. Con el primero nos sitúa en la sabiduría más hispana, arrastra ante nuestros ojos la frase de Séneca: «la misericordia no considera la causa, sino el infortunio; la clemencia va unida a la razón». Rotundo concepto que enlaza con el siguiente dado, que cae sobre la palabra «serenidad». Ésta participa de la razón y le permite abarcar el dolor. Después, un «pero» hace saltar el número: «lucidez», bajo su aspecto socavante –para Cioran es precisamente la lucidez lo que desfonda al espíritu–, siendo, con todo, aquello a lo que no podemos renunciar.

(más…)

Ilustración de Patricia Gutiérrez para «Descripción de la mentira»

© Ilustración de Patricia Gutiérrez para "Descripción de la mentira" de Gamoneda. / continuidaddeloslibros.com

© Ilustración de Patricia Gutiérrez para «Descripción de la mentira» de Gamoneda. / continuidaddeloslibros.com

La artista y dibujante Patricia Gutiérrez ilustra así un fragmento de Descripción de la mentira, de Antonio Gamoneda, para la revista digital de cultura Continuidad de los Libros, dentro de la sección «El ilustre ilustrado».

:: Fragmento de «Descripción de la mentira»

(…)

Las hortensias extendidas en otro tiempo  decoran la estancia más arriba de mi cuerpo.

He sentido el grito de los faisanes acorralados en las ramas de agosto.

Un animal invisible roe las maderas que también están más allá de mis ojos.

Y así se aumenta la serenidad y prevalece el olor de la mostaza que fue derramada por mi madre.

Yo convalezco en sábanas limpias que me preservan de los insectos y los cristales de mi infancia son causa de la imposición de luz que les antecede en muchos días desde que existió la solemnidad y la pureza.

En este espacio me he reunido con tu dulzura, la que traicionaste delante de mis ojos.

Ahora eres obsequioso y pacífico como el aceite se reserva para los agonizantes;

Ahora me contienes con tus manos y me descubres todos los gestos de tu rostro:

Tantas veces pusiste la boca sobre las heridas, tantas te desdijiste como una liebre tenebrosa…

Asediado por un azufre que no podías soportar en los alimentos,

¡tantas me recibiste en tu mirada y me participaste una escritura de carmines abrasados,

tantas te desplomaste en mi existencia…! Fue una época damnificada.

Tú invocabas al chamariz y hacías que los árboles se inclinasen sobre nosotros en tardes inmóviles mientras la policía escribía nuestros nombres.

Otros días cantabas poseído por el alcohol, que rebosaba azul sobre las mesas desgastadas por la lejía.

Una senda de aulagas conducía hasta tu casa donde siempre era invierno. ¡Ah cómo sentía tus dientes y cuánto tiempo te escuchaba, cómo esperaba tu desaparición amándote!

No me dejaste otra señal que tu rostro celebrado por el llanto de las mujeres.

A tu belleza se inclinaba la serenidad, viuda tuya desde hace mucho tiempo, vida expulsada de tus sábanas.

Eso fue cuando, atraído por el acónito, penetraste en sus cámaras;

Esto fue cuando comenzó el olvido.

(…)

ANTONIO GAMONEDA

«Un bosque se abre en la memoria…» / Gamoneda en Palabra Virtual

...

Haz un click en la imagen para escuchar a Antonio Gamoneda leyendo el poema…

‘Pájaro del mundo’, un poema de Antonio Gamoneda

Cuadro S/T del pintor Juan Rafael.

Cuadro S/T del pintor Juan Rafael.

 

PÁJARO DEL MUNDO

Como un suave relámpago
como sonreír entre la luz.
Cabeza de claro fuego,
oro vivo, pájaro del mundo,
tú te vas siempre. Dejas
dorado el aire, ríes,
huyes siempre veloz.

Oh sed, secreto del hombre.

Mundo de secano. Centro.
Atados con amor a él
esperamos la muerte.
Pero la belleza azul
cruza lejos. Se va.
¡Cuánta sed, cuánta sed!

Oh confusión de luz
y cabellos y risa:
queda. La vida es
dura y nuestra.
Tú, Belleza,
baja a mi rostro, pon
en mis labios tu cuerpo.

 ANTONIO GAMONEDA
(De  ‘Sublevación inmóvil’. 1953-1959)