Descripción de la mentira

«El tiempo lee poemas». Un taller de Miguel Casado sobre «Descripción de la mentira»

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«El tiempo lee poemas». Así se titula el Taller de lectura sobre «Descripción de la mentira», de Antonio Gamoneda, con motivo del 40º aniversario de su publicación. Será impartido por Miguel Casado, con la asistencia de Antonio Gamoneda a la última sesión, y se celebrará en La Casa Encendida, de Madrid, las tardes del 21, 22 y 23 de febrero de 2017.

Partiendo del libro de Antonio Gamoneda Descripción de la mentira, de cuya publicación se cumplen ahora 40 años, este taller trata de reflexionar sobre la influencia del tiempo en la lectura de poesía.

En Descripción de la mentira –texto que algunos vieron hermético y hecho de imágenes inmotivadas– se reconoce hoy una dura mirada sobre la guerra civil española y la represión posterior, sobre la memoria y la identidad personal. Se diría, así, que el tiempo lee, interviene en la lectura. El taller, con un trabajo colectivo sobre los poemas, considerará cómo se construye la lengua de Gamoneda, sus imágenes y su posible línea narrativa, el valor de su oscuridad y su transparencia.

El taller de lectura será conducido por Miguel Casado, que participó en la edición de los dos volúmenes de poesía reunida de Gamoneda, Edad (1987) y Esta luz. Poesía reunida (1947-2004); en 2009 publicó El curso de la edad. Lecturas de Antonio Gamoneda (1987-2007).

En el tramo final, se contará con la presencia de Antonio Gamoneda, que participará en la puesta en común del trabajo realizado y responderá a las preguntas de los asistentes. A continuación, tendrá lugar el «Encuentro con Antonio Gamoneda en torno a Descripción de la mentira: conversación y lectura», abierto al público, en el Auditorio de La Casa Encendida, el 23 de febrero de 2017 a las 20.00 h.

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Palabras para Gamoneda de Marifé Santiago Bolaños

Antonio Gamoneda y Marifé Santiago Bolaños.

Antonio Gamoneda y Marifé Santiago Bolaños.

[Artículo publicado en el número 4 de la revista Minerva, editada por el Círculo de Bellas Artes de Madrid en 2007, dentro del dossier dedicado a Antonio Gamoneda

Éste es el único día digno de ser vivido ya que todos los otros días fueron días de negación.

Los sacerdotes hicieron negación y los comerciantes y los hombres de honor hicieron negación;

y hubo negación en los niños y en los que resistían la tortura por causas justas y en los que estaban poseídos por la amistad;

y los muslos que yo conocí con mi lengua se cerraron y los pezones que estuvieron en mis labios se endurecieron como sílice.

Hubo un tiempo habitado por madres y por iluminaciones pero después sucedieron días en que los cuerpos se buscaban y cada cuerpo acudía con su fuerza y entonces hubo delación y algunos murieron y otros retrocedieron hasta sus madres

y las madres estaban ciegas en sus vientres

y no existía lugar en aquel país

y cada hombre lloró en esta enseñanza y abandonó la ciudad y no se supo de él durante mucho tiempo.

Descripción de la mentira (1975-1976)

Por MARIFÉ SANTIAGO BOLAÑOS

En el decir de Hesíodo, cuando los dioses mienten al hablarse entre ellos pierden la inmortalidad. Desde la perspectiva de lo humano, nada que temer salvo que haya un deseo enfermizo de «ser dioses». Cuando Gamoneda insta a una «descripción de la mentira» está reclamando una mirada directa sobre la historia y sobre la naturaleza humana que escribe la historia; una naturaleza simuladora en sí misma que, a veces, es dominada por el ejercicio de un poder que quiere «hacerse proceder» de la divinidad en todas sus facetas –de la tradición al miedo, del miedo al fanatismo–, negando que la verdad sea una convención.

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‘Gamoneda: La construcción del olvido’, por JORGE FERNÁNDEZ GONZALO, en ‘452º Fahrenheit’ (2011)

‘ANTONIO GAMONEDA:
LA CONSTRUCCIÓN DEL OLVIDO’,

En (haz click:) 452º Fahrenheit. Revista electrónica de teoría de la literatura y literatura comparada, 4 (2011), pp. 56-67.

