* Reseñas

«Descripción de la mentira» en un artículo de María del Rosario Andrada, desde Catamarca (Argentina)

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Copyright Ⓒ El Ancasti. Haz un click en las imágenes para acceder al artículo de María del Rosario Andrada sobre la edición de «Descripción de la mentira» (seguido de «De líquenes inevitables. Un glosario de Julián Jiménez Heffernan», publicado por Abada Editores; Madrid, 2006), de Antonio Gamoneda, artículo aparecido en el diario digital argentino (de la provincia de Catamarca, al noroeste del país) El Ancasti, el 7 de julio de 2019.

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Portada del libro.

«El tiempo lee poemas» / Miguel Casado escribe sobre «Descripción de la mentira» en rebelion.org

Antonio Gamoneda y, al fondo, Miguel Casado, en Astorga, en julio de 2017. Foto: Eloy Rubio Carro (astorgaredaccion.com)

El tiempo lee poemas

«Descripción de la mentira es un cuerpo de insólita materialidad, que arrastra con su impulso, pero también es un espacio verbal de pensamiento, de exploración del sentido de la vida y de la identidad personal, y ambos se comunican y funden: las imágenes se hacen lúcidas y sensoriales las abstracciones…»

Un artículo de MIGUEL CASADO
Artículo publicado en Rebelión el 22-06-2019

No sé si hay en la poesía española de las últimas décadas muchos momentos tan cargados de sentido como el inicial de Descripción de la mentira: en él una mirada toma perspectiva para hacer balance del largo silencio que la antecede, silencio personal y colectivo –“era un país cerrado, la opacidad era la única existencia”–, y en ese mismo gesto encuentra también la voz para expresarlo. Una voz nueva, “sin semejanza”. El libro apareció hace poco más de cuarenta años. Ese momento parece, desde el punto de vista del autor, de Antonio Gamoneda, una experiencia de concentración temporal y existencial que no se agota: el vívido e instantáneo pasar de toda una vida ante los ojos, mientras afloran los múltiples estratos de sucesos y personas, confundidos primero, hasta que poco a poco van dando con su lugar –el que tuvieron en otro tiempo, el que retienen en su onda expansiva. Y me digo que, si hace de eso cuarenta y dos años, hace ya también muchos, treinta y seis, de la primera vez que leí el libro y escribí sobre él, y que no me resulta fácil evocar ese momento después de haberlo leído tanto, de haber escrito tantas páginas sobre él. Perdura, sí, la imagen del impacto y la sorpresa, de la novedad de aquella lengua y la fuerza de su mundo, de su música, y el poder de las imágenes, la atracción de su oscura densidad.

Viéndolo desde ahora, se diría que el tiempo lee poemas. Por supuesto, el debate inconcluso en España sobre la memoria histórica –que es un debate sobre la guerra civil de 1936-1939, que sigue abierto–, o la creciente quiebra del relato oficial de la llamada transición democrática de los años 70, resuenan hoy en estos versos junto a la “tierra desposeída de sus tumbas” o la conciencia de ser un superviviente en un país sometido a la destrucción, y forman parte de la lectura. Pero hablo sobre todo de una temporalidad propia de la poesía, de la lentitud o el calado de sus palabras. A través de los años la lectura ha ido posándose, alimentándose del texto y quizá también alimentándolo a su manera; las distintas escenas e imágenes se han ido iluminando, tendiendo vínculos, y una extraña literalidad se ha impuesto. Y, por ofrecer Descripción de la mentira la génesis de una lengua, cada texto posterior de Gamoneda parece influir en la percepción de ese origen.

