* Antología / Poemas de ANTONIO GAMONEDA

Soneto de Gamoneda, dedicado al Castillo del Temple, en un libro de fotografías de Ángel Marcos

Este soneto de Antonio Gamoneda, titulado «Castillo del Temple en Ponferrada», se puede leer en el libro «Noches de piedras y lunas», con fotografías de Ángel Marcos de castillos de la provincia de Valladolid.

En este libro –editado por la Diputación de Valladolid y presentado a primeros de febrero de 2019– las fotos se alternan con textos y poemas de autores como Rosa Chacel, Francisco Pino, Juan Carlos Mestre, Antonio Colinas, Clara Janés, Luis Alberto de Cuenca o los Premios Cervantes José Jiménez Lozano y Antonio Gamoneda, entre otros.

Portada del libro.

El Norte de Castilla, 6 de febrero de 2019.

Una niña ilustra «Nadie en la senda», un pequeño poema de Gamoneda

Una niña (desconocemos su nombre) ilustró así el siguiente poema de Antonio Gamoneda:

Nadie en la senda

Hay un anciano ante una senda vacía. Nadie regresa de la
ciudad lejana; sólo el viento sobre las últimas huellas.

Yo soy la senda y el anciano, soy la ciudad y el viento.

(De Libro del frío, 1986-1992, 1998 y 2004)

[Tus cabellos descienden…], un poema de Gamoneda en español, inglés y árabe

«Tus cabellos descienden…». Poema de Antonio Gamoneda.

«Tus cabellos descienden…». Poema de Antonio Gamoneda traducido al inglés.

«Tus cabellos descienden…». Poema de Antonio Gamoneda traducido al árabe.

Tomado del libro: Nueva poesía española. VV. AA. Huerga & Fierro Editores / Poesía. Madrid, 2018

  • Antología en edición trilingüe Español/Inglés/Árabe.
  • Poemas de Antonio Gamoneda, Jaime B. Rosa, Clara Janés, Francisco Brines, Jaime Siles, Antonio Colinas, José Albi, Jenaro Talens, Rusell Dinapoli.
  • Edición de Moaen Shalabia y Jaime B. Rosa.
  • Traducción de Moaen Shalabia (al árabe) y Russell Dinapoli (al inglés).

«Un perfume de olvido flanquea tu memoria». Poema de Gamoneda para Ángel Campos Pámpano

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Más de ochenta poetas recuerdan en un libro a
Ángel Campos Pámpano

La Editora Regional se suma al décimo aniversario de su muerte con una versión bilingüe de ‘La semilla en la nieve’

Por A. GILGADO
Artículo publicado en HOY, Diario de Extremadura, el domingo, 17 febrero 2019

Para entender el legado del poeta Ángel Campos Pámpano basta con acercarse a los libros que ha editado la Editora Regional por el décimo aniversario de su muerte. En una antología han participado más de ochenta poetas de España y Portugal que han escrito poemas propios en cuatro idiomas a partir de versos de Pámpano.

A esta particular colaboración la han llamado ‘En el vuelo de la memoria’. La coordina Suso Díaz y cuenta con nombres como Antonio Gamoneda, Gonzalo Hidalgo Bayal, Álvaro Valverde, Pureza Canelo o Irene Sánchez Carrón.

En las notas de la edición, Suso Díaz cuenta que buscaba algo más que un recuerdo fugaz. Conjugar nuestras lecturas y las lecturas de sus poemas, cuenta, no resulta un ejercicio sencillo. «La poesía y los poetas podemos, y debemos, habitar esos espacios y dibujar estrellas en ese universo siempre luminoso. Ya nada es original, o casi nada. Somos una porción de algo, de alguien que se repite en el silencio de cada soledad y construye un destino siempre incierto». (…)

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Poema de GAMONEDA dedicado a
ÁNGEL CAMPOS PÁMPANO

(Págs. 57 a 60 del libro «En el vuelo de la memoria»)

Un poema de Gamoneda dedicado a la escultora Castorina, fallecida el 18 de febrero de 2019

Castorina con la maqueta de la escultura “Maternidad” que llevó a cabo en Astorga, en gran formato, junto a su amigo el escultor Amancio González Andrés, en el año 2014.

La escultora Castora Fe Francisco Diego, más conocida como Castorina, ha fallecido este lunes 18 de febrero, en Astorga, a los 90 años de edad. Incansable y vital, desarrolló una amplia obra, principalmente escultórica, desde los años 50 hasta nuestros días.

