Reseñas de libros de Gamoneda

La primera reseña de «Sublevación inmóvil» de Gamoneda se publicó en Brasil en 1962

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Recorte con la reseña publicada en Diario Popular de São Paulo (Brasil) el 29 de enero de 1962.

Sublevación inmóvil (escrito entre 1953-1959) está considerado como el primer libro publicado por Antonio Gamoneda (Oviedo, 1931) —aunque un libro juvenil, La tierra y los labios, ya hubiera visto la luz en 1949 en la colección “Verbo”, de Alicante—.

Con esta obra, el poeta quedó finalista del premio Adonais —junto a Enemigo íntimo, de Antonio Gala; mientras que el premio lo obtuvo Francisco Brines con Las brasas—. La primera edición, editada por la colección Adonáis en 1960, estaba formada por 26 poemas. 

Gamoneda recordaba que la primera reseña del libro no salió publicada en España, sino en un diario de Brasil. En su día, no sabe cómo, Victoriano Crémer tuvo noticia de ella, y le hizo llegar el recorte, que el poeta guardó entre sus muchos papeles, y allí permaneció olvidada, hasta hoy. La reseña, que reproducimos sobre estas líneas, apareció hace unos días ordenando carpetas en su estudio.

La anotación manuscrita al margen dice:

M. LIMA SOUSA – DIARIO POPULAR – 29/1/62 – SÃO PAULO

«Antonio Gamoneda, el poeta sin zapatos» (El País)

Caricatura de Gamoneda, por Luis Grañena.

Una antología reúne 70 años de trabajo del poeta Antonio Gamoneda, crítico con la dictadura actual del consumismo

Por JAVIER RODRÍGUEZ MARCOS
Publicado en El País, el 24 de noviembre 2019

Antonio Gamoneda estuvo 15 años en huelga. No ha parado de trabajar un minuto desde que con 14 años entró en el Banco Mercantil de León como recadero y meritorio —él traduce “chico del botijo”—, pero durante tres lustros se mantuvo, en lo relacionado a la literatura, de brazos caídos. Cuando en 1966 terminó un poemario titulado Actos, la censura franquista lo devolvió al editor con dos frases demoledoras y un consejo. La frase: “Libro de versos muy malos. En ellos campa un sentido de resentimiento con toques de ateísmo”. El consejo: con un par de retoques podría publicarse. Gamoneda se negó. Era una forma de ser consecuente con la cita de Karl Marx que pensaba poner al frente de uno de los poemas: “La vergüenza es un sentimiento revolucionario”. El libro terminó publicándose como Blues castellano en 1982, con España ya de verbena y la poesía social convertida en una aguafiestas con la que nadie quería bailar….

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Antonio Gamoneda. ‘Esta luz. Poesía reunida (1947-2019)’ / Una reseña de Túa Blesa

Esta luz. Poesía reunida (1947-2019)
ANTONIO GAMONEDA

Epílogo de Miguel Casado.
Galaxia Gutenberg. Barcelona, 2019.
Volumen I. 672 páginas, 29,50 €.
Volumen II. 511 páginas, 25,90 €

Antonio Gamoneda. ‘Esta luz’. Poesía reunida

Por TÚA BLESA
(Reseña publicada en El Cultural, el 17-9-2019)

Al titular en 2004 Antonio Gamoneda la reunión de su trabajo poético Esta luz estaba inscribiendo ahí, en el título, en lo que da nombre a su escritura, una palabra que es decisiva: “luz”. Así, lo que aquí se ofrece es una palabra luminosa, iluminada, la que de quien ha contemplado lo que se ofrece a la vista y lo que el decir poético saca a la luz. Es palabra que aparecía en el que fue su primer libro, Sublevación inmóvil (1960), “inmensa luz que hoy no podría / un dios mirarla sin quedarse ciego”, y ello entre expresiones que remiten a san Juan de la Cruz (“dar alcance”, “lance”). A fin de cuentas, ambos son místicos, por cuanto sus escritos incluyen misterio, cuando menos el misterio de que la palabra diga más de lo que dice, que emocione, que revele, que sea dicha poéticamente, lo que en la obra de este poeta sucede como en muy pocos. Y, desde luego, una obra que apenas tiene nada que ver con la de sus coetáneos.

