Sergio Fernández Martínez

Gamoneda, sobre la Colección ‘Provincia’ de Poesía (años 70): «La poesía española estaba bebiendo agua sucia de la posguerra»

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KAMCHATKA, Revista de Análisis Cultural de la Universidad de Valencia, publica en su último número (nº 24 / Diciembre, 2024) una extensa entrevista con Antonio Gamoneda, realizada hace unos años por Sergio Fernández Martínez (Universidad de León) y Eloísa Otero (investigadora independiente) con motivo de de los cincuenta años del nacimiento en León de la Colección «Provincia» de Poesía (ILC, Diputación de León), que el poeta puso en marcha a principios de los años 70 y dirigió durante varios años.

La entrevista (que ocupa las páginas 806-823) se puede leer y descargar pulsando en la imagen:

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«Manuel Álvarez Ortega y Antonio Gamoneda: dos poetas afines», por Sergio Fernández Martínez

Primera página del artículo de Sergio Fernández Martínez.

«Manuel Álvarez Ortega y Antonio Gamoneda: dos poetas afines». Así se titula uno de los capítulos del libro «Esa habitación que ocupas en el tiempo». La intertextualidad en la poesía de Manuel Álvarez Ortega, en edición a cargo de Marina Bianchi y Giuliana Calabrese (Devenir Ensayo, 2024). El artículo, que lleva la firma del investigador leonés Sergio Fernández Martínez, recorre las relaciones y las diversas coincidencias, vitales y poéticas, entre el poeta astur-leonés Antonio Gamoneda y el poeta cordobés Manuel Álvarez Ortega.

«Es una notable amistad, cuya pervivencia comprende más de cincuenta años, y repercute, de manera directa, sobre la obra de ambos autores. El impacto y la influencia de esta amistad queda constatada con la participación de Álvarez Ortega en Espadaña, la publicación de Carpe diem y Fiel infiel en la Colección Provincia y los diversos homenajes literarios realizados por Gamoneda en momentos clave de la trayectoria del cordobés. Son varias las concomitancias aquí expuestas: coinciden en sus posiciones radicales –profundamente particulares–, en la concepción de una poesía no centralizada, en la necesidad de un lenguaje único, en el análisis de las circunstancias que propiciaron sus escrituras. Todo ello demuestra la relevancia de la relación fraternal entre estas dos figuras imprescindibles de la cultura española contemporánea», anota Fernández Martínez.

El libro, por su parte, recoge, ampliados, los temas de investigación que se presentaron en el Congreso internacional “Centenario del poeta Manuel Álvarez Ortega (1923 – 2023). Su propuesta y proyección internacional”, celebrado en junio de 2023. Sergio Fernández Martínez participó en este congreso, concretamente, con la ponencia titulada «Manuel Álvarez Ortega y Antonio Gamoneda: trayectoria de una amistad literaria», la misma que ahora ve la luz, con diferente título, en este volumen.


Álvarez Ortega y Gamoneda: dos poetas afines

En su artículo, Sergio Fernández Martínez revisa la bibliografía crítica de la obra de Álvarez Ortega, observando cómo «gran parte de la crítica álvarezorteguiana ha coincidido al señalar las concomitancias vitales y estilísticas de los dos autores» objeto de su investigación. Y cita a Eduardo Moga, Jacques Ancet, Fanny Rubio, Germán Labrador, José Antonio Llera, Guillermo Aguirre, Antonio Colinas, Stefano Pradel, Juan Pastor

A continuación, realiza un recorrido panorámico por los vínculos de ambos poetas, que divide en cinco epígrafes:

1. Relación entre Álvarez Ortega y la cultura literaria leonesa a través de sus colaboraciones en la revista Espadaña.

2. Función de Gamoneda como editor de Álvarez Ortega, en concreto de sus libros Carpe diem (1972) y Fiel infiel (1977), en la Colección Provincia de Poesía (Diputación de León).

3. Un libro conjunto: Dos poetas en su voz (Ediciones Portuguesas, 1992)*, «volumen ciertamente desconocido y, además, desatendido por los críticos de ambos autores».

