* Artículos en prensa y revistas

Gamoneda, compartiendo recital con Leopoldo María Panero en León (2011)

Leopoldo María Panero, recibido por Gamoneda, quien echó de menos más actos en homenaje al astorgano. Foto: Javier (Diario de León)

LEOPOLDO MARÍA PANERO:
«La literatura es ahora mismo

lo único que me separa del suicidio»

~ ~ ~
Leopoldo María Panero reaparece
para compartir recital con Antonio Gamoneda

Por EMILIO GANCEDO
Publicado en Diario de León el 07/05/2011.

Escritor maldito por antonomasia, su reclusión en un sanatorio mental de Las Palmas de Gran Canaria no impide a Leopoldo María Panero (Madrid, 1948), de la insigne y muy literaria saga astorgana de los Panero, producir con regularidad poemarios que se ven respaldados de manera firme por la crítica especializada. Ayer, y después de una larga temporada de silencio público, reapareció el autor de Locos de altar , su última obra, en la jornada Anatomía de la llama organizada en el marco de la Feria del Libro leonesa por la Concejalía de Cultura y la Fundación Monteleón.

Fue en la segunda parte de la jornada cuando Panero y Antonio Gamoneda se encargaron de leer una serie de poemas seleccionados; en la primera, y bajo el lema Los prestigios y la literatura, participaron en una mesa redonda los escritores Álvaro Pombo, Ángeles Caso, Kirmen Uribe y el propio Gamoneda. En ella quedaron patentes las muy diferentes maneras de entender la fama, y así, Pombo se atrevió a reivindicar la discriminación, que puede espolear una fructífera creación literaria.

Leopoldo María Panero, inclasificable, imprevisible, ácrata, atrabiliario y de discurso enmarañado en el que se alternan momentos de brillantez con otros de aparente descontrol verbal, explicaba ayer a este periódico que su poesía, con el correr del tiempo, se ha vuelto «más alambicada» y que muy pronto sacará a la luz un nuevo poemario, que llevará por título El canto del frío. ¿Su contenido? «El soneto por el soneto», dijo.

Y es que al hijo de Leopoldo Panero se le anima el semblante cuando piensa que «le van a llevar» a la próxima Feria del Libro de Madrid a firmar ejemplares. Porque desde finales de los años ochenta, cuando comenzaba su obra a alcanzar un unánime aplauso de los críticos, se decidió su ingreso en un psiquiátrico, el de Mondragón, y diez años después se estableció en el Hospital Psiquiátrico Rey Juan Carlos de Las Palmas de Gran Canaria.

Sobre su sanatorio. Ayer, Leopoldo María Panero confesaba sentir ese centro como «un campo de concentración» en el que «se entra cuerdo y se sale loco» y, a la pregunta de por qué se encuentra en ese lugar, respondió: «La culpa fue de mi madre, que me metió allí después de que intentara suicidarme dos veces, y porque me hinchaba a drogas». Entonces, ¿es que ahora está perfectamente? «Bueno, la paranoia es de verdad», asumió el autor de una cincuentena de obras entre las que se cuentan Presentación del superhombre o Escribir como escupir y a quien diagnosticaron una esquizofrenia después de que, con poco más de veinte años, decidiera experimentar con todo tipo de estupefacientes. Así pues, ¿por qué continúa escribiendo Leopoldo María Panero? Con escalofriante seguridad, el poeta responde: «La poesía, la literatura, es ahora mismo lo único que me separa del suicidio». Y brama improperios sobre su reclusión en el sanatorio de entre los cuales apenas se alcanza a entender: «¿Pero a quién he matado yo? ¿A quién?». No obstante, se le argumenta, ha habido grandes autores que pasaron parte de sus vidas en sanatorios («¿quién? ¿Nietzsche?», pregunta a su vez). Y entre extrañas referencias a la CIA y a Mallarmé, Panero anunció sentirse «muy maltratado por este país».

No dudó Gamoneda en calificar de histórica la jornada de ayer y en subrayar el hecho de que la poesía es «el único sentido de la vida para Leopoldo».

FABIÁN PANISELLO PONE MÚSICA A GAMONEDA (2011)

Fabián Panisello en sulponticello… Haz un click.

FABIÁN PANISELLO PONE MÚSICA A GAMONEDA

El compositor argentino estrena en Madrid
su versión musical del ‘Libro del frío’

Por VERÓNICA VIÑAS
Artículo pubicado en Diario de León / 
25/10/2011

La poesía de Gamoneda es pura música. Y su Libro del frío, poblado de raras criaturas como el ‘animal del llanto’ o el ‘animal perfecto’, es una fuente inagotable para los compositores. El argentino afincado en España Fabián Panisello también se ha dejado seducir por el ritmo que subyace en los versos del escritor leonés. Ha hecho una nueva versión musical del poemario que ya inspiró al gaditano José María Sánchez-Verdú. La Fundación BBVA, que ha producido el disco, acoge hoy, en su sede de la madrileña calle de Recoletos, la presentación de la obra para soprano y ensemble compuesta por Panisello sobre poemas del Libro del frío. En la premiere de este nuevo volumen de la colección Compositores españoles y latinoamericanos de música actual, Gamoneda leerá algunos de los textos elegidos por Panisello, la voz la pondrá la soprano Allison Bell y la música correrá a cargo del Ensemble Meitar.