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«Esta luz. Poesía reunida (1947-2019)», en el blog de Angélica Tanarro

Antonio Gamoneda: “Necesito que el poema este vivo,
que no sea algo tallado en piedra para siempre”

El autor de ‘El libro del frío’ presentó el segundo volumen de ‘Esta luz’, su poesía reunida

Por ANGÉLICA TANARRO
Publicado en su blog «Calle 58″, en la edición digital de El Norte de Castilla, el 15 septiembre 2019, 10:37

‘No sé’ es algo más que el título de unos de los últimos libros de Antonio Gamoneda. Ese supuesto no saber es el espacio mental en el que ha ido construyendo la continua indagación en la identidad, así como la perplejidad ante la existencia que están en su obra. Y a ese no saber recurrió ayer el poeta, premio Cervantes de Literatura, durante la presentación del segundo tomo de ‘Esta luz’, título bajo el que se acoge su poesía reunida y cuya primera entrega también publicó Galaxia Gutenberg hace ahora quince años.  Puede que los 88 de Gamoneda se dejen sentir en sus piernas, más torpes, o en su oído, más opaco, pero no han hecho mella ni en su lucidez ni en su escritura. En estos quince años que han pasado desde aquel voluminoso tomo que recogía sus escritos hasta 2004, Gamoneda ha publicado ‘Canción errónea’, ‘La prisión transparente’ y ‘No sé’; ha escrito el libro inédito ‘Las venas comunales’ sobre dibujos de Juan Carlos Mestre, y una serie de ‘Mudanzas’ (reescrituras y versiones de otros poetas). Todos ellos componen el segundo volumen de ‘Esta luz’, junto con el ‘Libro de los venenos’, un texto anterior que el autor considera un capítulo más de su escritura poética.

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Victoriano Crémer, en su día (¿hacia 1960-1961?), sobre «Sublevación inmóvil» de Gamoneda

Homenaje a Victoriano Crémer por su centenario. León, 16-XII-2006. En la imagen: Gamoneda, Crémer y Pereira. © Fotografía de PEIO GARCÍA, para la agencia ICAL

[Nota de E. O.: Este texto firmado por Victoriano Crémer, y sin fechar, se conserva entre los papeles de Antonio Gamoneda, escrito a máquina sobre un papel de calco grande y fino, casi un papel de seda, un tanto arrugado. Le pregunté a Antonio si ésta fue la primera reseña o crítica de su primer libro, «Sublevación inmóvil», y me respondió que no, que la primera reseña que recuerda apareció en una revista de Brasil que le llegó a Crémer, y que éste le enseñó en su día. En cualquier caso, este texto de Crémer tiene que ser una de las primeras reseñas de «Sublevación inmóvil», escrito con toda probabilidad en aquel tiempo, 1960 o 1961. No sabemos dónde se publicó, o si fue leída por la radio. Transcribimos el texto:]

SUBLEVACIÓN INMÓVIL.—Por Antonio Gamoneda
Colección Adonáis. Madrid, 1960

Andan hirviéndonos ideas antiguas sobre la crítica, cuando llega a nuestras manos un libro de versos: Se titula «Sublevación inmóvil», y su autor es Antonio Gamoneda, buen compañero de navegaciones líricas. Pero hemos de rechazar todo vínculo de amistad, pues que nos disponemos a hablar sinceramente sobre este libro primero, con el que se presenta a la alta sociedad española de la Poesía.

El libro de Antonio Gamoneda es mucho más que ese primer libro de poemas, arrancado de la sumisa ineditud por la prisa natural de un poeta joven. Estamos convencidos que la diana propuesta por el autor queda mucho más alta y más lejana que la que podría acogerse a la estricta geografía nacional. Es un libro sin fronteras.

