Con ANTONIO PEREIRA

Antonio Gamoneda, con Antonio Pereira, en la Fiesta de la Poesía de Villafranca del Bierzo (2023)

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Enlaces a la noticia de lo sucedido el 25 de junio de 2023, en la Fiesta de la Poesía de Villafranca del Bierzo que este año, y por todo lo alto, sirvió para recordar al escritor Antonio Pereira (Villafranca, 1923-León, 2009) en el centenario de su nacimiento:

Carta semiprivada de Antonio Gamoneda a Antonio Pereira

En este día —13 de junio de 2023— en el que Antonio Pereira, grandísimo amigo de Gamoneda, hubiera cumplido cien años, reproducimos esta carta que se publicó en La Crónica de León hace más de 30 años, a propósito de la publicación de su libro de relatos El Síndrome de Estocolmo:

CARTA SEMIPRIVADA A ANTONIO PEREIRA

Por ANTONIO GAMONEDA
[Publicada en el diario La Crónica de León, en enero 1989]

Querido Antonio: Tengo El Síndrome de Estocolmo en la mesilla de noche, que es donde suelen ponerse los libros que se aman. Ya está leído y hasta releído, pero lo necesito allí para las horas dolientes, que son horas en las que algunos libros se tornan medicinales. Está en buena compañía; se roza con un tomo del Pedacio Dioscórides Anazarbeo, de Laguna, el segoviano mágico que diagnosticaba al Papa por la orina; con La otra gente, de Cunqueiro, ese berciano de Mondoñedo al que saco mucha correligión contigo; con un Hiperión deslumbrante y difícil de roer, que firma un persa sufí de nombre impronunciable. A los cuatro vuelvo según los giros del ánimo. Al Síndrome por los gozos prosódicos que, si me alcanzan al entresueño, pueden traerme alucinación, dado que más de una vez se me han vuelto físicos, como si realmente oyera el metal —franco y algo campanudo, reconócelo— de tu voz propia y corporal.

Yo creo que esto tiene que ver con las ausencias que tú me infieres y yo te guardo. Reconócelo. Después de casi cuarenta años de trato, siendo además tocayos y asonantes en la patronimia, habíamos llegado a tener para los dos una especie de aura univitelina; ahora, dos años para acá, cuando tanto tendríamos que despachar sobre planes de jubilación, índices de colesterol y leves maledicencias, tú te das más que nunca a la vida intercontinental y no hay manera de cogerte los vientos.

Es cierto que tus itinerancias mundiales tienen mucho que ver con la imaginería que trabajas en los libros, pero yo sé que salgo perjudicado. En el Síndrome, además de enternecerte con Nilita, con Borges y con Ledo Ivo, andas de tránsito por Puerto Rico, Acapulco, Buenos Aires, Moscú, París, Río de Janeiro… No sigo. Si descontamos Arganza, el Naranco y Astorga, ¿qué queda de tú, un día famosa, literatura diocesana? ¿Dónde te vas a encontrar conmigo, que para poeta lírico no necesito más tierra, pongo por ejemplo, que la que hay entre la calle Varillas
y Mansilla de las Mulas?Besos a Úrsula. Enérgicos abrazos para ti.

Antonio (Gamoneda)

P/S. Se me olvidaba decirte algo. Es asunto recrudescente, pero para bien. Consiste en que, con referencia al ramo y género del cuento y a sus brevedades, he dado en pensar muy seriamente que eres el número uno, el maestro. Lástima no tener a mano a Antón P. Chejov: firmaría conmigo la posdata. Vale.

 

Reseñas literarias de Gamoneda / «Cancionero de Sagres», de Antonio Pereira (1970)

«Cancionero de Sagres», de Antonio Pereira

Por ANTONIO GAMONEDA
[Artículo publicado en la revista Tierras de León, nº XI; Diputación de León, junio 1970]

Desde las mismas titulaciones —»Del monte y los caminos», «El regreso», fueron las anteriores— se comprueba una especie de voluntad viajera. «Cancionero de Sagres» (Col. Arbole, Ed. Oriens. Madrid, 1969) reitera esta voluntad con una, en cierta medida, orientación exótica. Si partimos de esta advertencia es para considerar lo que nos parece una constante significativa en la poesía de Pereira. Hay una operación por la que Pereira hace de su comprobación de la tierra extensa, de su paisaje humano, una manera de afirmación y encuentro consigo mismo:

«Y nadie podrá decirme,
nadie,
que voy perdido».

