Descripción de la mentira

«Un país sin verdad», por Julio Llamazares

[Este artículo ha sido publicado en distintos periódicos españoles el 21 y 22 de julio de 2023]

UN PAÍS SIN VERDAD

Por JULIO LLAMAZARES

En 1977, cuando el hoy galardonado poeta Antonio Gamoneda era desconocido por casi todos, publicó un libro que a muchos nos conmocionó. Se llamaba –se llama– Descripción de la mentira.

Cuando apareció ese libro, Gamoneda llevaba años sin publicar. Así que para los jóvenes poetas como yo era en aquel momento Descripción de la mentira fue todo un descubrimiento. Se trataba de una poesía diferente, hermética pero bellísima, y, sobre todo, llena de interpretaciones. No hace falta que yo diga que para mí aquel libro sería fundamental.

Sé que a Antonio Gamoneda, tan poco amigo de las simplificaciones, la lectura que algunos hicimos de su libro no le complació mucho, aunque, con su buen estilo, nunca dijo nada en contra. Me refiero a esa lectura que identificaba simplistamente (era la época y era también nuestra ingenuidad) la mentira del título de su libro con la que España había vivido durante años. A través de ella, versos como el que abre el texto: «El óxido se posó sobre mi lengua como el sabor de una desaparición / El olvido entró en mi lengua y no tuve otra conducta que el olvido / y no acepté otro valor que la imposibilidad», cobraban para nosotros un sentido muy directo, tan directo quizá como alejado del que el poeta había querido darles.

Y no digamos aquellos otros que expresamente apuntaban: «Los que sabían gemir fueron amordazados por los que resistían la verdad, pero la verdad conducía a la traición / Algunos aprendieron a viajar con su mordaza y éstos fueron más hábiles y adivinaron un país donde la traición no es necesaria: un país sin verdad». Esto, para mí y para mis amigos, en aquel año de 1977, era toda una revelación.

Recuerdo esto en estos momentos en los que todos hablan de la mentira como un ingrediente más de nuestra política y recuerdo a la vez aquel tiempo en el que yo pensaba que la mentira era algo del pasado, algo que afortunadamente se había acabado en este país. ¡Qué ingenuo era! ¡Qué infeliz creyendo que aquel libro que leía como si fuera una revelación no era una visión del mundo sino el epitafio de una época concreta! España ha cambiado mucho desde aquel tiempo, pero los versos de Gamoneda siguen vigentes por desgracia para los españoles.

Basta leer los periódicos, mirar la televisión, escuchar los discursos de algunos políticos o a algunos opinadores para ver cómo la mentira se utiliza con naturalidad. Mi compañero Antonio Muñoz Molina, en un artículo publicado en El País hace unos días que ha levantado una gran polvareda, ponía algunos ejemplos de esas mentiras flagrantes de nuestra política más reciente (la justificación de la guerra de Irak con falsas acusaciones, la atribución de los atentados del 11M a ETA por el Gobierno de Aznar, etc.) para concluir con estupefacción que mentir se ha convertido en España en un arma más de la actividad política porque mentir se considera normal.

Dicen los historiadores que los efectos de una dictadura tardan mucho en desaparecer y un ejemplo de ello quizá sea éste. Aunque mucha gente sostiene que España está homologada en todo con los demás países de Europa, aunque nuestra economía crezca pujante por delante incluso de las de éstos, aunque desde hace ya décadas disfrutemos de una democracia plena, todavía arrastramos un déficit de moralidad política que hace que sobrevivan entre nosotros comportamientos pertenecientes a otros sistemas y que ello se contemple con naturalidad por todos. Vuelvo a los versos de Gamoneda, aquellos que yo leía a finales de los 70: «De la verdad no ha quedado más que una fetidez de notarios / una liendre lasciva, lágrimas, orinales / y la liturgia de la traición (…) / ¿Qué lugar es éste, qué lugar es éste?».

«La escritura del cuerpo», un artículo de Ildefonso Rodríguez dedicado a Gamoneda en el nº 2 de ‘Un ángel más’

La revista «Un ángel más» (Casa Revilla, Fundación Municipal de Cultura, Valladolid), que dirigieron Gustavo Martín Garzo, Carlos Ortega y Miguel Suárez, dedicó en su Nº 2, publicado en otoño 1987, un amplio dossier al poeta Antonio Gamoneda, que coordinó Miguel Casado.