«Sublevación inmóvil» ha ido haciéndose con lentitud, con dolor, aunque no con espasmos de angustia fingida. Para llegar a esta realidad ya compuesta, la obra sufrió revisiones despiadadas, lecturas apasionadas y hasta corrió la inevitable aventura de un Concurso Nacional, en el que destacó tan claramente que queda vista para la mejor de las sentencias: la de su publicación.

No se trata, pues, de un libro apresurado, de unos versos pugnaces que quieren salir, sea como sea. Es un Cuaderno sereno, denso, apretado y estremecido, en el que están evidentes supremas implicaciones de la Poesía eterna: la Belleza, la Verdad, la Justicia… Una Belleza que no supone una posición esteticista, sino que fundamenta una aspiración humana. Una Verdad que trasciende del paisaje, de las cosas, y que se entrega, con la alegría de la pureza, al deseo de los hombres; mas no al deseo instintivo, primario, sino al conocimiento reflexivo, transcendente. Y una Justicia tan proporcionada, tan armoniosamente concebida, que es como una Gran Patria; como una única y deseada Patria, en la que están contenidas la Verdad, la Belleza, la Libertad…

Oh, si, España,
España es también una tierra.
Pero la tierra solo no es un país:
un país es la tierra y sus hombres.
Y un país solo no es una patria;
una Patria es, amigos, un país con justicia.

El lenguaje de Antonio Gamoneda, a fuerza de extremar sus recursos expresivos y dejarlo en la más doliente y fina carne viva, parece desprovisto de retórica. Pero ¡qué difícil retórica es la suya! La palabra, en los versos de Gamoneda adquiere toda su intensidad, toda su fuerza comunicativa. Elimina voluntariamente la perífrasis y va directamente a la almendra dura de lo que necesita expresar. Dice por ejemplo:

«Hay que ser muy hombre para soportar la belleza»

y sin más, sentimos en el alma la gravitación magnífica de la belleza. O añade:

«Eterno al sol, después de mucha tierra deshabitada de pájaros, surge un pueblo»

y sin otros medios, la llanada abrasada se inventa un pueblo para nosotros… Que esta austeridad conceptual no invalida la potencia del mensaje, lo demuestra cómo en cada poema el alma del lector se siente aprisionada, cómo se detiene, cómo vuelve sobre los pasos de la lectura.

Aquí hay un poeta. Nosotros ya le conocíamos, pero faltaba este testimonio impreso para que el nombre de Antonio Gamoneda se imponga decididamente en el índice más calificado de la poesía española de los últimos años.

Acaso estemos en igual tormento.
Un dios caído en el dolor es tanto
como el dolor si sobrepasa el llanto
y se levanta contra el firmamento.
Un dios inmóvil es un dios sediento
y a mí me cubren con el mismo manto.
Yo tengo sed, y lo que yo levanto
es la impotencia del levantamiento.
Oh que dura, feroz, es la frontera
de la belleza y el dolor; ni un dios
puede cruzarla con su cuerpo puro.
Los dos estamos por igual manera
a hierro y sed de soledad, los dos
encadenados contra el mismo muro.

VICTORIANO CRÉMER

Antonio Gamoneda y Victoriano Crémer en 2006.