El largo repaso de la tierra se hace curso poético; paralelamente, movimiento y mirada hacia fuera; posteriormente, interiorización. Con esta última viene un arrastre de percepciones inquietantes. Ocurre que, en «Cancionero de Sagres», los hombres —los portugueses— «van o vienen / bajo el sol que los hace viejos»; «andan / eternamente y sin remedio», y el lirismo madurado, voluntario, de Pereira oscurece su serenidad. El «paisaje con hombres» se transcribe, en ocasiones, con una suavidad cuestionada por la verificación amarga. Entonces, la lírica de Pereira es una lírica amenazada. No sé si este matiz está suficientemente advertido por la crítica.

Las tres divisiones del libro —»Paisaje con hombres», «Espejo entre dos luces», «Punta de Sagres»— conciertan en esta dualidad contradictoria y fértil: el gozo (Pereira usa en alguna ocasión esta misma palabra) del descubrimiento hermoso y el gozo formal del poema se contrastan con el dato doloroso. Ocurre que este dato suele corresponder a un mal que nosotros llamaríamos histórico, y una peculiaridad de Pereira es la posterior referencia de este dolor histórico a un consuelo no histórico, a una «solución pacífica» imaginada, creada por el deseo, por la decisión defensiva de articular un remedio, aunque este remedio no sea, fuera del poeta y el poema, tan verificable como la dolencia. Si vamos, por ejemplo, sobre el poema «Lo digo por Antonio de Lama», encontraremos, utilizando una fragmentación respetuosa con el sentido, una especie de demostración. Dice:

«Pienso que estás pensándome, esperándome»

y después se extiende en la referencia consoladora, preservadora, afirmándola hasta el rechazo de posibilidad distinta:

«Quién se echaría al campo una mañana
si no supiera que alguien le defiende
y qué valiera todo cuanto amo
a este país de rosas y quebranto
sin otro corazón con quien partirlo»

Creemos que está claro el mecanismo: existe el dato de la muerte (histórica) de Antonio de Lama; este dato existe y amenaza; Pereira restablece el equilibrio con otro, estrictamente poético (subjetivo, deseado, imaginado), negación del anterior. La resolución, al acto de referencia de lo doloroso histórico a lo consolador imaginado, es decir, a una «realidad» interior, proporcionada por la voluntad del poeta, es el movimiento con que Pereira retorna de su percepción, de su comprobación objetiva, al campo «irremediablemente subjetivo» (este entrecomillado corresponde a una expresión de Sartre). Pereira defiende, por así decirlo, su fundamental actitud de lírico. De ésta que es, quizá, la obligada y más difícil aventura de la poesía contemporánea, aventura en la que puede ser quebrada hasta la misma naturaleza poética, resulta y permanece una suma finalmente serena, una cadencia sin fisuras, íntimamente coherente, vigilada en su circunscripción lírica, problematizada en el nivel emocional y sólo hasta el punto en que, aunque amenazada, aún no se quiebra la deliberada armonía del acto poético. Resta decir que, en nuestro criterio, esto no se logra si no es disponiendo de un exquisito tacto instrumental, de una afinación practicable, únicamente, en la plena posesión de una voz personalísima.

Gamoneda: «La obra de Antonio Pereira es la de un gran maestro»

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(…) «Su amigo del alma y confidente» Antonio Gamoneda reconoció que quiso «y sigo queriendo» al escritor de Villafranca del Bierzo, al que sigue «sintiendo muy cerca, no en un plano espiritual, sino en día a día». «La escritura de Pereira es, antes que nada, una realidad», apuntó sobre el estilo de su amigo. «El autor es la obra y la obra es el autor, y no hay posibilidad de disociar», remarcó en este sentido el poeta y Premio Cervantes, que no dudó en subrayar que él siempre defiende y propone «la obra de Antonio Pereira como la obra de una gran maestro». (…)

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25 mayo 2023 / «PEREIRA CUENTA…» / Gamoneda, en el homenaje a Antonio Pereira en la Biblioteca Nacional de España

Bajo el título de Pereira cuenta…, la Biblioteca Nacional de España, Acción Cultural Española y la Fundación Antonio Pereira de la Universidad de León rendirán homenaje este jueves 25 de mayo, a partir de las 19 horas, al poeta y narrador universal Antonio Pereira (Villafranca del Bierzo 1923 – León 2009) en el centenario de su nacimiento.