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Hugo Montes Brunet reseña el libro de María Nieves Alonso sobre la poesía de Antonio Gamoneda (2007)

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Artículo publicado en REVISTA CHILENA DE LITERATURA Abril 2007, Número 70, 185-189:

ANTONIO GAMONEDA
VISTO POR MARÍA NIEVES ALONSO

Por HUGO MONTES B.
Universidad de Chile

Lo primero sea decir que sin María Nieves Alonso yo no habría conocido a Antonio Gamoneda. A ella, a través de unas “Notas para un diálogo”, que publicó el número 65 de la Revista Chilena de Literatura, en noviembre del 2004, le debo mi inquietud por saber más de ese hombre de Asturias y de León, por leer sus relativamente escasos y siempre esquivos libros de poemas. A ella sobre todo a través de este estudio que hoy nos convoca –Partes iguales de vértigo y olvido, Calambur, Madrid-Concepción, 2005– la oportunidad de discurrir en común acerca de una persona y de unos poemas increíbles que, valga la frase hecha, todos deberían conocer, no solo por necesidad profesoral, sino también y sobre todo por urgencia humana.

Reducir a Gamoneda a las dimensiones legítimas pero limitadas de una profesión, resulta injusto y hasta torpe. Injusto, ya que a la vista de cualquier lector sensible, Gamoneda ha escrito una obra ahincada en la hondura del hombre, en sus raíces de ser único vinculado a la vida y a la muerte –“crece la muerte con la vida”, nos dice–; al silencio y a la voz que a muchos, si no a todos, nos expresan. Y torpe, porque en su lectura crecemos, gozando y sufriendo a la vez, mucho más allá de las fronteras meramente profesionales de la clase o de la crítica literaria.

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* Escrito presentado el 9 de noviembre de 2006 en la Universidad de Concepción, Departamento de Literatura. Antonio Gamoneda ha recibido recientemente los Premios Reina Sofía y Cervantes.

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Hugo Montes Brunet. (Haz un click…)

Dos artículos de FRANCISCO GARCÍA JURADO sobre «Gamoneda y Dioscórides»

El facsímil del Dioscórides y la portada del “Libro de los venenos” de Gamoneda, donde podemos observar una ilustración compartida.

«Llegué la obra de Antonio Gamoneda gracias a una circunstancia concreta. Allá por el año de 1995, tuve noticia, mientras escuchaba un programa cultural emitido por Radio Nacional de España, de que se había publicado una bella y extraña obra titulada Libro de los venenos en la editorial Siruela. Se trataba de algo radicalmente extraño y diferente, en buena medida inclasificable dentro de los géneros literarios al uso, nada menos que una “corrupción y fábula” elaborada a partir de un antiguo libro de ciencia, y esta rareza me cautivó.

(…) Me resultó un hecho sumamente fascinante que un poeta a quien aún no conocía bien, Antonio Gamoneda, se inspirara en un viejo libro de medicina como éste para componer una extraña obra lírica que, al mismo tiempo, contiene ciertos elementos de literatura de bibliófilo. Este tipo de relecturas a partir de obras de la Antigüedad en clave de nuevas e inusitadas miradas ya lo han hecho anteriormente grandes autores como Jorge Luis Borges o Italo Calvino, que releen los textos de la Historia natural de Plinio el Viejo como si de un relato fantástico se tratara.

Según confiesa el propio Gamoneda, la razón de ser de esta obra vino impuesta por Jacobo Siruela, tras una conversación con el propio poeta acerca de estos raros y recónditos asuntos que terminan convirtiendo los antiguos nombres de venenos en pura poesía. (…)»

Fragmento de (haz un click:)  «Antonio Gamoneda y Dioscórides: antigua ciencia convertida en materia poética», un artículo de FRANCISCO GARCÍA JURADO, catedrático de Filología Latina (Universidad Complutense de Madrid).

También puedes leer otro artículo del mismo autor:

Un ensayo de la profesora china Ching-Yu Lin sobre el «Libro de los venenos» de Gamoneda

La profesora Ching-Yu Lin, de la Macau University of Science and Technology (China), profundiza en el «Libro de los venenos», de Antonio Gamoneda, en un ensayo de 180 páginas. Se puede leer y/o descargar desde este enlace.

 

Reseña de ‘Canción errónea’, por Ángel Luis Prieto de Paula

Portada.