Para Gamoneda será una sorpresa. Confiesa que aún no ha podido escuchar cómo suenan los once poemas del Libro del frío a los que Panisello ha puesto música, aunque ya se estrenaron en Buenos Aires y Viena, «donde no pude ir». El Cervantes leonés ignora por qué Panisello eligió su libro. «Me dijo que estaba trabajando sobre él y yo le di mi autorización». No es la primera vez que Gamoneda colabora con artistas de otras disciplinas. No sólo ha trabajado con músicos, sino támbién con artistas plásticos como Tápies, Sicilia, Álvaro Delgado o Félix Cárdenas. El frío, ese frío «que nunca ha cesado» ha sido determinante en la estética de Gamoneda. Al compositor gaditano José María Sánchez-Verdú también le atrajo el Libro del frío, al que puso música hace dos años y cuya obra estrenó en el marco del Festival Internacional de Órgano. Curiosamente, Verdú recurrió a la particularísima voz de un contratenor para cantar los versos del poeta leonés, quien entonces confesó: «Mi escritura es, antes de ser literatura, que lo es sólo secundariamente, un hecho existencial. Por tanto, con sus fallos, la escritura que yo hago no es que proceda, sino que es parte de esa vida». Gamoneda desconoce si Panisello conoce la versión de Sánchez-Verdú sobre el Libro del frío. «Ninguno ha incluido todo el libro», aclara.

Música aérea. Panisello, director de la Escuela Superior de Música Reina Sofía, empezó a componer antes de aprender siquiera a escribir. Al compositor argentino le fascina la música africana, en la que centró su tesis, pero también le han marcado compositores como Bach, Ligeti, Mozart, Debussy, Mahler y el complejo Schönberg. «Me gusta que mi música tenga un carácter aéreo y que sólo en momentos puntuales toque tierra», confiesa el compositor. La rapidez es expresión sintomática de aquello que constituye la verdadera alma de la música de Panisello: el movimiento

Panisello ya puso música al documental Escritura y alquimia, dirigido por Enrique Corti y César Rendueles, una cinta que intercala declaraciones del poeta leonés en las que reflexiona en torno a su obra con materiales biográficos y lecturas de poemas a cargo del propio Gamoneda. La película se rodó en su casa y en escenarios que han sido determinantes en su vida. La camara seguía a Gamoneda por los lugares de su infancia, por el bosque, por la orilla del río en la que jugaba de niño y hasta el balcón de su casa en el Crucero, desde el que veía pasar las cuerdas de presos republicanos camino del campo de concentración de San Marcos.

En el 2003 Gamoneda revisaba y ampliaba el Libro del frío. Añadía entonces una veintena de poemas, bajo el titulo Frío sin límites; una aportación nacida de la reflexión en torno a la obra de Antoni Tàpies, con quien Gamoneda ha dialogado en libros y exposiciones. Y es que Gamoneda teje y desteje sus obras, siempre expuestas a una permanente revisión.

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40 años de ‘Descripción de la mentira’ / «Palomas en el desván», por Ernesto Escapa

Antonio Gamoneda en 30 de la Feria Internacional del Libro de Guadalajara (FIL), México, en noviembre de 2016. © Foto: EFE/Ulises Ruiz Basurto.

EL TERRITORIO DEL NÓMADA

Palomas en el desván

Este diciembre acoge el cumplimiento de los 40 años de la publicación de «Descripción de la mentira», del Cervantes Antonio Gamoneda (1931), uno de los hitos literarios de la Transición, que brotó a lo largo de 1976 en la Vega de Boñar… divergente

Por ERNESTO ESCAPA
Publicado en el suplemento El Filandón de Diario de León, el 10/12/2017

El propio poeta contó, en el preámbulo a su antología Sólo luz (2000), cómo en un paseo de cavilación por el soto de Boñar, se le aparecieron «unas pocas palabras de timbre musical». Tenía entonces una casa conventual alquilada en La Vega, a la vera del Porma, hasta la que se acercaba los fines de semana con la familia en el tren de vía estrecha. En aquel lugar de sosiego, un Gamoneda severamente abatido por la perplejidad compuso Descripción de la mentira, que inaugura una poética singular y distinta en la lírica grupal española. No es una poesía de circunstancias, a pesar de su testimonio moral de la posguerra, porque no es figurativa ni tributaria de la realidad, sino que directamente la crea: sus versículos traducen la conciencia del autor en un largo poema trenzado en espiral con resonancias de salmodia. El conjunto, formado por 21 secuencias distribuidas entre hiatos de silencio, engarza el pálpito desolado de la memoria ante la perspectiva callada de la muerte. La conciencia del poeta se convierte en lenguaje, donde cristaliza su visión del mundo, de la experiencia individual y colectiva. El conjunto se organiza en movimientos que representan el vaivén de los recuerdos, encaminados hacia el sosiego de la muerte, que se representa como depositaria del resplandor y de la luz: «Sólo vi luz en las habitaciones de la muerte». Con ella dialoga «en los establos olorosos, hasta que lame dulcemente mis labios».

