2023

«Un labrador duda en la oscuridad», poema del libro «Amor agrario» de Gamoneda (2023)

Ficha del libro:

AMOR AGRARIO. Paisajes para la esperanza
ANTONIO GAMONEDA
Edita: Ayuntamiento de Gordoncillo.
Edición conmemorativa del Premio Semilla de Oro 2023.
DL: LE 235-2023

La revista ‘Evohé’ dedica un monográfico a Gamoneda

Evohé, Revista del Campus Terra de Lugo, realizada por estudiantes de la Universidad de Santiago de Compostela con la colaboración de profesores y creadores diversos, dedica un monográfico a Antonio Gamoneda en su último número, el 34, correspondiente a 2023.
El número ya ha sido colgado en el repositorio Minerva de la USC, donde se puede consultar completo en pdf:

Una de las fotografías de la revista.

«Claridad sin descanso»: La conciencia del deterioro en ‘Arden las pérdidas’ / Un artículo de Sergio Fernández Martínez (2023)

El nuevo número (el 21) de la revista Siglo XXI. Literatura y Cultura Españolas, de la Universidad de Valladolid, incluye un artículo de Sergio Fernández Martínez sobre la vejez en tres poetas españoles: Antonio Gamoneda, Juana Castro y Angélica Liddell.

CITA DEL ARTÍCULO:
Fernández Martínez, S.
(2023). Vejez y decrepitud en la obra de tres poetas españoles: Antonio Gamoneda, Juana Castro, Angélica Liddell. Siglo XXI. Literatura y Cultura Españolas, (21), 185–210. https://doi.org/10.24197/sxxi.21.2023.185-210

Reproducimos el apartado dedicado a Antonio Gamoneda:

“CLARIDAD SIN DESCANSO”: LA CONCIENCIA DEL DETERIORO EN ‘ARDEN LAS PÉRDIDAS’ (ANTONIO GAMONEDA, 2003)

Por SERGIO FERNÁNDEZ MARTÍNEZ

Los motivos y temas característicos del cuerpo decrépito aparecen de manera recurrente en la obra poética de Antonio Gamoneda y, de manera especial, a partir de su libro Arden las pérdidas (2003). La expresividad, la ambientación y la temática que vertebran esta obra encuentra su origen estilístico en Libro del frío (1992), y su continuación en poemarios como Canción errónea (2012) o, de manera aún más sintética, en La prisión transparente (2016). En Arden las pérdidas, el dolor funciona como el núcleo esencial de los procesos afectivos, sobre los que destaca la pérdida en su más amplio significado: “un día, se manifestó la melancolía cableada del corazón al intestino” (Gamoneda, 2003: 115). Los verbos utilizados por el sujeto poético, en primera persona —“vi”, “veo”, “tengo”, “miro”, “contemplo”, etc.— otorgan al conjunto un carácter documental al tiempo que proyectan una voluntad testimonial. Como recoge el propio autor en Solo luz:

mi poesía, aun siendo prioritariamente autorreferente, adquiere su completo sentido cuando comporta […] un discurso inseparable de hechos interiorizados (he dicho “interiorizados”, no “interiores”), que han proporcionado cuerpo y carácter a mi vida. Lo he argumentado en repetidas ocasiones de otra manera: mi poesía (y quizá la de todos, quieran o no quieran) es el relato de cómo avanzo hacia la muerte. Un relato en el que, insisto, son inseparables, porque son la misma cosa, la realidad y el símbolo (Gamoneda, 2000: 7; énfasis añadido).

Así, desde la perspectiva de la vejez, los procesos vitales se muestran como espectros que ocupan el lugar de las realidades para colmar el recuerdo. La mirada, tan importante en Arden las pérdidas, funciona como una fuerza centrípeta de interiorización corporal hacia el dolor, utilizando como elemento característico el uso de terminología médica muy precisa, léxico poco recurrente en poesía:

Escuchar la sangre. ¿Dónde? ¿En la fístula azul o en las arterias ciegas? Allí el hierro silba, o arde, quizá: no somos más que miserable hemoglobina. Allí los huesos lloran y su música se interpone entre los cuerpos. Finalmente, purificados por el frío, somos reales en la desaparición (Gamoneda, 2003: 111).

