* Artículos en prensa y revistas

García Valdés, Gamoneda, Gelman, «creadores de imágenes nacidas de la luz»

Por MARIO ALBERTO MEDRANO GONZÁLEZ
[Artículo publicado en el diario mexicano Excelsior, el 30 de agosto de 2019]

Por un instante detuve mi lectura sobre escritoras argentinas, a la que regresaré en la próxima colaboración, porque volví al poema, volví a la frase poética, volví al breve/intenso verso. Desde hace semanas que me es imposible abandonar a Olvido García Valdés (España, 1950), poeta cuyo nombre es origen y destino de la poesía que me interesa. (…)

(…) Hallo en la poesía de Olvido García la misma vena que en autores como Antonio Gamoneda y Juan Gelman, aunque no pasada por el pesimismo de ellos. Sí por su gran fuerza creadora de imágenes nacidas de la luz, de los espacios habitados por el sol, por lo cristalino del agua, “Estabas en mi casa/ y eras más clara de lo que fuiste/ y también era clara la penumbra/ de aquella habitación”. (…)

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Una desoladora anécdota de las memorias de Gamoneda en un artículo de Martínez de Pisón

El optimismo

Por IGNACIO MARTÍNEZ DE PISÓN
Artículo publicado en La Vanguardia, el 30/08/2019

Una de las anécdotas más desoladoras que conozco la encontré en Un armario lleno de sombra, las memorias de infancia del poeta Antonio Gamoneda. Su padre había muerto en 1931, y su madre y él, que entonces era un niño de meses, se habían instalado en León. En 1945 los restos del padre, enterrado en el cementerio de Oviedo, iban a ser arrojados a la fosa común. La madre, que había ahorrado lo suficiente para comprar un modesto nicho, envió al jovencísimo Antonio para que supervisara la operación y, de paso, rescatara las prótesis de oro de la dentadura del muerto. Cuando los trabajadores del cementerio llevaban ya un rato cavando y sacaban restos humanos mezclados con tierra, el chico observó que algunas paladas iban a parar a un montoncito aparte. Una vez vacía la fosa, se armó de valor y echó de allí a los dos hombres. Ellos protestaron, pero Antonio se mantuvo firme. Luego se agachó junto al montón pequeño y fue desmenuzando los terrones hasta dar con unos trozos de dentadura. Tal como sospechaba, los obreros los habían apartado disimuladamente para arrancarles más tarde las piezas de oro. Lo envolvió todo en su pañuelo, regresó a León y se lo entregó a su madre, que se estaba quedando sin dientes por culpa de la piorrea y necesitaba ese oro para su propia prótesis.

Todo en esta brutal anécdota parece aludir a tiempos remotos, inmemoriales, y sin embargo es una historia de ayer mismo, como quien dice. Esa España, la del hambre, era la de la generación de mis padres. La España de mi generación fue la del desarrollismo y la transición. La de mis hijos, nacidos en los años noventa, es la de la democracia plena y la ciudadanía europea. ­Sólo dos saltos generacionales separan a los jóvenes de ahora de ese mundo de extrema miseria, dentaduras podridas y sepultureros sin escrúpulos. Salta a la ­vista que los actuales veinteañeros han sabido escoger mucho mejor que sus padres y sus abuelos el momento de venir al mundo: en Es­paña, ningún tiempo pasado fue mejor. (…)

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En recuerdo de Félix Barajas, una reseña de su libro «El ámbito y las manos», por Gamoneda (1981)

En recuerdo del poeta leonés Félix Barajas Martínez, que falleció en León el pasado 7 de agosto de 2019, a los 76 años de edad, reproducimos una reseña de su libro «El ámbito y las manos» (León, Ed. Celarayn, 1981), firmada por Antonio Gamoneda, que se publicó en el nº 44 (págs. 133-134) de la revista Tierras de León (correspondiente al año 1981, y editada por la Diputación de León).

*

Valente y Gamoneda en el primer número de la revista de poesía «La alegría de los naufragios» (1999)

La portada.