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«Gamoneda vuelve a la guerra», un artículo de Javier Rodríguez Marcos en El País (2009)

Caricatura de Antonio Gamoneda, por SCIAMMARELLA.

Gamoneda vuelve a la guerra

Una película y varios libros repasan la trayectoria del poeta y premio Cervantes

Por JAVIER RODRÍGUEZ MARCOS
Publicado en el diario El País / Sevilla / 7 MAR 2009

«He aprendido que los poemas se escriben en cualquier parte, en los trenes, en los aeropuertos, en los hoteles…». Lo dice Antonio Gamoneda (Oviedo, 1931) en un hotel, precisamente. En Sevilla. Ha pasado allí toda la semana, en un congreso titulado Factor humano en el que el premio Cervantes de 2006 dio una conferencia titulada El mundo del poeta. Todavía tardará en volver a León. El lunes estará en el Círculo de Bellas Artes de Madrid presentando Antonio Gamoneda. Escritura y alquimia, una coproducción hispano-argentina impulsada por el cineasta rioplatense Tristan Bauer –que en 1994 realizó un documental ya clásico sobre Julio Cortázar– y dirigida por Enrique Corti y César Rendueles.

El estreno del filme coincide además con la aparición de Extravío en la luz (Casariego), una edición de seis poemas inéditos con grabados de Juan Carlos Mestre, y con Iluminaciones. Antonio Gamoneda (RD Editores), un descarnado retrato del poeta y del León de la Guerra Civil firmado por el novelista Andrés Sorel.

La película se rodó en 2007 en los escenarios cotidianos de Gamoneda, sobre todo en su casa, pero también en los bosques por los que solía pasear antes de que un accidente –lo atropelló una furgoneta– le dejara «las tabas maltrechas». «Un día, en el rodaje, pasé dos horas con los pies en la nieve», recuerda el autor de Libro del frío, que considera que sale «demasiado» en su propio documental. «Otro fuimos a la casa en la que viví de niño, en el Crucero, el barrio obrero de León».

Esa casa es, además, fundamental en Un armario lleno de sombra, unas memorias de infancia «nada gloriosas» que Galaxia Gutenberg / Círculo de Lectores publicará esta misma primavera. En un balcón del número 4 de la carretera de Zamora pasó Antonio Gamoneda sus primeros años en León: «No se me olvida el sabor del hierro oxidado. Al morir mi padre, mi madre aguantó poco en Asturias. Era asmática y los médicos le dijeron que se fuera. El clima la estaba matando. Yo tenía tres años cuando nos instalamos en la casa de mi madrina, mujer de un ferroviario».

Todavía hoy Gamoneda es capaz de calcularle a su interlocutor la mejor combinación para viajar en tren. «En aquella casa los trenes eran los reguladores del tiempo. ‘Ya viene el correo de Galicia. Ahí pasa otro’, decíamos. Me impresionaba cómo se perdían en la chopera, la desaparición». Con la Guerra Civil –»de la que tengo recuerdos más precisos que de cosas de hace 15 días»–, los trenes empezaron a llegar cargados de republicanos camino de la cárcel instalada en el hostal de San Marcos. Para evitar que los presos pasaran por la zona noble de la ciudad, detenían los trenes antes de llegar a la estación y los conducían bajo el balcón de Gamoneda.

«Aquel barrio», apunta, «fue de los que más represión sufrió. Se oían los gritos de las mujeres a las cuatro de la mañana. Frente a mi casa había una viuda loca que se paseaba desnuda y gritando por la noche».

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«Antonio Gamoneda: Poética de la pobreza», un artículo de Antonio Rey Hazas

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«ANTONIO GAMONEDA: POÉTICA DE LA POBREZA».  Así se titula un artículo de Antonio Rey Hazas publicado en «Tropelías. Revista de Teoría de la Literatura y Literatura Comparada, 21 (2014)». Su autor explica, en la primera nota a pie de página, que «estas páginas que siguen son apenas el esbozo de un proyecto mucho más ambicioso y extenso sobre la poética de la pobreza que, a mi entender, preside buena parte del quehacer lírico de Antonio Gamoneda, y para cuya realización cabal necesito más tiempo y, obvio es decirlo, la colaboración del poeta. En principio, por tanto, me limito a trazar algunas líneas maestras del trabajo, a la luz de Cervantes«.

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Gamoneda en Nápoles (recortes de prensa)

Antonio Gamoneda. Fotografía: Fernando Sanz-Santacruz.