En ese dossier apareció originalmente este texto, que se publica ahora de nuevo, tal cual era entonces, por gentileza del autor (que ha tenido la generosidad de transcribirlo):

LA ESCRITURA DEL CUERPO

Por ILDEFONSO RODRÍGUEZ

Ildefonso Rodríguez. Foto: Eloísa Otero.

Lo que ahora muestro es solo mi actividad de lector: un conjunto de estampas, de postales extraídas de unos textos para mi gusto y claridad. Elaboré, con rachas de pasión, un panorama, un aparato semejante a un estereoscopio antiguo y me asomé a él una y otra vez. Mucho quedó fuera, pero yo tuve que elegir. Es seguro que todo, en la poesía de Antonio Gamoneda, pueda verse desde puntos invertidos y contrarios a la visión que yo me representé, pues incluso esta para mí es ocasional (basta que yo vuelva a su lectura para que ya aparezca otra y muy diferente, y ahí reside uno de los valores altos de esta poesía, en ser irreducible como pocas).

Si mi elección fue ajustada, si tuve buen o mal gusto al escoger, es algo, obviamente, ajeno a los textos. La que allí quedó, extendido sobre aquel mostrador, es mucho más, hasta la cara oculta de esa escritura, la que yo nunca llegué a ver. Pero eso es lo que traje conmigo y ahora lo expongo desde la amistad con tal poesía, amparándome en una forma de confianza que, con todo, no deja de intimidarme.

La escritura poética de Gamoneda gana a sus lectores por el despliegue de una energía poco común, una atracción en la que el propio lector obtiene la experiencia continuada y muy específica de su acto de lectura. Es como si, al leer, se le representase de un modo nada virtual y en cambio muy corpóreo, vívido, una naturaleza que le pertenece y a la que él mismo pertenece; se le ofrece un organismo que roza y se comunica con sus propios sentidos, con la sensibilidad absoluta (no parcial, no ideal o figurada) de su cuerpo. El lector pone en suspensión su hábito común de mirar un texto, de pensarlo y entenderlo. Abre los ojos sobre la escritura y obtiene sensaciones de tacto, de paladeo, de audición, advierte un bullir de movimientos en su interior. Crecen en él materias y sustancias que desconocía y las incorpora, de un modo natural, a su repertorio, ilimitado ya, de experiencias en lo que entiende por mundo. Ve también nuevos objetos que, le parece, podría pesar con la mano o bajo cuyas sombras sería capaz de reposar.

Pero toda esa sustancialidad, esa corpulencia en la que se amplifica el lector, no es más que palabras, vocablos que él mismo reconoce, después, como semejantes e idénticos a los de su habla común. Y vuelve al texto y otra vez esas palabras se le transmutan por efecto de una combinatoria en apariencia muy evidente, se recubren, generan un cuerpo inesperado, pero también reconocible desde el sensorio del lector. No solo los nombres y los adjetivos portadores de color o sinestesia poseen tal vivacidad, pues hasta las partículas, los adverbios, se comportan de modo semejante, se espesan, forman grumos, les crecen pestañas vibrátiles. Y en cuanto a los propios textos, tanto da si son dilatados (un conjunto casi absoluto como la Descripción de la mentira) o bien son prosas, iluminaciones fragmentarias y formas muy breves como las que se componen en las Lápidas. Siempre el lector asiste al mismo fenómeno: una poesía que le cubre y se deja cubrir, que espumea, que desborda sus límites (aun en el caso de que alguna poesía los tenga).

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Los tres poemas esenciales para Juan Carlos Mestre son de… Gamoneda, Blai Bonet y Luis Cernuda

Haz un click para ir a Abisinia Review y leer los tres poemas esenciales seleccionados por Juan Carlos Mestre.

Este dossier de Abisinia Review se creo para ir a la caza de joyas de la literatura y para rendirle un pequeño homenaje al lector de poesía. Le preguntan al poeta Juan Carlos Mestre “¿Cuáles son tus tres poemas españoles esenciales desde tu experiencia como lector y desde tu sensibilidad como creador?”. Y, sin solicitarle argumentaciones, estas fueron sus joyas:

[Fragmento de] Descripción de la mentira, de Antonio Gamoneda.

Gaspar Hauser Núm. 2, de Blai Bonet.

1936, de Luis Cernuda.

