* Antología / Poemas de ANTONIO GAMONEDA

Gamoneda en el libro «El mediodía de mañana», editado por el MACE

El Museo de Arte Contemporáneo de Eivissa (MACE), ubicado en Eivissa (Ibiza) acogió el pasado 30 de mayo —día en que Gamoneda cumplía 87 años— la presentación del libro recopilatorio de los seis años de poesía del ciclo ‘Lecturas Poéticas’. El libro, que lleva por título «El mediodía de mañana», ha sido maquetado y diseñado por Andrés Mengs, y editado por Amics del MACE.

El volumen recoge tres obras de cada uno de los 18 poetas que han pasado por el ciclo ´Lecturas Poéticas´, que se han organizado de mayor a menor edad, «constituyendo su lectura una antología de la poesía española actual». Además, contiene cinco dibujos inéditos de Miquel Barceló, cedidos desinteresadamente por el autor.

«El mediodía de mañana» incluye los poemas de Antonio Colinas, José Carlos Llop y Luis Antonio de Villena (Lecturas Poéticas 2012); Francisco Brines, Francisco Ferrer Lerín y Vicente Molina Foix (Lecturas Poéticas 2013); Blanca Andreu, Juan Manuel Bonet y Antoni Marí (Lecturas Poéticas 2014); Clara Janés, Enrique Juncosa y Juan Antonio González Iglesias (Lecturas Poéticas 2015); Antonio Gamoneda, Biel Mesquida y Andrés Sanchez Robayna (Lecturas Poéticas 2016); y Ben Clark, Chantal Maillard y Álvaro Valverde (Lecturas Poéticas 2017).

El ciclo ‘Lecturas Poéticas’ se empezó a organizar en el año 2012, justo después de la reapertura del museo después de sus obras de rehabilitación y ampliación.

Fragmento (penúltimo párrafo) del «Libro de los Venenos» de Gamoneda

Páginas del índice del «Libro de los venenos» de Gamoneda.

Fin

Procuró siempre la naturaleza que no hubiese cosa tan maligna y dañosa contra cuyos insultos no se hallase algún eficaz presidio, y pluguiera a Dios Todopoderoso que así como nos fortaleció de muchos y valerosos remedios contra las injurias de las serpientes mortíferas, nos concediera alguno por medio del cual nos pudiéramos defender de la fiera doméstica y familiar, mucho más virulenta que todas, quiero decir del hombre, de cuya viperina lengua, a veces sin ser sentida, se derrama una ponzoña tan peligrosa y mortal que ni el metridato ni la triaca perfecta bastan para remediar sus daños.

(…)

Antonio Gamoneda. Libro de los venenos. Madrid, Siruela, 1995. [Pág. 169; la cita es de Andrés Laguna].

[En selva roja…], un poema sin título de Antonio Gamoneda

El poema aparece recogido en el libro «Esta luz. Poesía reunida (1947-2004)» (Galaxia Gutenberg/Círculo de Lectores; Barcelona, 2004), dentro de ‘Exentos II’, pág. 147:

En selva roja donde el agua nunca
la luz destella, ni, de oscuras ramas,
un pájaro revuelve la espesura
y, luego, lento, en el azul se eleva
y el canto le sostiene y pacifica;
en esta oscuridad que se respira
y a sí misma se ignora, pero siente
los pies descalzos del pastor, la lluvia
que oscurece las hojas y perfuma
el liquen y refresca la madera,
aquí no deja de pasar la noche
en larga suavidad: lame las grutas
donde vive la sed y se desliza
entre las ramas cautelosas. Siempre
pasa la noche pero el día nunca,
ni el rostro amado que bajar quisiera
hasta aquella maleza y envolverse
en el silencio de la selva; nadie,
ni aquella roca vibración de oro
de la abeja nupcial; naturaleza
que al solo oculto corazón escucha
latir en soledad, pero llorando.