Por JORGE FERNÁNDEZ GONZALO

Resumen.- Nuestro estudio trata de analizar el concepto de memoria y olvido en la producción poética de Antonio Gamoneda a través de obras como ‘Descripción de la mentira’, ‘Lápidas’, ‘Libro del frío’ o ‘Arden las pérdidas’, y en relación al período histórico que le tocó vivir al autor.

0. La poesía de Antonio Gamoneda

Antonio Gamoneda (Oviedo, 1931) fue un poeta «olvidado» durante mucho tiempo por lo que a manuales de literatura y antologías al uso se refiere. Sin embargo, los últimos años han servido para relanzar su carrera y situarla junto a otros autores de su generación como son Ángel González, Claudio Rodríguez o José Ángel Valente. La obtención del premio Cervantes en 2006 serviría para culminar una trayectoria que se había iniciado con un puñado de poemas publicados en revistas bajo el título de La tierra y los labios (1949), y con el libro Sublevación inmóvil, accésit del prestigioso premio Adonáis, en 1960. Sin embargo, muchos de sus siguientes libros sufrieron o el parón de la censura, como es el caso de Blues castellano (que no se publicaría hasta veinte años después de su confección), o cierto prestigio académico que no se tradujo en éxito mediático, como en uno de sus principales poemarios, Descripción de la mentira (1977), sobre el cual hablaremos detenidamente en estas páginas. Sus libros mayores, Libro del frío y Arden las pérdidas, constituyen un soplo de aire fresco para un panorama literario anclado a menudo en fórmulas consabidas, en modas, pero no en poetas auténticos, en obras de relieve.

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Ilustración de Patricia Gutiérrez para «Descripción de la mentira»

© Ilustración de Patricia Gutiérrez para "Descripción de la mentira" de Gamoneda. / continuidaddeloslibros.com

© Ilustración de Patricia Gutiérrez para «Descripción de la mentira» de Gamoneda. / continuidaddeloslibros.com

La artista y dibujante Patricia Gutiérrez ilustra así un fragmento de Descripción de la mentira, de Antonio Gamoneda, para la revista digital de cultura Continuidad de los Libros, dentro de la sección «El ilustre ilustrado».

:: Fragmento de «Descripción de la mentira»

(…)

Las hortensias extendidas en otro tiempo  decoran la estancia más arriba de mi cuerpo.

He sentido el grito de los faisanes acorralados en las ramas de agosto.

Un animal invisible roe las maderas que también están más allá de mis ojos.

Y así se aumenta la serenidad y prevalece el olor de la mostaza que fue derramada por mi madre.

Yo convalezco en sábanas limpias que me preservan de los insectos y los cristales de mi infancia son causa de la imposición de luz que les antecede en muchos días desde que existió la solemnidad y la pureza.

En este espacio me he reunido con tu dulzura, la que traicionaste delante de mis ojos.

Ahora eres obsequioso y pacífico como el aceite se reserva para los agonizantes;

Ahora me contienes con tus manos y me descubres todos los gestos de tu rostro:

Tantas veces pusiste la boca sobre las heridas, tantas te desdijiste como una liebre tenebrosa…

Asediado por un azufre que no podías soportar en los alimentos,

¡tantas me recibiste en tu mirada y me participaste una escritura de carmines abrasados,

tantas te desplomaste en mi existencia…! Fue una época damnificada.

Tú invocabas al chamariz y hacías que los árboles se inclinasen sobre nosotros en tardes inmóviles mientras la policía escribía nuestros nombres.

Otros días cantabas poseído por el alcohol, que rebosaba azul sobre las mesas desgastadas por la lejía.

Una senda de aulagas conducía hasta tu casa donde siempre era invierno. ¡Ah cómo sentía tus dientes y cuánto tiempo te escuchaba, cómo esperaba tu desaparición amándote!

No me dejaste otra señal que tu rostro celebrado por el llanto de las mujeres.

A tu belleza se inclinaba la serenidad, viuda tuya desde hace mucho tiempo, vida expulsada de tus sábanas.

Eso fue cuando, atraído por el acónito, penetraste en sus cámaras;

Esto fue cuando comenzó el olvido.

(…)

ANTONIO GAMONEDA

«A LA ESCUCHA» / Un texto de Amelia Gamoneda en la carpeta ‘Extravío en la luz’

Portada de la carpeta "Extravío en la luz", de Antonio Gamoneda.

Portada de la carpeta «Extravío en la luz», de Antonio Gamoneda.

