
Antonio Gamoneda, en su habitación de trabajo. Fotografía: Alejandro Nemonio.
«La poesía me permite comprender la vejez»
Antonio Gamoneda abre las puertas de su céntrica casa de León para hablar sobre la poesía, sus proyectos y su relación con un nuevo momento de su vida al que no termina de acostumbrarse
- Puedes escuchar el audio, con la entrevista completa, haciendo un click aquí:
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Por ENRIQUE G. POZO
[Entrevista realizada días antes de que Gamoneda se fuera a Perú, para recibir el Honoris Causa por la UCV, y emitida en la SER (Radio), el 22-4-2018]
El patio es ordenado –la sombra de un edificio que se levanta húmedo y ocre, ventanas grandes– y tiene la quietud de una vigilia de años. A un lado, zarzas que trepan, salvajes, el muro de piedra; al otro, un busto de acero sin pupilas y con surcos en la cara, como un simulacro que da cuenta del paso furioso del tiempo. El hombre, apoyado en un alféizar, asegura que aquel busto con su rostro envejece al mismo ritmo que él.
La casa está en el centro de León, a metros de la catedral. Antonio Gamoneda (Oviedo, 1931) sube a su despacho, atraviesa un pasillo lleno de libros, y alcanza la sala donde escribe, trabaja y escucha flamenco. «Nunca he trabajado con música. Pero desde hace algunos años escucho algo de flamenco por una cosa espantosa que tengo, acúfenos», confiesa; y se lía un cigarrillo con una agilidad profesa y automática.
Antonio fuma un cigarrillo tras otro, escribe y duerme cuatro horas. Tiene ochenta y siete años y escribe. Ahora prepara el discurso con el que recibirá la distinción de Doctor Honoris Causa en Perú, a donde viajará dos dos días después. Porque Antonio tiene agenda de diplomático y serenidad de poeta; y es profundamente perfeccionista. «Llevo días con el discurso y no me termina de convencer».