ANTONIO GAMONEDA

«Un animal oculto en el crepúsculo (…)» / Poema de Gamoneda para una antología leonesa-hispano-portuguesa

Un poema de Antonio Gamoneda en la antología bilingüe (castellano-portugués) de poetas de León «Tengo Algo de Arbol / Tenho Qualquer Coisa de Árvore» (Intensidez. Évora, Portugal, 2007). Selección de Silvia Zayas. Traducción al portugués: Alberto Augusto Miranda.

UN ANIMAL oculto en el crepúsculo me vigila y se apiada de mí. Pesan las frutas corrompidas, hierven las cámaras corporales. Cansa atravesar esta enfermedad llena de espejos. Alguien silba en mi corazón. No sé quién es pero entiendo su sílaba interminable.

Hay sangre en mi pensamiento, escribo sobre lápidas negras. Yo mismo soy el animal extraño. Me reconozco: lame los párpados que ama, lleva en su lengua las sustancias paternales. Soy yo, no hay duda: canta sin voz y se ha sentado a contemplar la muerte, pero no ve más que lámparas y moscas y las leyendas de las cintas fúnebres. A veces, grita en las tardes inmóviles.

Lo invisible está dentro de la luz, pero, ¿arde algo dentro de lo invisible? La imposibilidad es nuestra iglesia. En todo caso, el animal se niega a fatigarse en la agonía.

Es el que está despierto en mí cuando yo duermo. No ha nacido y, sin embargo, ha de morir.

Así las cosas, de qué perdida claridad venimos? ¿Quién puede recordar la inexistencia? Podría ser más dulce regresar, pero

entramos indecisos en un bosque de espinos. No hay nada más allá de la última profecía. Hemos soñado que un dios lamía nuestras manos: nadie verá su máscara divina.

Así las cosas,

la locura es perfecta.

— — —

UM ANIMAL oculto no crepúsculo vigia-me e apieda-se de mim. Pesam as frutas corrompidas, fervem as câmaras corporais. Cansa atravessar esta doença cheia de espelhos. Alguém assobia no meu coração. Não sei quem é mas compreendo a sua sílaba interminável.

Há sangue no meu pensamento, escrevo sobre lápides negras. Eu mesmo sou o animal estranho. Reconheço-me: lambe as pálpebras que ama, leva na sua língua as substâncias paternais. Sou eu, não há dúvida: canta sem voz e sentou-se a contemplar a morte, mas apenas vê lâmpadas e moscas e as lendas das fitas fúnebres. Às vezes, grita nas tardes imóveis.

O invisível está dentro da luz, porém, arde alguma coisa dentro do invisível? A impossibilidade é a nossa igreja. De qualquer modo, o animal recusa afadigar-se na agonia.

É ele quem está acordado em mim quando durmo. Não nasceu e, apesar disso, tem de morrer.

Assim as coisas, de que perdida claridade vimos? Quem pode recordar a inexistência? Poderia ser mais doce regressar, mas

entramos indecisos num bosque de espinhos. Não há nada para além da última profecia. Sonhámos que um deus lambia as nossas mãos: ninguém verá a sua máscara divina.

Assim as coisas,

a loucura é perfeita.

Antonio Gamoneda transfigurado por Juan Carlos Mestre

Dibujo de Juan Carlos Mestre para «Lapidario incompleto».

Antonio Gamoneda transfigurado
por Juan Carlos Mestre

Por JAVIER RODRÍGUEZ MARCOS
Publicado en El País, el 5 de marzo de 2014

“Es la hora de un crepúsculo en día no señalado. La visión de las techumbres enrojecidas es inseparable del color tardío de la ciudad soñada. Mi vida se resuelve en la vida de la ciudad. Una herencia deslumbrada se entreteje con mis recuerdos; hay un poder comunal cuyos límites son bordes y fisuras de mis propios límites.

Crece la ciudad sobre los pastos invernales. Hacia los terraplenes del Torío, crece sobre las huellas del pastor. Los agrimensores alzan monedas cuyas leyendas fueron borradas por el óxido, tégulas abandonadas por las legiones de Galba, campanillas azules como las  venas  bajo  una  piel  amada.