La infancia y la senectud están relacionadas a lo largo del poemario a través del motivo corporal, donde la identificación entre ambos extremos vitales se va conformando hacia una forma de materia única: avanzando desde los “desvanes de la infancia” (Gamoneda, 2003: 21) y la “niñez abrasada” (2003: 25) se alcanza el final de la vida, donde la decrepitud corporal adquiere una dimensión ontológica: “Entré en un tiempo en que mi cuerpo participaba de la luz, que, a su vez, estaba en mí y fuera de mí: eran la fiebre y la revelación en el instante de rasgarse la infancia” (2003: 113).

Esta cuestión, la intensificación de ciertos elementos poéticos y la recurrente aparición de ciertas imágenes irracionalistas, funciona de manera discursiva en todo el corpus lírico de Antonio Gamoneda: “La experiencia de la emisión —o la recepción— de la poesía intensifica mi vida y yo vivo esta intensificación como una forma de placer. Esta intensificación y este placer son independientes de la significación: la poesía fundamentada en el sufrimiento genera también placer” (Gamoneda, 1997: 24; énfasis en el original). El dolor, núcleo central de la poesía gamonediana, invade todo el poemario mediante impulsos estéticos de sostenida emoción. Si ya en Sublevación inmóvil (1960) se podía leer “Oh qué dura, feroz es la frontera / de la belleza y el dolor” (Gamoneda, 2010: 43), es a través de la experiencia de la enfermedad y del cuerpo decrépito en Arden las pérdidas donde se somete al sujeto a los conflictos de la conciencia y de la voluntad, en lucha con la materialidad de la palabra. Como señala Miguel Casado, las sustancias de la muerte saturan la percepción sensorial del poema (2010: 588), pero bajo las palabras circula un sustrato memorialístico. Por ello, los diálogos sostenidos a lo largo del poemario se concentran en las formas invisibles de la desaparición —lo concreto, ciertos momentos vitales, varios seres queridos—: “esta pena arterial, esta memoria / despedazada” (Gamoneda, 2003: 55).

La memoria, impulsada desde la vejez, produce conexiones que se comunican circularmente con el origen de la vida:

Esta es la edad del hierro en la garganta. Ya.
Te habitas a ti mismo pero te desconoces; vives en una bóveda abandonada en la que escuchas tu propio corazón
mientras la grasa y el olvido se extienden por tus venas y
te calcificas en el dolor y de tu boca
caen sílabas negras.
[…]
Piensas la desaparición. Acaricias
la tiniebla cerebral, bajas al hígado calcinado por la tristeza.

Así es la edad del hierro en la garganta. Ya
todo es incomprensible (Gamoneda, 2003: 119-120).

Lo nombrado a través del cuerpo activa el núcleo interior de los poemas, lo que Gilbert Durand denomina “puntos de condensación simbólicos” (1981: 40); aquellas zonas conceptuales —en este caso insistencias corporales— en las que se cristalizan los símbolos. Estos puntos de condensación constituyen un referente que explica y desarrolla el propio texto, y también el acto poemático. Los conceptos que remiten a una misma imagen aun siendo diferentes —“el dolor es parte de la serenidad” (Gamoneda, 2003: 19); “conocí los sudarios habitados / y las bujías del dolor” (Gamoneda, 2003: 69)— se ven acelerados por un dinamismo de tensiones incesantes cuyo resultado es su propia sustancia: la imagen así se transforma y se torna en otra diferente, generando simultáneamente una dialéctica del dolor, en un territorio intermedio entre lo concreto y lo imaginario.

La exaltación sensorial se convierte en agónica, y los referentes clínicos reaparecen constantemente junto a las imágenes de la enfermedad: “Ahora / aparto crespones¹ y cánulas hipodérmicas” (Gamoneda, 2003: 23); “Mi vejez tuerce sus huesos y quema sus cabellos, mi vejez envuelta en una piel húmeda de amor” (Gamoneda, 2003: 37); “Miro mi desnudez. Contemplo / la aparición de las heridas blancas” (Gamoneda, 2003: 39); “Por sus cánulas descendieron los líquidos de la vejez, pero la vejez incendió mi memoria. / […] / He despertado. Ya / no veo más que las delicadas espátulas, tan útiles en la preparación de la agonía” (Gamoneda, 2003: 122). Todo ello remite a la concepción barthesiana de la escritura:

imágenes, elocución, léxico, nacen del cuerpo y del pasado del escritor y poco a poco se transforman en los automatismos de su arte. Así, bajo el nombre de estilo, se forma un lenguaje autárquico que se hunde en la mitología personal y secreta del autor, en esa hipofísica de las palabras y las cosas, donde se instalan, de una vez por todas, los grandes temas verbales de su existencia (Barthes, 2012: 13-14).