Náufragos alegres

Por RUTH TOLEDANO
[Este artículo apareció en la edición impresa de El País, el viernes 10/09/1999]

Cuántas veces hemos temido hundirnos para siempre bajo este mar de asfalto e impostura, insignia de este buque encallado en la meseta que, con la proa mirando a Francia desde el decorado de astilleros de la Plaza de Castilla y con la popa al aire tantas veces tórrido que se condensa en Atocha como una letanía magrebí, muchas tardes parece contagiar a su pasaje de la extenuación del estatismo. Madrid se diría anclada por su prosaico peso de ediles almiranticios de dorado botón y de vulgares grumetes de rebelión tosca: «Puta», puede leerse en el pedestal de La Violetera, horrendo mascarón que jamás hubiera querido para sí Pablo Neruda y mucho menos para su Isla Negra. Hasta ahí, sin deriva, hasta esa roca bisilábica parecía llegar la dialéctica realidad de nuestro urbano naufragio. Afortunadamente, no. Pues hay en Madrid quienes intuyen que el mapa de nuestra deriva brilla al sol como una piel salpicada de gotas que contienen todas las imágenes que el pensamiento pueda hacer posibles y que se formula en versos como en olas dice sus frases el mar. Son los alegres náufragos, los que saben que nuestra mirada puede seguir leyendo las metáforas que escribe el horizonte infinito y que es, precisamente, el naufragio el más ancho trayecto, aquél donde encuentran los ojos el espacio más amplio. Por eso su alegría, la alegría contestataria y lúcida del pensamiento, de quien es la poesía la mejor compañera.

Mano a mano van pensamiento y poesía en la revista La alegría de los naufragios, cuyo primer número, que ha aparecido recientemente en Madrid y que publica Huerga y Fierro, es como un pequeño bote salvavidas que cuelga alegremente del oxidado casco de este buque encallado que es nuestra prosaica ciudad, la de la («Puta») Violetera que nada tiene que ver con esa «tradición de lo moderno» que «profundiza en un diálogo infinito con el presente y el futuro», como declara el editorial de su primer número. El editorial habla de infinito y también de tradición y futuro, pretendiendo mirar la realidad como debe mirarse: con la ancha perspectiva de un náufrago cuyo horizonte es amplio. Porque tradición, la mejor tradición, son ya los poetas José Ángel Valente o Antonio Gamoneda (capitanes de los de verdad, de los que nunca abandonan su barco). La tradición que queremos en Madrid, no la de toscos grumetes de la palabra. Si empiezan a hablar aquí Valente o Gamoneda, junto con tantos otros poetas que forman la alegre tripulación de este número, es que el futuro puede por fin estar a la vista. Que ellos hablen en Madrid me parece un acontecimiento de orden cívico, de intervención ciudadana, concepto muy poco practicado actualmente y que se confunde con una exasperante e inútil sarta de respuestas políticas de profesión a una exasperada e inútil sucesión de quejas y ruegos de corte vecinal. Los pensadores y los poetas, por su parte, lo que hacen es preguntas a la sociedad, para establecer así un diálogo necesario, para profundizar en una realidad que no acaba en la desesperante zanja, para hacer que también la ciudad piense y que se conozca y que pudiera contestarse. Hacen falta poetas en la ciudad. Digo poetas universales, no burdos bardos de barrio. Poetas de los que saben que el drama de la fealdad, de la incompetencia, de la especulación, del encallamiento, es sólo producto de una visión ramplona y vana de la superficie del mundo. Si los políticos municipales atendieran, si entendieran un discurso que va mucho más allá de la horrenda fuente, del absurdo túnel, del botón de ancla, quizá fuera posible que la ciudad se convirtiera en un espacio más culto, más subjetivo, más abierto, más proclive a dar credibilidad a las visones creadoras del pensamiento, ese que sabe, por ejemplo, que La Violetera, aparte del «Puta» que reza desde hace unos días la pintada de su pedestal, es «Regresora», «Horrible», «Ridícula». Pero, como dice José Ángel Valente: «La relación del escritor con la órbita del poder, de lo político, podría estar sujeta a un simple lema: Ubi nihil vales, ibi nihil voles. Lo que en lengua llana cabría trasladar así: Donde nada vales, nada quieras».