El acto se dividirá en dos partes. En primer lugar, el Premio Cervantes y amigo personal de Pereira, Antonio Gamoneda, el escritor Julio Llamazares, la directora de la editorial Siruela Ofelia Grande, el presidente de la Fundación Pereira Joaquín Otero y el Premio Nacional de Poesía Juan Carlos Mestre presentarán los dos volúmenes recopilatorios de la poesía y del relato breve de Antonio Pereira con los títulos de Todos los Poemas y Todos los Cuentos.

A continuación, tendrá lugar un recital poético-narrativo-musical sobre la vida y obra de Pereira, contado en primera persona con la voz de Juan Carlos Mestre y la música del acordeonista Cuco Pérez, donde el humor, la ironía, la semblanza y la nostalgia se entrelazan de un modo original y singular. Desde primeros versos de niño precoz, sus primeros poemas publicados, la ferretería de su padre, la admirada tierra lusitana, la memoria de Jean Moulin, hasta la fascinación por su mujer Úrsula Rodríguez y el anticipo, en verso, de su centenario.

Sobre el homenaje a Antonio Pereira en León / Crónica de Rafa Gallego, en la SER

Homenaje a Pereira en el Salón de los Reyes del Ayuntamiento de León, el 12 de mayo de 2023.

Reproducimos un fragmento del artículo de opinión de Rafa Gallego, en la SER, sobre el Homenaje a Antonio Pereira que tuvo lugar el 12 de mayo de 2023 en un Salón de los Reyes del Ayuntamiento de León abarrotado:

(…) El viernes pasado estuvimos en lo de Antonio Pereira. Me detengo en este acto entre los muchos que hubo porque no me dan los tres minutos para un repaso general y porque Pereira es un genio de mi devoción y porque en la última fila estaban los gigantes que luchan contra los molinos de viento y se sentaba la literatura y miraba desde su esbelta figura con el móvil las fotos de una mesa colocada a pie de público, en ausencia de estrado o con estrado mínimo que no permitía ver a quienes hablaban y nos obligaba a ser escuchantes antes que espectadores. Luego se levantó Mestre y lo vimos, claro, pero eso fue luego. De entrada, Joaquín Otero estuvo con su mejor voz radiofónica situando el acontecimiento en su justa medida, con la dosis correcta de humor y de simpatía, con el toque de inteligencia distinguida que hacía falta. Gamoneda nos arropó en su metafísica y nos llevó por los caminos fundamentales de la palabra. Para entonces ya nos habíamos dejado abrazar por la devoción del acto y asentíamos en la implacable destrucción de la línea divisoria que algunos —nadie sabe quiénes, ni dónde, ni cuándo, ni cómo, ni por qué— hubieran querido levantar para separar la poesía del relato. Y Joaquín Otero dijo que venían Cuco Pérez y Juan Carlos Mestre a hacer algo que, al parecer, nadie sabía qué era. (…)

Gamoneda acompaña la presentación de un mural de Juan Carlos Mestre sobre el mundo y los sueños de Antonio Pereira

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La noticia en:

Antonio Pereira, Juan Carlos Mestre y Antonio Gamoneda, en ABC (2023)

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Un artículo de Fermín Herrero sobre la edición en Siruela de ‘Todos los cuentos’ y ‘Todos los poemas’ de Antonio Pereira, con prólogos de Antonio Gamoneda y Juan Carlos Mestre, respectivamente… en el suplemento de Cultura de ABC Castilla y León.

Prólogos de Gamoneda y Mestre a «Todos los cuentos» y «Todos los poemas» de Antonio Pereira

Antonio Gamoneda y Juan Carlos Mestre prologan la recopilación de Todos los cuentos y Todos los poemas de Antonio Pereira, editada por Siruela para conmemorar en 2023 el centenario del nacimiento del escritor villafranquino.

La Fundación Antonio Pereira conmemorará en 2023 el centenario del nacimiento del autor villafranquino con un amplio y variado programa de actividades, al que se suma la convocatoria del Premio Internacional de Poesía Centenario Antonio Pereira, para lengua española y gallega, dotado con un premio de 25.000 euros, con lo que se convierte en uno de los premios mejor dotados en este género, sin apenas parangón. El plazo de presentación se extiende hasta el 31 de octubre de 2023.