Desde las carbonerías, la pobreza asciende a los edificios aptos para la proclamación del suicidio y los arroyos retroceden como las víboras ante el incendio. Es la pasión de las inmobiliarias. Como un monte, la melancolía crece en los pastos invernales”.

(Antonio Gamoneda)

El lunes pasado Juan Carlos Mestre, poeta y artista, leyó en Madrid este poema de Antonio Gamoneda. Lo hizo durante la presentación en el Centro de Arte Moderno de Madrid de Lapidario incompleto, un libro con 31 poemas de Gamoneda y 10 dibujos de Mestre publicado por el propio Centro en edición de 100 ejemplares.

Una versión de ese poema puede leerse en la tercera parte de Lápidas, publicado por la editorial Trieste en 1987. Fiel a su afán de reescritura, Gamoneda no ha dejado de volver a la mínima ocasión sobre sus textos. No es extraño que terminara por decir a Claudio Pérez Míguez, lo contó él mismo el lunes, que dejase de mandarle pruebas para cerrar por fin el nuevo Lapidario. De lo contrario todavía estaría reescribiéndolo.

En un acto lleno de poetas –Francisca Aguirre, Guadalupe Grande, Javier Lostalé, Jordi Doce, Julio Mas, Marta Agudo…- y de lectores de poesía, Gamoneda dio con la palabra justa para zanjar el debate en torno a la relación entre imagen y texto. ¿Ilustración? No. “Lo que ha hecho Juan Carlos es una transfiguración”. Sus poemas, vino a decir, no son los mismos después de pasar por la mirada y las manos de Mestre. Manos y mirada, si hace falta decirlo, de poeta. Un poeta que recordó la importancia que tuvo para él la lectura de Sublevación inmóvil, de Antonio Gamoneda, al que llamó “maestro”. Por supuesto, el “maestro” estuvo en desacuerdo con semejante magisterio. Por si fuera verdad que las palabras se las lleva el viento, Gamoneda las corrige antes de que se las lleve.

— — —
Nota:

Gamoneda publicó un texto titulado “Lapidario incompleto” en 1984, dentro del libro titulado “León, traza y memoria” (A. Machón editor), con ilustraciones de Félix de Cárdenas, en el que también publicaron sendos textos Luis Mateo Díez (“Albúm de esquinas”) y José María Merino (“La vuelta a casa”). No obstante, todo apunta a que Gamoneda ha reescrito y añadido cosas a aquel “Lapidario incompleto” en este nuevo libro que sale ahora a la luz.

La nueva edición (104 páginas) se presenta en carpeta y estuche realizados artesanalmente, la primera cubierta con papel estampado a mano y lomo entelado, y el segundo, entelado. Impreso en papel Fabriano de 160 g. La tirada es de 100 ejemplares numerados y firmados por Gamoneda y Mestre.

El precio: 175 €

 

Un poema de «Sublevación inmóvil» (1960), de Gamoneda

Pintura de Juan Rafael (Abril, 2018).

Si alguien me diese un
golpe en punta, una
cuchillada de libertad,
la luz se llenaría
de puros gritos y
rojo corazón desmenuzado.

Ah los espacios con
ramos de fuego, lluvias
rojas y veloces, cintas
de sombra, látigos de ira.

Ahora entiendo la edad
de la crecida, el río
salvaje del dolor:

mi corazón subía
a la cima del ansia.

ANTONIO GAMONEDA
(Del libro ‘Sublevación inmóvil’, Rialp Ediciones, Madrid, 1960)

Y… «una patria es, amigos, un país con justicia» (Antonio Gamoneda)

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Gamoneda, en un acto de El Foro por la Memoria de León, cuando se inauguró en el cementerio de León el monumento de homenaje a las personas fusiladas durante el Franquismo. Fotografía: PEIO GARCIA / ICAL. (Fotografía publicada en Diario de León el 26/01/2016, haz un click).