Aunque su relevancia extratextual sea mínima, el espacio estrictamente biográfico es, por tanto, desde donde se produce un acercamiento íntimo a lo colectivo, desde el pacto realista del acto poético. La voz extenuada del sujeto poemático, en su detallado recuento de aflicciones —“llagas vivientes” (Gamoneda, 2003: 43); “luz / en los cartílagos y las venas. Luego / descendieron las vértebras” (2003: 43); “mirada inmóvil” (2003: 43); “úlceras” (2003: 47); “fístulas” (2003: 63); “enfermedad llena de espejos” (2003: 103); “sangre en mi pensamiento” (2003: 103)—, se condensa en la imagen final de la calcinación.² Como señala Miguel Casado (2010: 617-618), ya desde Lápidas (1986) el verbo “arder” es utilizado por Gamoneda en un sentido no vinculado al fuego, sino a diferentes formas de transfiguración luminosa que transmiten intensidad y fuertes concentraciones de vida activa.

Casado ya había observado anteriormente la existencia, en el lenguaje poético de Gamoneda, de “esa cifra simbólica e irracionalista” (2006: 13), cuestión también percibida por María Nieves Alonso —“uso de figuras y símbolos desasidos de la dependencia realista” (2005: 19)— y por José Luis Puerto —“hay una continua recurrencia a los mismos símbolos, que se enriquecen y se ramifican […] caracterizadas por su irracionalidad y subjetividad” (1993: 23)—. Se introducen aquí diversos conceptos que resultan de especial relevancia: la subjetividad de la imagen, similar a la experiencia del dolor, la indeterminación semántica de los términos, que en una lógica interna encuentran su necesidad y también su justificación, y la generación de ese mundo de realidades y conceptos que mantienen una correspondencia exacta pero también paralela.³

Así, en esa “habitación calcinada” (Gamoneda, 2003: 17) de Arden las pérdidas, la imagen es espectral, oracular, y de este modo la vejez se desarrolla como un continuum; es decir, no es un estado vital dado en la consumación, sino que supone una realización permanente de la pérdida a través de las diferentes apariciones de la infancia —“busco las manos de mi madre en los armarios llenos de sombra” (Gamoneda, 2003: 23)— que, a su vez, remiten a la biografía real del poeta.4 Las imágenes luminosas —recogidas en la imagen de “la última luz” (Gamoneda, 2003: 15)— se contraponen a la tradicional serenidad y calma para personalizar el regreso de la inquietud y del malestar, y sirve para explorar la energía que desprende lo obsesivo del cuerpo decrépito, como ocurre en todo el desarrollo de la parte final del poemario, titulada “Claridad sin descanso”. La observación de la angustia y la experiencia del dolor surgen del testimonio de la memoria y confluyen en una preocupación identitaria culminada en la pérdida de conciencia; un proceso que se genera, entre otras recurrencias, a través de la identificación animal:

Una paloma inmóvil
en sus arterias y en sus huesos. Ya
atiende a la agonía natural envuelta
en pétalos de sombra (Gamoneda, 2003: 95).

En los elementos naturales y, en especial, en el cuerpo de los animales moribundos —“vi serpientes enfermas —bellas en sus úlceras transparentes—, frutos amenazados por espinas y sombras, hierbas excitadas por el rocío. Vi un ruiseñor agonizante y su garganta llena de luz” (Gamoneda, 2003: 101)— se produce una tensa relación metonímica a través de una concepción agonística de la experiencia humana, en cuya esencia descansa una relación dialéctica entre la belleza y el dolor. Así, la “potencia / degolladora de dolor” (Gamoneda, 2010: 43) y los “cuerpos / endurecidos en el dolor” (Gamoneda, 2010: 69) de Sublevación inmóvil conocen en Arden las pérdidas el tiempo de la caducidad y de la derrota, un dolor fundamentalmente humano, donde la palabra se extiende hasta alcanzar el agotamiento, en un tenaz juego de contrastes que conduce al sujeto hacia el tormento epistémico: “Soñé y el sueño era otra vida dentro de mi cuerpo y su argumento consistía en el dolor y el dolor era anterior al pensamiento y se deducía de células enfermas” (Gamoneda, 2003: 114).