La carpeta Extravío en la luz, de Antonio Gamoneda, fue editada por la Escuela de Arte de Mérida en Marzo de 2008, con motivo del 75 aniversario del centro, en la preciosa colección que coordina el pintor Javier Fernández de Molina.

La carpeta incluye:

  • Un preámbulo con dos textos de la hija del poeta, AMELIA GAMONEDA –el que aquí transcribimos, ‘A la escucha’, y el titulado ‘Entre memorias’–.
  • 17 grabados del poeta y artista JUAN CARLOS MESTRE.
  • Seis poemas de ANTONIO GAMONEDA.

A LA ESCUCHA

Por AMELIA GAMONEDA

Quiere el uso que no haya consanguinidad ni parentesco entre presentador y presentado, o entre crítico y poeta, o entre exégeta y artista. La precaución, ya se sabe, tiene que ver con un prurito de objetividad que se deduce –supuestamente– de la distancia biológica o de la falta de una relación socialmente contratada entre ambos. Me pregunto si dicha distancia ha de ser también considerada indispensable para el caso básico del autor y su lector. Y lo hago, naturalmente, para llevar a un extremo algo ridículo todas estas prevenciones: sólo faltaba que yo no pudiera ser lectora de mi padre.

En realidad, la objetividad no es tan deseable. En la lectura de la obra de alguien o en su presentación o incluso en su estudio crítico, no son particularmente malvenidas las notas que delatan el conocimiento intenso o íntimo del autor, como tampoco se desdeñan las implicaciones afectivas confesadas que uno pueda tener con él o con su escritura. Esto hace tolerable e incluso conveniente que el oficio de presentador lo desempeñe un amigo del escritor, y no explica que siga pesando una inhabilitación para este cargo sobre quien posee vínculos amorosos o de parentesco; sólo queda pues una causa para este interdicto, y se llama pudor.

¿Qué pudor? El que nace de un equívoco: se supone que el consanguíneo o el vinculado por el afecto amoroso va a exhibir una intimidad desvinculada de la escritura, se supone que va a sentarse en la mesa de presentación como quien se sienta en el plató de un programa del corazón. Es mucho suponer. Más justo será reconocerle la mejor de las opciones, esto es: la de saber implicar el conocimiento de lo íntimo en su lectura de la obra del poeta. Acogiéndome a este supuesto, no voy a presentarles a mi padre, Antonio Gamoneda, voy a presentarles al poeta Antonio Gamoneda, que resulta que es mi padre.

Podría decir, en tono de chiste, que conozco a este poeta desde que nací, pero no es verdad: conocí entonces a la persona, pero al poeta no lo conocí hasta mi adolescencia, justo cuando él renacía como poeta, después de guardar silencio durante 500 semanas.

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«Las músicas de GAMONEDA», por ILDEFONSO RODRÍGUEZ

El poeta y músico leonés Ildefonso Rodríguez.

El poeta y músico leonés Ildefonso Rodríguez.

[El siguiente texto fue leído, en una primera versión, en Buenos Aires, en el Instituto de Cooperación Iberoamericana (AECI), el 22 de noviembre de 2000. Y publicado en el número 2, primavera del 2001, de la revista «La Pecera», dirigida por el poeta Osvaldo Picardo, de la Universidad de Mar del Plata.

Una nueva versión ampliada —el texto que reproducimos a continuación— se publicó posteriormente en la revista de Extremadura «Espacio/Espaço Escrito», dirigida por Ángel Campos, números 23 y 24, Badajoz, 2004;  en el dossier dedicado a Gamoneda y coordinado por Miguel Casado.]

LAS MÚSICAS DE GAMONEDA

Por ILDEFONSO RODRÍGUEZ

Cuando relacionamos poesía y música, más allá de la discusión teórica, y más allá de ser siempre una relación resbaladiza, deberíamos ante todo atender a los testimonios que de ella nos dan los propios poetas, sus modos de implicar los datos musicales en la escritura. Así, oigamos, para empezar, dos de esos testimonios, entre los muchos que podríamos mostrar, dos principios de autoridad.

Rubén Darío ha escrito a propósito de Unamuno: «En Unamuno se ve la necesidad que urge al alma del verdadero poeta de expresarse rítmicamente, de decir sus pensares y sentires de modo musical… Lo que resalta en este caso es la necesidad del canto».