‘Descripción de la mentira’ / «Pequeñas cosas sobre un libro grande», por Antonio Pereira (1978)

PEQUEÑAS NOTICIAS SOBRE UN LIBRO GRANDE

Por ANTONIO PEREIRA
(Artículo publicado en el diario La Hora Leonesa, el 15 de marzo de 1978)

Hace ya varias semanas que el último (por ahora) poemario de Gamoneda, ha alcanzado ese gozo del alumbramiento que es –que sigue siéndolo, por encima de cualquier otro modo de divulgación– su salida de las máquinas de imprimir. Yo he tenido en las manos el fruto palpable, lo tengo ahora mismo con esa sensualidad que nos transfieren siempre las páginas nuevas, todavía olorosas al oficio que más ha hecho por la comunicación entre los hombres. Pero no olvido otras gratificaciones previas: la de haber conocido, no diré que por azar, puesto que las amistades profundas dejan escaso margen a la casualidad, las holandesas manuscritas o mecanografiadas que el poeta iba produciendo como resultado de una necesidad implacable, y el acto de coser, grapar las hojas sueltas e inéditas, uno de los instantes más temblorosos –y que no recuerdo haber visto glosado por nadie– del largo y desasistido proceso de la creación literaria…

Como no podía ser menos, las primeras resonancias han comenzado a levantarse en León y fuera de León. Merece retenerse la de quien ha escrito en su comentario periodístico que sí, que está muy bien remover las aguas de la poesía, nunca aquietadas del todo; pero que justamente la salida de un libro como «Descripción de la mentira» debiera aceptarse como ocasión obligatoria para estudios con vocación de hondura y permanencia. También a mí, el largo y tendido poema de Gamoneda (rectifico aquí lo de poemario) me parece materia suficiente e incluso generosa para el análisis. Su estructura y su aliento, la profundidad de sus vetas y la sugestión del lenguaje, las plurales posibilidades de lectura… todo deja sospechar que nos encontramos ante uno de esos textos que en la brevedad de su extensión contienen la llamada a elucidaciones mucho más amplias que ellos mismos.

Pero ya me urge decir una cosa: que yo no voy a ensayar esa tarea. O menos irreversiblemente, que no voy a acometerla ahora. León está presenciando en estos momentos una atención profesoral y estudiosa hacia su propia literatura, gracias a gente especializada en una crítica moderna. Lo mío, en cambio, lo que a mí me ocupa es dejar constancia de una adhesión personal y poética, trazada mayormente sobre la anécdota: que en negocios de amistad, me parece apenas separable de la categoría…

El 11 de junio de 1976 –por ejemplo–, viernes, larguísima sobremesa en Los Candiles. Antonio sabe escuchar, escucha pudorosamente recatado detrás del humo de su pipa. Hay que declararse con sinceridad, de siempre y en común nos hemos prohibido la medicina complaciente. Yo le reconozco desde luego a su manuscrito, una fascinación y una potencia verbal (dentro de la contención) que casi, de tanta hermosura, se hacen sospechosas. Y como lector un recelo de que se nos esté intentando «embaucar» con la palabra. (Bueno, ahí está Borges que asevera: «Todo escritor es un embaucador»). Una dificultad para penetrar a primera sangre en sus zonas oscuras, que se presentan al hilo de cualquier fragmento… Pero también, y como colofón, el dar a la caza alcance en la final claridad de «Descripción de la mentira» –para mí es la declaración agónica de una deserción temporal, de la que el poeta regresa gracias a un ejercicio de reencuentro consigo mismo, y en él se reconcilia…–, que todavía no se llamaba «Descripción de la mentira».

El lunes 20 de diciembre de 1976, en el Palomo. (Son las ventajas de mi diario maniático, minucioso). El libro iba a llamarse, se llamaba ya en su existencia intrauterina y secreta: «Profundidad de la mentira», pero al autor lo desazonaba ese algo pretenciosamente trascendente a que remite profundidad… Había, las hay siempre, un abanico de posibilidades. Pero también, como siempre, el convencimiento de que sólo una de ellas es la buena.

Tratábamos de hablar de otras cosas pero era inútil, el poeta maquinaba en lo suyo, más espeso de cejas que nunca, apurando alejadamente el vino de la costumbre. De repente se dio una palmada en la frente: «¡Lo tengo!». Me hizo recordar que había él manejado «Profundidad de la mentira» y «Descripción del silencio»… Estaba claro: ¡DESCRIPCION DE LA MENTIRA! Levantamos los vasos alegremente, sin ceremonia. En paz.

