Adiós al pintor Alejandro Vargas, gran amigo de Gamoneda

Alejandro Vargas con Antonio Gamoneda.

El pintor leonés Alejandro Vargas, uno de los pioneros de la abstracción en España, ha fallecido a los 95 años en su ciudad natal. Familiares y amigos, entre ellos el poeta Antonio Gamoneda, le darán el último adiós este miércoles 9 de octubre de 2024, a las 16:00 horas, en la iglesia de los Padres Agustinos (Gran Vía de San Marcos), en León.

Nacido en León en 1929, Alejandro Vargas fue uno de los pioneros del arte abstracto en España, aunque pocos conozcan su larga, difícil e interesante peripecia artística y vital. A mediados de los 50 se fue a París, donde malvivió durante cinco años y donde fue amigo de Eusebio Sempere y compartió habitación con Fernando Arrabal. En 1961 protagonizó con el pintor Manuel Jular la primera exposición de arte abstracto en León, su ciudad, a la que regresó un año más tarde, después de pasar por Londres y Madrid. A su vuelta trabajó en la enseñanza y en los servicios culturales de la Diputación provincial, codo a codo con Antonio Gamoneda, con quien cultivó tertulia y una gran amistad hasta sus últimos días. Y en León conoció a su segunda mujer, la francesa Jeannick Le Men —investigadora, filóloga y autora de una obra monumental en seis tomos, el ‘Léxico del leonés actual’—, además de convertirse en todo un ‘maestro’ para cuantos artistas pasaron por su academia de pintura, como el escultor Amancio González Andrés.

Nunca dejó de pintar y explorar los territorios de la abstracción, aunque sus exposiciones fueron esporádicas, muy espaciadas en el tiempo, y él siempre rehuyera, de alguna manera, el protagonismo y las alharacas.

Alejandro Vargas y Antonio Gamoneda con el editor Héctor Escobar, de tertulia un sábado por la mañana, en una imagen de 2019.

:: Gamoneda sobre Vargas

De los distintos textos que el poeta Antonio Gamoneda le ha dedicado a Alejandro Vargas, con motivo de sus exposiciones de pintura, extraemos el siguiente párrafo:

« (…) en Vargas no existe el añejo pleito de figuración / abstracción. Él habla del ‘orden del paisaje’, y el paisaje y el paisajismo se dan en él plenamente interiorizados. No se ocupa ni preocupa tanto de su descripción como de su revelación, que no es lo mismo (…) ; no son los contornos paisajísticos colocados en perspectiva lo que más tira de él, sino la rítmica incorporada a la imposición de pintura en el plano, una fugacidad del trazo que se orienta a la envoltura atmosférica luminosa y a la sugestión (sospecha mía, ya lo he dicho) de… «un más allá»; una sugestión en la que (…) se con-funden visión y pensamiento. (…). Sus cuadros (…) están habitados por un hecho luminoso, por un momento en el que la luz determina la ordenación, una ordenación que, ajena a cualquier fácil espiritualismo, comporta el atisbo de una trascendencia, de un espacio metafísico (…)».

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