Leopoldo María Panero

Gamoneda… ¿entre los poetas «malditos»?

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Por VERÓNICA VIÑAS
(Diario de León, 16-7-2024)

«Peor que a un perro». Así decía Leopoldo María Panero que le había tratado este país, tras pasar décadas de manicomio en manicomio. Este año se cumplen diez años del fallecimiento del poeta maldito por excelencia. A él y a otros artistas raros, divergentes y discrepantes, especialmente de su malograda generación, está dedicado el congreso que desde 2016 organiza cada verano la Asociación de Amigos de la Casa Panero en Astorga.

Del 22 al 24 de este mes de julio de 2024, 35 ponentes se adentrarán en los Marginados y malditos de la literatura contemporánea, con Lepoldo María como gran protagonista. El poeta y ensayista Roger Wolfe abre esta edición con la conferencia Leopoldo María Panero o la fuerza del sino. El propio Wolfe, afincado en España desde la infancia, fue encasillado en el malditismo y el realismo sucio a finales del siglo pasado.

Antonio Gamoneda, que siempre ha ejercido la poesía desde la soledad y al margen de ‘clubes’, ha sido incluido en el congreso sobre malditismo por el profesor de la Universidad del País Vasco Fran Contreras, que abordará La escritura de los límites en Antonio Gamoneda: ‘Descripción de la mentira’. [La intervención tendrá lugar el lunes 22 de julio, a las 12:30 horas, tras la conferencia plenaria de Roger Wolfe, en el Teatro Gullón de Astorga.]

Gamoneda, compartiendo recital con Leopoldo María Panero en León (2011)

Leopoldo María Panero, recibido por Gamoneda, quien echó de menos más actos en homenaje al astorgano. Foto: Javier (Diario de León)

LEOPOLDO MARÍA PANERO:
«La literatura es ahora mismo

lo único que me separa del suicidio»

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Leopoldo María Panero reaparece
para compartir recital con Antonio Gamoneda

Por EMILIO GANCEDO
Publicado en Diario de León el 07/05/2011.

Escritor maldito por antonomasia, su reclusión en un sanatorio mental de Las Palmas de Gran Canaria no impide a Leopoldo María Panero (Madrid, 1948), de la insigne y muy literaria saga astorgana de los Panero, producir con regularidad poemarios que se ven respaldados de manera firme por la crítica especializada. Ayer, y después de una larga temporada de silencio público, reapareció el autor de Locos de altar , su última obra, en la jornada Anatomía de la llama organizada en el marco de la Feria del Libro leonesa por la Concejalía de Cultura y la Fundación Monteleón.

Fue en la segunda parte de la jornada cuando Panero y Antonio Gamoneda se encargaron de leer una serie de poemas seleccionados; en la primera, y bajo el lema Los prestigios y la literatura, participaron en una mesa redonda los escritores Álvaro Pombo, Ángeles Caso, Kirmen Uribe y el propio Gamoneda. En ella quedaron patentes las muy diferentes maneras de entender la fama, y así, Pombo se atrevió a reivindicar la discriminación, que puede espolear una fructífera creación literaria.

Leopoldo María Panero, inclasificable, imprevisible, ácrata, atrabiliario y de discurso enmarañado en el que se alternan momentos de brillantez con otros de aparente descontrol verbal, explicaba ayer a este periódico que su poesía, con el correr del tiempo, se ha vuelto «más alambicada» y que muy pronto sacará a la luz un nuevo poemario, que llevará por título El canto del frío. ¿Su contenido? «El soneto por el soneto», dijo.

Y es que al hijo de Leopoldo Panero se le anima el semblante cuando piensa que «le van a llevar» a la próxima Feria del Libro de Madrid a firmar ejemplares. Porque desde finales de los años ochenta, cuando comenzaba su obra a alcanzar un unánime aplauso de los críticos, se decidió su ingreso en un psiquiátrico, el de Mondragón, y diez años después se estableció en el Hospital Psiquiátrico Rey Juan Carlos de Las Palmas de Gran Canaria.

Sobre su sanatorio. Ayer, Leopoldo María Panero confesaba sentir ese centro como «un campo de concentración» en el que «se entra cuerdo y se sale loco» y, a la pregunta de por qué se encuentra en ese lugar, respondió: «La culpa fue de mi madre, que me metió allí después de que intentara suicidarme dos veces, y porque me hinchaba a drogas». Entonces, ¿es que ahora está perfectamente? «Bueno, la paranoia es de verdad», asumió el autor de una cincuentena de obras entre las que se cuentan Presentación del superhombre o Escribir como escupir y a quien diagnosticaron una esquizofrenia después de que, con poco más de veinte años, decidiera experimentar con todo tipo de estupefacientes. Así pues, ¿por qué continúa escribiendo Leopoldo María Panero? Con escalofriante seguridad, el poeta responde: «La poesía, la literatura, es ahora mismo lo único que me separa del suicidio». Y brama improperios sobre su reclusión en el sanatorio de entre los cuales apenas se alcanza a entender: «¿Pero a quién he matado yo? ¿A quién?». No obstante, se le argumenta, ha habido grandes autores que pasaron parte de sus vidas en sanatorios («¿quién? ¿Nietzsche?», pregunta a su vez). Y entre extrañas referencias a la CIA y a Mallarmé, Panero anunció sentirse «muy maltratado por este país».

No dudó Gamoneda en calificar de histórica la jornada de ayer y en subrayar el hecho de que la poesía es «el único sentido de la vida para Leopoldo».