El poeta Antonio Gamoneda le dedicó este poema y lo leyó en el homenaje que recibió Castorina de sus amigos, hace cinco años, con motivo de su 85 cumpleaños:

CASTORINA

De los abismos castigados por las tormentas y los vientos,
del sílice obediente a la incandescencia volcánica,
de la congregación de los basaltos y los mármoles
y de los cantizales ocultos en los ríos, casi una eternidad
que acarician las aguas,
con sus manos visitadas por la luz, Castorina
rescata las profundas esferas maternales
y las entrega suavemente
al espacio.

Ah ternura terrestre, acumulada
pulsación de materias levantada por el amor,
ahora semejante a la majestad giratoria
que al filo del crepúsculo establecen los pájaros.

Como a un reino perdido, mis ojos invernales
regresan a su infancia.
Ah, creadora de albas,
labradora del aire, escultora del tiempo,
vidente serenísima de un pasado sin lágrimas.

ANTONIO GAMONEDA

«Farsa y elegía», un poema de Gamoneda, con fotografía de Antoni Muntadas, en la revista L’Estació

[Reproducimos el poema «Farsa y elegía» de Antonio Gamoneda, que aparece publicado con fotografía de Antoni Muntadas en el nº 8 de L’Estació (verano 2017), revista transatlántica multilingüe de artes, poéticas y políticas, nacida en Barcelona y con sede en Ciudad de México y Barcelona].

Antonio Gamoneda

Farsa y elegía

A José Luis Gómez, creador y maestro de realidades escénicas, con gratitud

SEGUNDA MUJER
Todavía me acuerdo. Toda la población había acudido…
Subían a los techos, se trepaban en los árboles.
Hacían señales con telas, con cintas, con hojas de palma.

ARTESANO
Después, llegó el miedo.

Alejo CarpentierLa aprendiz de bruja

Acércate. Bebe conmigo. Un vino habrá que procure la verdadera ebriedad; hemos vagado en ebriedades falsas.

Nos adormeceremos suavemente. Con la copa aún en nuestras manos, advertiremos el instante en que nos abandonan los recuerdos.

Después, libres y cansados, dormiremos; yo en tu ebriedad y tú en la mía. Nos reconoceremos al despertar.

 

Está amaneciendo. He dormido despojado de sueños y la copa está vacía. ¿Habré bebido inútilmente? Y tú, ¿quién eres?

No sé.

Sí, he despertado otra vez sólo para desconocer, para recordar lo incierto y para esperar sin esperanza.

Qué abundancia de vértigo.

 

Recuerdo que éramos jóvenes y cenábamos a la luz de los cuchillos. Su resplandor se posaba en aquellas muchachas que nos buscaban. Nosotros las despreciábamos y fracasábamos. También ellas fracasaban. Desaparecían sonriendo pero el desprecio colgaba de sus labios. Vivíamos en los presagios.

Recuerdo también a Jorge fumando bajo el mediodía. Vi sus ojos inmóviles entre túnicas de acero y a su madre agonizando en sus ojos. Ebrio de lágrimas, me miró una sola vez y abandonó el patio abrasado. Rectificó sus pasos para aplastar la cabeza de la culebra ciega que ondulaba entre cerámicas.

Iba a los almacenes a escribir con ácidos y a estar en sí mismo. Regresaba al anochecer y no entraba en su casa. Permanecía ante el terraplén mirando la nieve temblar en las zarzas. Sus hijos salían a buscarle y les decía que aún no, que estaba escuchando al chamariz.

No fue así. La memoria confunde las causas antes de ocultarse en los agujeros más tristes, no fue así. Las muchachas eran felices y esbeltas y Jorge era claro y profundo como un agua tranquila; silbaba el canto del chamariz, creaba serenidad, escuchaba las campanillas del amanecer atravesando las praderas de Huelva.

 

Hace tiempo que no acudo a las causas agónicas ni a aquellas otras extinguidas. Apenas pienso los estertores de Laurín en mis brazos; la agonía de Laurín ignorada por sus hijos, los comandantes convictos.

Pero alguien me habla de ancianos que se orinan y simultáneamente roncan o consultan calendarios. Algunos retienen bascas amarillas; otros miran fijamente lo que no ven; otros aún, los más ávidos, piensan la posibilidad de no pensar.

Y las ancianas. También me hablan de las ancianas sonriendo en la arteriosclerosis, distraídas con los encajes y los concubinatos. Algunas juegan con anillos y sombras. Un día se advierten extrañas a sí mismas y rechazan los alimentos.