4. Revisión de los textos autobiográficos de Gamoneda en los que rememora su relación con Álvarez Ortega, así como de los diferentes homenajes públicos que le realiza a lo largo de 25 años —desde 1998, año de publicación de Dedicatoria, hasta 2023, año de publicación del último artículo de Gamoneda en el que analiza la obra traducida por Álvarez Ortega—.

5. Significación e importancia del cordobés en la obra del leonés (breve estudio comparado de sus afinidades estéticas); concomitancias recursivas, líricas y simbólicas; presentación de un modus legendi de una posible sensibilidad común.

Portada del libro ‘Dos poetas en su voz'(*), de Gamoneda y Álvarez Ortega.

* Nota: La década de los años 90 fue un periodo de intensa muestra pública de amistad entre los dos autores. En 1992, a propuesta del editor y poeta Miguel Suárez, fundador de Ediciones Portuguesas —labor para la que utilizaba el pseudónimo Miguel Lastres—, se publicó el poemario Dos poetas en su voz, en el que Álvarez Ortega recita Génesis (1975), completo, y Antonio Gamoneda trece fragmentos de Descripción de la mentira (1977). Es el cuarto volumen de la colección, que se edita desde Valladolid, y el libro presenta una original edición, de manera artesanal, en forma de folleto grapado, y se acompaña de dos cintas de cassette, una por cada autor, recitando los poemas.

BIBLIOGRAFÍA / GAMONEDA sobre ÁLVAREZ ORTEGA

· Gamoneda, Antonio (1972): «Carpe diem, de Manuel Álvarez Ortega». Tierras de León, nº 15, pp. 125-126.

· Gamoneda, Antonio (1977): «Fiel infiel, de Manuel Álvarez Ortega». Tierras de León, nº 27, pp. 58-59.

· Gamoneda, Antonio (1998): «Palabras en celebración de la luminosa madurez de Manuel Álvarez Ortega», en J. Pastor (ed.), Dedicatoria a Manuel Álvarez Ortega. Madrid, Devenir, p. 26.

· Gamoneda, Antonio (1999): «Manuel Álvarez Ortega». Barcarola. Revista de creación literaria, nº 58-59, pp. 243-244.

· Gamoneda, Antonio (2012): «Con y para Manuel Álvarez Ortega». La manzana poética. Revista literatura, creación, estudios literarios y crítica, nº 32, pp. 141-145.

· Gamoneda, Antonio (2023): «Manuel Álvarez Ortega, ¿traductor?: estimaciones con Saint-John Perse al fondo». Ínsula. Revista de Letras y Ciencias humanas, nº 915, pp. 18-21.

«Claridad sin descanso»: La conciencia del deterioro en ‘Arden las pérdidas’ / Un artículo de Sergio Fernández Martínez (2023)

El nuevo número (el 21) de la revista Siglo XXI. Literatura y Cultura Españolas, de la Universidad de Valladolid, incluye un artículo de Sergio Fernández Martínez sobre la vejez en tres poetas españoles: Antonio Gamoneda, Juana Castro y Angélica Liddell.

CITA DEL ARTÍCULO:
Fernández Martínez, S.
(2023). Vejez y decrepitud en la obra de tres poetas españoles: Antonio Gamoneda, Juana Castro, Angélica Liddell. Siglo XXI. Literatura y Cultura Españolas, (21), 185–210. https://doi.org/10.24197/sxxi.21.2023.185-210

Reproducimos el apartado dedicado a Antonio Gamoneda:

“CLARIDAD SIN DESCANSO”: LA CONCIENCIA DEL DETERIORO EN ‘ARDEN LAS PÉRDIDAS’ (ANTONIO GAMONEDA, 2003)