Yo saludo, con la alegría del náufrago, la aparición de este mar de palabras, simplemente porque añade visión a nuestro horizonte, porque lanza poemas no como si fueran un arma cargada de un futuro inmediato, sino como si fuera un armador que pudiera recomponer un buque hundido por el peso sin futuro de incomprensibles y idílicos ripios. Y a través de un conocimiento poético de la realidad podríamos, como también dice Valente, «modificar nuestros sistemas de percepción y expresión». Lo que se entiende por futuro.

Índice del nº 1 de la revista ‘La alegría de los naufragios’.

Antonio Gamoneda sobre Walt Whitman

Walt Whitman: un poeta histórico

“Si no das conmigo al principio, no te desanimes.
Si no me encuentras en un lugar, busca en otro.
En algún sitio te estaré esperando”.
Walt Whitman

Por ANTONIO GAMONEDA
Artículo publicado en El País, el 21 de noviembre de 2014

Buena es la noticia de una publicación amplia, si no completa, que no lo sé bien, de la obra de Walt Whitman, y bueno es que su traductor sea Eduardo Moga, que las traducciones de poesía se manifiestan “inválidas” si no es poeta muy cierto quien las hace. W. no es un gran poeta olvidado pero sí un gran poeta ausente. Salvo de los manuales académicos, claro es. Esto no es casual; las causas existen y son localizables en la dinámica histórica y en la conducta de la poesía —no sólo en la norteamericana— posterior a la suya.

W. W. es un poeta histórico, pero no sólo por su enorme calidad, sino, precisamente, por su vocación histórica. Sin excluir por ello a sus ángeles y demonios personales, su poética comporta la “profecía” de un país, de un “Nuevo Mundo” (una “profecía” y un “país” que cabría entender con dimensión planetaria) que construye simultáneamente una nueva riqueza y una nueva fraternidad. W. “profetiza” la democracia, y W. se equivoca en lo que concierne a las significaciones profundas: el advenimiento de la riqueza ha supuesto concentración y privatización de un máximo poder —el capitalismo, obviamente— ajeno a toda fraternidad; un poder opresor y hasta depredador. Y la democracia no es más que la que yo digo “máscara sonriente” de ese mismo poder. Hasta aquí las causas históricas. En cuanto a la conducta poética, esta, en más que probable consecuencia, es, en su mayor parte y de manera diversa, emanación del sufrimiento. ¿Dónde está el optimismo de W.?

Opino también que todos los poemas posteriores a W. con pretensiones universales (vale como ejemplo el Canto general, de Neruda) han fracasado. Otra cosa son los aspectos formales: la apertura del lenguaje poético a todas las especies léxicas, la liberación —dentro de la rítmica— de las normativas tradicionales. No se deben sólo a W., pero este, en la anglofonía al menos, es principal.

Sea como sea, en su insularidad, en su error (quizá, paradójicamente, a causa de este), W. es una cumbre de la poesía. Bienvenida sea su actualización en nuestra lengua.

Walt Whitman (1819-1892). Stock Montage (Getty Images).

«Descripción de la mentira» en un artículo de María del Rosario Andrada, desde Catamarca (Argentina)

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Copyright Ⓒ El Ancasti. Haz un click en las imágenes para acceder al artículo de María del Rosario Andrada sobre la edición de «Descripción de la mentira» (seguido de «De líquenes inevitables. Un glosario de Julián Jiménez Heffernan», publicado por Abada Editores; Madrid, 2006), de Antonio Gamoneda, artículo aparecido en el diario digital argentino (de la provincia de Catamarca, al noroeste del país) El Ancasti, el 7 de julio de 2019.

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Portada del libro.

«Antonio Gamoneda, la aventura no es menor», un artículo de Diego Doncel en ABC (2019)

ANTONIO GAMONEDA, LA AVENTURA NO ES MENOR

«Gamoneda ha sido siempre un hombre atravesado por el dolor, un poeta que habla desde la tragedia»

Diego Doncel. Foto: Jorge Peteiro.

Por DIEGO DONCEL
Artículo publicado en ABC/Cultura 9/6/2019

Antonio Gamoneda es uno de los poetas más emocionantes de nuestro tiempo. En él la emoción significa aquello que decía Ramos Rosa que eran las grandes aventuras de la poesía moderna, la revolución permanente del lenguaje y la extrema interrogación de lo real. Gamoneda pregunta a la realidad porque ha sido siempre un hombre atravesado por el dolor, un poeta que habla desde la tragedia.