Canción errónea
Antonio Gamoneda
Tusquets. Barcelona, 2012
160 páginas. 14 euros

LIBROS / CRÍTICA

Pasión de indiferencia

‘Canción errónea’ incide en algunas obsesiones inconfundibles, como el bestiario gamonediano o la somatización de la vida en cuanto pasión inútil

Por ÁNGEL L. PRIETO DE PAULA
Reseña publicada en El País, el 3 de noviembre de 2012

Así como hay autores que se dan a conocer al calor de algún movimiento o grupo, otros, como Antonio Gamoneda (Oviedo, 1931), alcanzan notoriedad a despecho de las ordenaciones canonizadoras colectivas. Esto no siempre es elección suya, sino que suele obedecer a circunstancias cuya explicación no tiene cabida en esta reseña, escrita a sílabas contadas. En este caso concreto, el poeta surgido en 1960, con Sublevación inmóvil, estaba aún por cocer y, tras largo tiempo sin publicar, su reconocimiento hubo de esperar hasta Descripción de la mentira (1977), un libro singular donde se alzaba una voz generadora de extrañas resonancias oraculares y magnéticas, de una enunciación profética, sin ironías ni cautelas emocionales de ningún tipo. Quince años después se iniciaría, como un tifón cuyos orígenes nadie hubiera previsto, el ciclo de la muerte: tres títulos extraordinarios sobre el acabamiento físico, que el poeta creyó vislumbrar en Libro del frío (1992) —a mi juicio el mejor de los suyos—, al que habrían de seguir Arden las pérdidas (2003) y, ahora, esta Canción errónea.

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Pequeña reseña de «Niñez» (2016)

Haz un click para leer el artículo entero en El País.

Tomado de  «Poetas de los cincuenta, al día» / Aunque muchos han concluido su obra, algunos de los integrantes de la última gran generación de clásicos del siglo XX siguen publicando, reticentes a pasar al panteón literario

Un artículo de ÁNGEL L. PRIETO DE PAULA publicado en El País el 16-VIII-2016

Antonio Gamoneda, Niñez. Unos cuantos temas adquieren en la poesía de Gamoneda dureza y densidad de verbolitos: pobreza, madre, piedad, tribulación, infancia. Y aunque él distingue la literatura, que se refiere a la realidad, de la poesía, realidad ella misma, los textos de Niñez proceden tanto de libros poéticos, en verso o en prosa, como de Un armario lleno de sombra, las memorias de los primeros años. El relato anecdótico de unos textos es quintaesencia en otros, pero todos soportan una intensidad que duele y no cede nunca.

Niñez. Antonio Gamoneda. Edición de Amelia Gamoneda Calambur. Madrid, 2016. 128 páginas. 15 euros.

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Portada de la antología «Niñez» (Calambur Ed.).

40 años de ‘Descripción de la mentira’ / «Palomas en el desván», por Ernesto Escapa

Antonio Gamoneda en 30 de la Feria Internacional del Libro de Guadalajara (FIL), México, en noviembre de 2016. © Foto: EFE/Ulises Ruiz Basurto.

EL TERRITORIO DEL NÓMADA

Palomas en el desván

Este diciembre acoge el cumplimiento de los 40 años de la publicación de «Descripción de la mentira», del Cervantes Antonio Gamoneda (1931), uno de los hitos literarios de la Transición, que brotó a lo largo de 1976 en la Vega de Boñar… divergente

Por ERNESTO ESCAPA
Publicado en el suplemento El Filandón de Diario de León, el 10/12/2017

El propio poeta contó, en el preámbulo a su antología Sólo luz (2000), cómo en un paseo de cavilación por el soto de Boñar, se le aparecieron «unas pocas palabras de timbre musical». Tenía entonces una casa conventual alquilada en La Vega, a la vera del Porma, hasta la que se acercaba los fines de semana con la familia en el tren de vía estrecha. En aquel lugar de sosiego, un Gamoneda severamente abatido por la perplejidad compuso Descripción de la mentira, que inaugura una poética singular y distinta en la lírica grupal española. No es una poesía de circunstancias, a pesar de su testimonio moral de la posguerra, porque no es figurativa ni tributaria de la realidad, sino que directamente la crea: sus versículos traducen la conciencia del autor en un largo poema trenzado en espiral con resonancias de salmodia. El conjunto, formado por 21 secuencias distribuidas entre hiatos de silencio, engarza el pálpito desolado de la memoria ante la perspectiva callada de la muerte. La conciencia del poeta se convierte en lenguaje, donde cristaliza su visión del mundo, de la experiencia individual y colectiva. El conjunto se organiza en movimientos que representan el vaivén de los recuerdos, encaminados hacia el sosiego de la muerte, que se representa como depositaria del resplandor y de la luz: «Sólo vi luz en las habitaciones de la muerte». Con ella dialoga «en los establos olorosos, hasta que lame dulcemente mis labios».

