
Antonio Gamoneda en el Museo Pablo Gargallo.
‘CITA CON GAMONEDA.
¿SON REALES LOS TOROS CELESTES?’,
Por SERGIO GÓMEZ GARCÍA
[Tomado de su blog]
El jueves 17 de Noviembre de 2011, en el museo Pablo Gargallo y gracias a la gestión de Nacho Escuín tuvo lugar una charla con el poeta Antonio Gamoneda y un homenaje a su figura. En estos actos siempre hay un ambiente de ritual, existe una liturgia casi religiosa. El jueves ese rito fue algo más, fue una celebración nunca interrumpida, desde el silencio expectante del público hasta el abrazo cariñoso del poeta, materializado en algunos privilegiados que pudimos honrarle con nuestras voces, pero dado a todos y cada uno de los presentes. Fueron surgiendo las palabras belleza, plasticidad, realidad, realidades, melancolía, ritmo, verdad, ética, locura… y con ellas los temas.
En esa tarde Gamoneda nos puso en las manos, frente a los ojos, los toros celestes de Lorca para que nos preguntáramos sobre su categoría ontológica. ¿Son reales los toros celestes? Hay realidad en tanto que tienen significado, significado recién parido, locura del poeta que los ha creado y verdad en la mente que los re-crea. La verdad se da en la comunicación sincera entre poeta y lector, en la piel profunda del poema, cuando se vence la superficie del fingimiento necesario del poeta. La palabra poética horada la realidad, la porción de realidad que se ponga en juego en un poema determinado, pero también perfora al lector. Ahí radica también la belleza del poema, más allá del pensamiento, debajo de lo explícito.
Cuajado en la luz, hirviendo,
después de mucha tierra deshabitada de pájaros,
surge un pueblo.
En abrasada gleba
guardan a sus muertos, mas
el silencia y la arcilla
se levantan y entran
en la vida.
Pensaba la belleza. Veo ahora
silencio edificado, corazones
amontonados por el amor.
Veo la vida en el centro de la luz; ya sé
que la belleza no necesita ser pensada.
Este descubrimiento de la verdad y de la belleza evoca la identidad que de ambos conceptos nos ha llegado desde la tradición de la antigua Grecia, ligada a términos como armonía y equilibrio. No obstante esa sinergia no se da en el ámbito de la racionalidad según Gamoneda sino en la irracionalidad, en la locura, en el disparate de la metáfora. Se da como sorpresa incluso del propio autor y lleva al conocimiento, una especie de re-conocimiento de lo que se sabía sin saber, “con un no saber sabiendo” (San Juan de la Cruz). El poeta no se sabe hasta que no se escribe.
Voy a leerle al maestro mi homenaje, su poema. Veo su cara de extrañeza y su gesto con la mano en la oreja cuando le digo torpemente: “Yo como Gamoneda”. Sus toros celestes están todavía en mi cabeza y un nudo de emoción en la garganta casi no me deja leer los siguientes versos:
El animal que Llora, ese estuvo en tu alma antes de ser amarillo;
el animal que lame las heridas blancas,
ése está ciego en la misericordia;
el que duerme en la luz y es miserable,
ése agoniza en el relámpago.
La mujer cuyo corazón es azul y te alimenta sin descanso,
ésa es tu madre dentro de la ira;
la mujer que no olvida y está desnuda en el silencio,
ésa fue música en tus ojos.
Vértigo en la quietud: en los espejos entran sustancias
corporales y arden palomas. Tú dibujas juicios y tempestades
y lamentos.
Así es la luz de la vejez, así
la aparición de las heridas blancas.
Los toros celestes ya no me abandonarían en toda la noche, me acompañan estos días en mi trabajo, cuando escribo esto, cuando leo y me alimento de Gamoneda. Espero que estén aquí toda mi vida.