El pasado 8 de noviembre de 2017, Antonio Gamoneda protagonizó en el auditorio del Instituto Cervantes de Nápoles (Italia) una clase magistral, en forma de conferencia, sobre la naturaleza de la poesía. Le acompañaron los hispanistas Augusto Guarino y Marco Ottalano.

Estas son algunas reseñas en diarios y otros medios italianos sobre la visita de Gamoneda a Nápoles:

Investidura de Gamoneda como doctor ‘honoris causa’ por la UASD, la universidad ‘primada’ de América (2011)

El rector de la UASD, Franklin García (derecha) entrega el título de doctor ‘honoris causa’ al poeta Antonio Gamoneda. | Foto: Diego Sinova.

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Antonio Gamoneda, Hugo Mujica y Marco Antonio Campos en el diario El País

De izquierda a derecha: Hugo Mujica, Antonio Gamoneda y Marco antonio Campos. © Fotografía: JAIME VILLANUEVA / El País.

La poesía, puente trasatlántico

Antonio Gamoneda, Hugo Mujica y Marco Antonio Campos charlan sobre poesía y Latinoamérica en el Festival Internacional de Literatura Madrid 2017

Por JORGE MORLA
Publicado en el diario El País, el 20 de octubre de 2017

Tres cuerpos caminan por un salón antiguo y poco iluminado. Tres poetas. No hace frío ni calor: Marco Antonio Campos (Ciudad de México, 1949) no se quita su cazadora blanca. Hugo Mujica (Avellaneda, 1942), sacerdote además de poeta (quizá dos formas de encarar el mismo misterio) que vivió de los 19 a los 30 en la convulsa y artística Nueva York de los 60 junto a Allen Ginsberg antes de retirarse a un monasterio trapense y pasar siete años en silencio, se mueve con los brazos a la espalda.

Sentado, agarrado al bastón, espera Antonio Gamoneda (Oviedo, 1931). El Premio Cervantes 2006 mantiene a sus 86 años una actividad literaria constante. Como muestra un botón: este agosto se desplazó a las montañas al norte de su León (casi) natal, a dar un recital en el minúsculo pueblo de Viñayo. El pueblo tiene 25 habitantes y al recital fueron 50 personas. Convengamos en que la poesía llega a lugares insospechados.

Gamoneda viste camisa y americana y Mujica, la cabeza afeitada, lleva una camiseta granate y una sencilla sudadera. Frente a ellos tres copas con agua que no tocan. A su alrededor, uno de los imponentes salones de Casa de América, donde los tres (español, mexicano y argentino) charlan de poesía, actualidad y futuro en el marco del Festival Internacional de Literatura Madrid 2017, que terminó ayer y donde doce poetas hispanoamericanos recitaron sus versos.

Pregunta. La convocatoria de este evento habla de poetas hispanoamericanos en Madrid. ¿Qué entienden por esta palabra, Hispanoamérica? ¿Existe Hispanoamérica?

Marco Antonio Campos. Yo prefiero llamarlo Latinoamérica. Y me siento profundamente latinoamericano.

Hugo Mujica. Yo no me siento tan latinoamericano, quizá por mis años en Estados Unidos. Pero lo que me interesa de lo latinoamericano con respecto a España es que nosotros nos conocemos más triangulados por España que entre nosotros.

Antonio Gamoneda. En el orden de la lengua, de la intercomunicación, sí, existe Hispanoamérica. Pero ese no debería ser su nombre, pues existe a pesar de España. De la obra descubridora de España, que no es para aplaudir mucho.

P. ¿Sienten que esta unión se fomenta más desde la cultura que desde la política?

M.A.C. Uno tiene una relación de amor y rechazo con España. Por ejemplo me preocupa y apasiona la situación de la independencia catalana. Los catalanes están cometiendo un gran error. Uno quiere una sola España, y desde Latinoamérica hay un diálogo con lo mejor de España.

A.G. Querido Marco Antonio, con independencia de los impulsos nacionalistas, al final se hará lo que mande el dinero. Si lo conveniente es la no secesión, no habrá, tranquilo (ambos ríen).

H.M. Más allá de este hecho puntual, lo que tiene la cultura es una continuidad. Lo que tiene la política es, precisamente, vivir en conflicto y contraste. La política ahora es la administración de la economía, no podemos esperar que la economía aglutine. La debilidad de la Unión Europea fue crear una moneda común, y no un pensamiento común. La cultura tiene que ver con la vida, la política, con el funcionamiento.

(…sigue leyendo la entrevista en El País)

«La poesía nunca llega después», un artículo sobre la poesía y la vejez de Mario Alberto Medrano

«Tanto Masoliver como Gamoneda, Tomás Segovia y Gelman representan el gran potencial que la vejez otorga a la voz de un poeta»

El viernes pasado tuve la oportunidad de platicar con el poeta Juan Antonio Masoliver Ródenas, el catalán experto en literatura mexicana y latinoamericana. El motivo central de la entrevista fue hablar de su nuevo libro de poesía, La negación de la luz. Pero la conversación no se quedó en los límites de esas páginas, sino que la llevamos a otro nivel, el de la creación misma. Masoliver fue tajante al decir que ésta era su primera obra de vejez, éste el momento único e inalterable en el que podía escribir de lo que ahora escribe: la conciencia de lo que vivió y de lo que ya no vivirá. En suma, la presencia de la muerte.