Ahora Baudelaire: «¿Quién de nosotros no ha soñado, en sus días ambiciosos, con el milagro de una prosa poética, musical, sin ritmo ni rima, lo suficientemente flexible y dura como para adaptarse a los movimientos líricos del alma, a las ondulaciones del ensueño y a los sobresaltos de la conciencia». Y en El poema del haschis, se lee: «La gramática, incluso la árida gramática, resulta algo así como un hechizo evocador; las palabras resucitan revestidas de carne y hueso; el substantivo, en su majestad sustancial; el adjetivo, ropaje transparente que lo viste y colorea como una veladura; y el verbo, ángel del movimiento, que da a la frase la oscilación».

Creo que la escritura de Gamoneda se funda en una poética de la circularidad, lo que en otro lugar he llamado memoria de la memoria. El lector sufre un vértigo, cree estar ante la inminencia de una revelación absoluta; pero ésta queda conjurada circularmente: es el relato de un suceso oculto que centellea, se transparenta, pero permanece innominado. ¿Dónde? «El palimpsesto de la memoria es indestructible», ha escrito Gamoneda. Circularidad de los gestos, casi podríamos decir un sistema de fractales. Por ejemplo: la palabra armario genera una imagen que se repite a lo largo de los años, adquiere la categoría de un símbolo (aunque se simbolice a sí misma, en el sistema poético de Gamoneda: el armario). En distintos libros hemos leído: «El dios que llora en mis armarios». «Dime qué ves en el armario horrible». O algo como: «No hagas incesto en los armarios, guárdate: albergan asma, atribución, espíritus, quizá días y alas desesperadas». Palabra, imagen, símbolo, el armario pronto reaparecerá con una centralidad decisiva, pues el libro de memorias en el que Gamoneda está trabajado parece que se titulará Un armario. Sombras. Y del mismo modo podríamos leer, por ejemplo, las palabras luz o miedo, fractales, dos nudos decisivos de esa trama o sistema poético al que me estoy refiriendo. Un pensamiento que procede por ondas expansivas, a partir de datos de repetición y variación. «Las ondas de un narcótico calmo», como escribió Mallarmé. Son leivmotivs, obsesiones: «La majestad obsede en círculos». Es el impulso de la repetición interior (repetición convulsiva), el retorno de lo mismo. Y es, también, la necesidad de las variaciones, la reescritura permanente. Ese gran impulso es de naturaleza musical, engendra música, mediante dos vías: las ondas del pensamiento poético, con núcleos obsesivos. Y ciertas palabras que aparecen casi como talismanes o conjuros.

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DANIEL AGUIRRE OTEIZA explora “Descripción de la mentira”, de GAMONEDA, en el libro “El canto de la desaparición”

Portada del libro.

Portada del libro.

Publicado por la editorial Devenir hace solo unos meses, el libro “El canto de la desaparición», de Daniel Aguirre Oteiza, explora la poesía de Antonio Gamoneda como la construcción de una tumba o cripta textual irreductible a enunciados ideológicos directos. Conocido por un uso oblicuo y abstruso del lenguaje, Gamoneda pugna con el ambiente de represión y silencio que caracterizó el franquismo”, apunta la nota editorial.

Para Daniel Aguirre Oteiza, uno de los aspectos más vivos de la poesía de Gamoneda “es la tensa relación entre el carácter particular, críptico de su escritura y la lectura pública de la historia y la memoria”.  Por eso, en este libro, “el estudio de la recepción del poema el prosa Descripción de la mentira (1977) —donde el acto de mentir figura de manera destacada— fundamenta una meditación sobre los vínculos entre poética, ética y política. Por tanto, interviene en el debate actual sobre la memoria histórica en España”.

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‘Descripción de la mentira’ en la exposición ‘Sin realidad no hay utopía’ (Sevilla, 2011)

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Exposición ‘Sin realidad no hay utopía’
en el Centro Andaluz de Arte Contemporáneo (CAAC), en Sevilla.

La exposición, que podrá verse hasta el 10 de julio, está estructurada en torno a dos secciones: La Descripción de la mentira –título de un libro de poemas de Antonio Gamoneda– y Colapsos.

Un reportaje de MARGOT MOLINA publicado en EL PAIS.ES (Sevilla, 

«Antonio Gamoneda: límites», una tesis doctoral de Carmen Palomo (2007)

Carmen Palomo, autora de una tesis sobre Gamoneda.

Carmen Palomo, autora de una tesis sobre Gamoneda.