Por SERGIO FERNÁNDEZ MARTÍNEZ

Los motivos y temas característicos del cuerpo decrépito aparecen de manera recurrente en la obra poética de Antonio Gamoneda y, de manera especial, a partir de su libro Arden las pérdidas (2003). La expresividad, la ambientación y la temática que vertebran esta obra encuentra su origen estilístico en Libro del frío (1992), y su continuación en poemarios como Canción errónea (2012) o, de manera aún más sintética, en La prisión transparente (2016). En Arden las pérdidas, el dolor funciona como el núcleo esencial de los procesos afectivos, sobre los que destaca la pérdida en su más amplio significado: “un día, se manifestó la melancolía cableada del corazón al intestino” (Gamoneda, 2003: 115). Los verbos utilizados por el sujeto poético, en primera persona —“vi”, “veo”, “tengo”, “miro”, “contemplo”, etc.— otorgan al conjunto un carácter documental al tiempo que proyectan una voluntad testimonial. Como recoge el propio autor en Solo luz:

mi poesía, aun siendo prioritariamente autorreferente, adquiere su completo sentido cuando comporta […] un discurso inseparable de hechos interiorizados (he dicho “interiorizados”, no “interiores”), que han proporcionado cuerpo y carácter a mi vida. Lo he argumentado en repetidas ocasiones de otra manera: mi poesía (y quizá la de todos, quieran o no quieran) es el relato de cómo avanzo hacia la muerte. Un relato en el que, insisto, son inseparables, porque son la misma cosa, la realidad y el símbolo (Gamoneda, 2000: 7; énfasis añadido).

Así, desde la perspectiva de la vejez, los procesos vitales se muestran como espectros que ocupan el lugar de las realidades para colmar el recuerdo. La mirada, tan importante en Arden las pérdidas, funciona como una fuerza centrípeta de interiorización corporal hacia el dolor, utilizando como elemento característico el uso de terminología médica muy precisa, léxico poco recurrente en poesía:

Escuchar la sangre. ¿Dónde? ¿En la fístula azul o en las arterias ciegas? Allí el hierro silba, o arde, quizá: no somos más que miserable hemoglobina. Allí los huesos lloran y su música se interpone entre los cuerpos. Finalmente, purificados por el frío, somos reales en la desaparición (Gamoneda, 2003: 111).

La infancia y la senectud están relacionadas a lo largo del poemario a través del motivo corporal, donde la identificación entre ambos extremos vitales se va conformando hacia una forma de materia única: avanzando desde los “desvanes de la infancia” (Gamoneda, 2003: 21) y la “niñez abrasada” (2003: 25) se alcanza el final de la vida, donde la decrepitud corporal adquiere una dimensión ontológica: “Entré en un tiempo en que mi cuerpo participaba de la luz, que, a su vez, estaba en mí y fuera de mí: eran la fiebre y la revelación en el instante de rasgarse la infancia” (2003: 113).

Esta cuestión, la intensificación de ciertos elementos poéticos y la recurrente aparición de ciertas imágenes irracionalistas, funciona de manera discursiva en todo el corpus lírico de Antonio Gamoneda: “La experiencia de la emisión —o la recepción— de la poesía intensifica mi vida y yo vivo esta intensificación como una forma de placer. Esta intensificación y este placer son independientes de la significación: la poesía fundamentada en el sufrimiento genera también placer” (Gamoneda, 1997: 24; énfasis en el original). El dolor, núcleo central de la poesía gamonediana, invade todo el poemario mediante impulsos estéticos de sostenida emoción. Si ya en Sublevación inmóvil (1960) se podía leer “Oh qué dura, feroz es la frontera / de la belleza y el dolor” (Gamoneda, 2010: 43), es a través de la experiencia de la enfermedad y del cuerpo decrépito en Arden las pérdidas donde se somete al sujeto a los conflictos de la conciencia y de la voluntad, en lucha con la materialidad de la palabra. Como señala Miguel Casado, las sustancias de la muerte saturan la percepción sensorial del poema (2010: 588), pero bajo las palabras circula un sustrato memorialístico. Por ello, los diálogos sostenidos a lo largo del poemario se concentran en las formas invisibles de la desaparición —lo concreto, ciertos momentos vitales, varios seres queridos—: “esta pena arterial, esta memoria / despedazada” (Gamoneda, 2003: 55).