Por MARIO ALBERTO MEDRANO GONZÁLEZ
Artículo publicado en el diario mexicano Excelsior, el 15 de octubre de 2017

Esta reflexión se interna en el proceso de la creación, de una creación nunca tardía. Lo dicho por el autor de Paraísos a ciegas me llevó a pensar en aquellos escritores que han publicado su mejor obra llegados los últimos años de vida. Goethe, acaso el más representativo, el escritor mefistofélico, de personajes salvajes, lúdicos, perversos, sujetos llevados por la libido a una juventud inaplazable.

Uno de los creadores que mejor representa esta condición es el español Antonio Gamoneda. Lo más entrañable de su producción poética viene en su última edad. El Libro del frío, pieza capital entre su biblioteca personal, fue publicado cuando el poeta contaba con 61 años. Desde ese momento, Gamoneda volcó toda la inquietud lírica en la vejez: “Hay un anciano ante una senda vacía. Nadie regresa de la ciudad lejana; sólo el viento sobre las últimas huellas. Yo soy la senda y el anciano, soy la ciudad y el viento”.

La constante alusión a la soledad y a la finitud hacen de Gamoneda uno de los máximos representantes de esa práctica poética. Una fórmula con venenos que no siempre dañan: “Vengo del metileno y el amor; tuve frío bajo los tubos de la muerte”. El nacido en Oviedo emprende una caminata parsimoniosa a la muerte. En Cecilia, publicado en 2004, ya con 73 años cumplidos, dedicado al nacimiento de su nieta, el español se maravilla de un descubrimiento trascendental: su nieta viene de la inexistencia, mientras que él va a parar hacia allá. Es precisamente la vejez, ese espacio temido por otros tantos, como Borges, por ejemplo, que Antonio Gamoneda puede escribir con tal control y conocimiento de su voz poética, de sus capacidades como ser humano y como escritor.

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«Antonio Gamoneda y León», un artículo de Pérez Chencho

Pérez Chencho, en una foto de Diario de León.

Antonio Gamoneda y León

[Este artículo de opinión se publicó en Diario de León el 3 de diciembre de 2006, en «El balcón del pueblo», la sección de opinión del periodista Juan F. Pérez Chencho (fallecido en marzo de 2008), con motivo de la concesión a Antonio Gamoneda del Premio Cervantes 2006.]

Por JUAN F. PÉREZ CHENCHO

EL BRILLO de los metales es más luminoso que nunca. Estos días parece que se ha escrito ya todo de Antonio Gamoneda, Premio Reina Sofía de poesía iberoamericana y Premio Cervantes, el más alto galardón de las letras españolas. Sin embargo, aún queda mucho por decir sobre Gamoneda y León. Porque Gamoneda comenzó su andadura literaria como el más joven colaborador de la revista Espadaña , cuyo bracero esencial era Victoriano Crémer, bajo la protección humanista y vigilante del cura Antonio González de Lama. Pero muy pronto se convirtió en lo que sigue siendo hoy: el principal agente cultural de León. Gamoneda y León son indisociables, como el mar y el cielo. Alentó y orientó en su juventud, allá por las últimas bocanadas del 60, a muchachos de entonces como Luis Mateo Díez y José María Merino, promotores de Claraboya . Otra generación con Julio Llamazares, Ildefonso Rodríguez y Ernesto Escapa en primera línea, también le reconocen como su primer maestro. E igualmente, la nueva generación de jovencísimos poetas, como Luis Artigue y los del Club Leteo, se han puesto bajo su protección y magisterio. Por el medio, Gamoneda también ha hecho otras cosas. Ya se sabe que el poeta es un hombre como todos los demás, y por añadidura, compone versos. En los primeros años de la década del 70 organizó las bienales de pintura de la Sala Provincia, que alcanzaron repercusión nacional. Y en esos mismos años aturdidos y aquietados promevió el premio de poesía «Provincia» o la revista Tierras de León.

