
Antonio Gamoneda, el escultor de las palabras. © Justo Barboza.
[Artículo publicado en la revista Letras Libres, en noviembre de 2006]
Antonio Gamoneda, el escultor de las palabras
Atravesada diametralmente por una luz gélida, por una aguda conciencia de la fatalidad, la poesía de Gamoneda ha sido reconocida con el Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana. Amalia Iglesias recorre la obra del gran poeta leonés y se detiene en un elemento central y definitorio: las manos.
Por AMALIA IGLESIAS SERNA
Antonio Gamoneda (1931) es el poeta que hace mucho tiempo se merecía la gran tradición de la poesía en lengua española. Al leerlo conseguimos reconciliarnos con esa tradición, porque nos hace constatar que la palabra poética puede tener aún la dignidad, la calidad y la hondura suficiente como para volver a instalar a la poesía en la órbita de los grandes poetas y alejarnos de algunas tentaciones recientes de banalizar el discurso poético. Gamoneda nos sitúa en esa perspectiva, no tanto porque sus versos repitan o reelaboren esa gran tradición de manera literal –ya que la suya es una poética absolutamente personal–, sino porque marca una actitud frente a la poesía, y participa de esa corriente interna que vincula a unas pocas voces verdaderas que realmente son capaces de transformarnos. Cuando me refiero a la tradición de la gran poesía española estoy pensando, por ejemplo, en el dolor de Jorge Manrique, en los pliegues del verso gongorino, en la vida retirada de Fray Luis, en la noche oscura de San Juan de la Cruz, en la vitalidad de las vanguardias, en las atmósferas oníricas de Juan Larrea… Gamoneda es el poeta que venía mereciéndose la gran tradición poética española desde hace mucho tiempo, pero también es el maestro necesario, la voz que se merecen tener como referencia los jóvenes poetas del futuro de nuestra lengua. Algún grupo de incondicionales ya ha sabido verlo. Antonio Gamoneda es un buen espejo en el que mirarse porque nos vuelve a ofrecer el pulso exigente y entregado de la poesía. Porque sitúa esa exigencia a la altura de los grandes clásicos desde una absoluta modernidad.