Para terminar, y porque estas notas se escriben en León, podría subrayarse lo leonés del libro. Precisamente un libro que desde su planteamiento hasta su culminación se vuelve hacia lo universal de la poesía y del hombre. Arrancando del signo editorial de la colección «Provincia» para rematar en la datación en León y Boñar, señales respetables, pero en la condición de lo accesorio, el poema transcurre por caminos a cuyo reconocimiento basta una lectura atenta. (No una lectura denodada, como alguien pudiera pensar a primera vista). Árboles esbeltos, urces, sombra azul distribuida en sernas y el ganado de vientre pisando sobre la nieve. Pero también el paisaje urbano, con hombres de la ciudad en donde acaso podamos reconocernos. Por ejemplo, en estos claroscuros fragmentos:

Tu serenidad era la servidora del desprecio. Como a animales sosegados, hartos de indiferencia, nos conducías a la frecuentación de los notables y a las acacias inmóviles sobre la oscuridad del río.

Tu suavidad purpúrea y tu murmuración eran dóciles.
Te detenías bajo las lámparas y los insectos blancos aparecían sobre ti…

Con las inmensas libertades que el poeta recaba para la transmutación de la realidad cotidiana en pura sustancia poética: ¿Sería descabellado pensar –sentir– al fondo de los versículos la figura de Antonio de Lama?

«Testigo de A. G.», por Antonio Pereira (1988)

Antonio Gamoneda.

Testigo de A. G.

Por ANTONIO PEREIRA
(Artículo publicado en el suplemento «El Filandón», de Diario de León, en julio de 1988)

Ahora ya no sé cómo supe «lo de Gamoneda». La radio, la televisión, quizá la  imagen familiar del poeta, entre tierna y ceñuda, al desplegar el periódico de la mañana. Me prohibí la vehemencia del teléfono. Le escribí. Ahora me pongo a redactar estas líneas para unas páginas de homenaje y será escribirle a él y también a mí mismo, que me veo premiado como amigo viejo, partícipe de la aventura humana y literaria del poeta de Edad.

Y me voy a permitir un perdonable orgullo. Frente (o junto) a los críticos encopetados que en estos días declaran su sorpresa ante el «corpus» de la obra gamonediana, uno no resiste la tentación de exhibir la virtud del madrugador. Porque no es grano de anís, llevarles diez años de delantera. Abramos comillas: «La salida de un libro como Descripción de la mentira debiera aceptarse como ocasión obligatoria para estudios con vocación de hondura y permanencia (…). Su estructura y su aliento, la profundidad de sus vetas y la sugestión del lenguaje, las plurales posibilidades de lectura…, todo deja sospechar que nos encontramos ante uno de estos textos que en la brevedad de su extensión contiene la llamada a elocuciones mucho más amplias que ellos mismos». El abajo firmante lo firmaba entonces en este mismo periódico. El 15 de marzo de 1978, para los amigos de la precisión.

A Antonio Gamoneda le ha llegado el interés de los exégetas. Está bien, con tal de que se nos deje un sitio a los «testigos». Walt Whitman suministra una cita tópica, y no voy a estampar aquí que quien toca el libro de Gamoneda toca un hombre. Lo que el lector palpa y respira, desde luego, es la historia y la edad de un hombre. Y no solo su edad biológica y biográfica, sino también –ambigüedad feliz, la de la poesía–, esa otra edad que se define como época, período, tramo en la crónica general del mundo. Leer a Gamoneda es saber de él. Pero también es repasarnos a nosotros mismos.

Estamos, pues, en la hora de la justicia y de la verdad sobre el poeta leonés. En una revista literaria se decía «El año Gamoneda». Me gusta más la titulación de otra publicación, también del ramo: «Un poeta para el fin del siglo». Pero, ¿por qué poner límites tacaños a la providencia, si el siglo XXI está a las puertas y el creador justifica todas las esperanzas desde su plenitud?

Alegría por el premio nacional, por el poeta y por todos nosotros. A este viejo compañero de tantas tardes, elocuentes o cavilosas, le conforta pensar que nos aguardan nuevos y maduros frutos de Gamoneda. Y que no se han terminado las horas de las tabernas con Antonio: «Las tabernas amarillas» donde «cambiar el silencio exterior por una voz humana».

Antonio Pereira.

«Culpa», por Luis Marigómez

Antonio Gamoneda (h. 1982). Foto: Archivo de la familia Quindós Martín-Granizo

[Artículo publicado en el suplemento cultural “La sombra del ciprés”, del diario vallisoletano El Norte de Castilla, el viernes 21 de mayo de 2021, pág. 4]

CULPA

«Descripción de la mentira»

Por LUIS MARIGÓMEZ

Portada del suplemento La Sombra del Ciprés, 21-5-2021.