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Lectura de «Un armario lleno de sombra», por Francisco Daniel Medina (2011)

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Por FRANCISCO DANIEL MEDINA
en su blog: La escritura de los pájaros

«(…) En los últimos años han sido muy numerosos los libros que han abordado el período que muchos han calificado como el más oscuro y sórdido de la historia reciente de España. Cito Soldados de Salamina (Javier Cercas, 2001) o Los girasoles ciegos (Alberto Méndez, 2004) por poner dos de los ejemplos más sonados. Para más inri, ambos libros han sido llevados a la gran pantalla con adaptaciones, desde mi punto de vista, más o menos dignas y respetuosas con los libros. El primero fue adaptado por David Trueba y el segundo por José Luis Cuerda. (…) La cuestión es que parece evidente –y natural- el interés que el tema de la Guerra Civil suscita entre los españoles. En ocasiones, me parece casi mentira que las atrocidades que los de uno y otro bando han relatado pasaran hace tan poquísimo tiempo. (…)

(…) Es como si hubiese pasado el tiempo prudente para poder hablar acerca de nuestra cruenta guerra fratricida desde cierta distancia, con la perspectiva y el rigor histórico que aporta el transcurso de los años. Pues bien, después de todo lo comentado, quería decir que yo tenía ganas de leer especialmente un libro escrito por uno de los mejores poetas españoles vivos; me estoy refiriendo a Un armario lleno de sombra, de Antonio Gamoneda. Debo confesar que, al mismo tiempo, algo me alejaba y me acercaba al mencionado título. Por una parte, me resistía a leer algo de Antonio que no fuese poesía (poesía pura y dura), pero, por otra parte, tenía unas ganas irresistibles de conocer la experiencia de la guerra que había vivido el poeta ovetense. (…)»

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Luis María Anson reseña «La prisión transparente» de Gamoneda (2017)

«Conmocionado por la hondura de este libro excepcional, me pregunto: ¿Por qué, por qué no está Antonio Gamoneda entre nosotros, en la frágil inmortalidad de la Academia?»

Por LUIS MARÍA ANSON, de la Real Academia Española
Reseña publicada en El Cultural, el 13/10/2017

Antonio Gamoneda vive la soledad dentro de él mismo, mientras se siente acosado por la piel oxidada y la turbia tempestad de sus cabellos. Le preocupan todavía las hordas episcopales, ya casi extintas, y los ministerios engalanados con suicidas colgantes. Alcoholizado por su propio espíritu, camina sobre el espesor del futuro, meditando en la vasta y vaga y necesaria muerte de Jorge Luis Borges, al acecho el hombre de la esquina rosada.

Para él solo existe la eternidad del no ser. Nada le espera al cruzar la incierta penumbra del más allá. Es prisionero de sí mismo porque vivir es ir de la inexistencia a la inexistencia. El recuerdo solo habita en el olvido. Tal vez por eso huye del amor liminar colgado en las primeras trenzas de la adolescente amada, cariño herido por sus manos frías, por su ternura inversa, por su niñez ardiendo en el cabás de la ira. Soy, dice el poeta, la prisión transparente, con aguafuertes de Masafumi Yamamoto al fondo.

Para Antonio Gamoneda, el portugués Herberto Helder de Oliveira, muerto en Cascaes en 2015, autor de El bebedor nocturno, es el mayor poeta contemporáneo de Europa. Junto a él se muda a los poemas del sánscrito, del náhuatl, del habla de los sioux y otras lenguas muertas.

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«Una poética de la finitud» / Reseña de ‘Libro del frío’ por Rafael Narbona (2003)

Libro del frío
ANTONIO GAMONEDA
Ed. Siruela, Madrid, 192 págs.