La memoria, impulsada desde la vejez, produce conexiones que se comunican circularmente con el origen de la vida:

Esta es la edad del hierro en la garganta. Ya.
Te habitas a ti mismo pero te desconoces; vives en una bóveda abandonada en la que escuchas tu propio corazón
mientras la grasa y el olvido se extienden por tus venas y
te calcificas en el dolor y de tu boca
caen sílabas negras.
[…]
Piensas la desaparición. Acaricias
la tiniebla cerebral, bajas al hígado calcinado por la tristeza.

Así es la edad del hierro en la garganta. Ya
todo es incomprensible (Gamoneda, 2003: 119-120).

Lo nombrado a través del cuerpo activa el núcleo interior de los poemas, lo que Gilbert Durand denomina “puntos de condensación simbólicos” (1981: 40); aquellas zonas conceptuales —en este caso insistencias corporales— en las que se cristalizan los símbolos. Estos puntos de condensación constituyen un referente que explica y desarrolla el propio texto, y también el acto poemático. Los conceptos que remiten a una misma imagen aun siendo diferentes —“el dolor es parte de la serenidad” (Gamoneda, 2003: 19); “conocí los sudarios habitados / y las bujías del dolor” (Gamoneda, 2003: 69)— se ven acelerados por un dinamismo de tensiones incesantes cuyo resultado es su propia sustancia: la imagen así se transforma y se torna en otra diferente, generando simultáneamente una dialéctica del dolor, en un territorio intermedio entre lo concreto y lo imaginario.

La exaltación sensorial se convierte en agónica, y los referentes clínicos reaparecen constantemente junto a las imágenes de la enfermedad: “Ahora / aparto crespones¹ y cánulas hipodérmicas” (Gamoneda, 2003: 23); “Mi vejez tuerce sus huesos y quema sus cabellos, mi vejez envuelta en una piel húmeda de amor” (Gamoneda, 2003: 37); “Miro mi desnudez. Contemplo / la aparición de las heridas blancas” (Gamoneda, 2003: 39); “Por sus cánulas descendieron los líquidos de la vejez, pero la vejez incendió mi memoria. / […] / He despertado. Ya / no veo más que las delicadas espátulas, tan útiles en la preparación de la agonía” (Gamoneda, 2003: 122). Todo ello remite a la concepción barthesiana de la escritura:

imágenes, elocución, léxico, nacen del cuerpo y del pasado del escritor y poco a poco se transforman en los automatismos de su arte. Así, bajo el nombre de estilo, se forma un lenguaje autárquico que se hunde en la mitología personal y secreta del autor, en esa hipofísica de las palabras y las cosas, donde se instalan, de una vez por todas, los grandes temas verbales de su existencia (Barthes, 2012: 13-14).

Aunque su relevancia extratextual sea mínima, el espacio estrictamente biográfico es, por tanto, desde donde se produce un acercamiento íntimo a lo colectivo, desde el pacto realista del acto poético. La voz extenuada del sujeto poemático, en su detallado recuento de aflicciones —“llagas vivientes” (Gamoneda, 2003: 43); “luz / en los cartílagos y las venas. Luego / descendieron las vértebras” (2003: 43); “mirada inmóvil” (2003: 43); “úlceras” (2003: 47); “fístulas” (2003: 63); “enfermedad llena de espejos” (2003: 103); “sangre en mi pensamiento” (2003: 103)—, se condensa en la imagen final de la calcinación.² Como señala Miguel Casado (2010: 617-618), ya desde Lápidas (1986) el verbo “arder” es utilizado por Gamoneda en un sentido no vinculado al fuego, sino a diferentes formas de transfiguración luminosa que transmiten intensidad y fuertes concentraciones de vida activa.