A la convocatoria de este premio de poesía hay que añadir la del Premio Internacional de Ensayo ‘Úrsula Rodríguez Hesles’ sobre la obra poética, narrativa, periodística o biográfica del escritor Antonio Pereira, también dotado con 25.000 euros, que se anunció en 2020 y cuyo plazo de presentación expira el 1 de marzo de 2023.

Juan Carlos Mestre, Antonio Gamoneda y Joaquín Otero, durante la presentación del Premio de Poesía y de los dos libros en la Fundación Antonio Pereira, el 28 de diciembre de 2022. Foto: Eloísa Otero.

La noticia, aquí:

Antonio Pereira y Antonio Gamoneda

(…) Pereira, que se recordaba de niño leyendo en la trastienda de la imprenta de su tío Tomás en Villafranca libros de José María Vargas Vila hasta que “se cruzó” por el camino Ramón María del Valle-Inclán y su Sonata de otoño, se asentó de joven en León, donde conoció a otro poeta. “Él era un joven escritor y yo aspiraba a serlo”, cuenta Antonio Gamoneda. Para las precariedades de la posguerra española, Pereira podía disfrutar de una “vida privilegiada” como “hombre de negocios” asentado al principio en el Hotel Regina, cuenta Gamoneda al recrear paseos hasta el final de Ordoño II compartidos también con el sacerdote Antonio González de Lama. “Fue un hombre, sobre todo, con una capacidad de comprensión interpersonal extraordinaria; y con matices irónicos, propios de las personas del Bierzo”, valora.

Pereira y Gamoneda estaban en la órbita, aunque “no en el cuerpo central”, de la célebre revista Espadaña. Sus encuentros “solían comenzar o terminar” en el Restaurante Los Candiles, donde pedían un par de raciones. Nacido el primero en el Bierzo y el segundo en Asturias, compartían algunas cosas (la condición de poetas y de leoneses de residencia), si bien Pereira “hacía sus contactos literarios en Madrid” y Gamoneda era “un chico malo provinciano”. No obstante, siempre hubo cercanía, basada muchas veces en “consultas recíprocas” que iban de lo literario o lo médico-farmacéutico. “Me llamó un día cerca de las doce de la noche. Y nos vimos en la cafetería del Conde Luna. Ya no recuerdo si era por un fármaco para la depresión o por un gerundio”, ilustra Gamoneda.(…)

  • «Retrato de Antonio Pereira: cien años del maestro del cuento con alma de poeta que elevó a arte la narración oral», por César Fernández, en ileon.eldiario.es

‘Descripción de la mentira’ / «Pequeñas cosas sobre un libro grande», por Antonio Pereira (1978)

PEQUEÑAS NOTICIAS SOBRE UN LIBRO GRANDE

Por ANTONIO PEREIRA
(Artículo publicado en el diario La Hora Leonesa, el 15 de marzo de 1978)

Hace ya varias semanas que el último (por ahora) poemario de Gamoneda, ha alcanzado ese gozo del alumbramiento que es –que sigue siéndolo, por encima de cualquier otro modo de divulgación– su salida de las máquinas de imprimir. Yo he tenido en las manos el fruto palpable, lo tengo ahora mismo con esa sensualidad que nos transfieren siempre las páginas nuevas, todavía olorosas al oficio que más ha hecho por la comunicación entre los hombres. Pero no olvido otras gratificaciones previas: la de haber conocido, no diré que por azar, puesto que las amistades profundas dejan escaso margen a la casualidad, las holandesas manuscritas o mecanografiadas que el poeta iba produciendo como resultado de una necesidad implacable, y el acto de coser, grapar las hojas sueltas e inéditas, uno de los instantes más temblorosos –y que no recuerdo haber visto glosado por nadie– del largo y desasistido proceso de la creación literaria…

Como no podía ser menos, las primeras resonancias han comenzado a levantarse en León y fuera de León. Merece retenerse la de quien ha escrito en su comentario periodístico que sí, que está muy bien remover las aguas de la poesía, nunca aquietadas del todo; pero que justamente la salida de un libro como «Descripción de la mentira» debiera aceptarse como ocasión obligatoria para estudios con vocación de hondura y permanencia. También a mí, el largo y tendido poema de Gamoneda (rectifico aquí lo de poemario) me parece materia suficiente e incluso generosa para el análisis. Su estructura y su aliento, la profundidad de sus vetas y la sugestión del lenguaje, las plurales posibilidades de lectura… todo deja sospechar que nos encontramos ante uno de esos textos que en la brevedad de su extensión contienen la llamada a elucidaciones mucho más amplias que ellos mismos.