«España es también una tierra,
pero una tierra sólo no es un país;
un país es la tierra y sus hombres.
Y un país sólo no es una patria;
una patria es, amigos, un país con justicia.»

ANTONIO GAMONEDA

Con estos versos finaliza la primera versión (1960) del poema Ferrocarril de Matallana de Antonio Gamoneda –el poema favorito del ex presidente del Gobierno José Luis Rodríguez Zapatero–. Estos versos, sin embargo, desaparecieron en la versión de 2003 de este mismo poema [ver en: ‘Exentos I’, “Esta luz. Poesía reunida (1947-2004)”. Barcelona, Galaxia Gutenberg-Círculo de Lectores, 2004].

«En la primera versión de Ferrocarril de Matallana había expresiones que pudiéramos llamar explícitamente de carácter social, otras que cabría considerar patrióticas, y algunas que tenían que ver con mi biografía y mi geografía. En la versión definitiva, desaparecen las expresiones de carácter social o patriótico. ¿Por qué? Porque mi pensamiento poético ha ido transformándose y ahora elimino los datos informativos que pertenecen más al pensamiento reflexivo que al poético», explica Gamoneda en una entrevista con Pilar Ortega Bargueño publicada en el diario El Mundo (29-4-2007).

«Yo no reniego de aquel poema escrito hace casi 50 años. No reniego del primer Ferrocarril de Matallana, y ahí está, en los libros y antologías de la época. De hecho, las modificaciones que yo hago en los poemas casi nunca son para mejorarlos en el sentido formal, por conseguir que estén estructurados o por que resulten más agradables, no. Casi siempre es porque mi comprensión de los hechos que están en el interior de esos poemas ha variado», matiza Antonio Gamoneda en esa misma entrevista, al tiempo que reconoce estar obsesionado por la reescritura, término que prefiere, desde luego, a los que hacen alusión a retoques o correcciones.

21 de Marzo / Un poema de «Libro del frío», de Gamoneda

© Fotografía: Eloísa Otero.

:: Poema de «Libro del frío»

El animal del llanto lame las sombras de tu madre y tú recuerdas otra edad: no había nada dentro de la luz; sólo sentías la extrañeza de vivir. Luego venía el afilador y su serpiente entraba en tus oídos.

Ahora tienes miedo y, de pronto, te embriaga la exactitud: la misma fístula invisible está sonando bajo tu ventana: ha venido el afilador.

Oyes la música de los límites y ves pasar al animal del llanto.

ANTONIO GAMONEDA

‘Humo’ / Un poema de «Otra más alta vida», el libro del padre de Antonio Gamoneda

Antonio Gamoneda
Otra más alta vida.
Madrid, Imprenta Helénica, 1919.
Primera edición.
El autor es el padre del actual poeta del mismo nombre.

HUMO

I

Sobre el hogar, la abuela dase prisa
a poner leña que la llama abrasa.
Por la ventana abierta se divisa
al viejo Invierno que entre nieves pasa.

Las llamas del hogar sueños suscitan,
y es tan dulce el suspiro de los leños
cuando chisporrotean y crepitan,
que evocan lo más bello de los sueños.

La anciana, que cesó de poner leña,
con su tranquila voz de lugareña
la oración del reposo está rezando…

Aletea el susurro vago y tierno
del alma desolada del Invierno.
Ya se ha muerto el hogar; sigue nevando.

II

Una espiral de humo se levanta
del ego ya extinguido:
es el recuerdo que quedó de tanta
hoguera que la anciana hubo encendido.

El frío de la noche va filtrando
las débiles paredes de la casa;
el cuerpo de la anciana se está helando
y en el hogar no queda ni una brasa.

Solloza el viento frío como un ente
que pidiera posada tristemente
de todos los hogares a la puerta…

¡Nunca he visto el dolor tan retratado
como en el rostro brujo y arrugado
de esta vieja infeliz, humilde y yerta!