Una circunstancia lívida, en general. Hay avisos de que la farsa se extiende. Por lo que a mí concierne, disiento de la vida y de la muerte, disiento de estar orinado ahí, delante nada, esperando sin saber qué estoy esperando.

(más…)

«Aún hay fuego / en las cenizas / que amas» / Versos de Gamoneda en/sobre una ilustración de Keren Verna

By: Keren Verna

From: El libro del frío, Antonio Gamoneda

Acuarelas de Cristina Sanz Ruiz para Gamoneda

Acuarela de Cristina Sanz Ruiz para el poema «Está la curva del nogal fingiendo…».

Está la curva del nogal fingiendo

un cuerpo amado por la luz, desnudo,

derramado hacia arriba y en silencio,

arco tendido entre el dolor y una,

musculada por rítmica agonía,

madera herida de misericordia.

ANTONIO GAMONEDA
Exentos II. Pasión de la mirada (1963-1970 y 2003)
En el libro: «Antonio Gamoneda. Amé todas las pérdidas», editado por Sergio Santiago Romero, con acuarelas de Cristina Sanz Ruiz. Universidad Complutense de Madrid, Facultad de Filología. Madrid, 2018.

Portada.

Retrato de Gamoneda (acuarela) por Cristina Sanz Ruiz.

Colofón.

«Música de cámara», dos sonetos de Gamoneda

«Todos somos víctimas, pero no inocentes» (2000). Cuadro de la serie ‘Conversaciones con Shostackovich’. © Manuel Jular.

MÚSICA DE CÁMARA

I

Si pudiera tener su nacimiento
en los ojos la música, sería
en los tuyos. El tiempo sonaría
a tensa oscuridad, a mundo lento.

Mezclas la luz en el cristal sediento
a intensidad y amor y sombra fría.
Todavía silencio, todavía
el sonido no tiene movimiento.

Pero llega un relámpago; se anudan
en los ojos lo bello y lo potente.
La fría sombra se convierte en fuego.

La belleza y el ansia se desnudan.
La música se eleva transparente.
Oh, sonido de amor, déjame ciego.

II

Yo, sin ojos, te miro transparente.
En la música estás, de ella has nacido;
de este grito de luz, de este sonido
a mundo amado luminosamente.

Y yo escucho después –agua creciente–
a la música en ti: todo el latido,
todo el pulso del aire convertido
a tu belleza, a tu perfil viviente.

Tumba y madre recíproca, del canto
orientas a tus venas la agonía,
y tus ojos asumen su potencia.

Oh prisión de la luz, después de tanto,
ya veo en el silencio: la armonía
es tu cuerpo, tu amada consistencia.

ANTONIO GAMONEDA
(En el libro colectivo «Sonetos para el siglo XXI». VVAA. Ediciones Vitruvio, Colección Baños del Carmen nº 672. Madrid, 2017) (más…)

«Lacrimal de César Vallejo», un texto de Antonio Gamoneda en la revista Tinta China (2018)

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[Artículo publicado en la revista Tinta China, Año XVII • Número doble: 21 y 22 • Sevilla, Mayo de 2018 • ISSN 1886-2365]

Lacrimal de César Vallejo

Por ANTONIO GAMONEDA

Hace casi treinta años, hice mi viaje al país de César Vallejo. Nadie tema que le cuente itinerancias turísticas, sean rústicas o urbanas, que el país más cierto de César y mi viaje tuvieron poco que ver con la gran belleza nacional, terrestre y declamable, aun siendo ésta mucha y terrible. Yo viajé a la gran lágrima negra que colgó del corazón de César; a la antara y la quena que sollozan su nombre en Santiago de Chuco; a los ojos lacustres que aún guardan el rostro tallado en pómez, la sonrisa inmóvil de César Vallejo.

Vi el mar pacificado por el sufrimiento al borde de Trujillo, ante el barro labrado de Chan Chan; vi el cementerio donde debieran arder sus huesos y el cerco sangriento de las carreteras cisandinas. Vi la derrota en las calles de Lima, las herramientas podridas en las manos, las grietas habitadas por lamentos y las plazas donde la desesperación resplandece en ancianos de rostro asiático.

Vi el arqueólogo que recogía las sobras de pan para la cena vecinal; las frutas machacadas hasta empapar de dulzura el suelo gris de los mercados. Vi al muchacho gigantesco que, en la estación de Cuzco, le decía, sonriendo, a la noche: «Yo me quiero morir ahorita mismo».