Casado ya había observado anteriormente la existencia, en el lenguaje poético de Gamoneda, de “esa cifra simbólica e irracionalista” (2006: 13), cuestión también percibida por María Nieves Alonso —“uso de figuras y símbolos desasidos de la dependencia realista” (2005: 19)— y por José Luis Puerto —“hay una continua recurrencia a los mismos símbolos, que se enriquecen y se ramifican […] caracterizadas por su irracionalidad y subjetividad” (1993: 23)—. Se introducen aquí diversos conceptos que resultan de especial relevancia: la subjetividad de la imagen, similar a la experiencia del dolor, la indeterminación semántica de los términos, que en una lógica interna encuentran su necesidad y también su justificación, y la generación de ese mundo de realidades y conceptos que mantienen una correspondencia exacta pero también paralela.³

Así, en esa “habitación calcinada” (Gamoneda, 2003: 17) de Arden las pérdidas, la imagen es espectral, oracular, y de este modo la vejez se desarrolla como un continuum; es decir, no es un estado vital dado en la consumación, sino que supone una realización permanente de la pérdida a través de las diferentes apariciones de la infancia —“busco las manos de mi madre en los armarios llenos de sombra” (Gamoneda, 2003: 23)— que, a su vez, remiten a la biografía real del poeta.4 Las imágenes luminosas —recogidas en la imagen de “la última luz” (Gamoneda, 2003: 15)— se contraponen a la tradicional serenidad y calma para personalizar el regreso de la inquietud y del malestar, y sirve para explorar la energía que desprende lo obsesivo del cuerpo decrépito, como ocurre en todo el desarrollo de la parte final del poemario, titulada “Claridad sin descanso”. La observación de la angustia y la experiencia del dolor surgen del testimonio de la memoria y confluyen en una preocupación identitaria culminada en la pérdida de conciencia; un proceso que se genera, entre otras recurrencias, a través de la identificación animal:

Una paloma inmóvil
en sus arterias y en sus huesos. Ya
atiende a la agonía natural envuelta
en pétalos de sombra (Gamoneda, 2003: 95).

En los elementos naturales y, en especial, en el cuerpo de los animales moribundos —“vi serpientes enfermas —bellas en sus úlceras transparentes—, frutos amenazados por espinas y sombras, hierbas excitadas por el rocío. Vi un ruiseñor agonizante y su garganta llena de luz” (Gamoneda, 2003: 101)— se produce una tensa relación metonímica a través de una concepción agonística de la experiencia humana, en cuya esencia descansa una relación dialéctica entre la belleza y el dolor. Así, la “potencia / degolladora de dolor” (Gamoneda, 2010: 43) y los “cuerpos / endurecidos en el dolor” (Gamoneda, 2010: 69) de Sublevación inmóvil conocen en Arden las pérdidas el tiempo de la caducidad y de la derrota, un dolor fundamentalmente humano, donde la palabra se extiende hasta alcanzar el agotamiento, en un tenaz juego de contrastes que conduce al sujeto hacia el tormento epistémico: “Soñé y el sueño era otra vida dentro de mi cuerpo y su argumento consistía en el dolor y el dolor era anterior al pensamiento y se deducía de células enfermas” (Gamoneda, 2003: 114).

De nuevo, el sufrimiento se acepta como raíz vital, una condición inseparable de la vida, y se propulsa desde el cuerpo hacia todo aquello que se libera. La memoria sentimental que emerge de la conciencia —y que en ocasiones la suplanta— busca la identidad personal en la atenuación y el final acabamiento de esta: “Es la vejez. Fluye en mis venas como agua atravesada por gemidos. Van / a cesar todas las preguntas” (Gamoneda, 2003: 124). El final del cuerpo y su decadencia, lugar de “la agonía y la serenidad” (Gamoneda, 2003: 124), posee un discurso alegórico acerca de la existencia humana y el dolor, inherente sustancia al ser. Todos los herrajes conceptuales de Arden las pérdidas giran en torno al dolor físico, donde los sentidos corporales perciben más de lo que percibe el sujeto, demostrando que si la muerte y la memoria son los grandes núcleos de la poesía de Antonio Gamoneda, como ha señalado la crítica (Casado, 2010: 619), también a través del dolor surge la voluntad de introspección, conocimiento y constitución, como así lo introduce, a través del motivo corporal, la voz que, desde la vejez, reconstruye la conciencia que atraviesa el poemario.