De nuevo, el sufrimiento se acepta como raíz vital, una condición inseparable de la vida, y se propulsa desde el cuerpo hacia todo aquello que se libera. La memoria sentimental que emerge de la conciencia —y que en ocasiones la suplanta— busca la identidad personal en la atenuación y el final acabamiento de esta: “Es la vejez. Fluye en mis venas como agua atravesada por gemidos. Van / a cesar todas las preguntas” (Gamoneda, 2003: 124). El final del cuerpo y su decadencia, lugar de “la agonía y la serenidad” (Gamoneda, 2003: 124), posee un discurso alegórico acerca de la existencia humana y el dolor, inherente sustancia al ser. Todos los herrajes conceptuales de Arden las pérdidas giran en torno al dolor físico, donde los sentidos corporales perciben más de lo que percibe el sujeto, demostrando que si la muerte y la memoria son los grandes núcleos de la poesía de Antonio Gamoneda, como ha señalado la crítica (Casado, 2010: 619), también a través del dolor surge la voluntad de introspección, conocimiento y constitución, como así lo introduce, a través del motivo corporal, la voz que, desde la vejez, reconstruye la conciencia que atraviesa el poemario.

— — —
NOTAS:

¹ Se alude a la acepción de crespón como gasa tupida y, por metonimia, al luto: aparece, de nuevo, una alusión al acabamiento físico.

² José Luis Gómez Toré incide también en la importancia de la materia escatológica en este poemario, que completa la experiencia total de la vida (2005: 93).

³ En su ensayo El cuerpo de los símbolos, Gamoneda declara que la palabra se expande de manera física, aunque permanezca cerrada, y precisamente en su cierre se produce una alteración de las significaciones que conciertan, de este modo, su sentido: “En el poema manejo palabras cargadas con valor simbólico, pero se trata de un simbolismo con un solo miembro: el símbolo es, en su naturaleza, aquello mismo que simboliza. Dicho de otra manera: es símbolo de sí mismo” (1997: 26-27). Es decir, se produce una contracción del símbolo que favorece la comprensión de un segundo sentido, aunque este resulte paradójico. Es un proceso similar a la disemia heterogénea estudiada por Carlos Bousoño (1984: 217) y a la simultaneidad objetiva y subjetiva teorizada por Robert Langbaum (1996: 369). Asimismo, Gamoneda reconoce la encarnación del símbolo a través de un ejemplo práctico de su propia poesía: “hay una tensión mediante la cual las palabras adquieren potencias simbólicas. Pero se trata de un simbolismo especial: se simbolizan a sí mismas. Tú encuentras en un poema mío unas cucharas. Tú vas a pensar que se trata de un símbolo, y es verdad, pero después vas a sospechar que esas cucharas estuvieron físicamente en mi vida. Estás en lo cierto. En los dos casos” (1997: 178; énfasis en el original).

4 La imagen, real y simbólica, del armario es el dispositivo que activa la memoria del poeta en su primer volumen de memorias, titulado Un armario lleno de sombra (2009); al que sigue el tomo La pobreza (2020). Asimismo, es de revelador título su antología Niñez (2016), preparada por su hija Amelia Gamoneda Lanza.

«Donde nacen los Cervantes», un artículo de Fernando Aller

Para leer el artículo en Diario de Burgos, haz un CLICK…

José Antonio Llamas escribe sobre «los Cervantes» leoneses: Gamoneda y Luis Mateo

Para leer el artículo completo, haz un CLICK…

Antonio y Amelia Gamoneda, entre los leoneses que publican en ‘Revista de Occidente’

Haz un CLICK para leer la noticia de Verónica Viñas en Diario de León.