Una poética de la finitud

Por RAFAEL NARBONA
(Reseña publicada en Revista de Libros el 01/08/2003)

Hijo de un poeta menor, Antonio Gamoneda (Oviedo, 1931) ha sido vinculado a la generación del cincuenta, pero la originalidad de su obra apenas tolera su inclusión en un grupo poético que ni siquiera acepta la comunidad de supuestos estéticos. Al margen de la polémica sobre las generaciones literarias, no es difícil advertir que las referencias de Gamoneda no coinciden con las de la Escuela de Barcelona. La primera discrepancia es de carácter social. La prematura desaparición del padre y la Guerra Civil se encargarán de despojarlo de cualquier privilegio, incluida una biblioteca con primeras ediciones autografiadas de Darío y Valle-Inclán. Gamoneda crece en un hogar obrero y se incorpora tempranamente al mercado laboral, desempeñando un trabajo irrelevante en una entidad bancaria. A diferencia de Barral y Gil de Biedma, su poesía no tendrá que abominar de un linaje burgués. Sin embargo, la experiencia de la pobreza no desemboca en una militancia descarnada. Gamoneda aprenderá de Nazim Hikmet que «la poesía no es social ni poesía si no se hace en un lenguaje de la especie poética» (El cuerpo de los símbolos, 1997, pág. 89). Esta enseñanza se reflejará en un lenguaje altamente condensado, donde la percepción de la injusticia no excluye un pesimismo existencial que se expresa mediante símbolos. Esto nos lleva a la segunda diferencia con los poetas catalanes del cincuenta. Gamoneda se aleja del registro coloquial que había introducido la influencia del último Cernuda. Frente a la evocación biográfica de Barral, Goytisolo o Gil de Biedma, Gamoneda utiliza el símbolo y la elipsis para aludir a su vida, que comparece en el poema mediante objetos en los que se ha borrado la referencia anecdótica. Al eliminar ese dato, aparece el hermetismo que se ha reprochado a Gamoneda. Esta oscuridad no se resuelve mediante un ejercicio hermenéutico, donde se establezcan las equivalencias correspondientes, pues Gamoneda considera que el símbolo es una realidad autónoma y no una imagen vicaria, subordinada a una exégesis que la despoje de su misterio.

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«Placer sin esperanza» / Reseña de «Esta luz. Poesía reunida (1947-2004)» / Por Eduardo Moga (2005)

Placer sin esperanza

Por EDUARDO MOGA
(Reseña del libro Esta luz. Poesía reunida (1947-2004), de Antonio Gamoneda, publicada en la revista Letras Libres el 28 febrero 2005)

Antonio Gamoneda (Oviedo, 1931) es, junto con Manuel Álvarez Ortega, el mejor poeta español vivo. Su irrupción en la poesía española se produjo tardíamente, con la publicación de Descripción de la mentira en 1977, aunque su definitiva consagración no llegó hasta mediados de los años ochenta, con la concesión del Premio Castilla y León de las Letras en 1985 y la publicación de Blues castellano (1982), Lápidas (1987) y, sobre todo, Edad (1987), una primera y decisiva recopilación de su poesía, en edición de Miguel Casado. Aparece ahora Esta luz. Poesía reunida (1947-2004), en la que, a lo compendiado en Edad, se añaden los poemarios mayores que Gamoneda ha publicado desde entonces: Libro del frío (1992), Arden las pérdidas (2003) y Cecilia (2004), así como sus «mudanzas», esto es, reelaboraciones propias de textos ajenos —de Nazim Hikmet, Trakl o Mallarmé, entre otros—. El epílogo, extenso y ejemplar, de Esta luz corre de nuevo a cargo de Miguel Casado, uno de los mejores conocedores de la poesía gamonediana, y a él hay que acudir para identificar algunos de sus rasgos esenciales: su carácter autobiográfico, que explica su impregnación social y su compromiso obrero y antifranquista; y su condición de poesía brotada de la conciencia de la muerte.

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«Un armario lleno de sombra», de Antonio Gamoneda, por Eduardo Moga (2009)

Portada de «Un armario lleno de sombra».