Pero ya me urge decir una cosa: que yo no voy a ensayar esa tarea. O menos irreversiblemente, que no voy a acometerla ahora. León está presenciando en estos momentos una atención profesoral y estudiosa hacia su propia literatura, gracias a gente especializada en una crítica moderna. Lo mío, en cambio, lo que a mí me ocupa es dejar constancia de una adhesión personal y poética, trazada mayormente sobre la anécdota: que en negocios de amistad, me parece apenas separable de la categoría…

El 11 de junio de 1976 –por ejemplo–, viernes, larguísima sobremesa en Los Candiles. Antonio sabe escuchar, escucha pudorosamente recatado detrás del humo de su pipa. Hay que declararse con sinceridad, de siempre y en común nos hemos prohibido la medicina complaciente. Yo le reconozco desde luego a su manuscrito, una fascinación y una potencia verbal (dentro de la contención) que casi, de tanta hermosura, se hacen sospechosas. Y como lector un recelo de que se nos esté intentando «embaucar» con la palabra. (Bueno, ahí está Borges que asevera: «Todo escritor es un embaucador»). Una dificultad para penetrar a primera sangre en sus zonas oscuras, que se presentan al hilo de cualquier fragmento… Pero también, y como colofón, el dar a la caza alcance en la final claridad de «Descripción de la mentira» –para mí es la declaración agónica de una deserción temporal, de la que el poeta regresa gracias a un ejercicio de reencuentro consigo mismo, y en él se reconcilia…–, que todavía no se llamaba «Descripción de la mentira».

El lunes 20 de diciembre de 1976, en el Palomo. (Son las ventajas de mi diario maniático, minucioso). El libro iba a llamarse, se llamaba ya en su existencia intrauterina y secreta: «Profundidad de la mentira», pero al autor lo desazonaba ese algo pretenciosamente trascendente a que remite profundidad… Había, las hay siempre, un abanico de posibilidades. Pero también, como siempre, el convencimiento de que sólo una de ellas es la buena.

Tratábamos de hablar de otras cosas pero era inútil, el poeta maquinaba en lo suyo, más espeso de cejas que nunca, apurando alejadamente el vino de la costumbre. De repente se dio una palmada en la frente: «¡Lo tengo!». Me hizo recordar que había él manejado «Profundidad de la mentira» y «Descripción del silencio»… Estaba claro: ¡DESCRIPCION DE LA MENTIRA! Levantamos los vasos alegremente, sin ceremonia. En paz.

Para terminar, y porque estas notas se escriben en León, podría subrayarse lo leonés del libro. Precisamente un libro que desde su planteamiento hasta su culminación se vuelve hacia lo universal de la poesía y del hombre. Arrancando del signo editorial de la colección «Provincia» para rematar en la datación en León y Boñar, señales respetables, pero en la condición de lo accesorio, el poema transcurre por caminos a cuyo reconocimiento basta una lectura atenta. (No una lectura denodada, como alguien pudiera pensar a primera vista). Árboles esbeltos, urces, sombra azul distribuida en sernas y el ganado de vientre pisando sobre la nieve. Pero también el paisaje urbano, con hombres de la ciudad en donde acaso podamos reconocernos. Por ejemplo, en estos claroscuros fragmentos:

Tu serenidad era la servidora del desprecio. Como a animales sosegados, hartos de indiferencia, nos conducías a la frecuentación de los notables y a las acacias inmóviles sobre la oscuridad del río.

Tu suavidad purpúrea y tu murmuración eran dóciles.
Te detenías bajo las lámparas y los insectos blancos aparecían sobre ti…

Con las inmensas libertades que el poeta recaba para la transmutación de la realidad cotidiana en pura sustancia poética: ¿Sería descabellado pensar –sentir– al fondo de los versículos la figura de Antonio de Lama?

«Testigo de A. G.», por Antonio Pereira (1988)

Antonio Gamoneda.

Testigo de A. G.