La noticia, en Diario de León

Antonio Gamoneda, con Antonio Pereira, en la Fiesta de la Poesía de Villafranca del Bierzo (2023)

Haz un CLICK…

Enlaces a la noticia de lo sucedido el 25 de junio de 2023, en la Fiesta de la Poesía de Villafranca del Bierzo que este año, y por todo lo alto, sirvió para recordar al escritor Antonio Pereira (Villafranca, 1923-León, 2009) en el centenario de su nacimiento:

Gamoneda en El País: «Cuando no quiero escuchar bobadas, bajo mi audífono y santas pascuas»

El periodista Jesús Ruiz Mantilla firma la entrevista con Antonio Gamoneda que se publica este martes 20 de junio en las páginas de Cultura del diario El País, con motivo del premio Semilla de Oro que recibió el pasado 4 de junio en el Mihacale de Gordoncillo (León).

19 junio / Gamoneda cierra el ciclo de #LdeLírica, en León

* ¡OJO! EL ACTO HA SIDO CANCELADO POR PROBLEMAS DE SALUD!

Por SILVIA G. RUBIO en actualidadsocial.es

Los poetas Gonzalo Escarpa y Rafael Saravia charlarán este lunes 19 de junio (19,30h) con el Premio Cervantes desde Ámbito Cultural de El Corte Inglés de León en un acto que será retransmitido en streaming a través de Facebook y Youtube.

Con este encuentro, Ámbito Cultural cierra el ciclo de #LdeLírica de este año con un invitado de excepción. A sus 92 años, el Premio Nacional de Poesía y Premio Cervantes (entre otros importantes galardones), recibirá al público en Ámbito Cultural de El Corte Inglés de León, su ciudad, para charlar de poesía, de vida… de la luz y la inteligencia con la que sigue escribiendo día tras día.

Antonio Gamoneda es uno de los escritores contemporáneos más carismáticos, habiéndose convertido en guía y modelo de muchos poetas más jóvenes. Valoradísimo, sobre todo, por su conciencia crítica y su apertura hacia las tradiciones de la modernidad, Gamoneda, es sin duda, uno de los poetas más admirados que pasan por este ciclo.

Gonzalo Escarpa, coordinador de #LdeLírica y director de La Piscifactoría Laboratorio de Creación y Rafael Saravia, poeta, editor, fotógrafo y director del Club Cultural Leteo (Jurado actual de nuestro V Premio Nacional de Poesía Viva) serán los encargados de charlar con el escritor de obras que hicieron hito como el Libro del frío.

La velada poética podrá disfrutarse en vivo en la sala de Ámbito Cultural de El Corte Inglés de León el lunes a las 19,30h (con entrada libre hasta cubrir aforo), y también se podrá seguir en streaming a través de las redes sociales de Ámbito Cultural (Facebook y Youtube).

«Amor Agrario. Paisajes para la esperanza» (Gordoncillo, 2023), un libro conmemorativo de Antonio Gamoneda

Marcapáginas y cubierta de ‘Amor Agrario’, de Antonio Gamoneda.

Ficha del libro:

AMOR AGRARIO. Paisajes para la esperanza, de Antonio Gamoneda.
Edita: Ayuntamiento de Gordoncillo.
Edición conmemorativa del Premio Semilla de Oro 2023.
DL: LE 235-2023

Primer poema del libro de Antonio Gamoneda «Amor Agrario’.

4 mayo 2023 / Gamoneda y Cadenas conversarán en la Universidad de Barcelona

En la mesa: Antonio Gamoneda, Rafael Cadenas, Eloísa Otero y Eduardo Aguirre. Fotografía: Nela.

Antonio Gamoneda y Rafael Cadenas volverán a encontrarse en Barcelona el próximo 4 de mayo de 2023 después de siete años, ya que fue en mayo de 2016 cuando ambos participaron en un recital en el Club de Prensa de Diario de León, en León, durante una gira por España que el venezolano realizó entonces invitado por una firma bancaria.

Cadenas, que recibió el pasado 24 de abril el Premio Cervantes 2022 de manos de los reyes Felipe y Letizia, se encuentra ahora en Barcelona para llevar a cabo dos eventos.

El primero tendrá lugar el martes 2 de mayo a las 19 horas, en la sede de Casa Amèrica Catalunya, donde ofrecerá un recital poético en compañía del escritor venezolano Rodrigo Blanco y del poeta y profesor de la Universidad de Barcelona Edgardo Dobry, además de presentar su último libro, Florecemos en un abismo (Fondo de Cultura Económica).