Un armario lleno de sombra,
de Antonio Gamoneda

Por EDUARDO MOGA
(Reseña publicada en la revista Letras Libres, el 31 de julio de 2009)

Antonio Gamoneda (Oviedo, 1931) ha cultivado poco la prosa: sólo Libro de los venenos (1995), una enjundiosa y polifónica recreación de un antiguo tratado farmacológico, y El cuerpo de los símbolos (1997), un conjunto de escuetas pero clarividentes reflexiones sobre poetas y pintores. Un armario lleno de sombra es, en rigor, su primer proyecto narrativo, aunque sea ajeno a la ficción, como reconoce el propio Gamoneda, y lo invada, a menudo, el pensamiento poético. Se trata de una autobiografía de la infancia, que comprende desde los primeros recuerdos hasta que cumple catorce años, ese periodo auroral en que se acumulan los acontecimientos raigales y se define la personalidad. Aunque Un armario lleno de sombra es un relato –así lo define su autor en varias ocasiones–, sus conexiones con la poesía de Gamoneda son evidentes. De entrada, contiene sucesos que han inspirado poemas en muchos de sus libros, y sobre todo en Lápidas (1986), cuya tercera sección es una autobiografía lírica. Los barrios, oficios y personajes que recorren este poemario asoman ahora despojados de su sustancia lírica y expuestos con la austeridad informativa de quien contempla y transcribe. En Lápidas dice Gamoneda: “Se iluminan pómulos, lágrimas negras de ferroviarios”; y en Un armario lleno de sombra: “Sobre su rostro, vi lágrimas negras; lágrimas de ferroviarios”. También menudean las remisiones explícitas a lo escrito en sus libros de poesía: al describir a las viejas vendedoras de la plaza del Grano, de León, Gamoneda señala: “Entrada la tarde (así lo digo de ellas en Lápidas), ‘recobraban el fardo inútil para regresar, madres del miércoles, al país desolado de los censos’”; un poco más adelante, identifica a alguien llamado Jorge Pedrero como “el vigilante de la nieve”, es decir, quien da título y sostén a la segunda sección de Libro del frío (1992). Me parece advertir en este constante y deliberado hermanamiento entre su relato y su poesía la voluntad de ejemplificar lo que ha expuesto en El cuerpo de los símbolos a cuenta de la condición de poeta irracional que, perezosa o despectivamente, le han endilgado algunos. Gamoneda sostiene que el presunto hermetismo de sus poemas se corresponde estrictamente con lo real: “La realidad es simbólica y yo soy un poeta realista, porque los símbolos están verdadera y físicamente en mi vida. […] Cuando digo: ‘esta casa estuvo dedicada a la labranza y la muerte’, hay aparición de símbolos, sí, pero sucede, además que esta casa estuvo realmente dedicada a la labranza y la muerte”. Los símbolos en la poesía de Gamoneda son disémicos, tal como los ha definido Carlos Bousoño en Teoría de la expresión poética: “Aquéllos en los que, además del sentido irracional, oculto para la mente [hay] otro sentido, éste lógico: el manifestado, de un modo directo o indirecto, por su literalidad”.

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«La presión sobre los límites. Dos cuentos de ANTONIO GAMONEDA», por ILDEFONSO RODRÍGUEZ     

Ildefonso Rodríguez. Foto: Eloísa Otero.

[“Relación de Don Sotero” y “Fábula de Pieter”, dos relatos de Antonio Gamoneda. Editorial Límite, Colección de Narrativa La Ortiga nº 3. Santander, 1997]

LA PRESIÓN SOBRE LOS LÍMITES.
DOS CUENTOS DE ANTONIO GAMONEDA 

Por ILDEFONSO RODRÍGUEZ

La poesía de Antonio Gamoneda nutre e implica siempre un relato que, al ser ajeno por completo a la llamada poesía narrativa, desplaza la marca de los géneros. Miguel Casado lo ha descrito en varias ocasiones: serialismo, fragmentarismo, tensión y concentración ajustan lo decisivo de tal relato poético: su ficción y su tiempo. Que esto es así, lo prueban los grandes libros: la interioridad socializada de Blues castellano, la monodia en Descripción de la mentira («Este relato incomprensible es lo que queda de nosotros»), el bajorrelieve de la memoria en Lápidas, las series afiladas y resplandecientes del Libro del frío, la polifonía textual del Libro de los venenos.