Gamoneda situó a los servicios culturales de la Diputación en una altura que nunca han vuelto a alcanzar. En la actualidad es patrono de la Fundación Sierra-Pambley, que cumple una función indispensable en la vida cultural leonesa. En resumen: los últimos 40 años de la vida cultural leonesa no se entenderían sin la participación activa de Gamoneda. Y por eso, además de por su obra poética, León debe rendirle un sentido homenaje. Ya es «honoris causa» por nuestra Universidad; el Ayuntamiento va a nombrarle Hijo Adoptivo, y la Diputación a otorgarle la Medalla de Oro de la Provincia. Correcto. El brillo de los metales no va a ser cegador para Gamoneda. Lo merece. Y además tiene unas cejas que son como toldos para poner sombra en el escaparate. Sobre su obra también podría pensarse que está casi todo escrito. Pero aún hay novedades. Por ejemplo, el mejor estudio sobre la obra de Gamoneda es una tesis leída hace pocos meses en la Universidad de León por Carmen Palomo. Será publicada en fechas próximas. Antonio Gamoneda forma parte del paisaje urbano de León, especialmente en los alrededores de la Catedral, donde los angelotes de piedra se abrazan a las columnas. Pero sobre todo forma parte del paisaje espiritual e íntimo de todos los leoneses que durante estos años hemos tenido el placer y el privilegio de disfrutar de su amistad. Seguirá igual. El Gamoneda escéptico, profundo y universal no va a cambiar. Le llamé el viernes, cuando regresaba en tren a su ciudad. Una llamada de felicitación, sin más. Cuando le digo: «Un abrazo muy fuerte, Antonio», me respondió: «Gracias, Pérez Chencho; pero que el abrazo no sea muy fuerte, ya que tengo dos hernias discales». Es el Antonio de siempre.

Un texto de Gamoneda sobre la histórica revista leonesa de poesía «Claraboya»

Portada del libro «Claraboya y sus amigos» (Eolas Ed.)

Los queridos ‘claraboyos’, el ‘entonces’,
mi mala memoria, etcétera

Este texto de Antonio Gamoneda sobre la histórica revista leonesa de poesía «Claraboya» apareció publicado en Diario de León (en el suplemento El Filandón), el 20 de octubre de 2013, y se reprodujo más tarde en el libro colectivo «Claraboya y sus amigos. Una aventura poética renovadora» (Eolas Ediciones, León, 2014).

Por ANTONIO GAMONEDA

Claraboya, una revista de poesía bien nacida hace medio siglo en León y no tan bien fallecida menos de cinco años después. Una revista de poesía, sí, pero no faltaban en ella el leve o contundente trazo de los dibujos, ni las prosas, críticas o no, ni (para dar una pista, hacer un guiño, algo, en razón de la sustancia política de aquellos años y sólo por ello, voy a entrecomillar la palabra) el «pensamiento». ¿Sus fundadores? Podrían ser más de los que voy a nombrar, pero, por un no sé qué, voy a limitarme a los jóvenes poetas entonces en ejercicio, que eran Agustín Delgado, Luis Mateo Díez, Ángel Fierro y José Antonio Llamas. ¿Directores? Lo serían todos, aunque inicialmente –supongo que para el buen parecer a los ojos de las «autoridades»– figurase como tal Bernardino M. Hernando, un inteligente buen muchacho, cura ya progresista en el entonces de entonces. Todos cuatro o todos cinco, como se prefiera o deba ser, estaban muy bien nutridos –intelectualmente, quiero decir– por las serenas y sabias lecciones de otro cura, el inolvidable don Antonio –don Antonio González de Lama–, que ya tenía ofrecido su magisterio en la antecedente Espadaña, revista también leonesa y también importante para la poesía española, que lo fue a lo largo del segundo quinquenio de los cuarenta.

De don Antonio decía. Inolvidable, ciertamente. Vaya usted a saber por qué, no era muy querido por la mayor parte del clero local, aunque de éste, los que eran sus amigos, lo eran en grado superlativo. La verdad era que, salvo las ensotanadas excepciones que digo, todo León le quería, le queríamos.

Pero a lo que iba. El aleccionamiento de mis queridos «Claraboyos» por parte de don Antonio, hubo de ser en el seminario, por el que, pienso con posible acierto, pasaron todos ellos brevemente. En cuanto a mí (diez o más años mayor que ellos, demasiado joven para Espadaña y demasiado viejo para Claraboya), cercano en los afectos, no tenía nada que enseñarles; fui un amigo «exterior», salvadas algunas colaboraciones y reuniones ocasionales. Voy a contar algo de estas. Con la insegura memoria que ya tengo avisada.

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«Placer sin esperanza» / Reseña de «Esta luz. Poesía reunida (1947-2004)» / Por Eduardo Moga (2005)

Placer sin esperanza

Por EDUARDO MOGA
(Reseña del libro Esta luz. Poesía reunida (1947-2004), de Antonio Gamoneda, publicada en la revista Letras Libres el 28 febrero 2005)

Antonio Gamoneda (Oviedo, 1931) es, junto con Manuel Álvarez Ortega, el mejor poeta español vivo. Su irrupción en la poesía española se produjo tardíamente, con la publicación de Descripción de la mentira en 1977, aunque su definitiva consagración no llegó hasta mediados de los años ochenta, con la concesión del Premio Castilla y León de las Letras en 1985 y la publicación de Blues castellano (1982), Lápidas (1987) y, sobre todo, Edad (1987), una primera y decisiva recopilación de su poesía, en edición de Miguel Casado. Aparece ahora Esta luz. Poesía reunida (1947-2004), en la que, a lo compendiado en Edad, se añaden los poemarios mayores que Gamoneda ha publicado desde entonces: Libro del frío (1992), Arden las pérdidas (2003) y Cecilia (2004), así como sus «mudanzas», esto es, reelaboraciones propias de textos ajenos —de Nazim Hikmet, Trakl o Mallarmé, entre otros—. El epílogo, extenso y ejemplar, de Esta luz corre de nuevo a cargo de Miguel Casado, uno de los mejores conocedores de la poesía gamonediana, y a él hay que acudir para identificar algunos de sus rasgos esenciales: su carácter autobiográfico, que explica su impregnación social y su compromiso obrero y antifranquista; y su condición de poesía brotada de la conciencia de la muerte.

