
Gamoneda, con su esposa Ángeles Lanza, durante el carnaval poético realizado el miércoles en Granada (Nicaragua). © Foto: Letzira Sevilla Bolaños.
Gamoneda, entre poesía y crítica
Antonio Gamoneda. El poeta español llegó a Nicaragua invitado a formar parte del XIII Festival Internacional de Poesía de Granada, en el que se congregaron 106 escritores de diversas partes del mundo.
Por LETZIRA SEVILLA BOLAÑOS
Publicado en El Nuevo Diario (Nicaragua), el 19 de febrero de 2017
Antonio Gamoneda hace un alto en la efervescente noche granadina agitada por las disertaciones sobre la poesía caribeña en el XIII Festival Internacional de Poesía de Granada, para conversar a pesar del cansancio del día. El poeta español de 85 años llegó a Nicaragua junto con 106 escritores de diversas partes del mundo para homenajear a Manolo Cuadra y saludar la obra de Roque Dalton.
Gamoneda, hijo de un poeta modernista al que solo alcanzó conocer por medio del único libro que escribió, pues murió cuando él no tenía un año, es de los más laureados de este Festival y también de los más conocidos por su prolífera obra: 18 libros de poesía, una treintena de ensayos, antologado en al menos 13 ediciones y traducido a varios idiomas, con mayor predominio del francés.
La genialidad del poeta Gamoneda ha sido reconocida no solo por los mejores críticos literarios contemporáneos, sino por más de una decena de galardones de diversas instituciones a lo largo de su vida, sin embargo, fue en el año 2006 que alcanzó los dos premios más importantes: el Reina Sofía y el Cervantes, con lo que solo le falta el Nobel para estar en lo más alto del pódium.
¿Qué recuerdos de infancia marcan su obra poética?
Hay dos circunstancias, una es biográfica y la otra es de la historia negra de España, que permanecen en mi conciencia, en mis sentimientos y en mi escritura. La biográfica es que aprendí a leer solo, porque había estallado la Guerra Civil Española y las escuelas estaban cerradas por la represión de los militares sobre el magisterio, pero a mis 5 años quería aprender a leer. Había llegado a la ciudad de León en España, aunque nací en Asturias. Mi madre quedó viuda cuando yo no tenía ni un año y a los dos años estalló la guerra. En mi casa solo había un libro y en él aprendí a leer. Ese libro no me dio solo las claves de la lectura sino mucho más porque descubrí en él la naturaleza de un lenguaje distinto al que se utiliza para la vida coloquial, tenía otras virtudes rítmicas, ese único libro que trajo mi pobre madre había sido escrito por mi padre y eso me marcó mucho.
En cuanto a la historia negra de España empecé a ser consciente de la vida en mis primeros cinco años cuando estalló la guerra espantosa que dejó 1 millón de muertos. Para un chiquillo, incluso para los mayores, el horror se convirtió en una cosa de todos los días.