En diciembre de 1975, cuando empezó a escribir el poema, Gamoneda tenía 44 años. Franco acababa de morir. Su anterior libro, ‘Blues castellano’ terminado en 1966, no se había podido publicar por la censura del régimen. (Apareció en 1982). Pidieron una beca por él para, al concedérsela, incitarle a escribir de nuevo.

Encuentra otra manera de ordenar las palabras, unos términos que lo caracterizarán de ahí en adelante, con una libertad que vuelve al mundo oscuro de la dictadura, casi toda su vida hasta entonces, militando en la clandestinidad, soportando la vergüenza de ser pobre y de sentirse vencido, escalando con mucho esfuerzo en consideración social. Tristeza, cánulas, corazón, amarillo, azul, óxido, leche, ácidos, hiel, vergüenza, luz… Estas palabras aparecen de modo recurrente en el libro y hacen de cimientos del edificio que por fin quiere y sabe construir el poeta a partir de aquí y en las siguientes entregas. «El óxido se posó en mi lengua como el sabor de una desaparición.» Es el primer versículo del libro y marca una cadencia que se identificará de ahí en adelante como gamonediana.

El poema es una relación afiebrada de un tiempo convulso: «Era un país cerrado; la opacidad era la única existencia.» El sujeto poético emplea un tono solemne y trágico: «Mi memoria es maldita y amarilla como el residuo indestructible de la hiel.» Ha sobrevivido a esa calamidad y se siente culpable. «(…)la suciedad obligatoria de mi alma: / éste es el precio de la paz. Acuérdate.» «(…)tantos días hasta que comprendí que el miedo era el alimento de mi patria.» Esa atmósfera venenosa es el aire que ha respirado el poeta, silencios impuestos, delaciones, arrepentimientos, mentiras, muerte… Todo es oscuro. «De la verdad no ha quedado más que una fetidez de notarios, /una liendre lasciva, lágrimas, orinales / y la liturgia de la traición.»

Hay momentos voluptuosos: «Descubríamos líquidos cuya densidad pesaba sobre nuestros deseos (…)», pero están contaminados por el ambiente, «Obscenidad, dulzura fúnebre, ¿Quién no bebe en tus manos amarillas?»

El poeta usa una segunda persona múltiple, femenina, masculina, como un espejo de sí mismo… «Puse la enemistad como un lienzo sobre tus pechos que eran olorosos hasta enloquecer en sus círculos amoratados.» «Ahora eres obsequioso y pacífico como el aceite que se reserva para los agonizantes» Está ahí el amigo que muere: «Ese eras tú, nuestras palabras aniquiladas en tus oídos.»

Es poesía política, de denuncia, pero es mucho más, trasciende las circunstancias particulares para adentrarse en un espacio propio, que crea con sus modos, sus palabras, sus ritmos… más allá de la representación. Hay dolor, culpa, tragedia. Y está la belleza terrible inherente a ese relato que no busca realismo ni comprensión, sino sumergir al lector en un aire lleno de miasmas del cuerpo y del alma. La mentira del título está de manera esencial en el ambiente que se describe, y ha contaminado todo, incluidos los sujetos que pelean por salir de allí. En palabras de Miguel Casado, quien más y mejor ha analizado la poesía de Gamoneda: «La inmersión en ese tiempo hace aún más irreal la supervivencia, de modo que las conclusiones ya no son personales, biográficas, sino existenciales: vivir es fingir la existencia, la auténtica mentira es la propia vida.»

El libro apareció en la colección Provincia, en León, en 1977. Diez años más tarde, la primera Poesía reunida de Gamoneda, ‘Edad’, con poemas a partir de 1947, convirtió al poeta en el referente que es hoy.

:: Obra y vida

Aunque el primer libro publicado de Gamoneda fue ‘Sublevación inmóvil’, escrito entre 1953 y 1959, finalista del Premio Adonais y publicado en 1960, él añade en sus compilaciones ‘La tierra y los labios’, empezado en 1947, cuando tenía 16 años, y terminado en el 53. Durante un tiempo, el poeta se presentó, por razones también económicas, a cuanto premio de poesía en el que veía que tenía posibilidades, y ganó bastantes, a veces con otros nombres, según cuenta en sus Memorias.