El segundo será el jueves 4 de mayo a las 12 horas, en la sede de la Universidad de Barcelona, donde el poeta venezolano conversará con el también poeta y Premio Cervantes 2006, Antonio Gamoneda, en un acto titulado Somos naturalmente plurales. Ambos actos son de entrada libre hasta completar el aforo.

En este video se puede escuchar el recital que tuvo lugar el 26 de mayo de 2016 en el Club de Prensa del Diario de León. El poeta venezolano Rafael Cadenas y Antonio Gamoneda estuvieron acompañados por los periodistas leoneses Eduardo Aguirre y Eloísa Otero.

Gamoneda habla sobre Cervantes en el Ateneo de Madrid: «Sí, Don Quijote era de izquierdas»

Haz un click para leer el artículo entero…

Un artículo-crónica de Luis Arroyo en InfoLibre, sobre la lectura política de Don Quijote que realizó Antonio Gamoneda en el Ateneo de Madrid (el 19 de abril de 2023), publicado el 21 de abril de 2023, que puedes leer íntegro haciendo un click en la imagen o AQUÍ…

19 abril 2023 / Gamoneda y Sergio Ramírez conversan en el Ateneo de Madrid

— — —

Fotos del encuentro entre Antonio Gamoneda y Sergio Ramírez
en el Ateneo de Madrid:

Fotos: Ateneo de Madrid.

 

 

La revista «Turia» publica una larga entrevista de Fernando del Val con Antonio Gamoneda

Los lectores del nuevo número doble de la revista «Turia» (números 145-146), que se distribuye este mes de marzo de 2023, podrán disfrutar de dos entrevistas a fondo con protagonistas de notable interés: Antonio Gamoneda y Brenda Navarro.

La publicación, editada por el Instituto de Estudios Turolenses de la Diputación de Teruel, se presentará el próximo 22 de marzo en el Museo de Teruel, de la mano de Rosa Montero, mientras que Manuel Hidalgo lo hará en la Residencia de Estudiantes de Madrid, el 25 de abril.

Así se informa de ello desde la Diputación de Teruel (reproducimos, extractada, la nota de prensa):

Sin duda, Gamoneda es uno de nuestros escritores más carismáticos, habiéndose convertido en guía y modelo de muchos poetas más jóvenes. En él se valoran su sabiduría lingüística y su conciencia crítica, su apertura hacia las tradiciones de la modernidad y su clarividencia a la hora de enjuiciar el tiempo que vivimos. Puede decirse que, a sus 92 años y a pesar del inevitable desgaste físico, Gamoneda trabaja con intensidad y permanece al día de todo, dueño de su agenda y convertido en un referente de la autenticidad y el compromiso de la mejor poesía.

A Brenda Navarro, que nunca había pensado en sí misma como escritora, le impulsó a narrar la preocupación por la violencia cotidiana y la impunidad con que se ejerce en su México natal. Ese patrón de crueldad sistémica y la necesidad de denunciarlo le impulsaron a contar qué hay detrás de un desaparecido en su primer libro, “Casas vacías”, de 2018. Una novela que, en poco tiempo, obtuvo el favor mayoritario del público y la crítica y convirtió, a quien era hasta entonces una completa desconocida en las letras mexicanas, en una autora cuya popularidad es ya indiscutible.

La entrevista con Gamoneda tiene como punto de arranque su segundo volumen de memorias, titulado “La pobreza”. Y es que la pobreza, y la penuria de la que proviene, es una cuestión esencial a la hora de analizar su trabajo intelectual, según él mismo reconociera en el discurso de recepción del Premio Cervantes. Son páginas de una modernidad abrumadora en las que, más allá de inventariar su decrepitud física, confirma que lo suyo es la rebeldía de hablar a las claras sobre la vida y sus aspectos más incómodos. También apela a practicar una épica civil, tranquila, testimonial. Y, sobre todo, enuncia que la poesía es antes sensible que inteligible y que es “un arte de la memoria”.

Se trata de dos conversaciones exclusivas, que permiten no sólo conocerles mejor, sino también descubrir sus opiniones sobre un amplio repertorio de temas de interés. Ambos son, por encima de todo, autores de una obra de marcada originalidad, rigor y relevancia en sus respectivos ámbitos. Antonio Gamoneda y Brenda Navarro, sin duda, dos personalidades muy atractivas y su opinión nos enriquece a la hora de interpretar este tiempo tan difícil y complejo que vivimos.