Lectura de «Descripción de la mentira», por Goya Gutiérrez Lanero

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Un comentario de la autora y profesora zaragozana Goya Gutiérrez Lanero sobre «Descripción de la mentira», de Antonio Gamoneda, que arranca así:

«DESCRIPCIÓN DE LA MENTIRA, de Antonio Gamoneda fue publicado originalmente en el año 1977 e incluido posteriormente en el volumen recopilatorio Edad (1989) y recogido más tarde en Esta luz (2004, Ed. Galaxia Gutenberg). En mi comentario para referirme a este libro, he elegido la segunda edición del año 2006 de Abada Editores, subtitulado De líquenes inevitables, conteniendo un glosario de Julián Jiménez Heffernan sobre distintas palabras peculiares que habitan el poemario, dejando constancia de fuentes y antecedentes en la poesía de este autor. Datos que arrojan si no luz, resplandores para poder transitar y navegar en la espesura de este bosque poético y en sus sorprendentes imágenes. (…)»

«El tiempo lee poemas» / Miguel Casado escribe sobre «Descripción de la mentira» en rebelion.org

Antonio Gamoneda y, al fondo, Miguel Casado, en Astorga, en julio de 2017. Foto: Eloy Rubio Carro (astorgaredaccion.com)

El tiempo lee poemas

«Descripción de la mentira es un cuerpo de insólita materialidad, que arrastra con su impulso, pero también es un espacio verbal de pensamiento, de exploración del sentido de la vida y de la identidad personal, y ambos se comunican y funden: las imágenes se hacen lúcidas y sensoriales las abstracciones…»

Un artículo de MIGUEL CASADO
Artículo publicado en Rebelión el 22-06-2019

No sé si hay en la poesía española de las últimas décadas muchos momentos tan cargados de sentido como el inicial de Descripción de la mentira: en él una mirada toma perspectiva para hacer balance del largo silencio que la antecede, silencio personal y colectivo –“era un país cerrado, la opacidad era la única existencia”–, y en ese mismo gesto encuentra también la voz para expresarlo. Una voz nueva, “sin semejanza”. El libro apareció hace poco más de cuarenta años. Ese momento parece, desde el punto de vista del autor, de Antonio Gamoneda, una experiencia de concentración temporal y existencial que no se agota: el vívido e instantáneo pasar de toda una vida ante los ojos, mientras afloran los múltiples estratos de sucesos y personas, confundidos primero, hasta que poco a poco van dando con su lugar –el que tuvieron en otro tiempo, el que retienen en su onda expansiva. Y me digo que, si hace de eso cuarenta y dos años, hace ya también muchos, treinta y seis, de la primera vez que leí el libro y escribí sobre él, y que no me resulta fácil evocar ese momento después de haberlo leído tanto, de haber escrito tantas páginas sobre él. Perdura, sí, la imagen del impacto y la sorpresa, de la novedad de aquella lengua y la fuerza de su mundo, de su música, y el poder de las imágenes, la atracción de su oscura densidad.

Viéndolo desde ahora, se diría que el tiempo lee poemas. Por supuesto, el debate inconcluso en España sobre la memoria histórica –que es un debate sobre la guerra civil de 1936-1939, que sigue abierto–, o la creciente quiebra del relato oficial de la llamada transición democrática de los años 70, resuenan hoy en estos versos junto a la “tierra desposeída de sus tumbas” o la conciencia de ser un superviviente en un país sometido a la destrucción, y forman parte de la lectura. Pero hablo sobre todo de una temporalidad propia de la poesía, de la lentitud o el calado de sus palabras. A través de los años la lectura ha ido posándose, alimentándose del texto y quizá también alimentándolo a su manera; las distintas escenas e imágenes se han ido iluminando, tendiendo vínculos, y una extraña literalidad se ha impuesto. Y, por ofrecer Descripción de la mentira la génesis de una lengua, cada texto posterior de Gamoneda parece influir en la percepción de ese origen.

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Reseña de ‘Canción errónea’, por Ángel Luis Prieto de Paula

Portada.