En su biografía, tan intensa como el tiempo que le ha tocado vivir, no solo están la miserias de un niño y de un joven en la postguerra perdida, sino el laberinto de un ser en ese territorio de la provincia donde combatían con fuerza la supervivencia, la locura o el suicidio. Ninguna voz, en nuestra poesía, ha escrito desde dentro las imágenes, los ritmos, las grietas de alguien que siente la presencia constante de la muerte. Su mundo desconsolado nace del impulso de ver la muerte como aquello que configura la realidad, como aquello que amenaza y perturba, día a día, hora a hora, la existencia y la experiencia de la existencia. Y, sin embargo, visto desde sus ahora, desde la edad que él tiene ahora, desde los libros escritos, la poesía de Gamoneda es el territorio de un superviviente, del que estuvo en las sombras y construyó un lenguaje con las sombras, del que tantas veces se sintió morir y nos lo contó.

Hay víctimas cruentas del siglo XX como Paul Celan, hay supervivientes de la historia cruenta del siglo XX como Milosz, hay también supervivientes de su propia memoria, de su propia biografía, incluso de sí mismos como Antonio GamonedaLa aventura no es menor, la calidad, la grandeza de su poesía tampoco.

Antonio Gamoneda: «No se puede intentar comprender la poesía como si fuera el BOE»

Antonio Gamoneda. Fotografía: Ignacio Gil / ABC.

Antonio Gamoneda: «No se puede intentar comprender la poesía como si fuera el BOE»

Para el poeta, «todos los tipos de trascendencia de la escritura poética son secundarios respecto el momento primordial que es el de la escritura»

Por JAVIER VILLUENDAS (Casablanca)
Entrevista publicada en ABC/Cultura el 9 de junio de 2019

Con nocturnidad, un bastón y cero alevosía, el poeta, al entrecerrarlos por el humo, fuma sin ojos en la entrada de su hotel en Casablanca, desde donde observa la circulación de un tráfico no tan atroz como en la postal marroquí estándar. Antonio Gamoneda pregunta qué nos puede interesar de alguien tan rojo como él. Y luego ríe e inicia la entrevista mientras se corta las uñas de las manos. Fue el invitado estrella español en la feria literaria de esta ciudad africana. Allí diría: «Un no saber entendiendo, o un entender no entendido», esto es la poesía para el premio Cervantes de 87 años.

¿Le gusta viajar?

Sigue gustándome. Pero como me doy cuenta de que no me queda mucho tiempo de vida, y tengo muchas cosas sin hacer, tengo un poco de sensación de que no puedo gastar el tiempo viajando. Estoy sentado en la mesa de trabajo 14 horas al día si me dejan.

Sin embargo, de León no se mueve. ¿Qué tiene esa ciudad?

Tiene la necesidad. En el 33, mi padre había fallecido y mi madre era asmática. Y a los asturianos asmáticos los mandan a León a secar el aparato respiratorio. Luego viene la revolución minera y la sublevación militar de Franco que termina en el 39. Mientras, la Guerra Civil se había llevado los pequeños recursos que tenía mi madre en Oviedo. Había desaparecido todo, por lo que había que quedarse en León a ver qué pasaba. Y una vez que vas echando raíces, las raíces te retienen.

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Gamoneda, de viva voz

Gamoneda, de viva voz

Sorprendido por el resultado, el maestro Antonio Gamoneda presenta junto al escritor Antonio Merayo y la pianista Marta Muñiz el libro ‘Aún’, una publicación en la que él mismo toma la palabra sonora

Por NACHO BARRIO
Publicado en leonoticias.com el 6 de junio de 2019

Llegó más que puntual a una cita especial. Poco a poco se fue llenando la sala, le fueron pidiendo que firmara libros y charló con los admiradores que iban dejándose caer por la Biblioteca Pública.

Llegaba con la novedad debajo del brazo. Una novedad que le maravilla por no entenderla, que le cautiva por confirmar esa posibilidad de asombrarse durante toda su vida.