III

Cuando en los buenos tiempos de ventura
eras gentil y hermosa, noble anciana,
y tenías un alma bella y pura
como la claridad de la mañana,

no dabas al decir de las consejas
que dicen las leyendas invernales
y al calor del hogar cuentan las viejas
en las dulces veladas paternales.

Tus ojos no veían
cómo se consumían
los leños del hogar, y yo presumo

que nunca habrás pensado que en la vida
cual la hoguera extinguida
todo a la postre se convierte en humo.

Antonio Gamoneda, poeta modernista y padre del inclasificable poeta Antonio Gamoneda (Oviedo, 1931), hacia 1918.

«El mundo es grande» / Fragmento de un poema de Gamoneda

Monterrey (México), 1 de diciembre de 2010. En el Parque Fundidora, un encino fue bautizado con el nombre de Antonio Gamoneda. © Fotografía de Raul Palacios.

 

El mundo es grande. Dentro de una casa
no cabrá nunca. El mundo es grande.

Hierba de soledad, palomas negras: he llegado por
fin, éste no es mi lugar, pero he llegado.

Estoy desnudo ante el agua inmóvil. He dejado mi
ropa en el silencio de las últimas ramas.

ANTONIO GAMONEDA

 

Poético Buzoneo en León, para celebrar el DÍA MUNDIAL DE LA POESÍA (2011)

Poema de Gamoneda para el Poético Buzoneo.

Con motivo del Día Mundial de la Poesía se llevó a cabo en León, el 21 de marzo de 2011, la acción denominada: ‘POÉTICO BUZONEO’

Nº 1

13 Poetas:

ANTONIO GAMONEDA
ELOÍSA OTERO
FAIK HUSEIN
GASPAR MOISÉS GÓMEZ
ILDEFONSO RODRÍGUEZ
LUIS MIGUEL RABANAL
MARTA-ESTER VILLA LÓPEZ
MIGUEL SUÁREZ
RAQUEL LANSEROS
SUSANA BARRAGUÉS
VÍCTOR M. DÍEZ
VICTORIANO CRÉMER
VIGGO MORTENSEN

LA ACCIÓN consistió en “buzonear” 20.000 hojas publicitarias con versos de los 13 poetas.

Se llevó a cabo el 21 de marzo de 2011 en dos barrios de la capital leonesa, San Pedro de las Huertas y  Palomera-Quintanilla. En el “buzoneo” colaboraron las Asociaciones de Vecinos de ambos barrios.

Quien lo recibiera en su buzón, a su vez, podría reenviar el poema a otra persona amiga, por correo postal, con solo doblar la hoja volandera, escribir una dirección en ella y pegar un sello.

‘Habla el pastor’, un poema de Antonio Gamoneda

Antonio Gamoneda. © Fotografía: José Ramón Vega.

HABLA EL PASTOR

Sobre la calcificación de las semillas, ante las flores abrasadas y la desaparición del pensamiento,

tejen la yerba manos invisibles. Ah, cómo temo su pureza. Veo

lana sangrienta y, en los alimentos, grasa mortal, cánulas negras y, bajo ramas inmóviles, cuerdas y sombras y preservativos.

Pero, ¿soy yo quien mira con mis ojos?

Arden los huesos en el vértigo, oigo la fermentación del rocío: ¿quién llora bajo los árboles torturados? Veo

las llagas de la luz, altos patíbulos y serpientes y aceites industriales bajo los lóbulos de las amapolas.

¿Estoy yo en mí y peso sobre la tierra? Es extraño.

En cualquier caso, tengo miedo y los insectos viven en mi corazón.

ANTONIO GAMONEDA

«La memoria es mortal…», un breve poema de ‘Arden las pérdidas’

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La memoria es mortal. Algunas tardes, Billie Holiday pone
su rosa enferma en mis oídos.

Algunas tardes me sorprendo

lejos de mí, llorando.

ANTONIO GAMONEDA
(Del libro «Arden las pérdidas», Tusquets, 2003)

«Invierno», un poema de ‘Blues castellano’

Cuadro de la serie «Bosques» del pintor leonés Juan Rafael.