Canción errónea
Antonio Gamoneda
Tusquets. Barcelona, 2012
160 páginas. 14 euros

LIBROS / CRÍTICA

Pasión de indiferencia

‘Canción errónea’ incide en algunas obsesiones inconfundibles, como el bestiario gamonediano o la somatización de la vida en cuanto pasión inútil

Por ÁNGEL L. PRIETO DE PAULA
Reseña publicada en El País, el 3 de noviembre de 2012

Así como hay autores que se dan a conocer al calor de algún movimiento o grupo, otros, como Antonio Gamoneda (Oviedo, 1931), alcanzan notoriedad a despecho de las ordenaciones canonizadoras colectivas. Esto no siempre es elección suya, sino que suele obedecer a circunstancias cuya explicación no tiene cabida en esta reseña, escrita a sílabas contadas. En este caso concreto, el poeta surgido en 1960, con Sublevación inmóvil, estaba aún por cocer y, tras largo tiempo sin publicar, su reconocimiento hubo de esperar hasta Descripción de la mentira (1977), un libro singular donde se alzaba una voz generadora de extrañas resonancias oraculares y magnéticas, de una enunciación profética, sin ironías ni cautelas emocionales de ningún tipo. Quince años después se iniciaría, como un tifón cuyos orígenes nadie hubiera previsto, el ciclo de la muerte: tres títulos extraordinarios sobre el acabamiento físico, que el poeta creyó vislumbrar en Libro del frío (1992) —a mi juicio el mejor de los suyos—, al que habrían de seguir Arden las pérdidas (2003) y, ahora, esta Canción errónea.

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Pequeña reseña de «Niñez» (2016)

Haz un click para leer el artículo entero en El País.

Tomado de  «Poetas de los cincuenta, al día» / Aunque muchos han concluido su obra, algunos de los integrantes de la última gran generación de clásicos del siglo XX siguen publicando, reticentes a pasar al panteón literario

Un artículo de ÁNGEL L. PRIETO DE PAULA publicado en El País el 16-VIII-2016

Antonio Gamoneda, Niñez. Unos cuantos temas adquieren en la poesía de Gamoneda dureza y densidad de verbolitos: pobreza, madre, piedad, tribulación, infancia. Y aunque él distingue la literatura, que se refiere a la realidad, de la poesía, realidad ella misma, los textos de Niñez proceden tanto de libros poéticos, en verso o en prosa, como de Un armario lleno de sombra, las memorias de los primeros años. El relato anecdótico de unos textos es quintaesencia en otros, pero todos soportan una intensidad que duele y no cede nunca.

Niñez. Antonio Gamoneda. Edición de Amelia Gamoneda Calambur. Madrid, 2016. 128 páginas. 15 euros.

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Portada de la antología «Niñez» (Calambur Ed.).

«Una poética de la finitud» / Reseña de ‘Libro del frío’ por Rafael Narbona (2003)

Libro del frío
ANTONIO GAMONEDA
Ed. Siruela, Madrid, 192 págs.

Una poética de la finitud

Por RAFAEL NARBONA
(Reseña publicada en Revista de Libros el 01/08/2003)

Hijo de un poeta menor, Antonio Gamoneda (Oviedo, 1931) ha sido vinculado a la generación del cincuenta, pero la originalidad de su obra apenas tolera su inclusión en un grupo poético que ni siquiera acepta la comunidad de supuestos estéticos. Al margen de la polémica sobre las generaciones literarias, no es difícil advertir que las referencias de Gamoneda no coinciden con las de la Escuela de Barcelona. La primera discrepancia es de carácter social. La prematura desaparición del padre y la Guerra Civil se encargarán de despojarlo de cualquier privilegio, incluida una biblioteca con primeras ediciones autografiadas de Darío y Valle-Inclán. Gamoneda crece en un hogar obrero y se incorpora tempranamente al mercado laboral, desempeñando un trabajo irrelevante en una entidad bancaria. A diferencia de Barral y Gil de Biedma, su poesía no tendrá que abominar de un linaje burgués. Sin embargo, la experiencia de la pobreza no desemboca en una militancia descarnada. Gamoneda aprenderá de Nazim Hikmet que «la poesía no es social ni poesía si no se hace en un lenguaje de la especie poética» (El cuerpo de los símbolos, 1997, pág. 89). Esta enseñanza se reflejará en un lenguaje altamente condensado, donde la percepción de la injusticia no excluye un pesimismo existencial que se expresa mediante símbolos. Esto nos lleva a la segunda diferencia con los poetas catalanes del cincuenta. Gamoneda se aleja del registro coloquial que había introducido la influencia del último Cernuda. Frente a la evocación biográfica de Barral, Goytisolo o Gil de Biedma, Gamoneda utiliza el símbolo y la elipsis para aludir a su vida, que comparece en el poema mediante objetos en los que se ha borrado la referencia anecdótica. Al eliminar ese dato, aparece el hermetismo que se ha reprochado a Gamoneda. Esta oscuridad no se resuelve mediante un ejercicio hermenéutico, donde se establezcan las equivalencias correspondientes, pues Gamoneda considera que el símbolo es una realidad autónoma y no una imagen vicaria, subordinada a una exégesis que la despoje de su misterio.