El maestro Antonio Gamoneda ha sido el encargado de presentar en la Biblioteca Pública de León el libro que bajo el título ‘Aún’ aborda la naturaleza de la poesía.

Ante un grupo de «amigas y amigos», el maestro comentó jocoso que «para mí es fascinante porque yo, como no entiendo las tecnologías, me hacen mucha gracia».

Confesando que aún no ha escuchado el audio-libro, Gamoneda abordó su entender sobre lo que es la poesía sin llegar a definirla, ya que «eso no lo ha hecho nadie, nadie se ha atrevido y los hay mucho más listos que yo». (más…)

Un texto de Antonio Gamoneda sobre la poeta Ámbar Past en la revista mexicana «La Otra» (2014)

Ámbar Past,
cantos y conjuros

[«El gran poeta español Antonio Gamoneda, premio Cervantes de Literatura, envía esta nota exclusiva para La Otra en la que nos habla de la palabra florida que habita en esta también poeta de origen estadounidense pero con residencia en el mundo indígena de Chiapas, Ámbar Past.»]

AMBAR PAST EN SU POESÍA Y EN LA FRATERNIDAD TSOTSIL

Por ANTONIO GAMONEDA
[Texto publicado en la revista mexicana de poesía «La Otra» el 14 de agosto de 2014]

Ámbar, Ámbar Past. Quizá de raíces polacas, quizá de nacimiento norteamericano, no lo sé bien. Sí sé, pude saber (hace ¿siete, ocho años?, en días en que Víctor Manuel Mendiola me tuvo invitado a un inolvidable festival poético en San Cristóbal de las Casas), otras causas, potencias y circunstancias de Ámbar.

Supe de la existencia de Ámbar y de la existencia de su poesía. No fue poco. Pero el tiempo (le estoy muy agradecido al tiempo por lo que a Ámbar Past concierne) me ha ido procurando otras emocionantes sabidurías. Algo quiero decir de  las tales antes de referirme a la más reciente poesía de Ámbar, que ésta, su más reciente poesía, es el motivo central, ya que no único, de este escrito. De este escrito que, libros aparte, creo que es el primero que en mi vida ofrezco a las prensas iberoamericanas.

Ámbar vive en San Cristóbal, donde coordina las humildes y magníficas ediciones del Taller Leñateros; del Taller que merece un serio estudio de su significación editorial –de su cultura editorial, podría decir–, y también una estimación más justa y retribuyente de su tarea. Ámbar vive en San Cristóbal, sí, pero hay que añadir velozmente que su vida se proyecta en los espacios chiapanecos en que es más evidente, asociada a la pobreza, una cultura propia, sagrada o mágica, me da lo mismo: Chalchihuitán, Huixtán, Pantelhó, Chamula… En estos y en otros pueblos semejantes, mujeres y hombres tsotsiles son poseedores de la “palabra florida”, de los conjuros y cantos ofrecidos, que “alimentan” a los dioses y que los dioses corresponden protegiendo a los tsotsiles en su cada día. Así, la “palabra florida” existe y se canta “para que la lagartija no coma el frijol, para pedir la mano de una mujer, para que no venga el ejército, para que el murciélago no muerda al borrego, para no tener que robar…”. Hasta “para vender Pexi Cola” (sic). ¿Grotesco o maravilloso el sincretismo que dispone conjuros “para vender Pexi Cola»? El más inteligente y furioso creacionismo europeo no  alcanzaría una obra poética con grado semejante, que en las vanguardias europeas no están los dioses –incluidos el Dios o los dioses vétero y neo testamentarios– que sí están en la poesía tsotsil.

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Gamoneda en los caños de Vitoria

‘POETAS EN MAYO’

Los caños de Vitoria desbordan poesía y rock

Por JON ANDER GOITIA
Artículo publicado el s

Que los caños abran sus accesos debería ser ya de por sí una disculpa más que aceptada para desenfundar los móviles e inmortalizar el momento. Aunque, el sábado más de uno guardó su ‘smartphone’ y se frotó los ojos cuando de entre los angostos caminos vio aparecer a Antonio Gamoneda«No hay definición para lo que se ha vivido hoy», comentaba el propio poeta español, que ha sorprendido a todos los presentes en la ruta que Poetas en Mayo había organizado con diferentes trovadores internacionales.

La cita ha reunido al mediodía a un centenar de amantes de versos en el Cantón de la Soledad, lo que ha obligado a dividir a la multitud en tres grupos. Unos disfrutaron de la poesía en los Tejos, mientras que otros se han decantado por la Plazoleta y el Túnel. Precisamente en este último se ha vivido uno de los momentos más especiales de la cita, cuando Gamoneda ha recitado un poema propio delante de los presentes. «La cercanía genera una sensación de estrechez. Recitar poemas en compañía de poetas es poco frecuente, es difícil encontrar un lugar de poesía multitudinaria como este», aplaudía.

«Estamos hablando del García Lorca actual», comparaba Elisa Rueda, directora del festival. Ella ha encabezado el grupo que se ha adentrado en el Túnel: «Viendo las caras de la gente entiendes todo lo que significa esto». Los poetas llegados desde varios rincones del mundo –Marruecos, Argentina, Colombia, Túnez…– han abierto sus libros y compartido sus poemas más estimados. «Un verso que nos descubre», entonaba Luz Cassino. «Vuelan las palabras entre los muros. Ha sido una sensación increíble, tenía ganas de experimentarlo», compartía Larbi Ghjjou, que ha venido desde Marruecos.

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Una lectura de «Descripción de la mentira», por José Antonio Llera (2002)

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«LA MEMORIA Y LA MUERTE EN LA POESÍA DE ANTONIO GAMONEDA:
UNA LECTURA DE DESCRIPCIÓN DE LA MENTIRA»

Artículo de JOSÉ ANTONIO LLERA publicado originalmente en Laurel. Revista de Filología (núm. 5, 2002, pp. 25-61).

«Los versos de Gamoneda y la música de Brahem», un artículo de Carlos Olivares Baró

Los versos de Antonio Gamoneda
y la música de Anouar Brahem

Por CARLOS OLIVARES BARÓ
Artículo publicado en La Razón de México, el 4 de mayo de 2019

La poesía es un diálogo perpetuo con el silencio humedecido en los muros. El poeta escribe siempre sobre las tapias que guarecen a los zaguanes. Patio, el poeta ha dejado su huella: en el parapeto del pozo todavía se descubre la imagen del peregrino sediento. El agua, plata viva que se traga los ojos del que llega presuroso. La poesía es una conversación con sombras insurrectas. Entrar al poema: discernir los laberintos inquietantes pronunciados desde la contención. “Estoy desnudo ante el agua inmóvil. He dejado mi ropa en el silencio de las últimas ramas”: Antonio Gamoneda (Oviedo, 1931).

En orfandad ensimismada, el trovador ha tocado el margen y confirma que “llegar al borde y tener miedo de la quietud del agua” son dos actos de envites cruzados. La soledad, una aprehensión: estamos expuestos ante la premura del azar; en los puertos, el marinero se descamisa: los borbotones de sal manchan sus sandalias ansiosas de geografía tangible. No hay pared en el océano: lienzo todo el mar ondulante, espumoso, residual, imprevisible, hambriento. ¿Dónde pronunciar la palabra casa? ¿Dónde vincular memoria con aliento? Cuando llueve en el mar una tiniebla de peces se apodera de todos los presagios. Abundancia de agua que se repite a favor del desesperado que digiere efervescencia. “Ha de llover, / ha de caer la lluvia con dulzura / sobre los suicidas del amanecer.” La poesía llega con la mollina, con los fardeles deteriorados de los deseos desechados. Un verso, aluvión que el arco apresa en su extensión de resplandor suspendido: la flecha tiembla en el riesgo de abrigar el gollete del pez.

