
Por ISMAEL G. MANJÓN / 31 mayo 2026 Diario de León
El panorama de las letras hispanas está de celebración. Uno de sus faros más singulares, el poeta Antonio Gamoneda, cumplió 95 años de edad en el día de ayer. Y lo hizo de la mejor de las formas, en un acto en Gordoncillo, donde se entregó la Semilla de Oro a Juan Carlos Mestre. Aunque nacido en Oviedo el 30 de mayo de 1931, su figura no se puede entender sin los paisajes y la historia de León, la ciudad a la que llegó de niño y donde ha madurado una de las trayectorias poéticas más imponentes y respetadas de la contemporaneidad.
En declaraciones para DIARIO DE LEÓN, Antonio Gamoneda comenta: «Estoy muy feliz y juego con la carambola del tiempo y quiero acordarme del que vendrá. Pero también soy consciente de que estoy muy encandilado a la posibilidad de que efectivamente puede venir otro tiempo para mí». Eso sí, mientras Gamoneda se sienta con fuerza y ganas, su legado no parará. «Ahora me encuentro trabajando en tres libros sabiendo que es probable que no los pueda terminar. Uno de ellos ya tiene título Cancionero de la Indiferencia», explica el poeta sobre los trabajos en los que ya está al mando. No obstante, Antonio Gamoneda siempre tuvo una gran vinculación con los jóvenes a los que incita a «aprovechar ese don que es irrepetible», a pesar de que, «siempre te puedes sentir jóven».
Persona autodidacta, ajeno históricamente a las corrientes estéticas de su época y poseedor de un rigor verbal implacable, Gamoneda ha sabido edificar un universo lírico donde el dolor, la pérdida, la vejez y la inminencia de la muerte no actúan como lamentos, sino como espacios de suprema lucidez. Hijo de un poeta modernista fallecido, Gamoneda aprendió a leer durante los rigores de la Guerra Civil utilizando, precisamente, los versos que dejó su padre. Aquella infancia marcada por la miseria de la posguerra ferroviaria y la represión franquista en el barrio leonés de El Crucero forjó el núcleo de su sensibilidad artística.
Su obra
Tras irrumpir de joven con Sublevación inmóvil (accésit del Premio Adonáis en 1959), su consagración definitiva llegó en 1977 con la publicación de Descripción de la mentira, un poema largo y desgarrador que sacudió la conciencia cultural de la Transición. Siguieron a este hitos como Lápidas, Libro del frío o su monumental recopilación Esta luz.
Aunque la recepción inicial de su obra requirió de un lento proceso de asimilación dada su enorme singularidad, el siglo XXI trajo consigo los máximos honores institucionales. Distinguido con el Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana y, de manera cumbre, con el Premio Cervantes en 2006, Gamoneda es reverenciado tanto por la crítica como por las generaciones de poetas jóvenes, quienes ven en él un maestro absoluto de la honestidad creativa.
A sus 95 años, y con una lucidez inquebrantable que desafía el paso del tiempo, el escritor leonés de adopción sigue demostrando que la gran poesía no tiene prisa. Sigue habitando ese territorio donde el pasado y el porvenir se funden, recordándonos que, en sus propias palabras, escribir es siempre avanzar hacia la luz definitiva.
Una figura destacada en la historia de León que quiere seguir dejando un legado difícilmente repetible y donde todo el mundo pueda fijarse en su persona y en su trabajo: la poesía.
«Nunca hay que olvidar que nosotros somos los responsables de la felicidad del resto de seres humanos», expresa Gamoneda.