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«Placer sin esperanza» / Reseña de «Esta luz. Poesía reunida (1947-2004)» / Por Eduardo Moga (2005)

Placer sin esperanza

Por EDUARDO MOGA
(Reseña del libro Esta luz. Poesía reunida (1947-2004), de Antonio Gamoneda, publicada en la revista Letras Libres el 28 febrero 2005)

Antonio Gamoneda (Oviedo, 1931) es, junto con Manuel Álvarez Ortega, el mejor poeta español vivo. Su irrupción en la poesía española se produjo tardíamente, con la publicación de Descripción de la mentira en 1977, aunque su definitiva consagración no llegó hasta mediados de los años ochenta, con la concesión del Premio Castilla y León de las Letras en 1985 y la publicación de Blues castellano (1982), Lápidas (1987) y, sobre todo, Edad (1987), una primera y decisiva recopilación de su poesía, en edición de Miguel Casado. Aparece ahora Esta luz. Poesía reunida (1947-2004), en la que, a lo compendiado en Edad, se añaden los poemarios mayores que Gamoneda ha publicado desde entonces: Libro del frío (1992), Arden las pérdidas (2003) y Cecilia (2004), así como sus «mudanzas», esto es, reelaboraciones propias de textos ajenos —de Nazim Hikmet, Trakl o Mallarmé, entre otros—. El epílogo, extenso y ejemplar, de Esta luz corre de nuevo a cargo de Miguel Casado, uno de los mejores conocedores de la poesía gamonediana, y a él hay que acudir para identificar algunos de sus rasgos esenciales: su carácter autobiográfico, que explica su impregnación social y su compromiso obrero y antifranquista; y su condición de poesía brotada de la conciencia de la muerte.

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«Un armario lleno de sombra», de Antonio Gamoneda, por Eduardo Moga (2009)

Portada de «Un armario lleno de sombra».

Un armario lleno de sombra,
de Antonio Gamoneda

Por EDUARDO MOGA
(Reseña publicada en la revista Letras Libres, el 31 de julio de 2009)