En Turia hablan, con absoluta libertad y franqueza, de sus respectivas obras e itinerarios vitales. Y, además, con sus respuestas se ocupan también de abordar cuestiones que nos afectan o interpelan: la desmitificación de la vejez como lugar de sabiduría, la convicción de que todas las formas de lenguaje artístico tienen un grado de naturaleza simbólica, en el caso de Gamoneda; la preocupación por la violencia sistémica, por la existencia de un patrón de agresión y hostilidad generalizado que atenta contra los derechos humanos, en el caso de Navarro.

:: Entrevista con Antonio Gamoneda: «El mundo no necesita poemas nuevos, sino poemas necesarios».

Antonio Gamoneda es una de las figuras fundamentales de la poesía contemporánea. Aunque nació en Oviedo en 1931, ha vivido toda su vida en León, donde se trasladó con su madre a los tres años, y esta ciudad ha marcado notablemente su trayectoria poética. Trabajó en el Banco Mercantil durante más de veinte años y formó parte de la resistencia intelectual al franquismo. Poeta personalísimo, el proceso de recepción de su obra fue lento y difícil.

Perteneciente por edad al grupo poético del 50, se dio a conocer con su primer poemario, “Sublevación inmóvil”, finalista del premio Adonáis, pero su fama sólo se consolidó al recibir, en 1985, el Premio Castilla y León de las Letras. Dos años después fue galardonado con el Premio Nacional, y ya en el año 2006 se le otorgó el Premio Cervantes.

En la entrevista que Turia publica, y que ha elaborado el escritor y periodista vallisoletano Fernando del Val, no sólo se analizan algunas de las claves de su vida y de su obra. También se aborda el sentido de ese segundo y más reciente volumen de memorias que Gamoneda ha titulado “La pobreza” y con el que confiesa ha pretendido “tanto un reconocimiento y una narración de mi vida pasada —entendida como una vida solidaria y complementaria de la de todos— cuanto una observación crítica del pasado, del presente y de una especie de perspectiva imaginaria, pero lo más sensata posible, relacionada con el porvenir”.

Cree igualmente Gamoneda que “el poema con potencia simbólica es algo que va más allá de la percepción intelectual. Se puede casi tocar”. Y entre sus afirmaciones destacamos que, para él, “en nuestros tiempos tecnificados y politizados, la poesía se hace más difícil”. En su opinión, “la gente vive atropellada y luego da una tecla. Es un empobrecimiento feroz. Una anulación semejante se ha producido con la poesía. No sólo es un bache cultural; es un despojamiento de la creatividad humana. Y no bastan los muchachos que hacen rap y otros movimientos semejantes. Es necesaria una poesía que vaya de boca en boca, una especie de un poema incesante que van cediéndose los unos a los otros, y que se recrea sucesivamente. Eso también es creación. Y es un valor para la felicidad de los seres humanos”.

Por último, asegura Antonio Gamoneda no ser el papa de ninguna religión poética. Muy al contrario, se muestra autocrítico y reconoce que “en los últimos diez o veinte años, tengo más reservas ante mí mismo a la hora de escribir”. Y es que, como señala el entrevistador, “en dos décadas, Cervantes mediante, sólo se ha permitido dos libros canónicos. El mundo no necesita poemas nuevos, sino poemas necesarios. Aparte de mudanzas, escribe poemas cuyo nacimiento no frena, pero que después observa con lente de aumento.

Es como si el viento a favor le pareciera sospechoso. Desconfía del sencillismo tanto como de las oportunidades regaladas. Antonio Gamoneda continúa ensayando poemas que añadan capas de luz a tantas páginas que lo demás juzgamos cegadoras. De momento, los aparta. Busca poemas que sean coherentes con la obra anterior, siendo hijos del siglo XXI. Poner el pie en terrenos no pisados. El mejor escribano echa un borrón; el mejor poeta, no.

Texto completo aquí:

Mario Obrero entrevista a Gamoneda en «Un país para leerlo» (RTVE, 2023)

En la página de RTVE se puede ver y escuchar la versión extendida de la entrevista que el poeta Mario Obrero le hizo al poeta Antonio Gamoneda para el programa «Un país para leerlo» (RTVE), emitido el viernes 3 de febrero de 2023 en La2.

Haz un click en la imagen o en estos enlaces: