Poemas de Gamoneda

Fabián Panisello recita a Antonio Gamoneda

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Fabián Panisello es un prestigioso compositor y director argentino-español, fundador de la formación PluralEnsemble y director de la Escuela Superior de Música Reina Sofía y del Instituto Internacional de Música de Cámara de Madrid.

El poema de Antonio Gamoneda que recita en este vídeo forma parte de su trabajo “Libro del frío”, editado por VERSO (2011), con la soprano Allison Bell y el Ensemble Meitar.

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Dos poemas inéditos de «Las venas comunales», de Gamoneda, en ‘Periódico de Poesía’ (México, 2019)

Estos días llegan a las librerías los dos tomos de ‘ESTA LUZ Poesía reunida 1947-2019′ (Galaxia Gutenberg), la nueva edición (revisada y ampliada) de la poesía reunida de Antonio Gamoneda, y el mexicano Periódico de Poesía celebra esta publicación con un adelanto –dos poemas– del libro inédito (hasta ahora) ‘Las venas comunales’ (2015-2019), que se incluye en el tomo segundo. Un libro que se escribió originalmente en diálogo con la obra gráfica de Juan Carlos Mestre y que supone el regreso de Gamoneda a una escritura más estrictamente social, aunque (añade su autor) «lo será, creo, relativamente fuera de las ‘costumbres’ que caracterizan a la tendencia”.

* * *

HAS LEVANTADO tu flor vertiginosa y has colocado sus pétalos ante el rostro de la imbecilidad; has denunciado hierros en la umbría, bajo tu mirada llena de ríos. Ellos, la imbecilidad, han tenido que cerrar sus ojos.

La imbecilidad es delicadamente sangrienta. Ayer mismo, ha adquirido lirios para las esposas que hoy acudirán a las basílicas. Una particular delicadeza: lirios
en las manos imbéciles.

Tu flor es otra. Guárdate de los lirios.

Hoy o ayer, no sé, martes tal vez, ardió o va arder la madre del grisú, y aún, en el aire, van a arder las lenguas del metano y, en las lenguas, van a arder los cabellos humanos.

Puedes verlo con tus ojos. O quizá con los míos: ya arden los cabellos, entran cintas de fuego a los ojos expertos en la antracita y la sombra.

Pon tu ávida lente, examina la córnea; la córnea proletaria.

Un día, el metano va a conocerse a sí mismo; va a conocer su espantosa química. Llorará. Lloraría el metano,
si pudiese.

Llora tú en nombre del metano. Llora también en mi nombre.
Y te aviso:

Si la imbecilidad adquiere lirios, no te engañen los delicados preámbulos: olvida las basílicas y prepara la estrategia órfica. Mientras tanto,

guarda tu flor vertiginosa, guárdala.
Guarda la flor.

(Fábula del metano y los lirios) (más…)

Un poema de Gamoneda dedicado a su amigo el pintor Modesto Llamas Gil

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Modesto Llamas Gil junto a uno de sus retratos de Gamoneda. Foto: Marcelino Cuevas / DL

«Modesto» / Poema de Antonio Gamoneda (Oviedo, 1931), fechado en 1999 y publicado en un pequeño catálogo dedicado al artista plástico Modesto Llamas Gil (León, 1929), con motivo de una exposición de pintura en la Galería Ármaga en 2010:

«El once ensangrentado», un poema de Antonio Gamoneda

El poema de Gamoneda, en una página de El Mundo / La Crónica de León.

[Este poema de Antonio Gamoneda apareció publicado en la edición nacional del diario El Mundo, y en sus distintas ediciones locales y regionales, el domingo 14 de marzo de 2004, tres días después de que diez bombas estallaran de forma casi simultánea, pasadas las 7:30 horas de la mañana, en cuatro trenes de la red de Cercanías de Madrid, en un atentado devastador llevado a cabo por una célula yihadista (como revelaron las posteriores investigaciones) que dejó 191 muertos y unos 2.000 heridos.] 