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Hugo Montes Brunet reseña el libro de María Nieves Alonso sobre la poesía de Antonio Gamoneda (2007)

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Artículo publicado en REVISTA CHILENA DE LITERATURA Abril 2007, Número 70, 185-189:

ANTONIO GAMONEDA
VISTO POR MARÍA NIEVES ALONSO

Por HUGO MONTES B.
Universidad de Chile

Lo primero sea decir que sin María Nieves Alonso yo no habría conocido a Antonio Gamoneda. A ella, a través de unas “Notas para un diálogo”, que publicó el número 65 de la Revista Chilena de Literatura, en noviembre del 2004, le debo mi inquietud por saber más de ese hombre de Asturias y de León, por leer sus relativamente escasos y siempre esquivos libros de poemas. A ella sobre todo a través de este estudio que hoy nos convoca –Partes iguales de vértigo y olvido, Calambur, Madrid-Concepción, 2005– la oportunidad de discurrir en común acerca de una persona y de unos poemas increíbles que, valga la frase hecha, todos deberían conocer, no solo por necesidad profesoral, sino también y sobre todo por urgencia humana.

Reducir a Gamoneda a las dimensiones legítimas pero limitadas de una profesión, resulta injusto y hasta torpe. Injusto, ya que a la vista de cualquier lector sensible, Gamoneda ha escrito una obra ahincada en la hondura del hombre, en sus raíces de ser único vinculado a la vida y a la muerte –“crece la muerte con la vida”, nos dice–; al silencio y a la voz que a muchos, si no a todos, nos expresan. Y torpe, porque en su lectura crecemos, gozando y sufriendo a la vez, mucho más allá de las fronteras meramente profesionales de la clase o de la crítica literaria.

(…)

* Escrito presentado el 9 de noviembre de 2006 en la Universidad de Concepción, Departamento de Literatura. Antonio Gamoneda ha recibido recientemente los Premios Reina Sofía y Cervantes.

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Hugo Montes Brunet. (Haz un click…)

«El León de Antonio Gamoneda», un artículo de Dasso Saldívar (2000)

Gamoneda en el patio de su casa.

El León de Antonio Gamoneda

La memoria y la obra del poeta Antonio Gamoneda, Premio Nacional de poesía en 1988, tienen sus claves profundas en un largo viaje a través de su ciudad, León. Éste es un recorrido por una ciudad y un poeta, guiados ambos por el silencio.

Por DASSO SALDÍVAR *
Publicado en El País, el 22 de agosto de 2000

El día en León es un asunto que se decanta claramente en el cielo. Puede amanecer con niebla o con nubes, pero hay una brocha invisible que trabaja sin descanso hasta que, hacia las tres o cuatro de la tarde, fija en el firmamento un azul perfecto y sedante. Es el momento en que todo, todo lo que cabe dentro del día, queda como transfigurado. Uno se pregunta entonces si es esa luz o es el tiempo aposentado, o las dos cosas a la vez, lo que le confiere una belleza diáfana y serena a la milenaria ciudad de León. En algunos de sus libros, Antonio Gamoneda ha venido dejando avisos para caminantes: Si de la suave mano de la noche / llegas a este lugar, oh caminante, cuida tu corazón. Yo te lo aviso / porque el aire peligra de belleza.

Habíamos llegado de la mano acaso más segura de la tarde, pero pronto nos dimos cuenta de que el peligro era mayor, pues el lugar donde más acecha la belleza y el silencio puede dejarlo a uno aturdido, es esa inmensidad sagrada de la catedral a las seis de la tarde, cuando el viajero se interna en un bosque gótico con sol propio que estalla en figuras multicolores. Luego, al anochecer, aquella euritmia de arbotantes, hastiales, botareles, ventanales, rosetones y pináculos se enciende por fuera en toda su plenitud, se eleva sobre la ciudad y se adueña de la noche.

Viéndola así, con su ingravidez y su palidez lunar, se hace evidente que la catedral es el gran espectáculo arquitectónico, estético y espiritual que llena el espacio de León y algo más: su ámbito sagrado y su sombra gótica bañan el espíritu de todos los leoneses.

Muy cerca, prácticamente a sus pies (en una prolongación de la Fundación Sierra-Pambley), vive Antonio Gamoneda, que se confiesa hechizado, y no sólo en sus versos, por el mejor gótico de España. Caminante inveterado de León, puede decirse que la memoria y la obra del poeta, y aun su misma sensibilidad, tienen sus claves profundas en un largo viaje a través de la ciudad. Un viaje que es multiforme en el tiempo y que le ha ido dejando estratificaciones diversas en su edad: Yo soy la senda y el anciano, soy la ciudad y el viento. (más…)