Por otra parte, muchas veces el poema fue rescatado de un bloque de prosa circunstancial en cuyo interior se escondía, gracias a la reescritura, pasión y necesidad continuas de Gamoneda.

Los dos cuentos que ahora publica La Ortiga vienen a ser, en principio, un contraste generoso con lo que antes se ha dicho. En esquema, se podría decir que los datos de la poesía de Gamoneda han sido dispersados dentro de unos esquemas previos, moldes de narración eficaces pero ajenos a ella: relaciones, fábulas. Entonces, esos datos ya no podrán ser reconducidos a la especie poética, al haber sido dispensados de su capacidad iluminativa (simbólica y realista) por causa de un argumento. Las consecuencias de todo esto no son triviales. En un prólogo ya lejano a la primera (o quizás segunda) publicación de la Relación de don Sotero, escribió Gamoneda: «¿Qué hace un escritor de tan severas trazas como yo en un escrito como éste? Aquí circula la impostura». Después de todo lo señalado, se puede concluir que no hay tal impostura, sino que el poeta aquí, genuinamente, se comporta como un escritor de cuentos: acepta escribir dentro de un género. El resultado es eficaz y sobresaliente; pero es también (no podría dejar de serlo) paradójico. Pues la imagen poética, esa imagen suya complejísima, tramada ella misma por sucesivas e indivisibles capas de lenguaje y realidad, se resiste a ser reinstalada en un discurso lineal, se transforma en motivo, inflexión, ornamento: se hace gran retórica, se hace estilo. Y, a la vez, no ceden el impulso y la presión de un exterior inabarcable: se diría que todo el poder de su poesía está presionando sobre estos cuentos. Merece la pena ver de cerca cómo sucede un fenómeno tan especial.

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«Gamoneda: transparencia y elogio de la sombra», por José Ángel Leyva

Antonio Gamoneda:
transparencia y elogio de la sombra

Por JOSÉ ÁNGEL LEYVA
Artículo publicado en el periódico mexicano La Jornada el 28 mayo 2017

Días después de colocar La prisión transparente en el estante y revisitar mentalmente algunos de los poemas de esta edición posterior a Canción errónea, donde Antonio Gamoneda conduce su poesía a un laconismo que semeja la agonía, el estertor de la luz y el movimiento, me encuentro con una obra que me sugiere la presente nota: Elogio de la sombra, de Junichiro Tanizaki. Sentí que, desde las primeras páginas escritas por el japonés, un doble juego, una paradoja, me sumergía con avidez entre sus páginas. Poco a poco y al final de su lectura, en el reposo de las ideas, vino hasta mí la voz castiza de Gamoneda a mostrarme las correspondencias conceptuales de su Prisión transparente (Vaso roto, España, 2016).

Nada más alejado del libro de Tanizaki que la poesía de Gamoneda, pero también nada más íntimo con los valores que el primero otorga a la oscuridad. El Premio Cervantes (2006) hace su propio elogio en Un armario lleno de sombra (Galaxia Gutenberg/Círculo de Lectores, Madrid, 2009), ese extraordinario testimonio autobiográfico en que el poeta descubre y confirma el lado umbrío de la humanidad y la palabra, la dualidad y la paradoja de la existencia, la esencia misma del pensamiento entre la lucidez y la confusión, entre el deseo y la desesperanza. El japonés, por su parte, destaca con delicada prosa el sortilegio de la penumbra, su capacidad reveladora y sublimante ante una modernidad occidental que exalta todo lo que brilla, lo que deslumbra, lo que aparenta luz y enceguece. Tanizaki opone la discreción oriental de su cultura, el espacio arquitectónico que considera el ámbito reposado de la penumbra y el valor del uso de la cosas, la mancha del tiempo y el desgaste. De algún modo nos coloca en la profundidad no sólo de la memoria, sino, y sobre todo, del olvido. El arte de vivir y permanecer, de recordar y resignificar el vacío.

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