‘Blues castellano’, escrito entre 1961 y 1966, no pudo aparecer hasta 1982, por la censura. ‘Descripción de la mentira’ se publica en 1977, en la colección Provincia, de León. ‘Lápidas’ (1977-1986) ya aparece en la exquisita editorial Trieste, en Madrid. Se convierte en un poeta reconocido por el gran público a partir de su primera Poesía reunida, ‘Edad’ (1987) en Cátedra, en edición de Miguel Casado.

‘Libro del frío’ (1982) se publica en Siruela. El ‘Libro de los venenos’ (1995) es un proyecto singular, fuera de género, a partir del tratado de Dioscórides, del SXVI. ‘Arden las pérdidas’ (2003) y ‘Cecilia’ (2004) vienen ya integrados en la segunda edición de su Poesía reunida, ‘Esta luz’ (2004). ‘Canción errónea’ (2012) y ‘Prisión transparente’ (2016), son su últimos libros, incluidos en la segunda edición de ‘Esta luz’ (2019), ya en dos volúmenes.

Además de numerosos textos ensayísticos y algunos narrativos, son muy destacables sus dos tomos de Memorias, ‘Un armario lleno de sombra’ (2009) y ‘La pobreza’ (2020), publicados en Galaxia Gutenberg. Ha recibido los premios más importantes de literatura en lengua española, incluido el Cervantes, en 2006. El poeta, nacido en Oviedo en mayo de 1931, ha vivido en León casi toda su vida.

Gamoneda en «Oficio de mirar», de Antonio Pereira

León, marzo 1978…

Estas páginas forman parte de «Oficio de mirar. Andanzas de un cuentista (1970-2000)», una selección de los dietarios inéditos de Antonio Pereira (Villafranca del Bierzo, 1923 – León, 2009).

Reseña en ABC Literario (1987) de la reedición en 1986 de «Descripción de la mentira»

Hemos encontrado esta página en la que Florencio Martínez Ruiz reseña la reedición del libro «Descripción de la mentira» (1977), de Antonio Gamoneda, en la Colección Barrio de Maravillas (Salamanca, Junta de Castilla y León, 1986).

La reseña apareció en el suplemento ABC Literario (pág. VI) del 3 de enero de 1987, junto a otra reseña del mismo crítico sobre un libro de cuentos de Antonio Pereira, «Antología de la seda y el hierro». Reproducimos la página entera:

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Ernesto Escapa sobre ‘Descripción de la mentira’ de Gamoneda / «Crónica de un estrago moral» (1978)

Reseña de ‘Descripción de la mentira’ de Ernesto Escapa, publicada en 1978.

«DESCRIPCIÓN DE LA MENTIRA», DE ANTONIO GAMONEDA

CRÓNICA DE UN ESTRAGO MORAL

Por ERNESTO ESCAPA
[Artículo-reseña publicado en la pág. 4 de INFORMACIONES de las ARTES y las LETRAS, el 5 de octubre de 1978]

«¿Recordáis a Don Quijote vencido, camino de su aldea, cuando, durmiendo en el campo, una piara de cerdos le pasa por encima? Nunca busco en Don Quijote más de lo que Cervantes dice; pero, a pesar mío, veo ahí una imagen de lo que con el poeta hacen los críticos». (Luis Cernuda)

Ernesto Escapa.

A nadie puede extrañar que mi comentario se inicie con una señal de alerta hacia el descuido con que la crítica ha dejado pasar este libro auténticamente excepcional. Ya se entiende que esta circunstancia no constituye ninguna condena, sino el mejor aval para acercarse a cualquier lectura realmente «nueva». En este sentido, la historia de la literatura es una dama lo suficientemente vetusta como para ahorrarnos mayores explicaciones. En todo caso, y aunque la cuestión no deje de ser puramente doméstica, ofrece evidente interés semejante puntualización, porque la razón última de ese descuido radica en la propia condición innovadora del libro. Se trata de un vasto poema cuya originalidad pone en entredicho al intermediario habitual y exige del crítico una lectura activa, sin anteojeras, una respuesta de lector inquieto. ¡Algo tan difícil!

Descripción de la mentira*  se instala, con voluntad de transgresión, en las siempre inciertas fronteras entre la lírica y la épica. Integrado en esta corriente —galvanizadora, de una parte, de la mejor poesía contemporánea e insólita entre nosotros, fuera de las tentativas de Cernuda—, cuyas indagaciones pugnan por establecer un nuevo formato de poesía narrativa, el libro de Gamoneda se revela como testimonio de una perplejidad colectiva, vehiculando, en toda su diversidad y riqueza, algunas de las conjeturas morales más acuciantes de nuestro tiempo.