Invierno

La nieve cruje como pan caliente
y la luz es limpia como la mirada de algunos seres humanos,
y yo pienso en el pan y en las miradas
mientras camino sobre la nieve.

Hoy es domingo y me parece
que la mañana no está únicamente sobre la tierra
sino que ha entrado suavemente en mi vida.

Yo veo el río como acero oscuro
bajar entre la nieve.
Veo el espino: llamear el rojo,
agrio fruto de enero.
Y el robledal, sobre tierra quemada,
resistir en silencio.

Hoy, domingo, la tierra es semejante
a la belleza y la necesidad
de lo que yo más amo.

ANTONIO GAMONEDA (Del libro: Blues castellano, 1961-1966)

“Claridad sin descanso» / «Chiarore senza riposo”, un poema de Gamoneda en español e italiano

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[Esta versión en español e italiano está tomada de potlatch.it]

CLARIDAD SIN DESCANSO

Vi lavandas sumergidas en un cuenco de sangre y esta visión ardió en mí.

Más allá de la lluvia vi serpientes enfermas, bellas en sus úlceras transparentes; frutos amenazados por espinas y sombra y flores excitadas por el rocío. Vi un ruiseñor agonizante y su garganta llena de luz.

La realidad es mi pensamiento. Estoy soñando la existencia y es un jardín torturado. Pero voy a morir. Entretanto, pasan ante mí madres encanecidas en el vértigo.

Mi pensamiento es anterior a la eternidad pero no hay eternidad. He gastado mi juventud ante una tumba vacía; me he extenuado en preguntas que aún percuten en mí como un caballo que galopase tristemente en la memoria.

Todavía giro dentro de mí mismo aunque sé que ya voy a caer en la frialdad de mi propio corazón.

Así es la vejez: horas incomprensibles, claridad sin descanso.

ANTONIO GAMONEDA 

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CHIARORE SENZA RIPOSO

Vidi lavande sommerse in un lago di sangue e questa visione arse in me.

Oltre la pioggia vidi serpenti infermi, belli nelle loro ulcere trasparenti; frutti minacciati da spine e ombre e fiori eccitati dalla rugiada. Vidi un usignolo agonizzante e la sua gola piena di luce.

La realtà è il mio pensiero. Sto sognando l’esistenza ed è un giardino torturato. Ma morirò. Frattanto, passano davanti a me madri incanutite nella vertigine.

Il mio pensiero è anteriore all’eternità ma non c’è eternità. Ho consumato la mia gioventù davanti ad una tomba vuota; mi sono estenuato in domande che ancora battono in me come un cavallo che galoppi tristemente nella memoria.

Ancora mi aggiro in me stesso sebbene sappia che ormai cadrò nella freddezza del mio stesso cuore.

Così è la vecchiaia: ore incomprensibili, chiarore senza riposo.

ANTONIO GAMONEDA [Traduzione di Raffaella Marzano]

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[Versión del poema (reescrito por Gamoneda) en el libro «Arden las pérdidas» (Tusquets, Barcelona, 2003):]

CLARIDAD SIN DESCANSO

Vi lavandas sumergidas en un cuenco de llanto y la visión ardió en mí.

Más allá de la lluvia vi serpientes enfermas —bellas en sus úlceras transparentes—, frutos amenazados por espinas y sombras, hierbas excitadas por el rocío. Vi un ruiseñor agonizante y su garganta llena de luz.

Estoy soñando la existencia y es un jardín torturado. Ante mí pasan madres encanecidas en el vértigo.

Mi pensamiento es anterior a la eternidad pero no hay eternidad. He gastado mi juventud ante una tumba vacía, me he extenuado en preguntas que aún percuten en mí como un caballo que galopase tristemente en la memoria.

Aún giro dentro de mí mismo aunque sé que voy a caer en el frío de mi propio corazón.

Así es la vejez: claridad sin descanso.

ANTONIO GAMONEDA