EL ONCE ENSANGRENTADO

…un río de sangre tierna.
Un río que viene cantando
por los dormitorios de los arrabales,
y es plata, cemento o brisa
en el alba mentida de Nueva York.
Federico García Lorca

A las siete de la mañana, en Alcalá de Henares,
Miguel de Cervantes, olvidando que está muerto,
se levanta y se arranca los ojos
para no ver salir los trenes de la sangre.

En Nasiriyya son las nueve. Faik,
mi buen amigo y vendedor de luz,
olvidando que ha muerto en Nueva York,
entra llorando en un pozo de sangre.

En Washington son las once. El señor Bush
va a acostarse. Le da gracias a Dios
porque de un país lejano y petrolífero
salen barcos llenos de sangre.

En Madrid, el presidente del Gobierno
piensa que hoy será un día trabajoso
y que podría ser mucho más cómodo
estar desayunando en las Azores.

La dinamita incendia la mañana
y el corazón cansado de Ramón
muere noventa veces en Atocha
y en Santa Eugenia y en el Tío Raimundo,
y arden y se consumen para siempre,
cien veces más, los pechos de Paloma
y se cubren de sangre los caminos de hierro.

Tal como están las cosas, desde ahora,
digo yo, desde ahora en adelante,
no va a ser posible, en Madrid y en España,
pensar seriamente en el desayuno.

En Washington, al parecer, el señor Bush
no ha descansado bien. Le pide a Dios
que bendiga a Paloma y a Ramón
tantas veces como se haga necesario,
dado que España es un gran país
lleno de sangre.

Y el presidente de ese gran país,
preocupado, seriamente preocupado,
añorando su desayuno, dicta
una declaración institucional
sobre los inconvenientes de la sangre.

Señor Presidente: ¿sabe lo que le digo?
Le digo de una vez y para siempre que,
sea usted quien sea y se llame como se llame,
no vuelva más a las Azores.

ANTONIO GAMONEDA

Página de El Mundo / La Crónica de León con el poema de Gamoneda.

«Hablo con mi madre», un poema de Antonio Gamoneda

Amelia Lobón, madre de Antonio Gamoneda. © Foto: Archivo familiar.

HABLO CON MI MADRE

Mamá: ahora eres silenciosa como la ropa
del que no está con nosotros.
Te miro el borde blanco de los párpados
y no puedo pensar.

Mamá: quiero olvidar todas las cosas
en el fondo de una respiración que canta.
Pasa tus manos grandes por mi nuca
todos los días para que no vuelva
la soledad.

Yo sé que en cada rostro se ve el mundo.
No busques más en las paredes, madre.
Mira despacio el rostro que tú amas:
mira mi rostro en cada rostro humano.

He sentido tus manos.
Perdido en el fondo de los seres humanos te he sentido
como tú sentías mis manos antes de nacer.

Mamá, no vuelvas más a ocultarme la tierra.
Esta es mi condición.
Y mi esperanza.

ANTONIO GAMONEDA
— Del libro Blues castellano

«Contemplación del destino»

Fotografía de José Antonio Robés para «El vigilante de la nieve» de Antonio Gamoneda.

Contemplación del destino

Estoy desnudo ante el agua inmóvil. He dejado mi ropa en el silencio de las últimas ramas.

Esto era el destino:
Llegar al borde y tener miedo de la quietud del agua.

ANTONIO GAMONEDA
(De Libro del frío, 1986-1992, 1998 y 2004)

 

Soneto de Gamoneda, dedicado al Castillo del Temple, en un libro de fotografías de Ángel Marcos

Este soneto de Antonio Gamoneda, titulado «Castillo del Temple en Ponferrada», se puede leer en el libro «Noches de piedras y lunas», con fotografías de Ángel Marcos de castillos de la provincia de Valladolid.