[El siguiente texto constituye el apartado final del libro Antonio Gamoneda: límites, publicado por la Universidad de León en el año 2007. El libro recoge la mayor parte del contenido de la tesis doctoral de Carmen Palomo sobre el poeta Antonio Gamoneda.]

CONCLUSIONES:

Por CARMEN PALOMO

A lo largo de la lectoescritura hemos ido anotando las reflexiones que nuestra amplia selección de textos de Antonio Gamoneda nos han sugerido. Ha sido un recorrido guiado por ciertas premisas y sembrado de hallazgos. Es el momento de la recopilación, de explicitar las inferencias y ordenar la dispersión de datos y apreciaciones, partiendo de los cuatro grandes apartados de los que hablábamos en los preliminares.

Nuestra aproximación a Blues castellano, como primera obra de madurez del autor, nos ha posibilitado un repaso a los antecedentes biográficos, intelectuales, ideológicos y éticos que, creemos, sustentan toda la escritura posterior de Antonio Gamoneda. Al mismo tiempo, la revisión de ciertos tópicos comúnmente establecidos por el discurso crítico —la pertenencia generacional, la poesía social, el peso y el modo del compromiso como testimonio histórico…— nos ha permitido ubicar al autor con relación a sus coetáneos para arribar a una comprensión más exacta de las raíces de su marginalidad poética.

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Donald Wellman ha traducido «Lápidas» y «Descripción de la mentira» al inglés

'Gravestones' and 'Description of the Lie'.

‘Gravestones’ and ‘Description of the Lie’.

[«Antonio Gamoneda and the ontology of disappearance». A review of ‘Description of the Lie’ and ‘Gravestones’. By Jose-Luis Moctezuma in jacket2.org]

  • Description of the Lie (Descripción de la mentira)
    Antonio Gamoneda. Translated by Donald Wellman.
    Talisman House, 2014, 166 pages, $17.95, ISBN 9781584980926
  • Gravestones (Lápidas)
    Antonio Gamoneda. Translated by Donald Wellman.
    UNO Press, 2009, 158 pages, $18.95, ISBN 9781608010028

Algunos poemas de «Lápidas» / «Gravestones»,
en inglés, traducidos por Donald Wellman:

— — —

Screams on the grass and the purple hurricane.

You spin wrapped in flags and you exhale sweetly.

You obey invisible elders whose songs pass through your tongues.

Oh, youth chosen by my tears.

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‘Descripción de la mentira’, por JULIO LLAMAZARES (2007)

Julio Llamazares (2004). ©Foto: Carrusan.

Julio Llamazares (2004). ©Foto: Carrusan.

Una TRIBUNA de Julio Llamazares en El País (25 de mayo de 2007)

«DESCRIPCIÓN DE LA MENTIRA»

Por JULIO LLAMAZARES

En 1977, cuando el hoy premio Cervantes Antonio Gamoneda era un perfecto desconocido, publicó un libro de poesía que a muchos nos conmocionó. Se llamaba —se llama— Descripción de la mentira.

Cuando apareció ese libro, Antonio Gamoneda llevaba 17 años sin publicar. Así que, para los jóvenes como yo era, como para la mayoría de los que lo leyeron, Descripción de la mentira supuso todo un descubrimiento. Se trataba de una poesía distinta, hermética, pero bellísima, y, sobre todo, llena de interpretaciones. No hace falta que yo diga que para mí aquel libro sería fundamental.

Sé que a Antonio Gamoneda, tan poco amigo de las simplificaciones, la lectura que algunos hicimos entonces de su libro no le agradaría mucho, aunque, con su buen estilo, nunca dijo nada en contra. Me refiero a esa lectura que identificaba un tanto simplistamente (era la época y era también nuestra ingenuidad) la mentira del título de su libro con la que este país había vivido durante años. A través de ella, versos como el que abre el texto —»El óxido se posó sobre mi lengua como el sabor de una desaparición / El olvido entró en mi lengua y no tuve otra conducta que el olvido / y no acepté otro valor que la imposibilidad»— cobraban a nuestros ojos un sentido muy directo, tan directo quizá como distinto al que el poeta había querido darles. Y no digamos aquellos otros que expresamente apuntaban: «Los que sabían gemir fueron amordazados por los que resistían la verdad, pero la verdad conducía a la traición / Algunos aprendieron a viajar con su mordaza y éstos fueron más hábiles y adivinaron un país donde la traición no es necesaria: un país sin verdad». Esto, para mí y para mis amigos, en aquel año de 1977, era toda una declaración.

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