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«Un armario lleno de sombra», de Antonio Gamoneda, por Eduardo Moga (2009)

Portada de «Un armario lleno de sombra».

Un armario lleno de sombra,
de Antonio Gamoneda

Por EDUARDO MOGA
(Reseña publicada en la revista Letras Libres, el 31 de julio de 2009)

Antonio Gamoneda (Oviedo, 1931) ha cultivado poco la prosa: sólo Libro de los venenos (1995), una enjundiosa y polifónica recreación de un antiguo tratado farmacológico, y El cuerpo de los símbolos (1997), un conjunto de escuetas pero clarividentes reflexiones sobre poetas y pintores. Un armario lleno de sombra es, en rigor, su primer proyecto narrativo, aunque sea ajeno a la ficción, como reconoce el propio Gamoneda, y lo invada, a menudo, el pensamiento poético. Se trata de una autobiografía de la infancia, que comprende desde los primeros recuerdos hasta que cumple catorce años, ese periodo auroral en que se acumulan los acontecimientos raigales y se define la personalidad. Aunque Un armario lleno de sombra es un relato –así lo define su autor en varias ocasiones–, sus conexiones con la poesía de Gamoneda son evidentes. De entrada, contiene sucesos que han inspirado poemas en muchos de sus libros, y sobre todo en Lápidas (1986), cuya tercera sección es una autobiografía lírica. Los barrios, oficios y personajes que recorren este poemario asoman ahora despojados de su sustancia lírica y expuestos con la austeridad informativa de quien contempla y transcribe. En Lápidas dice Gamoneda: “Se iluminan pómulos, lágrimas negras de ferroviarios”; y en Un armario lleno de sombra: “Sobre su rostro, vi lágrimas negras; lágrimas de ferroviarios”. También menudean las remisiones explícitas a lo escrito en sus libros de poesía: al describir a las viejas vendedoras de la plaza del Grano, de León, Gamoneda señala: “Entrada la tarde (así lo digo de ellas en Lápidas), ‘recobraban el fardo inútil para regresar, madres del miércoles, al país desolado de los censos’”; un poco más adelante, identifica a alguien llamado Jorge Pedrero como “el vigilante de la nieve”, es decir, quien da título y sostén a la segunda sección de Libro del frío (1992). Me parece advertir en este constante y deliberado hermanamiento entre su relato y su poesía la voluntad de ejemplificar lo que ha expuesto en El cuerpo de los símbolos a cuenta de la condición de poeta irracional que, perezosa o despectivamente, le han endilgado algunos. Gamoneda sostiene que el presunto hermetismo de sus poemas se corresponde estrictamente con lo real: “La realidad es simbólica y yo soy un poeta realista, porque los símbolos están verdadera y físicamente en mi vida. […] Cuando digo: ‘esta casa estuvo dedicada a la labranza y la muerte’, hay aparición de símbolos, sí, pero sucede, además que esta casa estuvo realmente dedicada a la labranza y la muerte”. Los símbolos en la poesía de Gamoneda son disémicos, tal como los ha definido Carlos Bousoño en Teoría de la expresión poética: “Aquéllos en los que, además del sentido irracional, oculto para la mente [hay] otro sentido, éste lógico: el manifestado, de un modo directo o indirecto, por su literalidad”.

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«Metonimia», un artículo de José Antonio Llamas sobre el encuentro con Gamoneda en el Museo de la Minería de Sabero

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El poeta leonés José Antonio Llamas ha publicado este artículo en La Nueva Crónica tras el encuentro con Antonio Gamoneda que tuvo lugar en el Museo de la Siderurgia y la Minería de Castilla y León (ubicado en la localidad leonesa de Sabero), el pasado 18 de agosto de 2017, moderado por Ernesto Escapa, dentro del programa promovido por la Consejería de Cultura y Turismo de la Junta de Castilla y León «Los Mejores de los Nuestros».

Metonimia

Por JOSÉ ANTONIO LLAMAS

José Antonio Llamas.

Yo no sé lo que es la metonimia, declaraba Antonio Gamoneda, en el MSM de Sabero la tarde del viernes, 18 de agosto, cuando Ernesto Escapa le recordaba sus primeros logros literarios en aquel León de mediados del pasado siglo, cuando era tan difícil compaginar poesía y verdad y los escritores recurrían a toda clase de recursos a guisa de trampas intentando burlar la pericia de una censura brutal.