Yo vi los ídolos abrasados, las camionetas de la policía y la lluvia en la Casa de la Emancipación. Vi que los asesinos y las madres invocaban a los mismos muertos y, entre los dientes mestizos del amor y la ira, las lenguas que llamaban a César.

Eso vi. Mi corazón cansado descendió al agua en que todos los nombres de la belleza se disuelven y no queda más que un silencio navegable. Hay golpes en la vida tan fuertes… ¡Yo no sé!

Golpes, ciertamente, sobre la tumba luminosa de César; la tumba llena de vivos que no quieren vivir, que claman por su aguacero, por sus huesos humanos, por la coquita que calienta el corazón.

Este es el contenido del lacrimal de César Vallejo, el ofrecido a un dios que amó la cuerda proletaria. Este es el paisaje que yo transité; la tierra donde aprendí oraciones aptas para incrédulos. Viajé cargado con una maleta de pena; una maleta que se cerró ella sola el mismo día de la muerte de César, a la misma hora, hace cincuenta años; cierto día, cierta hora hace cincuenta años contados con dedos inciertos, antes y después de mi tercera canción peruana.

Esta canción es la que quiero dejar escrita aquí, que no lo ha sido si no es traducida al francés, y se da la circunstancia de que vuelvo a Perú, que allí estaré exactamente el día que se cumplen ochenta años de la muerte de César en París. La canción decía y dice:

Sábana negra en la misericordia: / tu lengua en un idioma harapiento. // Mi madre está en el corazón de César Vallejo. // Sábana negra en la sustancia enferma, / la que llora en tu boca y en la mía / y, atravesando dulcemente las llagas, / ata mis huesos a tus huesos humanos. / Sal de mi lengua, piensa en la nieve y en la ira, / éntrale a Dios con tu infección y tu estruendo. // Hay mucha soledad y perros blancos / ante mis ojos. Tú eres bello en la muerte / pero hierves en mí. Sal de mi lengua. / / Dame la mano para entrar en la nieve.

Ésta es mi cuenta y razón viajera y peruana. Y ésta mi letrilla poética para saludar al muerto inmortal que anda por ahí cumpliendo ya todos los años. Emocionado… Emocionado…

«Sábana, César» / Un poema de Gamoneda dedicado a César Vallejo

[Este poema fue publicado originalmente en Cuadernos Hispanoamericanos. Homenaje a César Vallejo, vol.2, núm. 456-457 (junio-julio 1988), pp. 579-580, Madrid: Instituto de Cooperación Iberoamericana.]

Sábana, César 

Sábana negra en la misericordia:
tu lengua en un idioma ensangrentado.
(Mi madre está en el corazón de César Vallejo).

Sábana negra en la sustancia humana,
la que llora en tu boca y en la mía
y, atravesando dulcemente llagas,
ata mis huesos a los huesos de César.

Sal de mi lengua, piensa en la nieve y en la ira,
éntrale a Dios con tu infección y tu estruendo.
Hay mucha soledad y perros blancos
ante mis ojos. Tú eres bello en la muerte
pero ladras aún. Sal de mi lengua,
dame la mano para entrar en la nieve.

ANTONIO GAMONEDA

 

‘Sublevación’, un poema del libro «Sublevación inmóvil’, de Antonio Gamoneda

SUBLEVACIÓN

Juro que la belleza
no proporciona dulces
sueños, sino el insomnio
purísimo del hielo,
la dura, indeclinable
materia del relámpago.

Hay que ser muy hombre para
soportar la belleza:
¿quién, desde el miedo, separa,
hace tumbas distintas
para el pan común y la
música extremada?

Ay de los fugitivos,
de los que tienen miedo
de sus propias entrañas.
Si una vez el silencio
les hablase, ¿sabrían
respirar la angustiosa
bruma de los espíritus?
¿Cantarían su propia
conversión al espectro?

Y aquellos otros, estos
miserables amados,
justificados por el dolor:
advertid que tan sólo
a los perros conviene
crecimiento de alarido.

Algo más puro aún
que el amor, debe
aquí ser cantado;
en cales vivas, en
materias atormentadas,
algo reclama curvas
de armonía. No es
la muerte. Este orden
invisible
es
la libertad.

La belleza no es
un lugar donde van
a parar los cobardes.
Toda belleza es
un derecho común
de los más hombres. La
evasión no concede
libertad. Sólo tiene
libertad quien la gana.

