Poemas de Gamoneda

«Poema al Che», por Gamoneda

Che Guevara.

Che Guevara.

En Bolivia y en ti y no en la muerte

pensamos, capitán. Hubo silencio

una noche no más. Hirvió el acero

otra vez hasta el fin. Y vino el día.

Y todo el mundo se llamaba Ernesto.

ANTONIO GAMONEDA

— — —
[Este poema apareció en el libro colectivo ‘Poemas al Che. 84 poetas de España y América rinden homenaje al guerrillero’. La primera edición fue publicada por el Instituto del Libro de La Habana, en 1969. En España, Libros de Cordel realizó una edición facsímil en 1976.]

Un poema del libro ‘Cecilia’

Cecilia, nieta del poeta. Foto: Fernando Sanz-Santacruz.

Cecilia, nieta del poeta. Foto: Fernando Sanz-Santacruz.

Yo estaré en tu pensamiento, no seré más que una sombra imprecisa;

habré existido en un instante en que la alegría y la piedad ardían en tus ojos.

Pero también quiero permanecer desconocido en ti.

Desconocido. Simplemente envuelto en tu felicidad.

Tú distraída en tu luz y yo apenas viviente en ella, y así, imperceptiblemente amado, esperar la desaparición.

Aunque quizá estamos ya separados por un hilo de sombra y cada uno está en su propia luz

y la mía es la que tú vas abandonando.

ANTONIO GAMONEDA
(Del libro ‘Cecilia’)

Dos versiones del poema ‘Ferrocarril de Matallana’

...

FERROCARRIL DE MATALLANA

(La primera versión, del año 1960:)

A las ocho del día en febrero
aún es de noche.

Subimos a este tren algunos hombres
por motivos diversos.

No hay aún luz en los vagones, sólo
oscuridad y aliento.

No nos vemos los rostros pero sentimos
la compañía y el silencio.

En el andén estalla la campana.
Nos sobresalta la crueldad de un silbido.
El tren arranca. Todo vuelve
a su antiguo sentido.

Nos dan la luz amarillenta y floja.
Salimos
de la oscuridad como del sueño:
torpemente vivos.

Y ahora empezaremos a mirarnos
como hombres distintos:
amaríamos a éste, pero a aquél
nunca le amaríamos.

Sin embargo, la luz debiera ser
quien nos hiciese amigos.

Éste es un tren de campesinos viejos
y de mineros jóvenes.

Se ve algo que une
más que la sangre y la amistad.

Es una cosa del cuerpo y del alma.
Es grande y dolorosa.
Pero se está haciendo de día.

Ahora ya se puede ver la tierra
oscura bajo el hielo. Es
hermosa la tierra en febrero.
Vemos los montes todavía en sombra,
los robles, del mismo color del monte,
la yerba vieja sepultada en escarcha
y, sobre lomas, las tierras de trabajo:
cada surco endurecido por el río
como la resistencia de los pobres.

Rectos y oscuros, los chopos
llenan de serenidad las riberas
y, cerca de ellos, bajo el pueblo, el río
desciende azul y lleno de soledad.

Cruzan los pueblos de sonido humilde
—Pardavé, Pedrún, Matueca—;
las casas montan las paredes tristes
sobre el espacio de las huertas;
vemos las calles en silencio, vemos
la iglesia muda y las cerradas puertas.
Esto es un pueblo; se construye a base
de paciencia y tierra.

Cuando bajo del tren, siento frío
en medio de tanta verdad,
y ya entiendo, sin pensar, muchas cosas.
Comprendo, por ejemplo,
la belleza de España.

España es también una tierra,
pero una tierra sólo no es un país;
un país es la tierra y sus hombres.
Y un país sólo no es una patria;
una patria es, amigos, un país con justicia.

ANTONIO GAMONEDA
(Versión de 1960)

— — — (más…)

«Amor»

María Ángeles Lanza.

María Ángeles Lanza, esposa y compañera de Antonio Gamoneda.

AMOR

Mi manera de amarte es sencilla:
te aprieto a mí
como si hubiera un poco de justicia en mi corazón
y yo te la pudiese dar con el cuerpo.

Cuando revuelvo tus cabellos
algo hermoso se forma entre mis manos.

Y casi no sé más. Yo sólo aspiro
a estar contigo en paz y a estar en paz
con un deber desconocido
que a veces pesa también en mi corazón.

ANTONIO GAMONEDA
(Del libro «Blues castellano»)

— — —

AMORE

Il mio modo di amarti è semplice:
ti stringo a me
come se ci fosse un po’ di giustizia nel mio cuore
e io te la potessi dare con il corpo.

Quando ti scompiglio i capelli
qualcosa di bello si forma nelle mie mani.

E quasi non so di più. Io desidero solo
stare con te in pace e stare in pace
con un dovere sconosciuto
che talvolta pesa anche nel mio cuore.

ANTONIO GAMONEDA
(da «Blues castellano»)