En este libro –editado por la Diputación de Valladolid y presentado a primeros de febrero de 2019– las fotos se alternan con textos y poemas de autores como Rosa Chacel, Francisco Pino, Juan Carlos Mestre, Antonio Colinas, Clara Janés, Luis Alberto de Cuenca o los Premios Cervantes José Jiménez Lozano y Antonio Gamoneda, entre otros.

Portada del libro.

El Norte de Castilla, 6 de febrero de 2019.

Una niña ilustra «Nadie en la senda», un pequeño poema de Gamoneda

Una niña (desconocemos su nombre) ilustró así el siguiente poema de Antonio Gamoneda:

Nadie en la senda

Hay un anciano ante una senda vacía. Nadie regresa de la
ciudad lejana; sólo el viento sobre las últimas huellas.

Yo soy la senda y el anciano, soy la ciudad y el viento.

(De Libro del frío, 1986-1992, 1998 y 2004)

[Tus cabellos descienden…], un poema de Gamoneda en español, inglés y árabe

«Tus cabellos descienden…». Poema de Antonio Gamoneda.

«Tus cabellos descienden…». Poema de Antonio Gamoneda traducido al inglés.

«Tus cabellos descienden…». Poema de Antonio Gamoneda traducido al árabe.

Tomado del libro: Nueva poesía española. VV. AA. Huerga & Fierro Editores / Poesía. Madrid, 2018

  • Antología en edición trilingüe Español/Inglés/Árabe.
  • Poemas de Antonio Gamoneda, Jaime B. Rosa, Clara Janés, Francisco Brines, Jaime Siles, Antonio Colinas, José Albi, Jenaro Talens, Rusell Dinapoli.
  • Edición de Moaen Shalabia y Jaime B. Rosa.
  • Traducción de Moaen Shalabia (al árabe) y Russell Dinapoli (al inglés).

«Música de cámara», dos sonetos de Gamoneda

«Todos somos víctimas, pero no inocentes» (2000). Cuadro de la serie ‘Conversaciones con Shostackovich’. © Manuel Jular.

MÚSICA DE CÁMARA

I

Si pudiera tener su nacimiento
en los ojos la música, sería
en los tuyos. El tiempo sonaría
a tensa oscuridad, a mundo lento.

Mezclas la luz en el cristal sediento
a intensidad y amor y sombra fría.
Todavía silencio, todavía
el sonido no tiene movimiento.

Pero llega un relámpago; se anudan
en los ojos lo bello y lo potente.
La fría sombra se convierte en fuego.

La belleza y el ansia se desnudan.
La música se eleva transparente.
Oh, sonido de amor, déjame ciego.

II

Yo, sin ojos, te miro transparente.
En la música estás, de ella has nacido;
de este grito de luz, de este sonido
a mundo amado luminosamente.

Y yo escucho después –agua creciente–
a la música en ti: todo el latido,
todo el pulso del aire convertido
a tu belleza, a tu perfil viviente.

Tumba y madre recíproca, del canto
orientas a tus venas la agonía,
y tus ojos asumen su potencia.

Oh prisión de la luz, después de tanto,
ya veo en el silencio: la armonía
es tu cuerpo, tu amada consistencia.

ANTONIO GAMONEDA
(En el libro colectivo «Sonetos para el siglo XXI». VVAA. Ediciones Vitruvio, Colección Baños del Carmen nº 672. Madrid, 2017) (más…)

«Sábana, César» / Un poema de Gamoneda dedicado a César Vallejo

[Este poema fue publicado originalmente en Cuadernos Hispanoamericanos. Homenaje a César Vallejo, vol.2, núm. 456-457 (junio-julio 1988), pp. 579-580, Madrid: Instituto de Cooperación Iberoamericana.]

Sábana, César 

Sábana negra en la misericordia:
tu lengua en un idioma ensangrentado.
(Mi madre está en el corazón de César Vallejo).

Sábana negra en la sustancia humana,
la que llora en tu boca y en la mía
y, atravesando dulcemente llagas,
ata mis huesos a los huesos de César.