Solicito
una sublevación
de paz, una tormenta
inmóvil. Quiero, pido
que la belleza sea
fuerza y pan, alimento
y residencia del dolor.

Un mismo canto pide
la justicia y la
belleza.
Sea la luz
un acto humano.
Se puede
morir
por esta
libertad.

— — —
* Del libro Sublevación inmóvil (1953-1959), de Antonio Gamoneda, publicado por Ed. Adonáis en 1960.

Diez poemas del ‘Libro del frío’ de Gamoneda traducidos a cuatro idiomas en la página alemana Lyrik -line

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Un armario lleno de sombra

Portada de «Un armario lleno de sombra».

Para los que no se atreven con la poesía, esta obra en prosa puede servir de primer acercamiento a la obra de Gamoneda

Por RAQUEL DE LA VARGA y LETICIA BARRIONUEVO
Artículo publicado en La Nueva Crónica (León), el 05/09/2018

Que sí, que a estas alturas todos sabemos que hay que leer a los clásicos, a toda esa lista de autores y obras que va desde varios siglos antes del inicio de nuestra era hasta autores vivos (y hasta vecinos) como Antonio Gamoneda. Sin embargo, pese a que nos hayan dicho por activa y por pasiva lo buenos que son, la lectura se nos puede hacer cuesta arriba, y es que más prestigio suele ser sinónimo de más dificultad. Esto se potencia aún más cuando hablamos de poesía, el género con la peor fama cuando hablamos con un lector poco asiduo. Pero eso nos pasa también a los lectores habituales, que por prejuicios o por falta de costumbre, no nos atrevemos a enfrentarnos con nada que se haya escrito hace menos de 50 años. ¡Y ay de decir en público que alguno de los patriarcas de la Literatura no te gusta o no lo entiendes!

Hoy ya no hay leonés que no conozca el nombre de Antonio Gamoneda por su relevancia dentro de la ciudad, aunque su reconocimiento provenga de mucho tiempo atrás y su labor poética siga tan viva como hace varias décadas. Sin embargo, puede que a más de uno le pase con Gamoneda lo que tantos otros clásicos: sabe que debe leerlo, pero ya lo ha hecho y ha fracasado o todavía no ha llegado el día de intentarlo. 

Siendo sinceros, la poesía no es una cosa fácil que recomendar a la ligera, más aún cuando estamos hablando de la poesía de Gamoneda. Sin embargo, y a pesar de la obviedad que aparentemente supone, nos parecía que una vez más había que recomendar su lectura. Pero hoy tenemos en mente de forma especial a quienes no sean lectores habituales de poesía, a quienes dicen una y otra vez que no la entienden. Y por eso, para acercarnos a la figura de un gran poeta, hemos decidido recomendar un libro en prosa para quienes busquen un primer acercamiento. 

León ciudad y provincia tiene un gran protagonismo en toda su obra, pero también y no sólo por eso queremos hablar hoy de Un armario lleno de sombra. Esta obra en prosa publicada en 2009 recoge las reflexiones autobiográficas del autor durante su juventud en León, escritura originada por la muerte de su madre. En él revive con todo lujo de detalle los años en los que vivió en el barrio del Crucero y en el centro de León. Los pasajes y emociones que detalla acerca de la situación política o de su familia pueden dar a los lectores que no se hayan atrevido antes con su poesía las claves para entender su compromiso con la vida y con la literatura, además del acercamiento que conlleva hacia su persona.

Cuando miramos hoy a nuestra ciudad, pese a la increíble cantidad de cicatrices y de historias que encierran sus murallas, parece como si siempre hubiese sido un lugar en calma. Aunque existen imágenes y la certeza de que una vez la legión Cóndor desfiló por nuestras calles, o que había muertos tirados en las cunetas, parecen irreales. Los vendedores callejeros, los ferroviarios del Crucero y el desenterramiento de su padre para evitar que lo echaran a una fosa común aparecen a lo largo de su obra, y nada mejor que su explicación descarnada con menos lirismo para entender después poemarios como Lápidas o León de la mirada.

(más…)

Poemas de «La prisión transparente» de Gamoneda, recitados por él mismo, en la fonoteca de poetas españoles «The Booksmovie»

“The Booksmovie”, la fonoteca que recoge la voz de los principales poetas españoles contemporáneos, ha incorporado una nueva grabación de Antonio Gamoneda a su archivo, en esta ocasión recitando poemas de su último libro, «La prisión transparente».

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