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“El canto poético de Gamoneda”, un ensayo inédito y reciente del profesor emérito Víctor Fuentes (California, 2019)

EL CANTO POÉTICO DE GAMONEDA

Sufrientes imágenes y voces del Holocausto
en la poesía de Antonio Gamoneda y más allá:
de “Blues castellano” (1961-1966)
a “Venas comunales” (2015- 2016)

Publicamos un ensayo inédito sobre la poesía de Antonio Gamoneda que nos ha hecho llegar Víctor Fuentes (Madrid, 1933), exiliado español afincado en Estados Unidos, escritor, investigador y crítico literario (también es uno de los grandes especialistas en Luis Buñuel) y profesor emérito de Lenguas y Literaturas Romances en la Universidad de Santa Bárbara (California).

Por VÍCTOR FUENTES
Desde TAM TAM PRESS

“Este ensayo va dirigido al lector/a común, a quienes quieran conocer más de la obra de Antonio Gamoneda y de su visión poética de la gran tragedia que nos tocó vivir”.

En el 2014, el prestigioso historiador Paul Preston publicó su voluminoso libro The Spanish Holocaust. Yendo a la definición del diccionario de la Real Academia Española, leemos, holocausto: “Gran matanza de seres humanos”, y esto es lo que se dio en la guerra española, en ambos bandos —recordemos aquello del “millón de muertos”—; pero mucho más abundante, e iniciado, por el bando franquista, prescrito por las altas autoridades militares y continuado en los primeros años de la posguerra: el feroz exterminio. En los últimos años ha trascendido amplia información historiográfica de cómo se produjo esto en León(*1) y en sobrados lugares de su provincia, imponiéndose un régimen de terror. El relampagueo poético de lo vivido y “morido” de tanto de esto lo encontramos en el corpus de la obra de Antonio Gamoneda, cantado —y contado— desde su propia memoria de la infancia(*2). A pesar del uso de un lenguaje poético suficiente, con énfasis en la realidad del poema mismo, y su crítica de una literatura social y del realismo informativo, su poesía, envuelta en imágenes y símbolos, nos revela una honda y estremecedora realidad, vista desde una declarada situación proletarizada y dentro de la vivida y asumida “cultura de la pobreza”.

Es poco sabido que uno de los primeros, sino el primero, focos y grupos de resistencia a la dictadura franquista por parte de jóvenes intelectuales, artistas y escritores se dio, precisamente, en León. En el plano literario, varios de ellos estuvieron cercanos a Espadaña, revista de poesía y crítica, editada por el sacerdote Antonio González de Lama y los entonces jóvenes poetas Victoriano Crémer y Eugenio de Nora.

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Lectura de «Descripción de la mentira», por Goya Gutiérrez Lanero

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Un comentario de la autora y profesora zaragozana Goya Gutiérrez Lanero sobre «Descripción de la mentira», de Antonio Gamoneda, que arranca así:

«DESCRIPCIÓN DE LA MENTIRA, de Antonio Gamoneda fue publicado originalmente en el año 1977 e incluido posteriormente en el volumen recopilatorio Edad (1989) y recogido más tarde en Esta luz (2004, Ed. Galaxia Gutenberg). En mi comentario para referirme a este libro, he elegido la segunda edición del año 2006 de Abada Editores, subtitulado De líquenes inevitables, conteniendo un glosario de Julián Jiménez Heffernan sobre distintas palabras peculiares que habitan el poemario, dejando constancia de fuentes y antecedentes en la poesía de este autor. Datos que arrojan si no luz, resplandores para poder transitar y navegar en la espesura de este bosque poético y en sus sorprendentes imágenes. (…)»

«Descripción de la mentira» en un artículo de María del Rosario Andrada, desde Catamarca (Argentina)

Haz un click…

Copyright Ⓒ El Ancasti. Haz un click en las imágenes para acceder al artículo de María del Rosario Andrada sobre la edición de «Descripción de la mentira» (seguido de «De líquenes inevitables. Un glosario de Julián Jiménez Heffernan», publicado por Abada Editores; Madrid, 2006), de Antonio Gamoneda, artículo aparecido en el diario digital argentino (de la provincia de Catamarca, al noroeste del país) El Ancasti, el 7 de julio de 2019.

(…)

Haz un click para leer el artículo entero…

(…)

Portada del libro.