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NOTAS:

¹ Se alude a la acepción de crespón como gasa tupida y, por metonimia, al luto: aparece, de nuevo, una alusión al acabamiento físico.

² José Luis Gómez Toré incide también en la importancia de la materia escatológica en este poemario, que completa la experiencia total de la vida (2005: 93).

³ En su ensayo El cuerpo de los símbolos, Gamoneda declara que la palabra se expande de manera física, aunque permanezca cerrada, y precisamente en su cierre se produce una alteración de las significaciones que conciertan, de este modo, su sentido: “En el poema manejo palabras cargadas con valor simbólico, pero se trata de un simbolismo con un solo miembro: el símbolo es, en su naturaleza, aquello mismo que simboliza. Dicho de otra manera: es símbolo de sí mismo” (1997: 26-27). Es decir, se produce una contracción del símbolo que favorece la comprensión de un segundo sentido, aunque este resulte paradójico. Es un proceso similar a la disemia heterogénea estudiada por Carlos Bousoño (1984: 217) y a la simultaneidad objetiva y subjetiva teorizada por Robert Langbaum (1996: 369). Asimismo, Gamoneda reconoce la encarnación del símbolo a través de un ejemplo práctico de su propia poesía: “hay una tensión mediante la cual las palabras adquieren potencias simbólicas. Pero se trata de un simbolismo especial: se simbolizan a sí mismas. Tú encuentras en un poema mío unas cucharas. Tú vas a pensar que se trata de un símbolo, y es verdad, pero después vas a sospechar que esas cucharas estuvieron físicamente en mi vida. Estás en lo cierto. En los dos casos” (1997: 178; énfasis en el original).

4 La imagen, real y simbólica, del armario es el dispositivo que activa la memoria del poeta en su primer volumen de memorias, titulado Un armario lleno de sombra (2009); al que sigue el tomo La pobreza (2020). Asimismo, es de revelador título su antología Niñez (2016), preparada por su hija Amelia Gamoneda Lanza.

La colección Adonáis celebra sus 75 años con una exposición en Alcalá de Henares

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La sede del Instituto Cervantes de Alcalá de Henares (en la calle Libreros 23) acoge, hasta el 17 de julio de 2022, la exposición ’75 aniversario de los Premios Adonáis’, un magnífico repaso a la trayectoria del galardón más longevo dedicado a la joven poesía en España.

Con ‘Sublevación inmóvil’, Gamoneda quedó finalista del premio Adonáis en 1959.

La historia de la poesía española del siglo XX no puede entenderse sin la colección Adonáis. Una colección que, desde su inicio en 1943, «ha estado abierta a todas las corrientes poéticas, alejándose de cualquier tendencia de grupo», explican desde ediciones Rialp, la editorial que se hizo cargo de la colección en 1946.

Entre los ganadores del ‘Premio Adonáis’ están José Hierro, Claudio Rodríguez, Francisco Brines o José Ángel Valente; entre sus accésits, Antonio Gala, Ángel González, Julia Uceda, José Agustín Goytisolo o Antonio Colinas; e, incluso, entre sus finalistas, Antonio Gamoneda.

Para celebrar los 75 años de vida de esta colección en la familia de Rialp, tanto la editorial como el Instituto Cervantes han organizado una exposición, que hace parada en Alcalá de Henares, y que permite conocer «a través de los poemarios cómo ha sido la evolución de la poesía en nuestro país».

75 Aniversario de los Premios Adonáis

La exposición muestra un total de 84 libros, así como textos, diplomas de los ganadores, imágenes y un video. Organizada cronológicamente en seis secciones, en función de las distintas etapas que ha vivido el premio desde su creación, la muestra incluye secciones dedicadas a los directores de la colección, jurados y poetas premiados. A lo largo del recorrido el visitante puede escuchar poemas recitados por sus propios autores, grabados por la Fonoteca Española de Poesía.

Entre los libros que forman parte de la exposición destaca también una publicación leonesa, «La poesía leonesa y la Colección Adonáis. Una historia revisada», de Sergio Fernández Martínez, editado por Eolas dentro de la colección «Libros… a cuentagotas».