Sal de mi lengua, piensa en la nieve y en la ira,
éntrale a Dios con tu infección y tu estruendo.
Hay mucha soledad y perros blancos
ante mis ojos. Tú eres bello en la muerte
pero ladras aún. Sal de mi lengua,
dame la mano para entrar en la nieve.

ANTONIO GAMONEDA

 

‘Sublevación’, un poema del libro «Sublevación inmóvil’, de Antonio Gamoneda

SUBLEVACIÓN

Juro que la belleza
no proporciona dulces
sueños, sino el insomnio
purísimo del hielo,
la dura, indeclinable
materia del relámpago.

Hay que ser muy hombre para
soportar la belleza:
¿quién, desde el miedo, separa,
hace tumbas distintas
para el pan común y la
música extremada?

Ay de los fugitivos,
de los que tienen miedo
de sus propias entrañas.
Si una vez el silencio
les hablase, ¿sabrían
respirar la angustiosa
bruma de los espíritus?
¿Cantarían su propia
conversión al espectro?

Y aquellos otros, estos
miserables amados,
justificados por el dolor:
advertid que tan sólo
a los perros conviene
crecimiento de alarido.

Algo más puro aún
que el amor, debe
aquí ser cantado;
en cales vivas, en
materias atormentadas,
algo reclama curvas
de armonía. No es
la muerte. Este orden
invisible
es
la libertad.

La belleza no es
un lugar donde van
a parar los cobardes.
Toda belleza es
un derecho común
de los más hombres. La
evasión no concede
libertad. Sólo tiene
libertad quien la gana.

Solicito
una sublevación
de paz, una tormenta
inmóvil. Quiero, pido
que la belleza sea
fuerza y pan, alimento
y residencia del dolor.

Un mismo canto pide
la justicia y la
belleza.
Sea la luz
un acto humano.
Se puede
morir
por esta
libertad.

— — —
* Del libro Sublevación inmóvil (1953-1959), de Antonio Gamoneda, publicado por Ed. Adonáis en 1960.

Diez poemas del ‘Libro del frío’ de Gamoneda traducidos a cuatro idiomas en la página alemana Lyrik -line

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[En selva roja…], un poema sin título de Antonio Gamoneda

El poema aparece recogido en el libro «Esta luz. Poesía reunida (1947-2004)» (Galaxia Gutenberg/Círculo de Lectores; Barcelona, 2004), dentro de ‘Exentos II’, pág. 147:

En selva roja donde el agua nunca
la luz destella, ni, de oscuras ramas,
un pájaro revuelve la espesura
y, luego, lento, en el azul se eleva
y el canto le sostiene y pacifica;
en esta oscuridad que se respira
y a sí misma se ignora, pero siente
los pies descalzos del pastor, la lluvia
que oscurece las hojas y perfuma
el liquen y refresca la madera,
aquí no deja de pasar la noche
en larga suavidad: lame las grutas
donde vive la sed y se desliza
entre las ramas cautelosas. Siempre
pasa la noche pero el día nunca,
ni el rostro amado que bajar quisiera
hasta aquella maleza y envolverse
en el silencio de la selva; nadie,
ni aquella roca vibración de oro
de la abeja nupcial; naturaleza
que al solo oculto corazón escucha
latir en soledad, pero llorando.

ANTONIO GAMONEDA

Un poema de «Sublevación inmóvil» (1960), de Gamoneda

Pintura de Juan Rafael (Abril, 2018).

Si alguien me diese un
golpe en punta, una
cuchillada de libertad,
la luz se llenaría
de puros gritos y
rojo corazón desmenuzado.

Ah los espacios con
ramos de fuego, lluvias
rojas y veloces, cintas
de sombra, látigos de ira.

Ahora entiendo la edad
de la crecida, el río
salvaje del dolor:

mi corazón subía
a la cima del ansia.

ANTONIO GAMONEDA
(Del libro ‘Sublevación inmóvil’, Rialp Ediciones, Madrid, 1960)