Las dificultades de ‘Blues castellano’ coincidieron con la revista Claraboya (1963-1968) en cuyas páginas iban apareciendo anticipos que eran como trallazos que resonaban en la oscuridad. Agustín Delgado, diez años más joven, fustigaba el panorama literario y denunciaba la poesía oficial, acomodaticia y falta de alma, que abundaba hasta el hartazgo y proponía como modelos a quienes ya nada tenían que decir. César Vallejo era y seguiría siendo un modelo a seguir, como declara Gamoneda en el turno de ruegos y preguntas posterior.

Pero llegó 1977, y en la ‘Descripción de la mentira’ el poeta quiso y supo ir por derecho hacia una escritura limpia, nacida del claro manantial de la voluntad de denuncia de la opresión. «Estamos en un momento de confidencias. Los años de plomo terminaron por pasar. Pero mi vocación de pobre y provinciano no ha cedido un punto, y aquí estoy». Las 89 pts. de 1945 como meritorio en Banesto y los juegos florales para poder bailar con la reina de la fiesta y llevar a casa cuatro perras para ayudar a la madre costurera fraguaron un poeta comprometido con la realidad. También otro de los grandes leoneses, Ramón Carnicer, hubo de pasar su etapa de meritorio. Los tiempos eran así.

«Primero la vida y luego la poesía». Pero, lo más grande estaba por llegar, y Escapa lo va desgranando mientras la tarde se va apoderando de las altas naves de la vieja herrería de San Blas, en la que el cronista vio combates de lucha libre y Julio Llamazares jugaba al baloncesto con 25 años de por medio y con la obra del maestro Gamoneda instalada ya en el reconocimiento general. ‘Edad’, ‘Descripción de la mentira’, ‘El libro de los venenos’.

¿Y, en qué andamos ahora, maestro? En el segundo libro de memorias, que sigue a ‘Un armario lleno de sombras’ y que abarca desde el primer día de trabajo hasta el último día de soltero. 170 folios llevamos ya. Y el público, que abarrota la sala, le tributa una larguísima ovación que él recoge con la galanura de un Don Juan que ha bailado con la Reina de verdad. ¿Y, de la metonimia, qué?

Qué voy a decirte, Llamas, que tú no sepas ya.

Antonio Gamoneda: el amor a los nietos tiene memoria

Javier José Rodríguez Vallejo.

[Artículo publicado en El Diario de Coahuila (México), el 22 de agosto de 2017]

Antonio Gamoneda: el amor a los nietos tiene memoria

Por JAVIER JOSÉ RODRÍGUEZ VALLEJO

Sé que el único canto,
el único digno de los cantos antiguos,
la única poesía,
es la que calla y aún ama este mundo,
esta soledad que enloquece y despoja.

Cecilia y otros poemas, de Antonio Gamoneda. Es una obra con distintos paisajes, en lo personal imaginé al poeta escribiéndole a su nieta Cecilia. Alegóricamente el bardo tomaba café, veía con ternura a su nieta, ella tímidamente lo veía, pero él seguía escribiéndole. Lo anterior me hace pensar que el amor a los nietos tiene memoria, los abuelos observan en ellos a sus propios hijos, la alegría evoca viejos instantes de amor.

Fernando Pessoa decía «En el teatro de la vida quien tiene el papel de sinceridad es quien, generalmente, más bien ocupa su papel». Tuve el gusto de conocer al señor Antonio Gamoneda, lo saludé en la pasada Feria Internacional del Libro de Guadalajara 2016, recuerdo que el poeta estuvo activo participando en conferencias y diálogos, en lo personal me pareció admirable su fortaleza, considerando que es una persona nacida en el año de 1931, agrégale que es un sobreviviente de la Guerra Civil Española.

Me pareció admirable que el poeta en sus eventos estuviera acompañado de su bella esposa, mujer educada, lo expreso porque ese día me acerqué para que Antonio me firmara el libro, pero había una larga fila, mientras aproveché para acercarme a la señora de Gamoneda que amablemente contestaba mis dudas. También observe que cuando el poeta disertaba sus experiencias, ella lo observaba con una mirada de amor, ese detalle me colapsó, los escritores escriben para dar luz y si hay amor es mejor.

La poesía de Gamoneda es profunda, un tanto silenciosa, pero tiene color como los paisajes de la sierra de Arteaga. Antonio es inquieto, escribe para dejar un legado, su voz es un canto a la esperanza y el dolor. Al igual que Cervantes es un caballero andante, de esos que contemplan sus días en familia, en otras palabras es un poeta de instantes, hechizado por la libertad de los pájaros.

Yo me callo, yo espero
Hasta que mi pasión
y mi poesía y mi esperanza
sean como la que anda por la calle; 
hasta que pueda ver con los cerrados
el dolor que ya veo con los ojos abiertos.

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