Por ANTONIO PEREIRA
(Artículo publicado en el suplemento «El Filandón», de Diario de León, en julio de 1988)

Ahora ya no sé cómo supe «lo de Gamoneda». La radio, la televisión, quizá la  imagen familiar del poeta, entre tierna y ceñuda, al desplegar el periódico de la mañana. Me prohibí la vehemencia del teléfono. Le escribí. Ahora me pongo a redactar estas líneas para unas páginas de homenaje y será escribirle a él y también a mí mismo, que me veo premiado como amigo viejo, partícipe de la aventura humana y literaria del poeta de Edad.

Y me voy a permitir un perdonable orgullo. Frente (o junto) a los críticos encopetados que en estos días declaran su sorpresa ante el «corpus» de la obra gamonediana, uno no resiste la tentación de exhibir la virtud del madrugador. Porque no es grano de anís, llevarles diez años de delantera. Abramos comillas: «La salida de un libro como Descripción de la mentira debiera aceptarse como ocasión obligatoria para estudios con vocación de hondura y permanencia (…). Su estructura y su aliento, la profundidad de sus vetas y la sugestión del lenguaje, las plurales posibilidades de lectura…, todo deja sospechar que nos encontramos ante uno de estos textos que en la brevedad de su extensión contiene la llamada a elocuciones mucho más amplias que ellos mismos». El abajo firmante lo firmaba entonces en este mismo periódico. El 15 de marzo de 1978, para los amigos de la precisión.

A Antonio Gamoneda le ha llegado el interés de los exégetas. Está bien, con tal de que se nos deje un sitio a los «testigos». Walt Whitman suministra una cita tópica, y no voy a estampar aquí que quien toca el libro de Gamoneda toca un hombre. Lo que el lector palpa y respira, desde luego, es la historia y la edad de un hombre. Y no solo su edad biológica y biográfica, sino también –ambigüedad feliz, la de la poesía–, esa otra edad que se define como época, período, tramo en la crónica general del mundo. Leer a Gamoneda es saber de él. Pero también es repasarnos a nosotros mismos.

Estamos, pues, en la hora de la justicia y de la verdad sobre el poeta leonés. En una revista literaria se decía «El año Gamoneda». Me gusta más la titulación de otra publicación, también del ramo: «Un poeta para el fin del siglo». Pero, ¿por qué poner límites tacaños a la providencia, si el siglo XXI está a las puertas y el creador justifica todas las esperanzas desde su plenitud?

Alegría por el premio nacional, por el poeta y por todos nosotros. A este viejo compañero de tantas tardes, elocuentes o cavilosas, le conforta pensar que nos aguardan nuevos y maduros frutos de Gamoneda. Y que no se han terminado las horas de las tabernas con Antonio: «Las tabernas amarillas» donde «cambiar el silencio exterior por una voz humana».

Antonio Pereira.

Antonio Pereira, Elena Santiago, Victoriano Crémer, Antonio Gamoneda

De izquierda a derecha, Antonio Pereira, Elena Santiago, Victoriano Crémer y Antonio Gamoneda.

Foto de una foto en la Casa Museo Antonio Pereira.

Gamoneda en «Oficio de mirar», de Antonio Pereira

León, marzo 1978…

Estas páginas forman parte de «Oficio de mirar. Andanzas de un cuentista (1970-2000)», una selección de los dietarios inéditos de Antonio Pereira (Villafranca del Bierzo, 1923 – León, 2009).

«Los Antonios», un artículo de Antonio Pereira sobre Gamoneda y Colinas

Reseñas y confidencias
ANTONIO PEREIRA
Breviarios de la calle del pez. Diputación de Leon. 1985.

Reproducimos, de este libro de Antonio Pereira (Villafranca del Bierzo, 13 de junio de 1923 – León, 25 de abril de 2009), el artículo titulado «Los Antonios» (pág. 137):

LOS ANTONIOS

Alguna vez se ha hablado en tono cariñoso, y hasta puede que se haya escrito, de una trinidad de los Antonios en el tablado de la poesía leonesa. Dos grandes Antonios de la poesía leonesa son, por supuesto, Antonio Gamoneda y Antonio Colinas. Del tercer Antonio no hablaré si no es en presencia de mi abogado, salvo decir que no vino al mundo ni en Oviedo ni en La Bañeza: en Villafranca del Bierzo, y en un día de la feria de San Antonio. Seamos, pues, tres los Antonios, y a quien Dios se la dé, San Pedro o San Antonio bendito de Padua se la bendiga.

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