Antonio Gamoneda (Oviedo, 1931) ha cultivado poco la prosa: sólo Libro de los venenos (1995), una enjundiosa y polifónica recreación de un antiguo tratado farmacológico, y El cuerpo de los símbolos (1997), un conjunto de escuetas pero clarividentes reflexiones sobre poetas y pintores. Un armario lleno de sombra es, en rigor, su primer proyecto narrativo, aunque sea ajeno a la ficción, como reconoce el propio Gamoneda, y lo invada, a menudo, el pensamiento poético. Se trata de una autobiografía de la infancia, que comprende desde los primeros recuerdos hasta que cumple catorce años, ese periodo auroral en que se acumulan los acontecimientos raigales y se define la personalidad. Aunque Un armario lleno de sombra es un relato –así lo define su autor en varias ocasiones–, sus conexiones con la poesía de Gamoneda son evidentes. De entrada, contiene sucesos que han inspirado poemas en muchos de sus libros, y sobre todo en Lápidas (1986), cuya tercera sección es una autobiografía lírica. Los barrios, oficios y personajes que recorren este poemario asoman ahora despojados de su sustancia lírica y expuestos con la austeridad informativa de quien contempla y transcribe. En Lápidas dice Gamoneda: “Se iluminan pómulos, lágrimas negras de ferroviarios”; y en Un armario lleno de sombra: “Sobre su rostro, vi lágrimas negras; lágrimas de ferroviarios”. También menudean las remisiones explícitas a lo escrito en sus libros de poesía: al describir a las viejas vendedoras de la plaza del Grano, de León, Gamoneda señala: “Entrada la tarde (así lo digo de ellas en Lápidas), ‘recobraban el fardo inútil para regresar, madres del miércoles, al país desolado de los censos’”; un poco más adelante, identifica a alguien llamado Jorge Pedrero como “el vigilante de la nieve”, es decir, quien da título y sostén a la segunda sección de Libro del frío (1992). Me parece advertir en este constante y deliberado hermanamiento entre su relato y su poesía la voluntad de ejemplificar lo que ha expuesto en El cuerpo de los símbolos a cuenta de la condición de poeta irracional que, perezosa o despectivamente, le han endilgado algunos. Gamoneda sostiene que el presunto hermetismo de sus poemas se corresponde estrictamente con lo real: “La realidad es simbólica y yo soy un poeta realista, porque los símbolos están verdadera y físicamente en mi vida. […] Cuando digo: ‘esta casa estuvo dedicada a la labranza y la muerte’, hay aparición de símbolos, sí, pero sucede, además que esta casa estuvo realmente dedicada a la labranza y la muerte”. Los símbolos en la poesía de Gamoneda son disémicos, tal como los ha definido Carlos Bousoño en Teoría de la expresión poética: “Aquéllos en los que, además del sentido irracional, oculto para la mente [hay] otro sentido, éste lógico: el manifestado, de un modo directo o indirecto, por su literalidad”.

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«Descripción de la mentira», por Mario Alberto Medrano González

Por MARIO ALBERTO MEDRANO GONZÁLEZ
[Articulo publicado en el diario mexicano Excelsior, el 9 de junio de 2017]

En 1977, después de 17 años de silencio editorial —en 1960 apareció Sublevación inmóvil—, Antonio Gamoneda volvía a las librerías con una nueva obra: Descripción de la mentira. En 2007, a treinta años del surgimiento poético, yo lo leía por primera vez. Este 2017, el poemario de Gamoneda cumple cuarenta años de vida. La fecha sólo es un pretexto para volver a hablar sobre el poeta español.

Leer Descripción de la mentira es mirar un oleaje. Me explico. Este extenso poema es una arquitectura de versos largos, la mayoría de ellos llenos de imágenes, metáforas y un lenguaje de sintaxis quebrada, incluso difícil; por otro lado, el poeta construye versos largos, mas no versículos, con afirmaciones y sentencias: es en estos donde se encuentra cifrada la parte social y de denuncia y reflexión de este poema, y al mismo tiempo son los más emotivos.

Esta marea poemática es una alusión al hastío: “Yo sí supe qué fue la destrucción y me alimenté con yerbas escondidas y mastiqué mi nombre y conviví con las apariciones”. El yo poético es una constante, nunca se esconde, está de frente y recibiendo. Y su palabra ha logrado que nos apartemos de la indiferencia y, de alguna manera, del olvido. A pesar de que “el olvido es mi patria vigilada”. De Descripción de la mentira no sólo se puede elogiar su construcción rítmica y de pensamiento. El flujo mental tiene una ingeniería lingüística y retórica exquisita.

Por los versículos de Gamoneda pasan la hipálage, la sinestesia, la deixis temporal y espacial, como se ve en las preguntas finales del poema —»¿Qué lugar es éste, qué lugar es éste? ¿Cómo estás aún en mi corazón?» y  «¿Qué  hora es ésta, qué yerba crece en nuestra juventud?»—, la repetición, las aliteraciones y la constante pregunta poético-retórica que lanza el poeta para un tú, ése que no existe ante sus ojos.