«El tiempo lee poemas» / Miguel Casado escribe sobre «Descripción de la mentira» en rebelion.org

Antonio Gamoneda y, al fondo, Miguel Casado, en Astorga, en julio de 2017. Foto: Eloy Rubio Carro (astorgaredaccion.com)

El tiempo lee poemas

«Descripción de la mentira es un cuerpo de insólita materialidad, que arrastra con su impulso, pero también es un espacio verbal de pensamiento, de exploración del sentido de la vida y de la identidad personal, y ambos se comunican y funden: las imágenes se hacen lúcidas y sensoriales las abstracciones…»

Un artículo de MIGUEL CASADO
Artículo publicado en Rebelión el 22-06-2019

No sé si hay en la poesía española de las últimas décadas muchos momentos tan cargados de sentido como el inicial de Descripción de la mentira: en él una mirada toma perspectiva para hacer balance del largo silencio que la antecede, silencio personal y colectivo –“era un país cerrado, la opacidad era la única existencia”–, y en ese mismo gesto encuentra también la voz para expresarlo. Una voz nueva, “sin semejanza”. El libro apareció hace poco más de cuarenta años. Ese momento parece, desde el punto de vista del autor, de Antonio Gamoneda, una experiencia de concentración temporal y existencial que no se agota: el vívido e instantáneo pasar de toda una vida ante los ojos, mientras afloran los múltiples estratos de sucesos y personas, confundidos primero, hasta que poco a poco van dando con su lugar –el que tuvieron en otro tiempo, el que retienen en su onda expansiva. Y me digo que, si hace de eso cuarenta y dos años, hace ya también muchos, treinta y seis, de la primera vez que leí el libro y escribí sobre él, y que no me resulta fácil evocar ese momento después de haberlo leído tanto, de haber escrito tantas páginas sobre él. Perdura, sí, la imagen del impacto y la sorpresa, de la novedad de aquella lengua y la fuerza de su mundo, de su música, y el poder de las imágenes, la atracción de su oscura densidad.

Viéndolo desde ahora, se diría que el tiempo lee poemas. Por supuesto, el debate inconcluso en España sobre la memoria histórica –que es un debate sobre la guerra civil de 1936-1939, que sigue abierto–, o la creciente quiebra del relato oficial de la llamada transición democrática de los años 70, resuenan hoy en estos versos junto a la “tierra desposeída de sus tumbas” o la conciencia de ser un superviviente en un país sometido a la destrucción, y forman parte de la lectura. Pero hablo sobre todo de una temporalidad propia de la poesía, de la lentitud o el calado de sus palabras. A través de los años la lectura ha ido posándose, alimentándose del texto y quizá también alimentándolo a su manera; las distintas escenas e imágenes se han ido iluminando, tendiendo vínculos, y una extraña literalidad se ha impuesto. Y, por ofrecer Descripción de la mentira la génesis de una lengua, cada texto posterior de Gamoneda parece influir en la percepción de ese origen.

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Una lectura de «Descripción de la mentira», por José Antonio Llera (2002)

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«LA MEMORIA Y LA MUERTE EN LA POESÍA DE ANTONIO GAMONEDA:
UNA LECTURA DE DESCRIPCIÓN DE LA MENTIRA»

Artículo de JOSÉ ANTONIO LLERA publicado originalmente en Laurel. Revista de Filología (núm. 5, 2002, pp. 25-61).

«Los Antonios», un artículo de Antonio Pereira sobre Gamoneda y Colinas

Reseñas y confidencias
ANTONIO PEREIRA
Breviarios de la calle del pez. Diputación de Leon. 1985.

Reproducimos, de este libro de Antonio Pereira (Villafranca del Bierzo, 13 de junio de 1923 – León, 25 de abril de 2009), el artículo titulado «Los Antonios» (pág. 137):

LOS ANTONIOS

Alguna vez se ha hablado en tono cariñoso, y hasta puede que se haya escrito, de una trinidad de los Antonios en el tablado de la poesía leonesa. Dos grandes Antonios de la poesía leonesa son, por supuesto, Antonio Gamoneda y Antonio Colinas. Del tercer Antonio no hablaré si no es en presencia de mi abogado, salvo decir que no vino al mundo ni en Oviedo ni en La Bañeza: en Villafranca del Bierzo, y en un día de la feria de San Antonio. Seamos, pues, tres los Antonios, y a quien Dios se la dé, San Pedro o San Antonio bendito de Padua se la bendiga.

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