Y en este último libro, casi al final, encontramos esta valoración de Antonio Gamoneda sobre la colección Adonáis:

Portada del libro.

 

Antonio Gamoneda, ‘Sublevación inmóvil’ y la Colección Adonáis

Portada del libro.

El ensayo ‘La poesía leonesa y la Colección Adonáis. Una historia revisada’, del joven investigador universitario leonés Sergio Fernández Martínez, que acaba de salir de imprenta en el sello Eolas ediciones, es el encargado de abrir la colección ‘Libros… A cuentagotas’, auspiciada por la Concejalía de Juventud del Ayuntamiento de León a través del programa es.pabila.

La obra propone un recorrido histórico por la Colección Adonáis de la mano de aquellos poetas leoneses que han supuesto un hito en las diferentes etapas de su catálogo, pero también del galardón homónimo. Pretende ser un modesto capítulo en la vasta historia de la literatura leonesa, entendida esta como un horizonte donde se recogen aquellos libros escritos en un lugar concreto, como es la provincia de León, y que incluye también a los autores vinculados a ella.

Esta es la primera página del capítulo dedicado a Antonio Gamoneda cuyo poemario Sublevación inmóvil fue uno de los finalistas del Premio Adonáis 1959 —otorgado a Francisco Brines por Las brasas—, y se publicó en 1960:

Primera página del capítulo dedicado a Gamoneda en el libro «La poesía leonesa y la Colección Adonáis», de Sergio Fernández Martínez.

Sinopsis del libro:

Este ensayo estudia la aparición de los poetas leoneses en la Colección Adonáis, fundada en 1943. Durante estos más de setenta y cinco años, la presencia de la poesía leonesa ha estado ampliamente representada no solo en esta colección histórica, sino también en el premio homónimo, uno de los más importantes del país, al que concurren poetas menores de treinta y cinco años. El catálogo de Adonáis, institución imprescindible en el acervo cultural español, ha abierto las puertas a escritores de diferentes generaciones, tanto noveles como consagrados, y ha acogido las más variadas tendencias líricas. En su evolución, relacionada con el canon poético más actual, algunos de los autores de León han aportado obras decisivas. A lo largo de esta revisión hay también espacio para las sorpresas, los misterios y los enigmas que, además de provocar ciertos giros inesperados en la literatura leonesa, proponen un estimulante recorrido historiográfico. La presencia de Leopoldo Panero en el jurado del primer Premio Adonáis, las relaciones entre poetas durante la posguerra, las diatribas de la revista Espadaña con la Colección, la primera publicación de Antonio Gamoneda, el flamante triunfo de Juan Carlos Mestre, la sorprendente irrupción de ocho leonesas en el catálogo o la reciente victoria de Alba Flores Robla son algunas de las líneas de un mapa donde se anudan, de manera formidable, el pasado y el presente de la historia literaria leonesa.

Descifrar una palabra manuscrita por Gamoneda se vuelve un reto viral en Twitter

La dedicatoria de Gamoneda a Sergio.

El pasado 1 de diciembre de 2019, un twit de Sergio Fernández Martínez @serge_fm (quien actualmente realiza su doctorado en la ULE) relacionado con la caligrafía peculiar de Antonio Gamoneda en una dedicatoria, concretamente con una palabra indescifrable para su destinatario, se convirtió en un reto viral en pocas horas en Twitter, y muchísimas personas se lanzaron, de forma pública o privada —según matiza @sergio_fm—, a elucubrar e intentar dilucidar el palabro en cuestión…

La solución llegó en la tarde noche del 3 de diciembre, de la mano de María Ángeles Lanza, esposa de Gamoneda, gracias a la mediación de @kokoelo que se la comunicó al doctorando. Hay que decir que sólo un pequeño porcentaje de los twitteros dio en el clavo, algunos de ellos con argumentos bastante analíticos, en caso de curiosidad sólo hay que entrar en la red social y dar un paseo por el hilo de conversación generado:

Actividad del twit en la mañana del día 3.

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