La Torre de Montaigne

Gamoneda en «La Torre de Montaigne» (2015)

Antonio Gamoneda. © Foto: latorredemontaigne.com

Antonio Gamoneda. © Foto: latorredemontaigne.com

[El poeta leonés conversa con Eduardo Fdez-Martos Machado. La entrevista se publicó en La Torre de Montaigne el 17-7-2015]

Antonio Gamoneda: la luz como amenaza

Su rostro es ruso, amplio, de cejas pobladas y mejillas que han conocido el frío. Su mirada se ciega o retrae a menudo buscando refugio en las cuencas de sus ojos, lugar íntimo donde mantiene su hoguera encendida y donde él encuentra espacio para volar, como los pájaros en sus poemas, perseguido por la luz. Su porte de león de invierno oculta en su corazón una brizna de hierba quebrada por la enfermedad, el dolor y las carencias de su juventud, pero que aún se sostiene, y se inclina y se lamenta y canta a favor del viento.

Por EDUARDO FDEZ-MARTOS MACHADO
En La Torre de Montaigne

En su discurso de aceptación del Premio Cervantes en 2006, Gamoneda contaba que el lenguaje de Cervantes era el lenguaje de la pobreza y no el del poder. Nosotros no hemos visto a Gamoneda pobre ni poderoso sino sencillo, casi anónimo, entrando en La Torre reconocido solo por los lectores de poesía. Aprendió a leer con cinco años en un libro de poemas publicado por su padre, y desde entonces, inmerso en la soledad y desolación de la España de la posguerra, lleva el día y la noche dentro.

Su poesía es fiera y solitaria. El filo de los cuchillos, la luz como metáfora de la muerte y una extraña y cálida ternura sostienen su obra poética construida en soledad y desolación. Antonio Gamoneda es la semilla que cayó en terreno baldío, y dio fruto. En su intimidad conversa con sus doctos libros, y su ser oculto, lacerado, lo expone impúdicamente en su poesía, donde se refugian el niño que fue, el adulto olvidado, y el muerto que camina.

Pero de momento, aún hierve su calavera. A lo mejor Don Antonio es el abuelo entrañable o tal vez huraño que no tuvo ocasión de ser Machado. Y a lo mejor por eso -no solo por eso-, cuando se haya ido, releyendo sus poemas sentados en el sillón o embozados en las sábanas, a algunos se nos aparecerá el fantasma de este Don Antonio, el vivo, el poeta del invierno, arrastrando sus cadenas de hortensias y sus bolas de luz en las que hoy bebemos tantos.

Como es fácil indagar en la red y fuera de ella en la obra y biografía de Gamoneda, nos limitamos a entreverar la conversación que mantuvimos con algunas piezas breves extraídas de sus libros de poemas.

Soy el que ya comienza a no existir
y el que solloza todavía.

Es horrible ser dos inútilmente.

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