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«Gamoneda: transparencia y elogio de la sombra», por José Ángel Leyva

Antonio Gamoneda:
transparencia y elogio de la sombra

Por JOSÉ ÁNGEL LEYVA
Artículo publicado en el periódico mexicano La Jornada el 28 mayo 2017

Días después de colocar La prisión transparente en el estante y revisitar mentalmente algunos de los poemas de esta edición posterior a Canción errónea, donde Antonio Gamoneda conduce su poesía a un laconismo que semeja la agonía, el estertor de la luz y el movimiento, me encuentro con una obra que me sugiere la presente nota: Elogio de la sombra, de Junichiro Tanizaki. Sentí que, desde las primeras páginas escritas por el japonés, un doble juego, una paradoja, me sumergía con avidez entre sus páginas. Poco a poco y al final de su lectura, en el reposo de las ideas, vino hasta mí la voz castiza de Gamoneda a mostrarme las correspondencias conceptuales de su Prisión transparente (Vaso roto, España, 2016).

Nada más alejado del libro de Tanizaki que la poesía de Gamoneda, pero también nada más íntimo con los valores que el primero otorga a la oscuridad. El Premio Cervantes (2006) hace su propio elogio en Un armario lleno de sombra (Galaxia Gutenberg/Círculo de Lectores, Madrid, 2009), ese extraordinario testimonio autobiográfico en que el poeta descubre y confirma el lado umbrío de la humanidad y la palabra, la dualidad y la paradoja de la existencia, la esencia misma del pensamiento entre la lucidez y la confusión, entre el deseo y la desesperanza. El japonés, por su parte, destaca con delicada prosa el sortilegio de la penumbra, su capacidad reveladora y sublimante ante una modernidad occidental que exalta todo lo que brilla, lo que deslumbra, lo que aparenta luz y enceguece. Tanizaki opone la discreción oriental de su cultura, el espacio arquitectónico que considera el ámbito reposado de la penumbra y el valor del uso de la cosas, la mancha del tiempo y el desgaste. De algún modo nos coloca en la profundidad no sólo de la memoria, sino, y sobre todo, del olvido. El arte de vivir y permanecer, de recordar y resignificar el vacío.

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Carlos Olivares Baró reseña «Niñez» en el diario mexicano La Razón

«Niñez» / Antonio Gamoneda

Por CARLOS OLIVARES BARÓ
Reseña publicada en el diario mexicano La Razón el 28 de mayo de 2017

Caían granizos en el patio de la casa: deslizaban su furia sobre las tejas de zinc de la casona. Migas de escarchas se desparraman por todo el jardín de la abuela (dos matas de mangos, limones, albahacas, girasoles…). Crucifijos de ceniza. Oraciones. “¡No salgan afuera!”. Lloviznada total: arrogante alineación de nieve en mi mirada asustada. Cae el cielo sobre el techado. Se cae el mundo. Torva en mis ojos aturdidos. Mi madre pulsa el rosario. Se despeñaban los granizos: demolían el olor del cundiamor. Es mi infancia.

Niñez. Antología (Calambur, 2016), de Antonio Gamoneda (Oviedo, España, 1931): antología suscrita por Amelia Gamoneda en que el Premio Cervantes 2006 narra trances de su infancia. “Contar la infancia reconstruye hacia atrás el tiempo, echa el ancla en el pasado, en un cierto mundo físico, mental y afectivo. Pero, como todo mito, la niñez pervive más allá de su momento, impregna la vida entera, y contarla supone también un modo de hablar del presente”, escribe Amelia Gamoneda en la introducción de este cuaderno de nostálgicos bordones y espiritual alegoría. El pasado se aventaja en el presente: “Soy un fue, y un será, y un es cansado” (Quevedo).

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