Miguel Delibes

Gamoneda recuerda el retrato de Miguel Delibes que Álvaro Delgado expuso en la galería Maese Nicolás

¿Quién está con Delibes en su mejor retrato?

Por ANTONIO GAMONEDA

De mis encuentros con Miguel Delibes –no fueron muchos, pero sí amistosos y hasta memorables–, el recuerdo que guardo más vivo es el de una ocasión en la que Miguel no estaba. Me explicaré.

Eran años del último tercio del siglo pasado y exponía en una galería de León, en Maese Nicolás, concretamente, el sensible gran pintor que fue Álvaro Delgado. Repasando con él la muestra, me detuve con especial interés en un retrato de Miguel Delibes que, por así decirlo, presidía el conjunto.

Era un retrato espléndido; severo y luminoso, resuelto en buena parte con los sepias y amarillos tostados o verdecidos, muy evidentes entonces en la pintura de Álvaro. Delibes está sentado en un sillón cuya tapicería (espero que la memoria no me traicione) hace ver con generosidad estos colores.

No recuerdo mis comentarios ni las respuestas del pintor, que no son aquí imprescindibles. Sí lo es que declare el descubrimiento que hice y que el artista reveló en plenitud. Delibes tiene su mano izquierda apoyada en el lateral del sillón. ¿Apoyada? No exactamente. Avanzada sobre el lateral, retiene con firmeza, con suave firmeza… ¿Qué retiene su mano?

Yo pude adivinar una breve corporeidad insinuada pero no fui más allá. Fue Álvaro quien me lo dijo, sonriendo con un pliegue de discreta ternura: «Es la mano de Ángeles». Le apreté el brazo y no dijimos nada más. Lo que hubiéramos podido decir era inabarcable en una conversación convencional y, además, ya sabíamos qué era.

Miguel Delibes quiso retratarse asiendo, de manera que no llega a ser secreta, la mano de su compañera, desaparecida hacía años pero presente siempre en él y con él. El cuadro de Álvaro Delgado no es solo un retrato. Es también una historia y un testimonio. Un testimonio de silenciosa humanidad enamorada.

Retrato de Miguel Delibes Setién pintado por Álvaro Delgado. Fuente: Fondo documental Miguel Delibes.

Fotografía tomada de El Norte de Castilla, con este pie de foto: «El retrato de Delibes de Álvaro Delgado acompañó al féretro del novelista en la capilla ardiente en el Ayuntamiento». Foto de GABRIEL VILLAMIL

Sobre Miguel Delibes: ‘Creación, muerte, recuerdos…’ (2010)

Miguel Delibes en una foto tomada en 1998.

Delibes: creación, muerte, recuerdos

Por ANTONIO GAMONEDA
Artículo publicado en EL NORTE DE CASTILLA el 16 de marzo de 2010

En estos días se han dicho muchas cosas de Miguel Delibes; del escritor vivo, grande y justamente celebrado, y se han sucedido, también numerosas, las lamentaciones derivadas de su desaparición. Creo que ahora mismo, hoy, es, y seguirá siéndolo durante algún tiempo, perfectamente ingenua la pretensión de aportar reflexiones o ponderaciones que puedan estimarse originales, profundas o novedosas. En tiempo venidero, no muy cercano, como ya tengo sugerido, se producirá el devenir de estimaciones y estudios abarcadores de una vida y una obra cumplidas en una razonable abundancia, sin perjuicio de que esta apreciación (la que se completa con la noción de «una razonable abundancia») sea difícilmente comprensible y aceptable ahora, desde la tristeza inmediata que la muerte proporciona.

Estas estimaciones y estudios se darán cuando contemos con una perspectiva menos sentimentalizada. Vendrán, incorporando objetividad, las caracterizaciones y juicios de valor que convienen a un creador que ya es historia. No estoy, no quiero estar, enredando hipótesis ni hipérboles, ni haciendo suposiciones extremadas. ¿Quién, cinco o quince días después del trance mortal, habría sido capaz de una visión y una interpretación totalizadoras en los casos -creo que non malos ejemplos- de Cervantes o de Juan de Yepes, llamado sea también, este segundo, por si el lector lo prefiere, San Juan de la Cruz?

Yo conocí a Delibes hace, pongamos, treinta y cinco o cuarenta años, cuando le invité a dar una conferencia en León. Cruzamos alguna carta y alguna llamada y dio la conferencia; una conferencia dispuesta con sencilla y, a la vez, refinada inteligencia, que tenía como fondo la diversidad paisajística de León provincia, y la tipología, también diversa, de sus pobladores, referidas, ambas diversidades, al espacio rural principalmente. Cenamos juntos, con otras dos o tres personas, y yo diría que fue en la cena cuando Delibes dictó la conferencia en profundidad, añadiendo pronunciamientos críticos –positivamente críticos, en su mayor parte aunque no en su totalidad–, denotativos de un más alto grado de comprensión geopolítica y humana que el que dispuso para la conferencia. Llaneza –incluso en las ya aludidas precisiones críticas–, cordialidad en todo momento y un «hasta pronto» o algo por el estilo, que, lamentablemente, no se logró en su prontitud.

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